domingo, 11 de enero de 2026

P‪iérdete en la música, si quieres, pero no olvides renovar tu receta de Largactil

♫ Look, if you had one shot or one opportunity
To seize everything you ever wanted in one moment
Would you capture it or just let it slip?
Yo ♪


James Graham Ballard
 es un autor aquejado del mismo mal que afectaba a la pobre Doris Lessing: sus correligionarios, apóstoles y filisteos ocultaban muy deliberadamente sus títulos de ciencia-ficción. Como si fuesen pecadillos de juventud. Excentricidades vergonzosas. Parafilias humillantes. Para los engolados culturetas gafapastas que cantan las alabanzas de El imperio del sol, Crash, La muestra de atrocidades o La isla de cemento; los títulos del autor británico que innegablemente caen en el casillero de la ciencia-ficción, como El viento de ninguna parte, Noches de cocaína, El mundo sumergido o La sequía, o bien «no son en realidad ciencia-ficción» (aquí, con unos cojonazos como La Berenguela, los mismos cagapoquitos sustituyen el muy noble título de «escritor de ciencia-ficción» por el etéreo «escritor visionario») o, simplemente, no existen.

Sí, gilipollas (que van a salir más de una vez en esta entrada) los hay en todas partes.


También la pobre Doris Lessing sufrió, durante su larga y fructífera carrera, del mismo desprecio intelectualoide hacia su obra de ciencia-ficción. Un montón de petulantes gusanos de biblioteca no podían perdonar a Doris Lessing, una de las pocas personas que ganó, en vida, TODOS los grandes premios literarios de Europa, que escribiese, entre otras cosas, Shikasta, Los matrimonios entre las zonas tres, cuatro y cinco o Los experimentos sirios (aunque para nosotros, y que nos perdone la Whiskypedia, en esta categoría entran también La grieta e Instrucciones para un descenso al infierno).

Este resquemor, esta inquina mejor o peor disimulada contra la regordeta feminista nacida en Kermanshá (Irán) estalló con varios kilotones de mala sangre cuando Lessing fue galardonada con el Nóbel de Literatura en 2007. El insufrible Harold Bloom, con todo su engreído papo y autoatribuida superioridad intelectual, tuvo el cuajo de hacer escarnio de toda la bibilografía de la autora: «Although Ms. Lessing at the beginning of her writing career had a few admirable qualities, I find her work for the past 15 years quite unreadable… fourth-rate science fiction». El crítico literario Marcel Reich-Ranicki tildó el fallo de la academia de «una decisión decepcionante» y hasta a Umberto Eco, después de felicitar a la autora, le faltó tiempo para denunciar olor a cuerno quemado ante la evidencia de que, rompiendo una norma no escrita del Nóbel de literatura, lo hubiesen ganado en tan breve plazo autores angloparlantes (el anterior a Lessing fue el turco Orhan Pamuk, pero el galardonado de 2005 fue Harold Pinter).

Para sorpresa de ninguno de los habituales de la bitácora, esta entrada no va sobre J.G. Ballard ni Doris Lessing.

J.G. Ballard (que no, que no va de él la entrada, copóns) es conocido, además de por sus libros, por su ingenio, típicamente británico y heredero de Wilde, del cual florecieron no pocos aforismos. Ponemos algunos ejemplos, algunos sorprendentemente proféticos:

«Las sociedades avanzadas del futuro no se regirán por la razón. Se regirán por la irracionalidad, por sistemas de psicopatología en competencia».

«El arte existe porque la realidad no es real ni significativa».

«Los padres infelices te enseñan una lección que dura toda la vida».

«Junto con nuestra pasividad, estamos entrando en una fase profundamente masoquista Todo el mundo es víctima hoy en día, de los padres, de los médicos, de las empresas farmacéuticas, incluso del propio amor. Y cuánto lo disfrutamos. Nuestros momentos más felices los pasamos intentando idear nuevas variedades de victimismo».

«Mi breve estancia en el hospital ya me había convencido de que la profesión médica era una puerta abierta a cualquiera que guardara rencor a la raza humana».

«Tarde o temprano, todo se convierte en televisión».

Y una de nuestras favoritas, y de las que encierra una verdad más dolorosamente palpable:
«Cualquier tonto puede escribir una novela, pero hay que ser un genio para venderla».
Y, ahora sí, DE ESO va el presente post.

De vender libros, y un poco de salud mental. Y de cómo el Arte atrae a personalidades frágiles, inestables o, abiertamente, patológicas. Porque tal vez lo que dicen sea cierto y todos los artistas hayamos nacido bajo el signo de Saturno, y el verdadero genio es a menudo tan indistinguible de la locura que muchos no iniciados puedan considerarlo equivalente.

No, no vamos a darte consejos sobre el mercado editorial, ni indicaciones para contactar a un editor o un agente literario. Si tuviésemos ese conocimiento, te lo ofreceríamos, vaya que sí. A cambio de un precio. ¿Qué coño te habías creído, parguela? ¿Que te ibas a trincar a una chinita cañón? Un ongarután en gayumbos tiene más posibilidades que tú.

No. Lo que vamos a enseñarte es una de las muchas formas en las que NO DEBES promocionar tu mierda de libro, ajustando la puntería de nuestra pistola de sarcasmo y nuestras bombas de racimo de sátira. Porque no tenemos suficiente información para determinar si la persona protagonista de la historia que te vamos a contar ha nacido realmente bajo el signo de Saturno, con el componente de locura e impulsividad que conlleva, o una cínica y fatua snowflake a la que pillaron con las manos enfangadas en tinta. Y, en caso de duda, es mejor respetar la presunción de inocencia o decirle a Riley Reid que vuelva a vestirse, que ese olor dulzón que desprenden sus promiscuos poros probablemente sea clamidia.

Deutchsland!

Si quieres leer A Crown of StarlightUna corona de luz estelar»), la, antaño, esperadísima (en cierto nicho de lectores) space-opera romántica de Cait Corrain inspirada en la mitología griega, lo vas a tener difícil DE COJONES, oh amado lector bibliófilo de grasienta papada y perenne olor a esmegma. En Amazon Reino Unido está completamente descatalogado y, en puridad, aunque tiene una fecha prevista de publicación de Diciembre de 2024, no parece haber estado nunca disponible en ningún formato.

En Amazon España sigue en preventa, tanto en tapa dura a 24,21€ como en rústica a 17,34€... pero, con una fecha de publicación prevista de enero de 2079, erratas o bromazos aparte, no recomendamos, en buena fe, a nadie que nos caiga simpático, que haga desembolso alguno hasta que el libro esté disponible o mientras la fecha de lanzamiento siga exigiendo hibernación o viaje interestelar a velocidades relativísticas.

En Amazon.com es que ni existe. Hay un puñado de títulos accidental o intencionadamente parecidos, en audiolibro, electrónico, rústica o tapa dura; ninguno de ellos la novela que hemos referenciado más arriba.

Y, encima, si haces una búsqueda en Amazon.com por nombre de la autora, te sale una página de resultados que da mucha vicisitud en la que no aparece ni un solo libro de esta escritora. Ni de ninguna otra, ya puestos.

