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sábado, 6 de julio de 2024

Necesitas un poco más de katsugen en tu dieta (II)

En una entrada anterior atendimos tu expreso deseo, oh, tirano lector, ¡cómo te malcriamos!, y te recomendamos cinco títulos de manga con historias de amor adolescente entre personajes que, a priori, estaban condenados a no entenderse jamás. Vamos, la misma temática que el manga My Dress-Up Darling, que seguimos sin entender por qué todavía no estás leyendo, ¡cojonazos! ¡Que eres un cojonazos!

De nada.

Tu ración de katsugen para hoy.

Hoy queremos hacer algunos añadidos a esa lista.

Porque sí.

Porque no hemos agotado el repositorio de manga romántico adolescente con elementos de comedia (aunque ya nos dijiste, amado lector imaginario, que comenzaban a interesarte otros géneros de manga).

Porque nos resuelve la entrada de la bitácora.

Porque nos da una excusa para seguir poniendo GIFs de japonesas haciendo golferías con la excusa, falaz, de no explicarnos nuestra fascinación por ellas.

Ahí va el lote:


Lv2からチートだった元勇者候補のまったり異世界ライフ / Lv2 kara Chīto datta Moto Yūsha Kōho no Mattari Isekai Raifu / Relajándome en otro mundo con súper poderes de nivel 2 para hacer trampas, de Miya Kinojo, empezó en 2016 como serie de novelas digitales en la página web de autoedición Shōsetsuka ni Narō (sí, ellos otra vez; la misma página donde empezó su andadura Tokidoki Bosotto Roshiago de Dereru Tonari no Arya-san, que te recomendamos en la anterior entrada), pasó en seguida al papel de la mano del sello editorial Overlap, escrita por el mismo Kinojo e ilustrada por Katagiri (nombre artístico o señor sin apellido, aparentemente). Y tuvo suficiente éxito para ser vertida en 2019 al manga, bajo la firma de Akine Itomachi, serie de la cual se han editado ya 10 volúmenes, y que, era casi inevitable, ha sido trasladada también a un serial de anime simplemente adorable que cerró su primera temporada de emisiones en este mismo mes de junio de 2024.

La historia de Relajándome en otro mundo... es, como su propio nombre indica, un isekai (ya sabes, o tal vez no, millennial de mierda: Fushigi Yûgi, El-Hazard, Tenkū no Escaflowne, Magic Knight Rayearth...), así que, si no te gusta este género (espectacularmente prolífico en la última década y pico), deja ya de joder y pasa al siguiente título de nuestra lista. Pero ya te digo que te vas a perder una serie divertidísima.
(O, mejor aún, si no te deja el isekai deja de leer, ¡gentuza! Porque, si no te gusta el isekai, no te gusta Sen to Chihiro no Kamikakushi, y eso significa que  no mereces respirar el mismo aire que yo. ¡Basura! ¡Funcionario! ¡Ministro!).

Banaza, el bondadoso y tolerante protagonista de Relajándome en otro mundo... es invocado por los magos del reino de Klyrode como candidato a héroe que deberá guiarlos hacia la victoria en su guerra contra los ejércitos de El Oscuro, pero los magos que lo han invocado descubren que no tiene ningún poder ni habilidad de consideración. Además, justo después de llegar Banaza a Klyrode, un segundo héroe, el Héroe Rubio, con unas estadísticas del cagarse, hace su aparición en la sala de invocaciones. Y la gente se emociona tanto con él que olvidan devolver a Banaza a su mundo hasta que el portal ya se ha cerrado, así que al pobre Banaza lo destierran a un bosque (que, incidentalmente, está en poder de los ejércitos del Oscuro) y hacen un esfuerzo por olvidarse de que existe, y de la pasta que se han gastado en traerlo desde su mundo. Allí, ya solo, Banaza mata un slime (una especie de gelatina inteligente, típico monstruo de bestiario de Dragones y Mazmorras) que, jum, jum, ha atraído los hechizos ocultos de «atraer monstruos» que le han puesto en el castillo del rey de Klyrode para que un bicho se coma a Banaza y se joda, por no ser el héroe que todos necesitaban, y, cuando mata al slime, todas sus estadísticas se disparan al infinito.

Sí, he dicho «estadísticas». Esto de incorporar, al universo de un manga de temática fantástica, características sacadas de los videojuegos de rol es, de un tiempo a esta parte, una tendencia creciente que no puedo decir que esté siempre bien utilizada. Bueno, volvemos con Banaza: de ser un mierda seca acaba de convertirse en el gigachad supremo. Es, probablemente, la criatura más poderosa de Klyrode. Ahora podría vengarse del gilipollas del rey de Klyrode, que lo ha secuestrado e intentado matarlo (un pieza, su Bajestad), y de sus lerdos magos. Pero eso no va con su carácter. Banaza era un mercader en su mundo y sólo quiere vivir en paz. Una casa. Un trabajo honrado. Amigos. Tal vez una novia. Y de la guerra entre los demonios y los humanos de Klyrode, prefiere no saber nada. Es un forastero, no conoce los motivos de ninguno de los dos bandos para estar a la gresca y no va a tomar partido. Pero, en su opinión, estaría fetén que los humanos y los monstruos aprendiesen a convivir sin hacerse la puñeta los unos a los otros.

Lo que no quiere decir que no acabe teniendo que usar sus poderes semidivinos. Más de una vez, y a desgana, pero tiene que usarlos. Sobre todo porque el Héroe Rubio de estadísticas impresionantes es un miserable cobardica, corrupto y engreído, incapaz de ganar una mísera discusión sobre fútbol, no te digo ya una batalla, y que le hace unos rotos al ejército de Klyrode que ríete tú de una novia latina.
(También me llama la atención el recurso constate, en las historias de muchos manga y anime que he leído últimamente, al tropo del «mierdecilla sin habilidades al que todos putean porque es una miserable nulidad en todos los aspectos, pero que acaba consiguiendo poderes casi absolutos, a veces de chiripa, otras a base de pura disciplina y fuerza de voluntad, y convirtiéndose en LA REHOSTIA en vinagre». Tema repetido en otros manga como Isekai De Cheat Skill Wo Te Ni Shita Ore Wa, Genjitsu Sekai Wo Mo Musou Suru ~Level Up Wa Jinsei Wo Kaeta, Hazure Waku no [Joutai Ijou Skill] de Saikyou ni Natta Ore ga Subete wo Juurin Suru made o Solo Leveling. Supongo que es la sobrecompensación típica del nerd gordo, virgen y con ansiedad social. Y lo digo con conocimiento de causa).

