Mostrando entradas con la etiqueta manga coreano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta manga coreano. Mostrar todas las entradas

sábado, 25 de abril de 2026

Necesitas un poco más de chinos voladores en tu dieta (V ó VI, no sabemos, no nos importa y a ti tampoco)

Ya iba tocando, ¿eh, turbios, que sois unos turbios? Ya teníais ganas. Viciosillos marranetes obsesionados con las gachises asiáticas. ¡Ahora que estáis contentos, bailad la dansa de la alegría!


Y no, no nos hemos quedado sin temas de los que tratar. Es que también nos apetecía un descansito. Por tener, temas tenémoslos: series, lecturas, películas, mala baba y GIFs de Riley Reid rompiendo abanderados. Queremos desde la bitácora, oh lector de amplios horizontes intelectuales e insaciables apetitos culturales, presentarte Silo, la serie de AMC, protagonizada por nuestra amada Rebeca Fergusson, que tal vez aún estés a tiempo de descubrir, explicarte por qué, si te gustó Urgencias en su día, deberías estar viendo The Pitt, o por qué War Machine es un Depredador sin depredador, mostrarte, aunque sea por encima, el trabajo del dibujante Stjepan Šejić y sentarnos a reflexionar sobre por qué entendemos que Sam Levinson se ha cargado Euphoria al comienzo de la tercera temporada, ahora en curso, y nadie se ha atrevido aún a decírselo.

Pero, por el momento, tendrás que conformarte con chinos voladores. Venga. Empecemos.

나노 마신/Nano Mashin/Nano Máquinas es otro Webtoon basado en una novela wǔxiá de Han Joong Wueol Ya, el mismo de Myst, Might, Mayhem, cuya adaptación al cómic te presentamos aquí. La Webnovel se publicó en Munpia de junio de 2017 a mayo de 2018, abarcando 342 capítulos, y se adaptó al formato manhua, de la mano de GGBG y REDICE Studio, a partir de septiembre de 2017.

En cuanto al argumento de Nano Machines, ahí te lo resumimos tal que asá: la esperanza de vida de Cheon Yeo-un nunca ha sido muy grande. Hijo de una de las concubinas del líder de la Secta del Demonio, su cabeza ha estado en la picota desde su nacimiento. Todos aquellos que quieren quitarse de encima a un posible competidor en la carrera de sucesión por el liderazgo de la secta, o congraciarse con alguno de los otros aspirantes, sueñan con quitarlo de en medio. Además, todos los pijitos mierdecillas, a quienes ofende que la sangre del ultrapoderoso líder de la secta se haya ensuciado con la sangre de una plebeya (la madre de Yeo-un era de extracción humilde), también quieren su libra de carne. A ser posible, de la más pegada al hueso.

Sí, el mundo de Nano Machines es el escenario del típico wǔxiá o «historia de chinos voladores»: sectas de artes marciales, cultivadores taoístas, organizaciones enfrentadas, guerras de clanes, etecé etecé etecé... con sal y pimienta de ciencia-ficción. En el trasfondo de este universo imaginario, los guerreros marciales y cultivadores se dividen en dos bandos fundamentales: la «facción virtuosa» y la «facción malvada». Si sigues «el camino recto» perteneces, lo sepas o no, a la «facción virtuosa» y si eres un hijo de la grandísima puta, tienes una cuchara esperándote, lo sepas o no, en la «facción malvada».
Y luego está la Secta del Demonio o la «facción demoníaca», organización a la que todas estas divagaciones ideológicas y filosóficas que separan a la «facción malvada» de la «facción virtuosa» le comen lo que representan sus cojones morenos por detrás y cuyos maestros y discípulos sólo persiguen una cosa: el poder.

La historia empieza con Yeo-un cayendo en una emboscada. Cinco mierdosos enmascarados han chuleado a su guardaespaldas y dan caza a Yeo-un, lo acorralan en un bosque y desnudan sus aceros. Y, para añadir insulto al crimen, estos cabrones con piernas se aprovechan de que Yeo-un no sólo es un alfeñique enfermizo y flojillo, sino que, por expreso deseo de su padre, no ha recibido ningún tipo de entrenamiento en Artes Marciales.