Y tratándose de una autora que tenía ya firmado un contrato con Del Rey Books por éste, y otros libros, y una representante, Rebecca Podos (ella misma escritora de la que no resulta difícil encontrar obra a la venta en Amazon, si bien no muy extensa), de la agencia literaria RLA, este misterio no puede dejar de arrugarte la nariz, oh avispado lector.

Por si todo esto te parece un poco etéreo, amado lector (a fin y al cabo, la tal Podos es una ilustre desconocida y, a tenor del argumento de su obra publicada, casi más una activista y propagandista queer que una escritora per se), déjanos decirte que Del Rey Books es un sello editorial de, nada más y nada menos que, Random House, del grupo Bertelsmann. Y Random House, tras la fusión con Penguin en 2013 es, básicamente, una de las «big five» (categoría de peso corporativo en el mundo editorial en el que compiten titanes como Simon & Schuster, Hachette, HarperCollins y Macmillan Publishers). En lengua vernácula: Penguin Random House Limited es un puto coloso editorial en el cual trabajan más de 10 000 personas de todo el mundo, que abarca un poco menos de 250 editoriales y sellos, y que publica un promedio de 15 000 novedades al año, entre ellas algunas de las obras de los autores mejor vendidos del mercado editorial.

Del Rey Books fue fundado en 1977 como sello editorial de Ballantine Books. Del Rey era el espacio de Ballantine dedicado a los géneros de ciencia-ficción, terror y fantasía. El padre de la idea y responsable de la línea editorial de Del Rey Books no fue otro que Ramón Felipe Álvarez-del Rey, alias Lester del Rey, alias Leonard Knapp, uno de los padres de la ciencia-ficción de la Edad de Oro (y pupilo de John W. Campbell, y colega de Robert A. Heinlein), y su cuarta esposa esposa, Judy-Lynn (sí, ¿qué coño pasa?; los escritores nos divorciamos mucho, ¿algo que objetar?), tiene en su cartera de autores a completos desconocidos como Isaac Asimov, Ray Bradbury, Terry Brooks, Arthur C. Clarke, Philip K. Dick, Stephen R. Donaldson, China Miéville, nuestra respetada y añorada Anne McCaffrey o Frederik Pohl.

En cuanto a como Del Rey acabó integrada en Random House, es historia antigua y breve: Random adquirió Ballantine en 1973, cuatro años antes de que existiese Del Rey Books. Del Rey nació ya en Random House.

Con el contexto que acabamos de proporcionarte, si eres una persona inquisitiva y ávida de conocimiento, no dejarás de preguntarte qué CARALLO EN NOMBRE DE LA DIVINA SARA SAMPAIO DOMINÁTRIX, ALABADOS SEAN SUS MUELLES MORROS LUSITANOS, pudo pasar para que Cait Corrain perdiese un contrato, por A Crown of Starlight y otro libro, con uno de los grupos editoriales más poderosos del mundo. Contrato que prácticamente le garantizaba el éxito comercial. Aunque pudiese ser un éxito fabricado (la capacidad de una bestia como Penguin Random House de colocar millones de ejemplares de la mierda más absoluta no es de desdeñar. ¡Que estamos hablando de los editores de la nefanda polvología de Cincuenta pollazos de la grey y El víncido Da Code!).

Cait Corrain tenía todas las rifas para convertirse en autora de un best-seller. Tenía agente literaria. Tenía contrato por varios libros con uno de los cinco grupos editoriales más poderosos del mundo. Coleccionaba entusiastas elogios de los early readers que habían accedido a una copia anticipada de la novela.

Y sin embargo, se comió una mierda así de grande y tanto ella como su libro desaparecieron de la Red de Redes.

¿Qué pasó?

Pues, lamentablemente, sólo podemos reconstruir la historia a partir de fuentes secundarias. El Tweet original de la página oficial de Del Rey Books en el que anuncia la ruptura de relaciones contractuales con Corrain sigue disponible (al menos en el momento en que escribimos esta entrada), así como el Tweet de Ilumicrate (un servicio de suscripción de libros de Daphne Press) en el que comunican su renuncia a incluir el libro de Corrain en su bundle de mayo de 2024; pero la cuenta de la propia Corrain, Tweets de los autores que denunciaron a la escritora, e incluso los hilos de Reddit y cuentas desde las que pusieron el grito en el ciberespacio, han sido borradas, cerradas o eliminadas. Y sin embargo, lo poco que podemos, es suficiente para presentarte, oh ojiplático lector embriagado por la contoneante pelvis corruptora de nuestra bayadera pornográfica preferida, un caso de estudio de CATASTRÓFICA implicación de un autor en la promoción de su propio libro. CAGADA APOTEÓSICA tal vez, no podemos asegurarlo, pero sin la suficiente información no nos atrevemos a cuestionarlo, originada en un sangrante problema de inmadurez emocional o derivada de una psique atribulada.

Un indignado resumen de la controversia todavía se puede encontrar en un vídeo, que sigue disponible mientras se escriben estas líneas, de la página de TikTok de Xiran Jay Zhao, ella misma escritora, cosplayer e Internet Celebrity. Xiran Zhao, que ya se hizo famosa por la RAJADA de 2020 en Twitter dándole hostias hasta en el DNI a la adaptación de imagen real de Mulán (sólo por eso ya nos cae simpática la amiga Xiran). Tú mismo, si te defiendes en inglés con acento canadiense, oh políglota lector.


Ahí van los datos, por si eres demasiado vago para pinchar el enlace o se te ha dormido la hipermusculada mano de hacerte las pajas viendo vídeos de Riley Reid:

«Un gusto generalizado por la pornografía significa que la naturaleza nos está alertando de alguna amenaza de extinción».

J. G. Ballard

Mein Herz in Flammen!

Desde por lo menos abril de 2023, varias cuentas de Goodreads comenzaron a darle puntuaciones extremadamente bajas, de una estrella (de cinco) a los libros, de inminente publicación de varios autores noveles. Lo que en inglés, tan propensos a los neologismos, se denomina «review bombing» («bombardeo de reseñas»), una técnica de sabotaje en el que se intenta lesionar el impacto de mercado de una película, videojuego, libro o análogo por el procedimiento de inundar los foros y redes sociales de comentarios en los que se  le llama de todo menos bonito. Normalmente por motivos espurios. Videojuegos como Mass Effect 3, Fallout 4 y Star Wars: Battlefront II, y películas como Star Wars: El ascenso de Skywalker, Los Eternos y Peter Pan & Wendy fueron víctimas de esta nociva práctica de la era Internet, que no nos atrevemos a descalificar como totalmente injustificada (vuelve a leer los ejemplos de películas que te hemos dado, lector. Sobre todo los dos primeros).


Haz un pequeño esfuerzo para colocarte en los zapatos de los afectados: imagina que eres un escritor novel a punto de publicar tu ópera prima y alguien, o varios alguienes, comienza una campaña en Internet para asegurarse de que va a hundir tu libro antes incluso de que salga a la venta.