El componente rom-com de Lv2 kara Chīto datta Moto Yūsha Kōho no Mattari Isekai Raifu es introducido por Fenrys (Rys, para los amigos) que, a pesar de su nombre, no es el lobo gigantesco, hijo de Loki, que devorará el sol cuando llegue el Ragnarok, sino una diablesa del ejército del Oscuro, hermana de uno de sus más poderosos generales. Banaza la derrota en combate y Rys se somete a él, respetando la tradición de su pueblo de doblegarse ante el más fuerte. Muy lejos de aprovecharse de la pobre Rys, Banaza la acoge como compañera de aventuras y le ofrece respeto, consideración y cariño. Y Rys acaba enamorada hasta las trancas de Banaza, y comienza a llamarle «ダンナ様», «Danna-sama» (literalmente «querido esposo»). Y empieza a intentar aparearse con él (¿qué pasa? Es medio loba. No vas a pedirle la misma contención secsuaaaaarl que a una persona promedio). Y el hecho de que, por la dulzura de su ánimo, carácter servicial e insobornable sentido de la hospitalidad, Banaza atraiga a su lado a un chorro incontenible de macizas, altera la presión arterial de Rys, que es celosa y un pelín territorial y se pregunta cómo carajos va a tener momentos de calidad con su cariñito mientras siga rodeado por la amazona rubia, y un poco lerda, Balirossa, el chicote musculado Blossom, la timorata maga Belano YO-NO-LE-HE-PUESTO-NOMBRE-BORRA-ESA-CARA-DE-GILIPOLLAS-PROFUNDO, la arquera Byleri o el/la andrógino/a genio Hiya (tetas tiene, pero no sabemos si los gitanales se le meten para dentro o le salen para fuera, aunque l@ amamos igual), o sea requerido por la prudente y sensata princesa de Klyrode (reina, después de derrocar al bulto inútil de su padre), que parece que también le empieza a hacer tilín.

El mensaje de comprensión, tolerancia, convivencia y perdón de Lv2 kara Chīto datta Moto Yūsha Kōho no Mattari Isekai Raifu (hasta al abdicado Señor Oscuro Gholl y a la nekomimi Uliminas, la jefa de su servicio secreto, acaba hospedando Banaza en su casa, con la única condición de que no lastime a los otros residentes ni a ningún humano) debería ser suficiente para que te lances a leer... bueno... Lv2 kara Chīto... etcétera, a menos que seas un mojón reseco, muerto por dentro. Y, si no lo haces por el precioso dibujo y por los valores que transmite, hazlo por los juajuas.

転生コロシアム~最弱スキルで最強の女たちを攻略して奴隷ハーレム作ります~ / Saijaku Skill de Saikyo no Onna-tachi o Koryaku Shite Dorei Harem Tsukurimasu / literalmente «Coliseo de la reencarnación: Crea un harén de esclavas conquistando a las mujeres más fuertes con tus habilidades más débiles», frecuentemente resumido en Reincarnation Colosseum, de Harawata Saizou y Zunta, es otro isekai; éste con un giro hentai no por inesperado menos agradecido, aunque por momentos un poco turbio. Una vez más nos encontramos con el tropo del héroe «mierdecilla sin habilidades al que todos putean porque es una miserable nulidad en todos los aspectos pero que acaba consiguiendo poderes casi absolutos, a veces de chiripa, otras a base de pura disciplina y fuerza de voluntad, y convirtiéndose en LA REHOSTIA en vinagre, perpetuado por títulos como Akademi peulleieoleul jug-yeossda ó Ore dake fuguu Skill no isekai shoukan hangyakuki - Saijaku Skill 'Kyuushuu' ga subete o nomikomu made». El protagonista de Reincarnation Colosseum es Koji Mikagami, un estudiante de instituto con notas promedio y casi nulas habilidades atléticas pero que es un fiera de los videojuegos: jamás ha perdido a uno. Como Banaza, de Lv2 kara Chīto datta..., Mikagami es invocado a un mundo de fantasía con magia y esas mierdas. Aparece en el reino de Bumbledol, en guerra contra el reino de Dumbledol (no, no se han matado mucho con los nombrecitos), y donde, desesperados, han empezado a «importar» campeones de otros mundos para ver si consiguen darle la vuelta al conflicto.

Nada más llegar a Bumbledol, a Mikagami lo examinan para descubrir qué habilidades ha adquirido en el tránsito que puedan ser útiles para la guerra y... resulta que no tiene ninguna. Y su «bendición de la diosa» (una especie de «habilidad permanente» aleatoria que se obtiene al ser invocado) es la considerada más baja de todas: «copia», que le permite copiar las habilidades que vea usar un adversario, aunque con una calidad inferior, obviamente, ya que las usará por primera vez. Con un cabreo colosal (no pun intended), la teta sacerdotisa... la suma sacerdoteta... Zayd lo destina al coliseo, donde peleará contra otros gladiadores para diversión de la plebe.
Esta señora. La muy pedazo de cabrona.

PERO...

Esta arena de gladiadores tiene sus propias reglas. El perdedor de un duelo se convierte inmediatamente en esclavo del vencedor.

Que tendrá hijos con él.

Que sí.

El perdedor se convierte en un esclavo seeeeeeecsuaaaaaar.

Si el perdedor es un hombre, se le hace un yuyu macumba sandunguero para convertirlo en mujer. Y si el ganador es otra mujer que ha derrotado a otra mujer, a la triunfadora se le hace un vudú pachamámico tiranosáurico para que le crezca vergajo. Y, al propósito de asegurarse de que hay guarrerida española, la caidita de Roma, el sarto der tigre, a los dos les dan a beber un potente afroasiático... afrocítrico... un CALIENTABURRAS, que hace efecto más rápido en las mujeres que en los hombres, para que, acabado el duelo, se pongan a chingar como gorrinos a la voz de ya.

Te advertimos que Reincarnation... tenía giro hentai.

También tiene tetas. Muchas tetas. Generalmente grandes. Y por pares.
¡Ups! ¡Perdón! Imagen equivocada.

Ah, no. No importa si mueres. Te resucitan con una alquimia holística abracadábrica y ve preparándote para ser el onahole del vencedor.
¡Ésta! ¡Esta es la buena!

El primer adversario de Mikagami es Mary Tortura. Una sádica hija de puta especializada en «limpiar la basura», uséase esmochar invocados lúsers como Mikagami. Es una guerrera sañuda, con una técnica de esgrima insuperable y la habilidad de matar con un único corte de su espada.

Así que nuestro protagonista, a priori, está jodido.

Pero...

...Koji se enfrenta al desafío de la supervivencia en Bumbledol como si el coliseo fuese un videojuego más de los muchos que se ha pasado con la punta del cipote en su mundo de origen. Reúne toda la información que puede sobre los poderes y la psicología de su adversaria y sobre las reglas del Coliseo, y elabora una estrategia. Y la aplica a su duelo contra Mary T
ortura como si a un DLC del Elden Ring.
Buena construcción de personaje, por cierto.

Y gana. Contra todo pronóstico y esperanza, Koji gana el combate. Y se lleva a su adversaria vencida, y ahora esclava secsuaaaaaaaaaar, a las habitaciones de reproducción, y se beben el frontispicio, y se lo monta con ella como un pistón desbocado. Y la pobre Mary Tortura, que, pese a tener un cuerpo que es puro pecado, es una solterona que se había resignado ya a vestir santos, se recontraENCOÑA viva de este lúser reciclado en macho alfa rompechochos, que no sólo la ha derrotado en la arena del coliseo volviendo contra ella sus propios poderes (recordemos que Koji puede copiar los poderes de sus adversarios, aunque su copia es como un Louis Vuitton de seis euros con cincuenta) y la ha humillado delante del público que presenciaba el combate, sino que le ha dado como un testigo de Jehová a un picaporte durante TRES días de lubricidad y concupiscencia, reduciéndola a un sudoroso y trémulo sumidero de orgasmos.