A pesar de su desventaja, Yeo-un consigue matar a uno de sus asesinos, pero eso está muy lejos de comprarle una salida. O tiempo. Muy al contrario. Los supervivientes, cabreados, deciden darle una lección y, si antes, por deferencia hacia su padre, pretendían ahorrarle sufrimiento, ahora se van a asegurar de darle la muerte más lenta posible. Y, para abrir apetito, lo ensartan como a un pincho moruno.
Pero... algo interrumpe la matasión. Un tipo vestido con una sudadera, y con un reloj de pulsera en la muñeca, aparece de la nada, acogota a los asesinos de Yeo-un y después socorre a éste, que está agonizando por su herida. «Mi noble ancestro», le dice a Yeo-un el recién llegado. Le inyecta algo en el cuello y le dice «espero que tengas éxito y hagas algo bueno por tus descendientes», antes de desaparecer, ¡fluncs!, como David Copperfield en uno de sus mejores trucos o la dignidad de Riley Reid en cualquiera de sus vídeos.

Todavía agonizando, Yeo-un oye una voz en su cabeza. «Nanomáquinas de 7ª Generación operativas».

Entonces pierde el sentido.

Y lo recupera en su cama. Vivo. Sin heridas visibles, y con esa misma voz todavía en su cabeza. Una voz que le llama «usuario», que se identifica como la Nanomáquina de 7ª Generación de Sky Corp (y a la que Yeo-un acabará llamando Nano) y que empieza a informar a Yeo-un de todas las cosas que puede hacer por él, empezando por regenerar sus heridas, incluyendo algunas que serían potencialmente mortales, como la que, en aquel bosque, casi lo envía a jugar al mahjong con San Pedro.
Después de la inyección, hay casi seis millones y medio de nanomáquinas en el cuerpo de Yeo-un. Y, además de curar heridas potencialmente mortales, pueden hacer por él otras cosas él que le servirán para salvar la tremenda distancia que lo separa de los otros miembros del Clan, que sí se han ejercitado desde la infancia. Por ejemplo, «reconstruir» su cuerpo, de dentro afuera (tendones, músculos, vasos sanguíneos), para que pueda alcanzar un estado atlético óptimo. O sea, convertirlo en la rehostia en vinagre. Otra función de Nano es acentuar o atenuar la sensibilidad de los sentidos naturales de Yeo-un, vista, oído, tacto...

Las nanomáquinas también pueden procesar información de una manera escalofriantemente veloz y eficiente. Con su ayuda, Yeo-un puede aprender técnicas de artes marciales y desentrañar los misterios de «movimientos secretos», perdidos hace años, mucho más rápido y mejor que ningún artista marcial de su mundo. También pueden recrear batallas que Yoe-un ha librado o presenciado, analizarlas y «detectar» huecos, fallos o puntos débiles en las técnicas de sus adversarios, y elaborar estrategias contra ellas, permitiéndole sobrevivir a combates contra enemigos que lo aventajan en experiencia y habilidad. Cuando un médico lo examina, justo tras su infausto atentado en el bosque, descubre que sus «ocho meridianos» (no te molestes en entenderlo, querido lector no familiarizado con las magufadas malciales olientales) están completamente abiertos, con qi circulando por ellos, y que Yeo-un, sin haber sido entrenado nunca, ahora está en perfecta condición para aprender Artes Marciales.
No, ya hemos preguntado y esas mierdas no entran en la Seguridad Social.

Pero, verás, incluso con sus nuevas ventajas, los problemas de Yeo-un no han hecho más que empezar. Va a necesitar todo el socorro de Nano, mucha fuerza de voluntad, y unos cojones como bombonas de butano para mantenerse vivo de ahora en adelante.

Porque, ya hemos dicho más arriba, en la introducción del cómic, hay gente que pura y simplemente lo quiere muerto. Y no se van a detener ante nada. Sus medio-hermanos son los primeros que quieren quitarse de encima a un rival al que desprecian desde la cuna. Hijos todos ellos de la aristocracia de la Facción del Demonio (las sectas de la espada, la sombra, el sigilo, el veneno, el sable y la música, que cedieron a sus mujeres más bellas para que patriarca procrease con ellas), no van a consentir que un manolón de sangre sucia, hijo de una campesina, se interponga en su camino hacia la cima de la Facción.