La liebre, en el caso del bombardeo de reseñas de Goodreads de 2023 saltó cuando alguien hizo notar dos características especialmente llamativas de esta campaña:

a. Un porcentaje nada anecdótico de los autores «saboteados» en Goodreads era lo que los mongólicos de la neolengua woke-social justice warrior-we're fucking retarded and proud of it llaman POC, o sea «person of color». Vamos, que esos escritores primerizos no eran blancos. Los titulares de las cuentas desde que se lanzó el review bombing habían señalado como objetivo a autores con una pigmentación no estrictamente palidorra (con excepciones). Entre los afectados estaban Frances White y su Voyage of the Damned, por aquel entonces todavía inédito, To Gaze Upon Wicked Gods, de Molly X. Chang (el apellido te dará una idea de sus niveles de melanina, oh preclaro lector), The Poisons We Drink, de Bethany Baptiste, Mistress of Lies, de K.M. Enright (que, a pesar de su equívoco nombre y de vivir en Nueva Jersey, es más filipino que el sinigang), y So Let Them Burn, de la más bien morenita Kamilah Cole.

b. Las mismas cuentas que ponían una estrella a los títulos en preparación de los autores arriba aludidos, le ponían cinco estrellacas como cinco banderillas a A Crown of Starlight, de Cait Corrain. Ojo, esas cuentas de Goodreads no estaban centradas exclusivamente en los autores citados más arriba y en A Crown of Starlight, sino que, digamos para hacer la cosa un poco menos evidente, también reseñaban varias docenas de títulos de otros escritores. Pero, de nuevo, una persona especialmente despierta e informada del mercado editorial en lengua inglesa no habría dejado de notar que las víctimas de este bombardeo de reseñas eran libros que, por género y temática (ciencia-ficción, fantasía y romance; agitados, no revueltos, con inspiración más o menos declarada en la mitología griega), tono (mucho personaje no-blanco y LGBT), naturaleza novel del autor y calendario de publicación (ventanas editoriales de 2024), podrían haber competido con A Crown of Starlight (los libros de Frances White y Molly X. Chang, como el de Corrain, también eran primeras obras y, de postre, tanto Chang como Danielle Jensen, otra de las afectadas por este acoso y derribo cibernético, tenían contrato con Del Rey, al igual que Corrain).
Kamilah Cole. por las dudas.

No hacía falta ser un Sherlock Holmes para seguir el rastro de miguitas, y los perjudicados por esta estrategia de zapa y minado no tardaron en identificar a quién pertenecía la mano invisible que estaba intentando sabotear los lanzamientos de sus respectivos libros, y que era, básicamente, otra escritora novel con obra pendiente de publicación. Y queremos decir una escritora novel más blanca que la leche con crema de Oreos. Xiran Zhao estaba tan cabreada con esta ladina exhibición de, permítaseme tomar prestado el idiolecto de los subnormales postmodernos tardomarxistas, «fragilidad blanca» que quería lanzar un bombardeo orbital completo con los datos recopilados, para que la Intenné se cobrase su justicia callejera; pero las víctimas de esta sucia operación clandestina intentaron resolver el asunto discretamente poniéndose en contacto, fuera de los focos, con la presunta culpable.

Lamentablemente, los esfuerzos de los afectados no se vieron coronados pro el éxito (los detalles no ha sido revelados o no he podido encontrar las fuentes correctas). Tanto no tuvieron éxito en sus labores diplomáticas que Cait Corrain, pues ella era la presunta bombardera de reseñas maliciosas, en vez de bajar la cabeza, meter el rabo entre las piernas y reconocer lo que había hecho, se llenó en Twitter de afectada indignación acerca de las «cuentas falsas» que estaban tuneando sus reseñas de Goodreads. Aunque Corrain ha eliminado su cuenta de Twitter, las capturas de pantalla tienen la fea costumbre de volver para darte una hostia con los cinco dedos. Aquí tienes a la buena de Cait intentado hacerse pasar por otra víctima del review bombing:


Ésa fue la gota que colmó el vaso de Xiran Zhao. La autora de Iron Widow y Heavenly Tyrant se crujió los nudillos, aporreó su propio Twitter y se ganó, lo sepa o no, un título de paracaidista honoraria de esta bitácora.


Ése fue el principio del fin para A Crown of Starlight y, hasta nuevo aviso y previsiblemente, para la carrera literaria de Cait Corrain, pero en aquel momento nadie lo sabía aún. Nótese que Xiran no menciona nombre alguno, otorgando a la sospechosa la oportunidad de hacer las paces, en privado, con sus compañeros debutantes, a los que había hecho la puñeta plus, o, en caso de que Corrain fuese inocente, implicarse en la investigación del verdadero responsable y, en última instancia, limpiar su nombre artístico y no dinamitar su currículum profesional antes incluso de que existiese como tal.
Will dich lieben und verdammen!

La historia se espesó como lefa de bigardo en la boca abierta de Sasha Grey, tendida al sol en topless en una playa de Antibes Juan-les-Pins cuando un «amigo» (identidad no revelada) de Cait se puso en contacto con Xiran Zhao para culpar del review bombing a otro «amigo», «amiga» o seguidor/a/e/@/X (el sufijo de género, entre esta patulea, siempre es esquivo) de Corrain, que había pensado, ingenuamente, que estaba ayudando a hacer prosperar la carrera literaria de la autora de A Crown of Starlight. Ese «amigo» (el primero al que aludimos en este párrafo) proporcionó a Xiran presuntas capturas de pantalla de un chat (por el contexto entendemos que procedente de una comunidad de FanFiction de Rei Palpatine y Kylo Ren) en el que el Amigo/a/e/@/X 2 de Cait, alias Lilly, le confesaba haber vandalizado las reseñas en Goodreads de los autores aludidos más arriba.


Xiran no se tragó la rueda de molino. No se creyó los pantallazos que, presuntamente, absolvían a Corrain de implicación alguna en la campaña de sabotaje. No pudo dejar de notar que las marcas de tiempo de ese chat incluían, en algún fabuloso fenómeno cuántico que los especialistas deberían estudiar, mensajes de «ayer» y «hoy» EN LA MISMA CAPTURA DE PANTALLA. Antes de comprar esa burra coja y mal follada y exculpar a Cait, Xiran pidió (nos atrevemos a sugerir que, más bien, EXIGIÓ ver mensajes antiguos entre Corraine y Lilly... y recibió exactamente NADA. Photoshop habuimos, fratres mei carissimi.

Mientras la espera por las pruebas tardonas hacía estragos en la presión arterial de Zhao, Cait asumió la identidad, hasta entonces no revelada por Xiran ni por los escritores afectados, de la novelista cuyo libro habían sido, presuntamente, hiperhypeadas por un desalmado que también había tanqueado las reseñas de sus inmediatos competidores. La confesión tuvo lugar en una cuenta privada de Slack compartida con otros autores noveles con lanzamiento previsto para 2024, aunque Corrain siguió, vuelta la mula al trigo, defendiendo la fábula del «amigo/a/e/@/X» imaginario que habría urdido y lanzado la campaña de review bombing sin su conocimiento. Y compartió las mismas capturas de pantalla con las que había intentado convencer a Xiran Zhao de su inocencia.