Sí, claro. Técnicamente, lo que ha sucedido entre esos dos es una violación y no hay más que hablar. Pero esto es un manga. Un manga quizá pelín machista, te lo concedemos, amado lector tan sensibilizado con los derechos de las mujeres, pero manga a fin y al cabo, y la fantasía del harén es común a muchas historias del cómic erótico japonés (y a muchas mujeres presuntamente emancipadas del heteropatriarcado cisgénero opresor). ¿Que se conoce que los nipones son todos unos guarrillos? Le predicas a un converso. Mikagami se aprovecha de una drogada Mary Tortura, pero éso es, paradójicamente, lo que ella necesitaba para enchocharse PERDIDA de un hombre: que la sometieran, la humillasen y la hiciesen sentir vulnerable. A ella, que es una guerrera feroz y despiadada. En fin. Las mujeres son complicadas, y los personajes femeninos de manga son MUY mujeres. No le des más vueltas, que Mary no tarda TRES capítulos desde su derrota en beberse ella misma de un trago el zumo de calentura vaginaarrrl y lanzarse sobre Koji como una marrana en celo, sin consideración alguna a su integridad fálica.
Aplicando sus habilidades de gamer, Koji derrota uno tras otro a todos sus rivales. A Marl Barrock, por ejemplo, una pedazo de bestia crossfitera, más dura que la jeta de un concejal de Urbanismo y peor que la carne del pescuezo; un monstruo que, cuando se trajina a sus esclavas, las descoyunta y les rompe brazos y piernas, una adversaria a la que Mikagami no puede derrotar en buena lid por mucho que copie sus habilidades marciales; a ese leviatán machorro y bronceado consigue atraerla lo suficientemente para escupirle en la boca un buche de afrodisíaco. Y, como la poción les hace efecto antes a las mujeres que a los hombres, a partir de ese momento Koji sólo tiene que aguantar todas las hostias que le lluevan y esperar a que Marl, de puro cachonda, no pueda seguir luchando. Y en ese momento...

Y ahora, básicamente, Koji tiene una esclava a la que ha programado para correrse viva cuando le da de cachetes en su musculado culete.

Sí, ya sé que, hablando desde un punto de vista estrictamente ético, esto que te estamos describiendo es simplemente horrible. Pero, joder, si no pierdes de vista que Koji está embarcado en una lucha por su propia supervivencia y sometiendo a un monstruo torturador, o tienes la suficiente madurez intelectual y emocional para comprender que todo pertenece a una obra de ficción (escrita por un pajero, te lo concedemos), con Reincarnation Colosseum te echas unos juajuas que te rompen el orto. Y te lees los siguientes capítulos (que se publican con una morosidad insoportable), ansioso por descubrir a qué nuevos adversarios tendrá que enfrentarse el incómodo antihéroe de esta historia, y qué nuevas tácticas empleará para vencer.

Reincarnation Colosseum no es un manga que vaya a inspirar en ti sentimientos cristianos, sugerirte debates intelectuales de altura ni promover modelos de comportamiento socialmente aceptables (¡si hasta uno de los adversarios de Koji es una Loli, que para mí es de línea roja y llamada a La Meretérica!). Pero entretiene, tiene la justa cantidad de suspense y, encima, da risa.
Y casi para paja.

Y, si no te apetece reírte, léete
Reincarnation Colosseum por las tetas, que siempre son un buen motivo.
Tremendas PETACAS se gasta la Mary Tortura.

«Oye, no me malinterpretes, pero esto del harén como que me ha despertado la curiosidad. ¿Tienes algún otro título de manga sobre el tema?»

Lo que tú eres es un puto cerdo y no se hable más. Estás a dos gallardas con los catálogos del Venca de tu madre de que te contraten en Tele 5.

ピーター・グリルと賢者の時間 / Peter Grill To Kenja No Jikan / Peter Grill y el tiempo filosofal (¿¿¿¿????), de Hiyama Daisuke, es otro HILARANTE ejemplo de manga adulto de fantasía con toques de gorrinería y mucho elemento harén.
«¡Ole ole! O sea... ara ara!»

Peter Grill tiene un sólo objetivo en la vida: casarse con el amor de su vida, Luvelia Sanctos, la atolondrada hija del jefe de la Cofradía de Aventureros, Albatross Sanctos (que, por decirlo con suavidad, aparte de ser un padre posesivo y estar como una puta berza, tiene una relación enfermiza con su hija que roza el incesto platónico). Es por ello que Peter entrenó como una puta bestia sus competencias marciales y participó en el torneo para determinar quién era el guerrero más poderoso del mundo. Y lo ganó. Y ahora, armado con ese marchamo y gloria marciales, espera al fin obtener la aprobación del padre de Luvelia para comprometerse con ella.

PERO...

...desde el momento en que Peter gana el título de «guerrero más fuerte del mundo», se convierte en el objeto de deseo de docenas de hembras de todas las especies humanoides del continente. Furias uterinas que desean preñarse de él para tener una descendencia poderosa: las hermanas Alpacas, Lisa y Mimi, dos ogresas más calientes que la pipa de un hippy; las elfas Vegan y Frutalia Eldriel,
también hermanas, la bellísima (y siniestra) orca Piglette Pancetta (ríete lo que te de la gana, pero, dado que tiene orejas de cerdita, el nombre no podría ser más acertado), Gobuko Nggiell, una sexy hobgoblinesa (con un six-pack del carajo) a la que se da la circunstancia que Peter y su hermana Lucy criaron desde bebé, la ingeniera enana Mithlim Netherlant... y la lista de mozas en celo no para de crecer y crecer y crecer y crecer.
Gobuko y su tableta de chocolate.

Y no aceptan un «no» por respuesta, las muy hijas de puta.

Y, encima, a pesar de toda su disciplina, Peter tiene una fuerza de voluntad extraordinariamente baja a la hora de resistirse a los avances eróticos de todas esas hembras fértiles.

Peter Grill se tiene que enfrentar, capítulo tras capítulo, al problema de satisfacer a su creciente gineceo de guarrillas, poner paz entre ellas cuando reivindican privilegios sobre su esperma, mantener en la inopia a su candorosa novia Luvelia (¡que cree que los niños se hacen rezando y te los trae una cigüeña!), luchar contra sus remordimientos cada vez que se vacía hasta la liofilización testicular en los voraces úteros de todas las hembras con las que, lo quiera o no, le está poniendo las perchas a su chica; sobrevivir a los peligros de un mundo lleno de dragones, trolls y otra bichería, salir con Luvelia (e impedir que su harén de ninfómanas desatadas sabotee sus citas con exigencias de fornicio), resolver las misiones que le encomienda la cofradía de aventureros, escapar a la cólera castradora de su hermana Lucy, resentida contra los puteros después de que su padre abandonase a la madre de ambos para irse a por tabaco (Lucy le dio caza, le cortó el pito y lo picó para hamburguesas), conseguir que su suegro no se entere de su promiscuidad sobrevenida y desarmar todas las trampas que el muy hijo de Satanás de Albatross le pone para hacer fracasar ese compromiso con su hija, que jamás ha aprobado.