¡Que envenenaron a la pobre madre de Yeo-un por atreverse a darle un heredero varón al Patriarca, por el pito de san Tríforo!

Cada uno de los medio-hermanos de Yeo-un, criado en el seno de sus respectivas sectas, puede aspirar a convertirse en un Sacerdote Menor de la Facción del Demonio. Para ello, deben pasar por la Academia de las Artes Demoníacas, que sólo abre una vez cada diez años, donde los mejores guerreros de la Secta Demoníaca los entrenarán para convertirse en unas auténticas malas bestias.
Ves por dónde va esto, ¿verdad, querido lector?

El primer arco de la historia de Nano Machines sigue a Yeo-un a lo largo de su ingreso y primeros cursos en la Academia de las Artes Demoníacas, sus progresos en las Artes Marciales, ayudado por Nano, los intentos de asesinato, los exámenes que supera, as técnicas que aprende, los envenenamientos a los que sobrevive, los secretos que descubre, los enemigos a los que se enfrenta y los amigos y aliados que hace en el camino.

Y todo ello motivado por su ardiente deseo de vengar el asesinato de su madre, castigar a todos los responsables y ascender adonde los conspiradores quisieron impedirle llegar, como forma última de humillación de sus enemigos.

Y esto, son aproximadamente los primeros cincuenta capítulos del manhua.

De más de TRESCIENTOS publicados.

Y antes de que Yeo-un consiga desbloquear las funciones restringidas de Nano.
La evolución de Yeo-un como guerrero, su progreso dentro del escalafón de la Facción del Demonio, su lucha contra otros grupos, su ambición creciente (llega a someter al emperador en persona y obligarle a abandonar el budismo y proclamar el Culto al Demonio la nueva religión oficial del imperio; creándose nuevos enemigos entre los mandarines y la clase sacerdotal) y sus descubrimientos sobre el misterioso joven de la sudadera que le inyectó las nanomáquinas se extienden por las viñetas de Nano Maquinas. Batallas alucinantes. Lavados de cerebro. Montones de efectos especiales. Luchas intestinas en el seno mismo de la Facción Demoníaca. Enemigos en la sombra. Píldoras taoístas. Un padre que acaba enloquecido. Nuevos aliados. Personajes carismáticos no sabes si a pesar de o precisamente a causa de su turbidez moral. Escaladas de poder. Una armadura como la de Tony Stark, si Tony Stark fuese Sauron, y un montón de brazos amputados caracterizan esta historia brutal, extrema, apasionante y vertiginosa historia que te recomendamos sin ambages desde el Paratroopers, querido lector.

Por su parte, Shen Long, protagonista de 史上最强赘婿/Shǐshàng zuì qiáng zhuì xù/El yerno más fuerte de la historia, de Yuewen Manhua, no tiene ninguna clase de talento marcial. Es un tipejín más bien tirillas que, en su vida anterior, era un cirujano excepcional, desfigurado por un accidente con ácido, y que se ha reencarnado en un soplapollas cornudo en un mundo wǔxiá extraordinariamente parecido a la China del período de los Reinos Combatientes. 

Pero eso sí, con una carita de querube que las vuelve locas a todas. Empezando por el propio Shen Long, que se gusta mucho a sí mismo.

Repudiado por su esposa aristócrata, la bellísima Xu Qianquian (que sólo se casó con él porque estaba enferma y una superstición local sostenía que se recuperaría a través del matrimonio, cosa que sorprendentemente sucedió), Shen Long consigue un nuevo y rápido matrimonio de conveniencia con Jin Mulan, la hija soltera de la familia Jin, condes de Xuanwu, salvándola de un matrimonio forzoso con el heredero de la familia Zhu, al que detesta (y que ha sido enviado por el emperador en persona, pariente suyo, con la misión de «robar», a través del matrimonio, a Jin Mulan a la familia Jin, privándola de su mejor guerrera y líder de su ejército privado, y por lo tanto debilitando al clan Jin). Ya casada con Shen Long, Jin Mulan puede rechazar el compromiso con Zhu Hongxue, y Shen Long pagar las deudas de su familia y vivir en la crápula, sin tocar a su joven cónyuge, que no siente por él más que desprecio.