Fue un error. Los chats photoshopeados eran tan ignominiosamente falsos que todo ese grupo de Slack se tiró al hígado de Cait. Exigió lo mismo que Zhao, pruebas de que esa misteriosa Lilly existía y estaba en contacto con Corrain desde, como mínimo, abril de 2023. Ella, obviamente, no pudo proporcionar ninguna e intentó defenderse de las acusaciones de racismo orientando sus «celos» profesionales hacia otro autor o autora de piel blanca, que no llegó a identificar, que también había firmado con Del Rey y que iba a publicar su libro, de un género, temática y tono parecidos a A Crown of Starlight, en la misma ventana editorial. Ni que decir tiene que la maniobra de distracción no dio resultado, y tampoco ayudó a su caso.


Una vez se hizo público todo el mondongo, los autores afectados por el bombardeo de reseñas en Goodreads dieron un paso adelante y exigieron a Corrain el Discord de la (hemos decidido que es una ella, porque nos ha salido de los huevos) vandálica Lilly. Borrado. ¿Twitter? Borrado. Toda la huella digital de la «responsable» del review bombing había sido erradicada de la existencia. Impostando justa indignación, Cait Corrain publicó su indignación, jugó de nuevo la carta de la víctima, «¡ya habéis decidido que no vas a creerme, diga lo que diga!», o algo por el estilo, y salió del servidor.

Algunos «amigos» de Corrain, aparentemente estos sí reales, le hicieron mal tercio al salir en su defensa atacando, con sañudas falacias ad hominem, a los mismos autores vandalizados en Goodreads. Como maniobra de distracción, fue una pésima decisión táctica porque, llegados a este punto, los olientales ovalios de Xiran Zhao directamente explotaron como bombas de hidrógeno y la autora sino-canadiense publicó sus 41 páginas de dossier con capturas de pantalla. El documento, en el momento en que escribimos estas líneas, sigue disponible en este enlace de Google Docs. Tú mismo, oh paciente y conspicuo lector.

Y Twitter hizo ¡chabuj! Las Redes no habían entrado en una ebullición semejante desde que a Mia Khalifa le reventaron una teta con una pastilla de Hockey sobre hielo. Una investigación de los administradores de la página en la cual, presuntamente, se habían intercambiado los chats entre Corrain y su fanática seguidora sacó a la luz que jamás habían tenido una cuenta a nombre de ninguna Lilly. Los usuarios del chat notaron las obvias similitudes entre el lenguaje y redacción de Corrain, en antiguos chats y textos publicados en la comunidad de fanfiction, y la metafísica Lilly y, lo que probablemente acabó por cerrar el círculo, se descubrió que dos de las autoras bombardeadas en Goodreads, con obra ya publicada, Ali Hazelwood y Thea Guanzon, eran antiguas «compañeras» de Corrain en la misma comunidad de fans dedicada al romance entre la Jedi más sosa de la historia y el Lord Sith de Aliexpress.

Thea Guanzón, que era una de las amigas más antiguas de Cait Corrain. Que ¡hasta se había encontrado con ella offline! Que había leído un borrador de A Crown of Starlight y lo había puesto por las nubes. Thea, que acababa de descubrir que su celosa amiga había intentado boicotear su carrera.

Superada por las evidencias, atosigada por varios frentes, Cait Corrain acabó admitiendo, en un Tweet de diciembre de 2023 publicado en su cuenta oficial, ahora cerrada, que no había ni Lilly ni niño muerto. Que ella era la eminencia gris detrás del review bombing. Que había creado todas esas cuentas falsas en Goodreads (admisión de culpa innecesaria desde el momento en que una de las cuentas desde las que se había lanzado la campaña era una conocida cuenta de la propia Cait) y dado, deliberadamente, puntuaciones misérrimas a sus competidoras para sacarle mayor brillo al lanzamiento de A Crown of Starlight humillando a los libros rivales. Intentó generar simpatía aludiendo a antiguas psicopatologías no específicas y culpando de la campaña de reseñas falsas a un «colapso mental» fruto, inferimos, del estrés por la inminente publicación de su novela, y por el cual iba a recibir tratamiento psiquiátrico a la mayor brevedad.

«[...] it was just my fear of how my book would be received running out of control. [...] I’m sorrier than you’ll ever know, and there’s nothing I can say to erase what I did to you».

A partir de ahí, efecto dominó: Del Rey retiró A Crown of Starlight de su calendario de lanzamientos y canceló, a continuación, el contrato por dos libros que había firmado con Corrain. Rebecca Podos anunció que renunciaba a continuar representando a Corrain y todos los demás portales y empresas que estaban ansiosos por colaborar en la comercialización de A Crown of Starlight se alejaron del libro y de su autora como de un Chernobyl recién petado.

♪ You better lose yourself in the music
The moment, you own it, you better never let it go (Go)
You only get one shot, do not miss your chance to blow
This opportunity comes once in a lifetime, yo
You better lose yourself in the music
The moment, you own it, you better never let it go (Go)
You only get one shot, do not miss your chance to blow
This opportunity comes once in a lifetime, yo ♫


Te lo resumimos así no más, amado lector (que a estas alturas ya se habrá perdido):

Cait Corrain tenía un libro acabado. Tenía un público ansioso por leerlo. Tenía una agente literaria. Tenía una comunidad de fans que la apoyaba. Tenía un contrato por dos libros con una de las editoriales más poderosas del orbe.

Y se saboteó a sí misma por un problema de celos, narcisismo, inmadurez emocional, orgullo, inseguridad, frío cinismo, problemas mentales o todo lo anterior junto.

Y, más allá de que la literatura, por llamarla de alguna manera, que Corrain aspiraba a hacer suena sospechosamente a panfleto queer más que a ficción sólida y bien escrita, si tuviésemos que exigir sólo una causa posible de su injustificables, e interesadas, operaciones clandestinas contra otros autores de su cuerda... a ver, no queremos ser hijos de puta, PERO (el «pero» siempre es un factor a tener en cuenta), a raíz de amargas experiencias personales, los paracaidistas de la bitácora hemos aprendido, como perros de Pavlov, a asociar los conceptos «piercing en el septo nasal» y «supreme final boss loca del chocho». (Como todas las generalizaciones, ésta es injusta, sesgada y probablemente falsa).

Y, claro, fue ver una foto de la criatura y no poder contener un «¡a-aaaaah! ¡Ahora entiendo!».
Mejórate, Cait.

Y hemos llegado demasiado lejos en la presente entrada para abrir el melón agusanado de la relación entre genio y locura, arte y fragilidad, creatividad y narcisismo. Quedará para futuros análisis. Ahora vamos a buscar el balrog y desearle a Cait Corrain un pronto y completo restablecimiento de sus problemas mentales, en caso de que los tenga, y el mayor éxito en sus futuras empresas personales y profesionales.