Y todo eso, insistimos, entre polvo orgiástico y polvo orgiástico.
¡Nos da una pena, el pobre!

Peter Grill To Kenja No Jikan es ESCACHARRANTE. Joder, las estrategias, a cada una más retorcida, que las guarrillas de Peter se marcan para conseguir una eyaculación exclusiva más que sus rivales, las situaciones de pura comedia de enredo, la siempre inane resistencia de Peter a las exigencias chumineras de sus «novias», ¡el CALENDARIO DE FORNICACIONES que ellas se curran, cuando empiezan a ser demasiadas, y que por supuesto ninguna respeta!, convierten la lectura de este manga en una carcajada continua. Y nunca hay que menospreciar el poder salutífero de la risa.

De Peter Grill To Kenja No Jikan hay anime. Hasta el momento, dos temporadas. Si leer te da como cosica, te ves la serie y disfrutas de esta historia alocada y picantuela.

Marranillo.
Sí. Nos gustan Gobuko y sus abdominales como magdalenas. ¿Qué pasa?

異世界で配信活動をしたら大量のヤンデレ信者を生み出してしまった件 / Isekai de Haishin Katsudou wo Shitara Tairyou no Yandere Shinja wo Umidashite Shimatta Ken / Algo así como «Creé una gran cantidad de seguidoras yandere cuando hice streaming en otro mundo» (sí, ¡otro isekai!, ¿qué pasa? ¿Lo pintas o la emprendemos a hostias?), de Tsuku Iyomine y Myon, me ha llamado la atención en esta categoría de manga sobre (no necesariamente) pendejos que ponen burras a rehatas de señoritas núbiles.

Isekai de Haishin Katsudou... etcétera es, también, muy divertido y, también, un fantástico de temática harén. Aunque no tiene fornicio (al menos de momento), y el dibujo es promedio (traducción: es correcto sin resultar impresionante), pero el planteamiento del argumento, y su influencia en el desarrollo de la historia, es lo que me ha fascinado. En este manga de Iyomine y Myon nos encontramos a Kanata, alumno de la academia real de Sistol, en el reino de Rogias, Ataraxia, un mundo de fantasía con cofradías de aventureros, magia, demonios y cosas así.

Lo que distingue a Kanata de sus compañeros es, aparte de que en la reencarnación ha adquirido poderes semidivinos (vuelve a leerte nuestra breve reflexión de hace unos cuantos párrafos) que se esfuerza por ocultar, por aquello de no destacar; la diferencia, decimos, que distingue a Kanata es que él se ha reencarnado desde otro mundo. Concretamente del nuestro o de uno muy parecido al nuestro. Un mundo en el que la tecnología y la sociedad están más avanzadas que en Ataraxia (y no existía magia). Y Kanata conserva todos sus recuerdos. Recuerda Internet. Recuerda el streaming, algo que en Ataraxia no se conoce. Y, ganoso de currarse un hobby, chapucea con sus poderes una estación de trabajo (la mezcla de magia y ambientación decimonónica con elementos futuristas me resulta un poco chocante) para convertirla en algo parecido a un PC, currarse algo que recuerda a una página web y empezar a retransmitir.

Kanata no es un streamer más. Es EL STREAMER. El único. Ha inventado el medio en Ataraxia y, encima, su estilo de retransmisión es brutalmente honesto y su voz arrecha a las hembras. Al capitán de un equipo de aventureros, que le escribe para contarle que ha rechazado a un mago con capacidad de detectar enemigos y reparar armas, lo llama estúpido por poner en peligro a su equipo y rechazar las habilidades del aspirante, que incrementarían sus probabilidades de supervivencia durante las misiones. «No me importa si eres un dios o un rey. Ahí va un aviso: Si no tienes verdadero criterio, renuncia ahora mismo. ¿O prefieres esperar a que todo el mundo haya muerto?». Al hijo de una familia de clase alta que está comprometido, pero prefiere casarse con una hermosa estudiante de intercambio a la que ha conocido, le desea la muerte y que su prometida se acabe casando con él (con Streamer). «¿Es que no has pensando en tu familia? Éste no es un asunto que se pueda tomar a la ligera. Gánate la confianza de tu novia y no escojas a la gente basándote sólo en su aspecto».

Pero, en sus podcasts, Kanata no sólo pone a caldo a sus oyentes más repipis, también escucha los problemas de sus oyentes, les ofrece consuelo y consejo en la medida de sus posibilidades, y los conquista con su carisma, honestidad y sinceridad naturales.

Y... algunas de sus seguidoras se ponen como fieras en celo oyendo sus voz e interactuando con él.

La reacción en cadena de hembras humedecidas y fanatizadas que, inocentemente, Kanata inicia, da lugar a un TSUNAMI de situaciones hilarantes a cual más bizarra. En fin, yandere podría traducirse como «loco de amor» o «demente por amor», así que no te sorprenderá que algunas de las oyentes de Kanata, amado lector, se calienten como burras con sus streams: la princesa María Atarasishu (compañera de clase de Kanata que ignora completamente que su camarada de academia es el DIOS STREAMER que consigue que, como a Dido, le hierva la médula de los huesos), la reina de los demonios, Lady Shrouza, que se EMPOTORRA VIVA de Kanata cuando él llama a poner fin a la guerra entre humanos y demonios y clama por el inicio de conversaciones de paz entre ambos bandos; la santa Alfana, que santa sí, pero la voz de Kanata reverbera en su útero como en una cámara de ecos en la que alguien estuviese reproduciendo un disco de Barry White. La asesina Cuervo, contratada para matar a Streamer, considerado por algunos prebostes de Ataraxia como una amenaza para el statu quo, y que ELIMINA A SU CLIENTE por osar poner precio a la cabeza de su amado Streamer/Kanata. Kanna, la prostituta pelirroja con cuerpo escultural, para quien la voz de Streamer es su único consuelo desde que defendió en una de sus retransmisiones a las rameras. Todas las mozas que se sienten solas, que se han sentido rechazadas, que no pueden mostrarse vulnerables o sensibles con la gente que las rodean, encuentran en Kanata/Streamer la voz que las absuelve por sus defectos, que les proporciona la energía para seguir adelante, que se niega a juzgarlas.

Que les calienta el chichi a temperatura de lava fundida y las lleva a éxtasis aurales.

Y todo esto sólo en los primeros siete u ocho primeros capítulos publicados. No hemos siquiera empezado a tratar las TRANSFORMACIONES que, casi accidentalmente, Kanata pone en marcha y que medran en las contradicciones y vicios de la sociedad del mundo en el que se ha reencarnado. Los planes que los poderosos de Ataraxia trazan para desenmascararle, silenciarle o desacreditarle. Los extremos a los que están dispuestas a llegar sus más desaforadas seguidoras en prueba de amor y lealtad hacia él.

¿Es que tengo que seguir vendiéndote Isekai de Haishin Katsudou wo Shitara Tairyou no Yandere Shinja wo Umidashite Shimatta Ken? ¡Corre a leértelo ya, copón!

«Hostia, esto del manga me está empezando a gustar, Sommer. ¿Tienes más títulos que recomendarme?»

Espera un momento.