Pero, naturalmente, la historia no termina ahí. Hay rivalidades entre familias aristocráticas que cursan con el uso de venenos, implican conspiraciones para desacreditar a los rivales y contemplan planes de genocidio de linajes enteros. Además, el emperador, empeñado en reducir el poder de la nobleza, para afianzar el suyo propio, está dispuesto a dejar que los clanes más poderosos se debiliten matando a los más débiles (a los que él mismo ha minado, privándolos de rentas y territorios y obligándolos a reducir el tamaño de sus ejércitos), y luego matándose entre sí, para que sólo pervivan las dinastías más adictas al trono imperial o las demasiado poderosas para que el emperador pueda oponerse a ellas.
Jin Mulan tiene un pelaso que ni Erin Everhart.

En esta nueva vida, Shen Long tiene acceso a todos los conocimientos científicos de su época, almacenados en su ordenador portátil en el momento de su muerte, y unos ojos con rayos-x (de alguna manera se fusionó con la máquina al morir en una explosión en zona de guerra), ojos que le permiten ver lo que está oculto. Puede ver y clasificar objetos, analizar sustancias misteriosas y detectar cuerpos extraños (muy útil en un lugar en el que las agujas venenosas son un arma habitual de los asesinos).
(Por cierto, la primera mujer de Shen Long ha intentado envenenarlo. Por eso el «nuevo» Shen Long ha logrado poseer el cuerpo del «viejo» Sen Long, porque el inquilino de ese cuerpo ya había sido desahuciado. Y no será el último intento de asesinato, acusación falsa, emboscada o castigo que sufra nuestro narciso protagonista).
Erin Everhart. Para que compares.

Shen Long no es un héroe físico, sino intelectual. Y, a la vez que presumido y fantasmilla, es un puto genio que despierta la admiración y la envidia a partes iguales. Vende recetas para tintes de seda que nadie más puede reproducir. Es extorsionado e incriminado con acusaciones falsas. Trata con éxito enfermedades que son mortales en el mundo al que ha transmigrado. Instruye a su atolondrado cuñado Jin Mucong. Escribe novelas que se convierten en auténticos best-sellers. Crea nuevas aleaciones y armas para los ejércitos de su suegro. Deja aplatanados a los que lo conocieron cuando no era más que un mantenido cagapoquito. Se traviste para entrar de incógnito en la base de unos piratas y tratar a su reina, Qiu Yao, víctima de un envenenamiento. Y, en el momento en que estalla una guerra, planea estrategias, desarrolla tácticas, vence ejércitos enteros con fuerzas apenas testimoniales empleando su mente maquiavélica, falta de escrúpulos y la base de datos de conocimientos modernos almacenada en su cabeza.

Shen Long desbarata conspiraciones. Hace y derroca reyes. Convierte enemigos en aliados. Sobrevive a las intrigas palaciegas. Gana, contra toda esperanza, juicios amañados en su contra. Consigue un maestro de artes marciales para su atolondrado amigo de la infancia, Tontito. Sablea y cochinea a prestamistas armadanzas. Entrena y despliega espías. Se gana el reluctante favor del emperador mismo. Forma y entrena un ejército de supersoldados. Frustra las conjuras de sus enemigos y los lleva, IMPLACABLEMENTE, uno por uno, a la ruina o la muerte. Y, lo más importante, a lo largo de todas sus tribulaciones y en recompensa a todos sus esfuerzos, Shen Long convierte a los Jin en SU FAMILIA, llena de amor y lealtad el duro corazoncito de Jin Mulan, e incluso conquista a su resentido cuñado, celoso de su inteligencia y belleza.