Que, nos tememos, con su reputación lanzallameada, la llevarán muy, muy lejos del mundo editorial.


miércoles, 31 de diciembre de 2025

Cuadritos asiáticos para despedir otro año de mierda

Las tradiciones sin significado no son más que el corte de mangas que nuestros antepasados nos hacen desde la tumba.

(Salvo cuando subimos la tradicional foto de la divina Sara Sampaio, o el tradicional GIF de Riley Reid induciéndonos a pecar de pensamiento, palabra y obra. Ésas son tradiciones BUENAS).

Aquí, en la bitácora, tenemos desde los orígenes al menos una tradición que aún tiene significado: acabar el año publicando, el 31 de diciembre, una entrada especial. Hasta 2019 fue un textito con pretensiones literarias. En 2020, año de mierda, año pandémico, una doble peineta de Homer Simpson. En 2021, una falsa entrevista. En 2022, una enmienda total a ese año de mierda. En 2023, una entrega especial de la sección «Todo lo que creías saber probablemente sea mentira» con historias atchonburísticas completamente verídicas. En 2024 nada, porque los cabrones de Vomistar nos dejaron tres meses sin Internet.

Pues este año no nos sale de los aguacates comernos mucho la cabecita con la entrada de Nochevieja, así que, tachán, tachán, bala de plata de cómics asiáticos y a tomar por culo.

Empecemos por una de zombis. No estamos muy por las historias de zombis en la bitácora, pero de todo tiene que haber en la viña del señor y, en el peor de los casos, 종말이 찾아왔다/Jongmal-i chaj-awassda/El fin ha llegado, de Jeon Seon-Wook, tiene un dibujo simplemente precioso en el que, además, los personajes coreanos PARECEN coreanos. Nada de enormes ojos brillantes, ni cabellos de colorines (hasta ahora), ni chorradas de shojo manga.

El fin ha llegado parte del típico escenario de crisis zombi estándar e involucra en ella a Jung Minjun, un mierdecilla de clase obrera con problemas de autoestima, y Han Yena, la clásica pijita engreída, hiperpopular y ávida de atención. La típica Instagram Attention Whore, pero en coreano, con la que, por algún motivo, Minjun acaba siempre compartiendo pupitre.
Turbomaciza está, afirmamos.

Minjun está enchochado de Yena, que ya hemos dicho que es tremendo pibardo, desde la primera vez que coincidieron en la misma clase. Pero sus escasas probabilidades de intercambiar saliva con ella, por no mencionar otros fluidos, cayeron por debajo de cero desde el día en que le dirigió la palabra y Yena no le manifestó más que abierto desprecio. Desde entonces, no ha dejado de llamarle «perdedor», decirle que «apesta a pobre», lamentarse en voz alta cuando acaban en la misma clase y prohibirle mirarla, si por accidente lo pilla contemplándola a distancia.

Sí, Han Yena es un encanto. Cada vez que abre la boquita, no sabes si darle un par de hostias o invitarla a un café. De ácido sulfúrico.

Si la vida de Minjun, una masa subcrítica de hormonas adolescentes a la que la proximidad física de Han Yena lleva al borde de una detonación de por lo menos tres Oppenheimers, no fuese ya lo bastante interesante, encima se ha convertido en el objetivo del matón del instituto, Park Seongbin, un bigardo altísimo y corpulento (musculitos de gimnasio, pendientes de chuloputas, tatuajes de malandro) que le da capa y media de hostias todos los días a nuestro héroe. Porque puede. Porque Minjun, un alfeñique acomplejado y sin carácter, se ha conformado ya con su papel de punching-ball y no se piensa siquiera en defenderse.

Los únicos amigos de Minjun son Bae Sunho y Oh Byeongjun. Tremendo par de frikardos asociales como él, no pueden ayudarlo especialmente a desarrollar un buen par de huevos. Son al menos tan pichafrías como Minjun, tan ineptos físicamente como él y están tan hechos mierda, psicológica y socialmente, como él. No pueden salvarle del cabrón de Seongbin ni abrirle el frío, duro y negro corazoncito de Yena.

Enamorado sin esperanza de Yena, puteado por Seongbin, maltratado físicamente por éste y psicológicamente por aquella, lo único que Minjun tiene en su vida es su ordenador y su colección de videojuegos, de entre los cuales destaca Rage Z, una especie de Call of Duty, si CoD arrancase directamente en el modo zombis. En Rage Z, Minjun es la hostia bendita. El boss (♪ Booooorn in de yu-es-ei ♫). El puto amo. Se sabe todos los mapas. Todas las vulnerabilidades de los mini-bosses. Las mejores tácticas para sacar partido a las misiones.

Pero luego el regreso a la realidad cotidiana se le hace aún más cuesta arriba. Minjun ha llegado a tal estado de tortura emocional que solo quiere que el instituto, el mundo o su vida se acaben de una vez. Odia ir a clase. Aborrece a sus compañeros. Detesta sentirse humillado, menospreciado, maltratado. En el primer capítulo del 
manhua, Minjun está decidido a dejar los estudios. No va a volver a esa escuela en la que lo hacen sentir miserable.

Después de la enésima paliza que recibe de Seongbin, Minjun piensa seriamente en acabar con el dolor automorisionándose. Busca un edificio alto desde el cual saltar a la calle. Medio aturdido, gravita hacia el complejo de apartamentos en el que vive Yena, que lo ve y no pierde la oportunidad de zaherirlo otra vez y, a la vista de sus heridas, le dice que alguien tan patético como él al menos debería tener los redaños de defenderse.

Olvidada por un momento la seducción de la autoacabasión (a fin y al cabo, por grosera que haya sido, Yena ha dicho la verdad), Minjun vuelve a casa y se refugia en los videojuegos, su único consuelo en este mundo. Lanza Rage Z y se une a una partida.

Avanzando en el juego, sus compañeros de juego on-line le dicen que tienen que irse, que ponga las noticias, que algo muy raro está pasando en Corea. Antes de poder hacerlo, el vecino de Minjun, un borrachuzo de mierda, llama a su puerta, 
sangrando como un miura y aparentemente más mamado que una picha que haya entrado en el mismo distrito postal de Riley Reid; e intenta darle un muerdo. Minjun se lo quita de encima con una patada y una potra que no te cuento, cierra la puerta e intenta llamar a la pañoca, pero la línea de la policía está bloqueada y el móvil de Minjun lleno de mensajes de alerta.

Hay gente, por las calles de Seúl, Busan, Incheon y otras ciudades, comportándose como zombis y atacando salvajemente a los no-infectados. Encima, se cae Internet, el servicio de telefonía móvil sólo funciona a ratos (y, cuando lo hace, a Minjun sólo lo contactan su madre y sus amigos Sunho y Byeongjun) y las autoridades del ramo, a través de los informativos de televisión (mientras dura la señal), imponen un confinamiento forzoso de emergencia a todos los civiles como primera medida para controlar lo que, inicialmente, se considera un ataque terrorista.