O, mejor, como la entrada nos está quedando un poco larga, espera a la próxima sobre el mismo tema.

sábado, 23 de septiembre de 2023

♫ Me explota, explota, me expló ♪

No, ésa no. A ver esta otra:

♪ Un día
Los enanos se rebelarán
Contra Gulliver ♫


¡Ah!, ¿ya estás aquí, amado lector?

Pues empecemos.

Estamos en guerra, señores.

En guerra.

Y el enemigo ya ha dejado bien claro que no va a firmar una tregua ni se va a conformar con un armisticio. Quieren la rendición incondicional, con armas y pertrechos, o nuestra aniquilación total. Y de camino a  cualquiera de esos dos resultados nos van a torturar todo lo que puedan. Y a masturbarse con la mano libre mientras lo hacen.


En nombre de la autoproclamada pureza de sus ideales, de su narcisista fe en la superioridad moral de su cruzada, el enemigo ha comenzado a invadir, colonizar, arrasar, destruir y sembrar sal en nuestras películas, nuestras novelas, nuestros cómics, nuestros videojuegos; han retorcido, desfigurado, deconstruido, prostituido y aniquilado a nuestros personajes preferidos.

La diplomacia no es posible con los mismos comités que han emasculado a James Bond, convertido a Wonder Woman en una violadora, quitado el gluten, la lactosa y los azúcares procesados a Nathan Drake, profanado Star Wars, deconstruido a Stephen Strange, escupido sobre el esqueleto mohoso de J.R.R. Tolkien, nerfeado Hellraiser,  profanado el cuerpo incorrupto del pobre Chadwick Boseman y convertido el Test de Bechdel en un evangelio que condena a la hoguera al 90% de la literatura mundial.

Sólo nos queda, a quienes todavía recordamos cómo eran las cosas antes, cuando las buenas historias y los artistas con talento se valoraban más que el eslogan político, echarnos al monte y unirnos a la resistencia.

Como Eric July, de cuyo Rippaverso ya hemos hablado en la bitácora.

O los hijos de la Gran Bretaña de Markosia, que Sara Sampaio Dominátrix les bendiga.

♫ Todos los hombres de corazón diminuto
Armados con palos y con hoces
Asaltarán al único gigante
Con sus pequeños rencores, con su bilis
Con su rabia de enanos afeitados y miopes ♪


La Gran Industria ha emprendido una transparente campaña de contaminación y desintegración de las obras culturales que nos hacían la vida menos insoportable. No nos queda otra opción que currarnos nuestras propias películas, nuestros propios libros y cómics; superar la estulticia, fanatismo e incompetencia de sus autores mercenarios con buenas historias, protagonistas carismáticos y argumentos universales. Cuando los grupos mediáticos multinacionales, intervenidos por el Gran Capital y obligados a satisfacer una intolerante agenda ideológica que mantenga a la juventud contestataria en una absurda y disolvente kulturkampf favorable a los intereses del capitalismo más psicópata; cuando esos grupos, decimos, convierten la raza, el sexo biológico o imaginario, la victimización y la emotividad pueril en los únicos atributos de un personaje, sólo podemos restregarles por la cara protagonistas bien construidos en los que ninguno de esos atributos sea definitorio.

Y nunca antes en la historia de la humanidad ha sido tan fácil hacer llegar tus propias historias al público. Sin intermediarios. Sin cancerberos. Sin filtros. Dar directamente a tus espectadores, a tus lectores, la oportunidad de decidir por sí mismos qué quieren ver y qué no.

No estáis solos, chumachos.

No estáis solos.

♫ Míralos revolverse recelosos tras sus gafas de concha ♫

Pero el bombardeo en alfombra de ideología queer no es el único motivo para justificar una contraofensiva de nuevos productos, nuevos autores construidos por el fandom a espaldas de este credo reduccionista y estupefaciente que desde las pantallas y las cabeceras se nos intenta colocar como el próximo paso lógico, y por ende inevitable, de la civilización humana.

Porque, dado que todo el mundo tiene su opinión, a lo mejor tú crees que el asalto de las hordas woke a nuestro acervo cultural es necesario. Que tu colectivo marginado preferido (mujeres, negros, inmigrantes, obesos, autistas, latinos, disléxicos, irlandeses, traficantes de drogas, caníbales...) ha sufrido históricamente una discriminación brutal e injustificada, que han sido invisibilizados por la gran conjura heteropatriarcal de hombres blancos cisgénero carnívoros y taurinos que se reúnen todos los viernes a medianoche alrededor de la tumba de Adolf Hitler para discurrir nuevas formas de impedir el progreso de la humanidad, y que la destructiva actividad clandestina de esta cábala de malardos justifica toda la inclusividad forzada, negritud testicular, transfeminismo interseccional y REPPPPPPPRESENTISHON del mundo aunque eso sea lo único que la más reciente hornada de escritores analfabetos y ejecutivos engreídos pueda ofrecernos como público en vez de obras universales y personajes arquetípicos.
(Es muy curioso cómo ni la raza ni el sexo ni la orientación sexual ni la nacionalidad impidió en modo alguno a la chavalada de mi generación de conectar emocionalmente con Ahbleza, Kwai Chang Caine, Ellen Ripley y Sarah Connor, con la familia Huxtable, Lydia Grant o Leroy Johnson; con Victor Sifuentes, Benny Stulwicz o Jonathan Rollins de La ley de Los Ángeles, con Paul Pfeiffer de Aquellos maravillosos años, que es judío; con el detective Ricardo Tubbs y el teniente Martín Castillo de Corrupción en Miami; con toda la familia Winslow y con Steve Urkel de Cosas de casa; con el inmigrante miposiano Balki Bartokomous; con el malogrado John Ritter, que en Apartamento para tres se hacía pasar por homosexual; con los personajes más oscuritos de piel de Star Trek: la nueva generación o, por no extendernos más, con Teal'c, de Stargate SG-1).

Tal vez, mi querido e hiperactivo activista, no te hayas dado cuenta aún de que la inclusión y la REPPPPPRESENTEISHON ya estaban aquí. Que a nadie le importaban un carajo la raza, el sexo, la religión o la orientación sexual de los personajes de ficción, siempre que fuesen lo bastante carismáticos. Tal vez seas tan solipsista, tan lerdo y autocomplaciente que te parezca chupiguay destrozar nuestro legado de décadas de cultura pop en nombre de la delicada sensibilidad de los más ciclotímicos e hiperventilados individuos de la minoría de moda.

Pero, a menos que seas fundamentalmente tonto del nabo, no podrás dejar de darme la razón en que la pérfida doctrina empresarial sobre derechos de autor, por sí, sola, justificaría el echarse al monte, simbólicamente hablando.

Y si crees que no, pregúntale a Bill Willingham.

♪ Te acusarán, te acusarán, te acusarán
De ser el tuerto en el país de los ciegos
De ser quien habla en el país de los mudos
De ser el loco en el país de los cuerdos ♫


Bill Willingham empezó su carrera como dibujante ilustrando manuales de juegos de rol para la hoy desaparecida TSR y se destetó en el mundo de los tebeos de la mano de la editorial independiente Comico (la casa matriz del Grendel de Matt Wagner antes de saltar a Dark Horse), para quienes creó y dibujó la serie Elementals, una especie de Los 4 fantásticos de Hacendado de la que se llegaron a publicar, que yo sepa, 29 números y un especial.
(Aunque Comico tenía unas excelentes ventas en el mercado independiente a través de librerías especializadas, los propietarios quisieron dar el pelotazo saltando a los quioscos. El incremento de las tiradas y el inasumible número de ejemplares devueltos que debían ser abonados a los minoristas, amén de otras nefastas decisiones empresariales, acabaron arruinando a la empresa, que fue disuelta en 1990, cuando ya las primeras espadas entre sus autores habían abandonado el barco camino de otras editoriales).