Ah, sí. Se nos olvidaba. En el transcurso de sus aventuras, Shen Long también se encuentra con un desfile aparentemente interminable de macizas con unos ardores chumineros DEL CAGARSE que se lo intentan (y a veces, para desesperación de la pobre Jin Mulan, CONSIGUEN) KKKKKRUJIR como pumesas.
Pero, ¿cómo se le pueden poner los cuernos a este ángel?

Aunque la temática harén no es, para nada, el ingrediente más atractivo de El yerno más fuerte de la historia.
Ah.

Las intrigas, conspiraciones, rivalidades cambiantes y planes bizantinos de El yerno más fuerte de la historia hacen que Juego de tronos parezca Teo va al pediatra.

En serio. En el Paratroopers nos hemos tenido que esforzar mucho para encontrar otro ejemplo de man-ga/hua/hwa con semejante profundidad en la escritura de subtramas.

Y no se nos ha ocurrido comparación alguna.

¿Te llega con eso para saber si te interesa o no leer El yerno más fuerte de la historia?

Sin salirnos del género wǔxiá, 시한부 천재가 살아남는 법/Sihanbu cheonjaega sal-anamneun beob/Cómo sobrevive un genio con una enfermedad terminal, basada en una webnovel del mismo título, es un manhua escrito por Cheongsiso y Jp y dibujado por Yoon Seung Gi. El protagonista, Jung Yeonshin, ha nacido en el seno de una familia de la nobleza rural. Yeonshin está aquejado por una enfermedad congénita que lo matará cuando cumpla alrededor de veinte años de edad. Su familia, avergonzados de su fragilidad, lo ignoran y desprecian como a un tullido que nunca llegará a nada y al que, además, responsabilizan del fallecimiento de su madre, durante los trabajos de parto. Yeonshin se cría como un apestado en su propia casa. Por debajo incluso de los sirvientes. Expulsado de las festividades familiares para que no traiga mal yuyu a la alegría de su padre y hermanos.

Pero resulta que Yeonshin es un genio, con un talento innato para las Artes Marciales. Privado de entrenamiento por su padre, que lo ha repudiado, no sólo descompone, comprende e interioriza el Arte Marcial secreto de su familia, ése que no le permitieron entrenar, sino que crea a partir de él su propio sistema de lucha perfeccionado.

Porque quiere hacerse más fuerte.

Porque quiere estar más sano.

Porque quiere vivir, ser aceptado en el seno de su familia y celebrar los buenos tiempos con ellos.

Sihanbu cheonjaega sal-anamneun beob no es 100% un wǔxiá al uso. Quiero decir, ¡salen elfos, copóns! Podrías llamarlo «wǔxiá fusión», si eres un imbécil que necesita etiquetas para todo, o xuánhuàn, si tu pecado es el de ser un insufrible pedante (aquí, una breve explicación sobre estos términos). Pero,e escenario aparte, bebe de todos los tropos del género: sectas rivales, aprendices de Artes Marciales, píldoras taoístas, técnicas de combate secretas ultra-turbo-mega-ferolíticas y un personaje que tiene la más antigua, sincera y comprensible razón para luchar: sobrevivir.

Yeonshin aspira a fortalecer su cuerpo y descubrir alguna técnica o disciplina que le permita superar su corta esperanza de vida. Sólo quiere ser una persona normal. Pero para lograr tener acceso a una longevidad razonable, tendrá, paradójicamente, que convertirse en una persona excepcional.

Cuando cabrones de la «tribu de la espada tirana» y de la «secta de la llama sangrienta» asaltan la mansión familiar y masacran a casi toda su familia, Yeonshin pone al fin en práctica sus conocimientos adquiridos y arma una chanfaina del carajo entre los agresores. Yeonshin envía a su sobrina, Hye-ah, con su hermano superviviente (creemos que es su hermano, aunque tal vez sea su cuñado, nos da galbana buscarlo), a un lugar seguro para protegerlos de los asesinos, y Yeonshin acude a la Fortaleza Desolada, donde está radicada su familia materna, con la esperanza de que le ayuden a fortalecerse y le ofrezcan una solución a su precaria salud, por ejemplo instrucciones para obtener la «fruta del árbol del mundo», que ofrece eterna juventud a aquellos que la comen, y que podría ser la panacea para su enfermedad congénita.
(La Fortaleza Desolada es una especie de «fuerza de paz» al servicio del emperador, comisionada con la responsabilidad de impedir que los clanes de maestros marciales crezcan tanto en poder que se caguen en la autoridad de la familia imperial, o que armen una guerra civil para averiguar quién tiene la minga más larga).