Alguien, no nos preguntes cómo (no porque no lo sepamos, sino porque si contestamos te jodemos la historia de Jongmal-i chaj-awassda), se las ha arreglado para recrear el escenario de Rage Z en el mundo real, en un momento en el que Minjun estaba solo en casa (en un edificio en el que, además del borrachuzo, algunos vecinos ya han sido infectados) y tenía provisiones para algo menos de dos semanas, suponiendo que no tenga que compartirlas con nadie.

Pero, por algún motivo, Minjun no tiene miedo.

Ya sea porque, justo en la víspera del estallido de la epidemia zombi, había renunciado a la vida y estaba dispuesto a tirar del cable; ya sea porque el escenario escalofriante en que se ha convertido su mundo le resulta familiar, cómodo, puesto que conoce sus reglas desde su experiencia como jugador; ya sea porque ha sobrevivido a los dos primeros ataques zombis, ya sea por el motivo que sea, Minjun no tiene miedo al apocalipsis, ni siquiera cuando el rescate se retrasa y Minjun comprende que tendrá que salir a la calle a buscar víveres si quiere esperar al socorro en su apartamento.

Pero quien llega a su apartamento no es un equipo de rescate. Es Han Yena, desesperada y perseguida por un grupo de malas bestias que quieren comérsela, y no en el buen sentido. Minjun, que no es un desalmado, da refugio a Yena, aunque ella no parece agradecérselo especialmente. La altiva e inalcanzable pijita sigue siendo muy princesita incluso en mitad del fin del mundo (echa a Minjun de su propio dormitorio, «¿pretendías dormir a mi lado?»), no ha perdido su actitud insoportable y, encima, con su llegada ha cortado por la mitad la duración de sus provisiones.
(Si quieres saber cómo conocía Yena la dirección de Minjun, te lees El fin ha llegado y dejas de joder la marrana).

No, por supuesto que nuestros aguerridos protagonistas no se quedan en el minúsculo semisótano de la familia Jung. Ésta es una historia de zombis y eso la convierte, de acuerdo al formulario actualmente en vigor en el género, en una road-movie. Minjun y Yena parten en busca de un refugio mejor, a ser posible defendido por soldados armados. Y acaban formando equipo con Kang Hakcheol, un compañero de instituto y emigrado del norte que es todo lo que Minjun no ha sido nunca (valiente, atlético, decidido y templado. No le tiene miedo ni se deja intimidar ni siquiera por el enorme Seongbin, y no duda en reprocharle las bravuconadas de matoncillo de patio de recreo cada vez que es testigo de una). En su odisea, los tres muchachos acaban encontrándose todos los tropos habituales de historia post-apocalíptica: los saqueadores violentos, las bandas organizadas que llenan el hueco dejado por las instituciones colapsadas, los buenos samaritanos que incluso en medio del caos más absoluto no renuncian a la empatía y a su humanidad, los mierdas secas que aprovechan la anarquía para cobrarse venganza por pasadas ofensas, los hijos de mala verga que ya eran cabrones plus antes de que todo se fuese a la puta y que bendicen la oportunidad de sacar a flote toda su mala raza (sí, estamos hablando de Seongbin)...

En su periplo por un mundo que se está desmoronando, Minjun, Yena y Hakcheol deben superar sus miedos, aprender a confiar y depender los unos de los otros, descubrir las tácticas óptimas de supervivencia en este escenario infestado de peligros (la experiencia de Minjun como jugador de Rage Z es valiosísima a tal fin) y afrontar los cambios que el apocalipsis empieza a obrar en sí mismos. «Huy», se da cuenta Yena «si de repente me parece que Minjun ya no apesta tanto a pobre. De hecho, empieza a olerme a joooodeeeeer qué mojada me estoy ponieeeeeendoooo».

¡Hala! ¡Ya está! ¡A leer Jongmal-i chaj-awassda/El fin ha llegado! ¡Deja de pelarte el pistón mirando vídeos de asiáticas marranas durante un par de horas!


당신의 가격을 알려드립니다/Dangsin-ui gagyeog-eul allyeodeulibnida/Déjame saber tu precio, de Kwak Dong-ju y Mubi, también empieza con una epidemia que desencadena una pesadilla distópica, aunque no la clase de epidemia que imaginas.

Un virus informático de origen desconocido instala en todos los teléfonos móviles del planeta una App que no se puede desactivar ni desinstalar y que asigna un valor monetario a las personas. Nuestra heroína protagonista, Go Gohui (explotada y puteada al máximo por la mala puta de su tiránica jefa), descubre, horrorizada, que su valor es de unos míseros 2 500 won (menos de lo que cuesta un café en Corea). Y cayendo.

Y lo más ignominioso de este fenómeno es que cualquier Juan Lanas puede consultar el valor de otra persona desde la App de su teléfono.

Según la información en pantalla de la propia App, es posible incrementar el valor monetario personal. El problema es que nadie parece tener muy claro cómo se hace eso, y los actos deliberados de «bondad» interesada, o sea la virtud fingida, sólo restan puntos más rápido al infractor. El «valor social» de Gohui no para de descender sin que ella sienta motivación suficiente para invertir la tendencia o sospeche cómo lograrlo.

Lo cual solo la deprime un poco más (Gohui es una chica sumisa, desmotivada, insegura y acomplejada)... hasta que las consecuencias de seguir perdiendo «valor» y alcanzar el cero se hacen escandalosamente públicas. Y entonces empieza una frenética carrera por la supervivencia.

¡PataCHOOOOOOF!

Déjame saber tu precio introduce un montón de temas interesantes y reflexiona sobre un fenómeno que, lo creas o no
, querido lector, no es tan fantasioso como imaginas. En China lleva funcionando este sistema de crédito social desde que, en 2009, se realizó una prueba regional de la versión «perfeccionada» de lo que había sido lanzado en la década de los ochenta como sistema de calificación crediticia. Denunciado por algunos críticos como una intrusiva herramienta de vigilancia global, este sistema, afirman sus defensores, sólo castiga muy superficialmente a los infractores reincidentes.

Pero, si piensas que puedes perder el derecho a subirte a un avión o tomar un tren rápido por haberte saltado unos cuantos semáforos en rojo o entrado en páginas de Internet que el gobierno chino prefiere que no visites, la noticia de que Europa está haciendo pruebas para implementar un mecanismo correctivo similar, debería empezar a arrugarte ambos cojones.

El misérrimo crédito social de Gohui no tarda en comenzar a hacerle la puñeta. Los organizadores de un concurso de cuentos de hadas al que se ha presentado valoran descalificarla, aunque técnicamente había resultado ganadora, no tanto por el temor a que haga ¡PATACHOF! durante la entrega de premios, sino por no asociar el certamen a una persona marcada como un paria social. Algunos locales y negocios comienzan a rechazar a los posibles clientes con crédito bajo e inminente amenaza de licuefacción. Caseros desalojan a sus inquilinos peor valorados por la App. Jefes despiden a sus empleados menos pudientes en Social Coins por el mismo motivo. La jodida App está cambiando el mundo entero, y no necesariamente para mejor.