Después de picotear aquí y allá durante algunos años (la serie limitada Pantheon para Lone Star Press, un par de novelas sobre Beowulf, la fantástica Down the Mystery River y otros currillos aquí y allá ), en 2002 Willingham recaló en el ya desaparecido sello Vértigo de DC Cómics y se curró Fables, «Fábulas», una clara alegoría sobre la diáspora judía (el propio Bill lo ha reconocido expresamente y se declara sin ambajes «rabiosamente pro-Israel») en la que los seres fantásticos de los cuentos infantiles que todos conocemos, Blancanieves, la Bella durmiente, Caperucita Roja, el Lobo Feroz, han tenido que huir de sus reinos mágicos, expulsados por un misterioso antagonista llamado simplemente El Adversario, y se han instalado en una comunidad de propietarios de Nueva York.

En su visión actualizada de los cuentos de hadas, Willingham no se limita a perpetuar los estereotipos del folclore tradicional, sino que les da un giro personal y original. Blancanieves le ha puesto las maletas en la puerta al Príncipe Azul, por pichabrava y putero, y ahora es la alcaldesa de este pueblo de exiliados mientras que su ex-marido se gana la vida como gigoló de lujo. El Lobo Feroz no sólo ha conseguido superar sus instintos caníbales, sino que ha asumido forma humana y ahora ejerce de sheriff de Villa Fábula. Bella trabaja en una librería mientras que Bestia es el bedel de Villa Fábula. Y su matrimonio no pasa por su mejor momento. Pinocho tiene un cabreo de tres pares de Kojimas porque el Hada Madrina aún no ha cumplido su promesa de convertirlo en un niño de verdad. Y, aparentemente, alguien ha asesinado a Rosa Roja, la hermana gemela de Blancanieves. La industria del cómic recompensó el esfuerzo, el trabajo y la imaginación de Willingham concendiéndole en 2003 los premios Will Eisner a la Mejor serie y la Mejor serie nueva. Hasta la fecha, Fables ha conquistado otros doce premios Eisner en diferentes categorías.

Hoy en día, tras un breve impasse, Fables se sigue publicando en el sello DC Black Label, va por su número 159, ha generado toda clase de spin-offs (Fables: 1001 Nights of Snowfall, Fables: The Last Castle, Fables: Werewolves of the Heartland) y sido considerada o adaptada en forma de productos derivados en otros medios, como el videojuego The Wolf Among Us de Telltale, una serie de televisión que ha pasado por diversas manos sin haber llegado aún a concretarse (aunque ABC, una de las cadenas que estuvo considerando el proyecto, se acabó currando una especie de plagio descarado con su Once Upon a Time) y un largometraje que finalmente fue cancelado.

Fables es un orgullo para Bill Willingham y una fuente estable de ingresos para DC Cómics. La serie es tan popular que ha generado su propia convención, la Fablescon.

Y desde el momento en que Fables se reveló como un producto altamente lucrativo empezaron los problemas del autor.

Porque pura y simplemente, DC no está dispuesta a permitir que Bill Willingham reciba el reconocimiento y el dinero que merece por su trabajo, sino que, con actitud de pijo matón, pretende expoliarlo tanto como pueda y un poco más de propina.

Pero los peces gordos de DC no contaban con que el bueno de Bill se marcase un golpe de pelvis que habría hecho alcanzar orgasmos múltiples a san Harlan Ellison mártir.

♫ Pobre de ti, Gulliver, pobre de ti ♪

Cuando Bill Willingham firmó su contrato por Fables con DC Cómics, Jenette Khan era la editora jefa de la casa natal de Batman, Supermán y Wonder Woman, aunque pronto dejó su puesto a Bob Harras, hasta entonces editor del grupo de «Collected Editions» de DC (¿cómo coño te traduzco esto? ¿«Editor de recopilaciones»?) y antes de eso Editor Jefe de Marvel (entre 1995 y 2000). Al aportar sus propios personajes, universo creativo e historias, Bill firmó un tipo de contrato de edición diferente al que están sometidos las plumas a sueldo que escriben los guiones y dibujan las viñetas de los personajes de la compañía y radicalmente distinto al de los pobres currelas de las edades de Oro y Plata del medio. El «creator-owned publishing contract» promocionado por los artistas a la fuga (Jim Lee, Todd MacFarlane, Marc Silvestri, Rob Liefeld...) que fundaron Image Comics en 1992 tan sólo otorga a la editorial una licencia para publicar los cómics y explotar comercialmente los personajes de un autor dado durante un período de tiempo determinado, mientras que el autor retiene la propiedad intelectual de su creación. Un sistema que a Frank Miller le habría gustado que existiese cuando creó a Elektra Natchios para Marvel, que se hartó de maltratar y prostituir a su personaje en cuanto Miller dejó la colección de Daredevil en otras manos.

En palabras del propio Willingham, durante aquellos primeros años de relación contractual, las relaciones
con DC fluyeron como aceite caliente sobre la piel desnuda de Jessica Alba; «the company was run by honest men and women of integrity». Cuando surgía alguna discrepancia con los editores, se sentaban a hablar de ello como adultos y siempre acababan llegando a alguna solución que los dejaba a todos satisfechos. «When problems inevitably came up we worked it out, like reasonable men and women».

Los problemas de verdad comenzaron cuando se produjo el cambio de sillas en la dirección de DC. Willingham no da nombres en su nota de prensa pero, sabiendo que Bob Harras, el hombre responsable en última instancia de cerrar Vértigo, andaba por el medio, ha lugar a hacer algunas suposiciones. «[...] over the span of twenty years or so, those people [con los que firmó el contrato de edición por Fables] have left or been fired, to be replaced by a revolving door of strangers, of no measurable integrity, who now choose to interpret every facet of our contract in ways that only benefit DC Comics and its owner companies. At one time the Fables properties were in good hands, and now, by virtue of attrition and employee replacement, the Fables properties have fallen into bad hands». De repente, DC Cómics convirtió en un deporte averiguar hasta dónde podían violar a su favor los términos del contrato con Bill Willingham antes de que éste se diese cuenta. Y no estamos hablando sólo de relativas nimiedades, como no recabar la aprobación del autor sobre las portadas, las nuevas colecciones o los dibujantes que se pondrían a cargo de la colección («They use the “fell through the cracks” line so often, and so reflexively, that I eventually had to bar them from using it ever again»), sino ladinas marrullerías como retrasar el pago de royalties o abonar a Willingham regalías por derechos de autor muy inferiores a las que le correspondían.
(Bob Harras ya no sigue en DC. Warner Media lo puso de patitas en la calle en 2020, junto a casi un tercio de los ejecutivos de la editorial).
Bob Harras al enterarse de su despido.