Los factores que determinan el auténtico valor de una vida humana. La improvisación y tentaciones totalitarias de los gobiernos, superados por un «cisne negro» para el cual no hay manual de instrucciones (en un momento dado, los pobres diablos 
con puntuaciones de miseria como Gohui son internados por la fuerza en un campo de concentración y observados 24/7 por investigadores, vestidos de El juego del calamar, que intentan determinar cómo subir el crédito social). La división social basada en la percepción que otros tienen de nosotros. El efecto que nuestras decisiones tienen sobre otras personas y la posibilidad cotidiana de «reescribirnos» a nosotros mismos, abandonar comportamientos lesivos y adoptar hábitos constructivos que aumentarán nuestro «valor» para la única persona a quien debería realmente importarle (nosotros mismos), son otros temas explorados en Dangsin-ui gagyeog-eul allyeodeulibnida.

Mientras los ciudadanos que van llegando a cero puntos explotan como hámsteres en un microondas, los protagonistas (básicamente Gohui y la valiente reportera Kang Hanji) investigan el origen de la misteriosa App y su mecanismo de funcionamiento, y luchan por elevar o mantener su valoración social para no descender a cero y hacerse mierda espontáneamente.

Hala, esa información debería bastarte para decidir acerca de este interesante manhua. A menos que seas muy, pero que muy sieso.

광마회귀/Gwangmahoegwi/El regreso del demonio loco, basada en una webnovela de Yu Jin-Seong, ha sido vertida en cómic por dos señores de pintorescos nombres: JP e Ihy. Es nuestra aportación de la presente entrada al género del wǔxiá/xiānxiá (fina línea separatoria entre ambas, por lo que se refiere a este título).

El Demonio Loco al que alude el título de este manhua es Zaha Yi, un impulsivo, arrogante y tornadizo vagabundo (claramente inspirado en el joven Musashi) que aspira a convertirse en el Dios de las Artes Marciales.

Qué pena que se haya caído por un precipicio justo después de robar el Jade Celeste a la secta Demonio.

Qué raro que, en el momento de hacerse mierda contra el fondo del acantilado, Zaha se vea en una vastedad vacía y ante un anciano de refulgentes ropas blancas que le dice que la ha liado parda, pardísima, por tragarse la perla de Jade del Cielo, que no solo ha impedido que las almas de los guerreros antiguos, vinculadas a esa reliquia, ascendiesen al paraíso, sino que ahora el qi de Zaha se va a poner bravo, pero lo que se dice bravo.

Zaha se defiende. Lo único que quería era impedir que el líder del Clan del Demonio se hiciese más fuerte, porque el muy cabrón no le guarda el más mínimo respeto a la vida humana, y eso basta para que Zaha lo lleve debajo de un diente.

Zaha puede ser un venado del carallo con un apodo más que justificado, pero, a su manera arrebatada y aparentemente anárquica, tiene un profundo sentido del bien y del mal, y hace el mal necesario para proteger el bien.
Convencido de la moralidad de los actos de nuestro protagonista, el desconocido de ropas blancas hace un chuchu yuyu macumba abracadábrico y Zaha se despierta en el pasado, de nuevo con veintipocos años, cuando no era más que el chico de los recados de la posada de sus difuntos padres, pero con todo su conocimiento acerca del futuro y las técnicas marciales que aprendió a lo largo de su vida.

Pero, ¿es ésta una segunda oportunidad de hacer las cosas bien o una condena a repetir los mismos errores y terminar en un nuevo fracaso?

Bueno, pues te tendrás que leer El regreso del demonio loco para conocer la respuesta. ¿Y qué encontrará allí? A un protagonista caprichoso, imprevisible y osado que va consolidando una base de poder en la prefectura de Ilyang ESCOÑANDO a las sectas y bandas regionales, asimilando nuevas técnicas marciales y cultivando su qi para alcanzar su objetivo de convertirse en el Dios de las Artes Marciales.

Por el camino, verás a Zaha deshaciendo un malentendido con Chae Hyang, la cortesana más cara del burdel de La flor de ciruelo (eeeeeh no, no creo que el juego de palabras sea intencionado), malentendido que le costó a Zaha una paliza de los porteros del putiferio. Deshaciendo el malentendido y, por el mismo precio, lisiando a los porteros de la casa de putas que le dieron la paliza antes de su «momento returner». Y convirtiéndose en el dueño, de facto, de La flor de ciruelo y los otros dos burdeles del pueblo.

Le verás crear su propia secta, «la secta de lo más bajo», o los cimientos de una. Le verás conquistar al Místico Sindicato Negro y autoproclamarse su jefe (después de finiquitar a su predecesor). Y le verás administrarle a Hongshin, el Mono Rojo de los Doce Generales Celestiales (unos tíos ultraturbios, que usan máscaras y matan gente), un turbolaxante, diciéndole que es veneno, para que mate a uno de sus compañeros a cambio del «antídoto». Y ella lo hace. Cagándose viva encima. Literalmente.
Parece inteligente.

A pesar de su apodo, y de los cadáveres que va apilando en su aventura, Zaha no es un matarife sin alma. Ofrece a sus adversarios la oportunidad de proporcionar una razón por la cual no debería matarlos. Se apiada de los masillas de las bandas y los deja marcharse. Siempre que es posible, convierte a los enemigos en aliados y los recluta (mata a aquellos de los  Doce Generales que se mantienen fieles al Gran Rakshasa, pero respeta la vida de los que están hartos de su tiranía). Delega su autoridad en la persona más apropiada para ejercerla. Prohíbe los negocios más turbios y prácticas más humillantes y violentas en las organizaciones que conquista (es particularmente agresivo contra los traficantes de esclavos), y se preocupa por garantizar el bienestar y el progreso de sus miembros. Y no soporta a los abusones.

Zaha adopta más disfraces y emplea más argucias que Odiseo, pero, a veces, simplemente acogota a un cabronazo que lo ha mirado mal. Porque es «el Demonio Loco» a fin y al cabo, y tiene que hacer justicia a su apodo.

Y, si toda esa información no es suficiente para ayudarte a decidir si quieres leer o no El regreso del demonio loco, ninguna cantidad de información lo será.

자매전쟁/Jamaejeonjaeng/Guerra entre hermanas, de Maenggi Ki (el mismo de 커플브레이커/Keopeulbeuleikeo/Rompeparejas, que, honestamente, en la bitácora no nos chistó nada) nos ha tocado la patata, y esperamos que te la toque también a ti, sensible y considerado lector.

La rivalidad entre Haera Chu y Rion Won es bien conocida entre los alumnos del instituto artístico Daehan. Las dos son unas jovencitas rebosantes de talento, grandes dibujantes, pintoras y escultoras. Pero ahí se acaba todo parecido entre ellas.

Haera es una huérfana criada por su pobre abuela, que en su ancianidad se mata a trabajar para mantener a ambas y financiar los materiales de Arte que su nieta necesita (y si nunca has comprado materiales de Arte, ya te avisamos, oh, desinformado lector, que baratos no son). Si Haera ha conseguido entrar en Daehan ha sido solo gracias a una beca que no da para muchas alegrías. Encima, Haera es una chica introspectiva, callada y poco sociable. La típica niña vicente de cola de caballo y gafitas que hemos visto en tantos cómics.

Rion, por su parte, va a clase con una chaqueta y una cartera de Chanel, un broche de diamantes de Cartier y unas zapatillas de Dior. También tiene mucho talento para las Artes, pero no se puede obviar que juega con ventaja: su madre es la guapa, estilosa y celebérrima escultura multimillonaria Miran Won (descendiente de una larga dinastía de artistas famosos e, irónicamente, la inspiración de Haera). Desde que Rion era muy pequeña, Miran ha estimulado la creatividad de su hija y le ha proporcionado todo lo necesario para cultivar su talento. Rion, encima, es extrovertida, accesible, popular y de una belleza candente. La típica «social butterfly».

En los exámenes, certámenes y concursos, Rion siempre consigue el primer puesto y Haera el segundo. Suficiente para que hubiese mucha pelusilla entre ambas si, encima, la mala puta de Rion no fuese una pijita narcisista, ultra-privilegiada y malcriada que sólo se dirige a Haera para señalar, siempre de la manera más humillante posible, sus diferencias de clase (llega a tirarle dinero a la cara para que pague las facturas médicas de su abuela, gravemente enferma, y pretende presentarlo como un acto de bondad) o castigarla por atreverse a robar, aunque sólo sea por un instante, los focos que reclama de su exclusiva propiedad (choca con Haera en los pasillos del instituto después de que la chica de las gafitas y la coleta dé una respuesta particularmente inspirada a una pregunta de una profesora).

Rion encubre su desprecio hacia Haera, a la que ve como una rival, tras una máscara de impostada amabilidad.

No conforme con ser una Cayetana odiosa, pasivo-agresiva y engreída, Rion oculta un secreto realmente siniestro que sólo intuimos por insinuaciones. ¿Por qué se ha propuesto triturar emocionalmente a Haera? ¿Por qué intenta sabotear su carrera artística? ¿Por qué roba el fabuloso examen de dibujo de Rion, que iba a conseguirle una tutoría privada con su admirada Miran, lo tritura y lo tira por el váter?

Bueno, los que nos leímos los primeros capítulos de Guerra entre hermanas, si bien enamorados ya del argumento y de la protagonista, nos suponíamos haber dado con el típico josei manga ambientado en una escuela, la típica trama de superación a través de la diversidad, con un tufillo nada disimulado de guerra de clases.
Chinas con patorras. ¡Lo nunca visto!

Ahora imagínate la cara que se nos quedó cuando Miran Won vio la copia de la Pietà presentada por Haera 
a un concurso del cual la famosa escultora es jurado (y que no es la misma estatua que esculpió Miguel Ángel ni la que podemos visitar hoy en día en el Vaticano, sino la Pietà mancillada a martillazos en 1972 por el tarado de Laszlo Toth) e inmediatamente reconoció la mano de «su hija», pidió que le trajesen a la artista responsable de aquella escultura, reconoció a Haera nada más verla, encontró la marca de nacimiento en su mano y abrazó a la muchacha, emocionada.

Haera es LA AUTÉNTICA Rion Won, desaparecida a los siete años en una isla cerca de Jeju, donde fue recogida, amnésica y medio ahogada, por la que luego se convertiría en su abuela. La Rion Won que hemos conocido hasta este momento es UNA SUSTITUTA. Una impostora.

Y esto pasa en el capítulo octavo de más de cien publicados.
(La pijita insufrible de la Falsa Rion había tomado un jet privado para irse a Italia a tomar apuntes y fotografías directamente del original. Pero no vio la «auténtica Pietà». Por una vez, Haera la ha superado artísticamente).
Si con esto no te hemos abierto el apetito por Guerra entre hermanas, oh insaciable lector, ya no sabemos qué más decirte. Vuelve a tus Tik-Toks de malomos olientales con tantos filtros y asistencia por IA que parecen núbiles zorritas.

Y, comoquiera que en Asia el cuatro es un número yuyu, y aunque estamos escribiendo esto en la tarde del 31 de diciembre y aún nos queda corregir la entrada y subir las imágenes, no nos vamos a ir sin recomendarte por lo menos otro título. Y, como nos negamos a ser esclavos de la tradición, y a pesar de que te hemos acostumbrado, en las últimas entradas sobre cómics-sushi, a cerrar la lista con un buen six-pack femenino en 2D, nos vamos a saltar esa imposición y homenajear, en cambio, a los inicios de esta sección presentándote otra relación imposible entre un lúser freak y una burbujeante gyaru.

描くなるうえは/Kakunaru ue wa/En lo que se refiere al dibujo, de Kyū Takahata y Yūji Kaba es una divertida comedia romántica en la que Yūki Uehara, un estudiante de secundaria que aspira a convertirse en dibujante de manga de género romántico, acepta la descabellada proposición de su extrovertida compañera de clase Niina Miyamoto, también aspirante a mangaka de historias de amooooooorl. Los dos han sometido trabajos a un editor, los dos han recibido la misma cortés negativa, «caray, es que esto no es realista, no hay quien se lo crea, para una historia romántica, no hay el menor sentido de romance aquí».

Miyamoto, con la inocencia que sólo se tiene a ciertas edades, llega a la conclusión de que la falta de experiencia romántica sólo se adquiere acumulando esperiencias románticas. Y, dado que 
Uehara tiene el mismo problema y persigue el mismo objetivo que ella, ambos pueden beneficiarse mutuamente FINGIENDO QUE SON PAREJA y haciendo las cosas que suelen hacer las parejas.

Que sí, que sí. Que Miyamoto propone a 
Uehara ser su novio falso para que ambos puedan dibujar mejores manga románticos y maximizar sus probabilidades de conseguir editor.

Y si nos hemos reservado este título para el final de la presente entrada, es porque Niina nos transmite las mismas vibras positivas, la misma dulzura y entusiasmo que nuestra adorada Marin Kitagawa.

«Y tiene un par de mandingos que... Joooder, quéééééééé beeeerzaaaaas».

¡Eh! ¿Quién ha dicho eso? ¡La teta ni mentarla, que tiene tetales consecuencias! ¡Ni mentarla! ¡Ni mentaaaaaaarlaaaaa!

Por supuesto, tratándose de un seinen manga (por mucho que nos perturbe en Occidente la proliferación de cómics japoneses ORIENTADOS A ADULTOS y que presentan historias de amor ADOLESCENTE), hay numerosas escenas picantuelas, insinuaciones de carne femenina, momentos equívocos, erotismo más o menos disimulado y mucho, mucho humor. Por supuesto, el romance «fingido» entre Miyamoto y Uehara evoluciona lenta e inexorablemente hacia algo mucho menos fingido y definitivamente más...

«Disculpe, señor Sommer, me ha parecido que me llamaba usted. ¿Necesita algo?».

¡Ah! ¡AAAAAAAH! ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH! ¡VADE TETO, TETANÁS!