Ante la resistencia del autor, en DC le dieron un cuarto de vuelta a su relación con él y adoptaron tácticas de perdonavidas tabernario.

♫ De ser el sabio en el país de los necios
De ser el malo en el país de los buenos
De divertirte en el país de los serios ♪


Mark Doyle (director ejecutivo de DC hasta 2020) y Dan Didio (co-editor de DC
con Jim Lee hasta su misteriosa salida en las mismas fechas, baja voluntaria según el Los Ángeles Times, despido fulminante según Bleeding Cool) se aproximaron a Willingham para el 20º aniversario de Fables. Querían hacer algo especial con la colección, que se había cerrado en el año 2015 con su agridulce número 150. Aprovechando la inminente llegada del vigésimo aniversario de la publicación de su número 1, Didio y Doyle querían relanzar la serie, y los abogados se pusieron a trabajar en la parte legal del bisnes.

Arte y leguleyos corporativos. Mala combinación. Tan pronto como comenzaron las negociaciones, los asesores legales de DC se tiraron a la yugular del pobre Bill. Quien sabe si eran los típicos licenciados sojas de mochaccino vegano, tostada de aguacate y Tesla y se sentían justificados en su inquina hacia Willingham por la más que justificada reputación de conservadurismo inflexible que acompaña al autor. El caso es que los abogados primero intentaron unilateralmente «forzar la mano» de Willingham para que Fables pasara a publicarse bajo la modalidad de «work for hire» («trabajo a sueldo»), lo cual habría arrebatado la propiedad intelectual del cómic de las manos de su autor y la habría depositado 
de manera efectiva e irrevocable en las de DC Cómics. «When that didn’t work their excuse was, "Sorry, we didn’t read your contract going into these negotiations. We thought we owned it"». A continuación, los abogados de DC pasaron al abierto filibusterismo. Dijeron a Willingham que se habían leído hasta la última coma del creator-owned publishing contract original y que, en su opinión, nada de lo escrito en ese contrato les impedía usar el material de Fables en la forma en que les saliese de los nakasones, que además eso del «creator-owned publishing contract» era una chuminada sin validez legal alguna, y que viniese un juez a decir lo contrario.

«They could change stories or characters in any way they wanted. They had no obligation whatsoever to protect the integrity and value of the IP, either from themselves, or from third parties (Telltale Games, for instance) who want to radically alter the characters, settings, history and premises of the story (I’ve seen the script they tried to hide from me for a couple of years). Nor did they owe me any money for licensing the Fables rights to third parties, since such a license wasn’t anticipated in our original publishing agreement».
DC Cómics negociando contratos con un autor promedio.

Cuando, testarudo como todo un Harlan Ellison en plena forma, Willingham se negó a doblar la rodilla ante las pretensiones de la nueva dirección de DC y logró que la editorial accediese a pagarle atrasos por la adaptación del videojuego de Telltale Games, pretendieron hacer pasar el abono de esas regalías como «tarifa de consultoría», no como la auténtica liquidación de derechos de autor que era en realidad, y colarle a Bill un «trágala» en forma de acuerdo de confidencialidad que, en la práctica, le convertiría en entusiasta relaciones públicas de Telltale, a quienes DC había vendido los derechos de Fables para su explotación en forma de videojuego sin permiso de
Willingham. Cuando, harto de este ping-pong negociador, Bill les ofreció renegociar un contrato nuevo que recogiese, en un lenguaje sin ambigüedades, los derechos de ambas partes, se rieron en su puta cara. Cuando, ya cabreado, les propuso romper toda relación contractual e irse cada uno por su parte, ni siquiera le contestaron. Cuando Willingham manifestó a los negociadores su hartazgo ante todas sus maniobras obstruccionistas y la indignación que le producían lo que él sentía como abusos corporativos, le desafiaron a denunciar a la editorial, sabiendo que DC puede gastar millones de dólares en asesoría legal y demorar indefinidamente la celebración de un juicio o enterrarle en apelaciones y Bill Willingham a ellos no.

Así que Willingham ha hecho lo único que podía hacer para joder a DC Cómics siquiera un poco de lo que lo han jodido a él.

Bill 
Willingham no puede romper su contrato con DC sin el consentimiento de DC. Bill Willingham no puede publicar cómics de Fables salvo a través de DC Cómics y bajo las condiciones que DC Cómics estime a bien establecer. Bill Willingham no puede licenciar juguetes, series de televisión ni merchandising de Fables.

Lo que Bill
Willingham podía hacer (en su opinión, aunque la legislación estadounidense de propiedad intelectual es particularmente oscura y pastosa) es lo que ha hecho: ceder al dominio público todos los derechos de Fables desde el 15 de septiembre del presente año.

En el momento en que se publica esta entrada del Paratroopers, cualquier persona puede utilizar a los personajes de Fables sin ninguna consecuencia legal. Y dado que la cesión o paso al dominio público es, según los convenios internacionales en propiedad intelectual, irreversible, ahora cualquier artista puede ilustrar sus propias historias de Fables, cualquier cineasta adaptar el cómic en forma de película o serie de televisión, cualquier compañía fabricar juguetes inspirados en la obra de Willingham y Fables puede ser explotada comercialmente en cualquier formato y DC no tiene derecho a reclamar ni un euro de madera de todo ese dinero que la franquicia de su vapuleado y harto ex-autor genere en el futuro.
(Desde aquí oigo los chillidos de orgásmico regocijo de Harlan Ellison).
A la espera de que los abogados de DC intenten alguna de las jugadas de cabrón supremo que caracterizan a los buscapleitos corporativos, ahora mismo, en virtud del gambito de Bill Willingham, Fables me pertenece a mí, te pertenece a ti, nos pertenece a todos por expreso deseo de su extenuado e indomable autor.

Los contratos que Bill
Willingham firmó con lo vinculan a DC.

Pero no a nosotros.

Y, de repente, tampoco a las interpretaciones
de su obra más conocida y premiada, hechas al margen de Detective Comics/Warner, que cualquiera de nosotros escoja hacer.

Dado que no le permitían publicar su cómic de la forma en que él consideraba más respetuosa y dado también que, maniatado por un contrato vinculante, Willingham no puede publicarla de ninguna otra manera, hizo lo único que podía hacer al respecto:

Liberarla de las mefíticas garras de Warner/DC.

Fables es libre.

Y algunos directivos de DC deberían estar ahora mismo saliendo de sus despachos, escoltados por personal de seguridad y portando sus objetos personales en una caja de cartón.
«It was my absolute joy and pleasure to bring you Fables stories for the past twenty years. I look forward to seeing what you do with it».

♪ De estar libre en el país de los presos
De estar vivo en el país de los muertos
De ser gigante en el país de los enanos ♫


Los artistas estamos tan acostumbrados a que nos exploten que a veces viene bien recordar no sólo que tenemos derecho al respeto de que nos hagamos acreedores, sino también, y fundamentalmente, a que se nos pague por nuestro trabajo.

Axel Alonso y Bill Jemas (ambos ex-proletarios de Marvel Cómics) y Jonathan F. Miller de la página web Fandom lo entendieron tan bien que en 2018 fundaron AWA Studios. Con decirte que AWA es el acrónimo de Artists, Writers & Artisans, el espíritu de esta editorial independiente de cómics queda más que explicado. AWA pretende poner al autor en el centro de su obra. Reconocer a los escritores y dibujantes el mérito por su trabajo. Que los artistas tuviesen un santuario donde nadie pudiera hacerles lo que DC le está haciendo a
Bill Willingham.

Y no les está yendo mal del todo.

AWA ha publicado Hit Me, un noir firmado por Christa Faust, Jeff Dekal y Priscilla Petraites en el que Lulu, una masoquista profesional que se gana la vida dejándose hostiar por sus clientes, se ve involucrada en un asesinato relacionado con el tráfico de diamantes y obligada a usar su tolerancia al dolor y sus contactos en el submundo del BDSM y la prostitución sórdida para poder sobrevivir.

Hit Me es un cómic bien escrito y cojonudamente dibujado.

Ya estás tardando en comprarlo y leerlo. Aunque sólo sea para joder a los abogados de DC Cómics. Te aseguro que los autores de Hit Me tienen más probabilidades de cobrar sus regalías que el pobre de Bill Willingham las que DC todavía le adeuda.

Nada más y nada menos que Peter Milligan y Mike Deodato Jr. firman Absolution, la historia de Nina Ryan, una sicaria a la que se le concede un mes para obtener la absolución del público por sus crímenes, en una especie de sádico Gran Hermano organizado en un mundo no tan diferente al presente. Concluido ese plazo sin haber alcanzado la redención, los explosivos implantados en su cerebro la matarán.

Absolution me ha gustado un poco menos que Hit Me, pero no creo que te decepcione si le das una oportunidad. Es mejor que ninguna mierda que DC haya publicado en los últimos cinco años. Y sus autores, a menos que AWA Studios me rompa el corazón, van a cobrar todas sus regalías por ella.

Échale un ojo a Marjorie Finnegan, Temporal Criminal, de Garth Ennis, Goran Sudzuka y Miroslav Mrva. Retorcida, hilarante, apasionante. Marjorie Finnegan es uno de esos personajes a los que amas odiar, pero por el cual acabas pasando miedo. No es poco mérito del guionista lograr que empatices con la tremenda hija de puta de Marjorie, y eso pasa por crearle un antagonista realmente detestable.
Regálate Red Zone, de Cullen Bunn, Mike Deodato Jr. y Lee Loughridge. El profesor Randall Crane, rusólogo y eslavista de la Universidad de Nueva York, es enviado a Rusia por el gobierno estadounidense con una misión secreta. Cuando su equipo de apoyo es aniquilado, el profesor Crane tiene que sobrevivir por sus propios medios... y resulta que no ha sido toda la vida un oscuro profesor universitario. Digamos que antes de la pluma, aprendió a utilizar la espada.

Dale una oportunidad a Sins of the Salton Sea, de Ed Brisson y C.P. Smith. Wyatt, un ladrón profesional retirado, es enrolado por su hermano en un último golpe contra un furgón blindado. Cuando Wyatt descubre que el furgón no traslada dinero ni metales preciosos, sino a una madre y su hijo, ya es demasiado tarde para pasar desapercibido ante los ojos de una secta de chiflados por el fin del mundo que no vacilarán ante nada para joder bien jodido a nuestro protagonista.

Y hay muchos más títulos interesantes en AWA Studios.

Fight Girls, de Frank Cho y Sabine Rich. Sexy (claro, es de Frank Cho), perversa y divertida.

Chariot, de Bryan Edward Hill y Priscilla Petraites. Si una de las cosas que más te gustan de las pelis de Bond es el Aston Martin lleno de gadgets, Chariot te va a encantar.

Me encantó.

Not All Robots, de Mark Russell, otra vez Mike Deodato Jr., que está en todas las salsas de AWA, y Lee Loughridge. Un futuro en el que la Inteligencia Artificial ha tomado las riendas de la civilización humana con la paternalista actitud de quien pastorea a un hijo calavera y medio retrasado.

Trojan, de Daniel Kraus, Laci y Marco Lesko. Una especie de revisión perversa y gore de Fables en forma de thriller. Marginados por la sociedad humana, celosa de su magia y belleza, las criaturas mitológicas, gorgonas, centauros, sirenas, gnomos, malviven como pueden en los márgenes de la civilización moderna; maltratados, prostituidos, asesinados. Pero en los abismos de la Dark Web habitan verdaderos monstruos que pueden poner en movimiento poderes terribles de los que los humanos sólo hemos oído hablar a través de las leyendas.

Año cero, de Benjamin Percy, Lee Loughridge y Ramon Rosanas. ¿Te gustan los apocalipsis zombis? Pues toma dos tazas. O mejor dicho, tres, que ya va por el tercer volúmen.

The Resistance, de J. Michael Straczynski y Mike Deodato Jr., que no nos libramos de él ni con agua caliente, retomando el tropo de Mike Straczynski de la gente común que repentinamente adquiere superpoderes y que ya exploró en Rising Stars para Top Cow/Image.

The Ribbon Queen, de Garth Ennis y Jacen Burrows. La detective Amy Sun de la Policía de Nueva York descubre una fuerza ancestral de venganza invocada por la víctima de un asesinato policial cometido tres años atrás. Gore a cascoporro.

O la historieta que me está enamorando ahora mismo: The Madness, de J. Michael Straczynski y ACO. Sarah Ross ha usado sus superpoderes para labrarse una carrera como ladrona profesional. Hasta el momento se las ha compuesto para mantener a salvo a su familia, pero cuando roba a la persona equivocada y el gobierno, con la colaboración del «grupo oficial de superhéroes» (carrasp, sospechosamente parecido a la Justice League, tos, tos, carrasp) la identifica y marca para su asesinato selectivo, cobrándose las vidas de su marido e hijos, una fuerza desatada con la que Sarah ha convivido toda su vida toma posesión de su cuerpo y comienza una despiadada cruzada vengativa.

¿Y sabes qué tienen en común todos estos títulos además de algún superhéroe, buenos dibujantes y buenos escritores?

Son obras de adultos, escritas por adultos y dirigidas a adultos que hablan de temas adultos desde una perspectiva adulta y con un lenguaje adulto. Y se ve algún pelín potorrero, como en los buenos tiempos del añorado sello Vértigo.

Cada uno de estos cómics se ha publicado como y cuando han querido sus respectivos autores, que retendrán el control creativo de sus obras y cobrarán, o al menos ésa es la intención declarada de AWA Studios, todos los derechos que les corresponden por ellas.

En la industria, los títulos aquí citados son voces que claman en el desierto.

Y aunque sólo fuese por eso, merecen todo nuestro apoyo.

♫ De ser la voz que clama en el desierto
De ser la voz que clama en el desierto
De ser la voz que clama en el desierto ♪


Porque éstas son las iniciativas que debemos apoyar si queremos una industria editorial sana, respetuosa y productiva.

Porque estos son los cómics que las grandes editoriales podrían estar publicando, si le guardasen alguna consideración a su público o sus autores.

♫ Pobre de ti, Gulliver, pobre de ti ♪

Y aunque en la canción de Sabina es difícil saber a quién asiste la razón, si a Gulliver o a los enanos, en el mundo real eso está más que claro.

En este caso concreto, a los enanos.

Siempre a los maltratados, expoliados y menospreciados enanos.