Una vez aceptado como estudiante en la academia de artes marciales de la Fortaleza Desolada, Yeonshin aprende, perfecciona e inventa Artes Marciales nuevas, medra como la espuma en la estima de sus maestros y compañeros de clase, trepa rangos dentro de la academia como no se ha visto en la puta vida… y atrae enemigos, claro está, y cabronazos que quieren aprovecharse de su habilidad, ganárselo para su secta, extorsionarlo o corromperlo para que se una a ellos.

Y, francamente, si a estas alturas no te hemos vendido ya Cómo sobrevive un genio con una enfermedad terminal, no te lo venderemos nunca.

아카데미에서 살아남기/Akademieseo sal-anamgi/Sobreviviendo a la academia, de Green Kyrin, nos lleva más allá del género wǔxiá que ha casi monopolizado la presente entrada sobre cuadritos asiáticos. Aquí entramos en un universo de fantasía estilo Harry Potter con trasfondo de videojuego rolero, todo ello basado, como parece habitual en los webtoons asiáticos, en una novela surcoreana escrita por un tal Korita y publicada por Raon E&M (o por Naver, según otras fuentes).

Ed Rothtaylor es un estudiante en la prestigiosa academia de magia de Sylvania.

Su familia lo repudia.

La academia lo expulsa del colegio mayor por su pésimo comportamiento, dejándolo literalmente sin techo.
Y lo peor de todo es que Ed es un personaje de videojuego, El espadachín fallido de Sylvania, en el que se acaba de reencarnar el protagonista de esta historia, antaño jugador obsesivo de ese mismo videojuego.

Y apenas puede dar crédito al hecho de verse reencarnado en el cuerpo de un personaje ultrasecundario, con las estadísticas más bajas de todos los PNJs del videojuego.

Vamos a refrasear, por si se te ha escapado el detalle, oh precipitado lector.

Ed no se reencarna en el hijo piroludo y atractivo de una familia chaebol, ni en el villano genial y ultra poderoso, ni en el patriarca de un clan de cultivadores taoístas, ni en el «cazador» de categoría SSS, sino en un villano insignificante que es expulsado del videojuego en el mismísimo principio y no se le vuelve a mencionar en la historia hasta los créditos finales.

Ahora, Ed, el jugador reencarnado en el villano mierdecilla de su videojuego favorito, tiene que averiguar cómo coño va a sobrevivir sin el apoyo de su familia, sin un techo sobre su cabeza, sin dinero y sin amigos. La graduación en la academia de magia (ha sido expulsado de los dormitorios, no de la academia, y aún está cubierto por la matrícula del semestre) le granjeará un título prestigioso y la posibilidad de una vida sin estrecheces. Así que, para sobrevivir, Ed tiene que, de alguna manera, terminar sus estudios. O acabar malviviendo como un mendigo, en las calles. O morirse de hambre.

Cuenta con una ventaja, por supuesto: ha jugado el videojuego numerosas veces, conoce la trama, conoce las misiones, conoce a los personajes. Pero ¿es eso suficiente cuando no tiene dónde caerse muerto y ha perdido su pase de comedor? ¿De qué le sirve poder anticiparse a las subtramas de la historia del videojuego, si no podrá terminar sus estudios en la academia, a menos que consiga una beca?
Abandonado a sus propios medios, Ed se instala en el bosque que rodea la academia. Improvisa un endeble refugio (luego lo irá «upgradeando»). Aprende a cazar y forrajear. Fabrica sus propios muebles y cura su propia cecina. Y todo eso sin poder permitirse legar tarde o perderse una sola clase, y estando todavía obligado a estudiar y presentar sus deberes y trabajos académicos, así como sacar las mejores notas, si quiere soñar siquiera con poder aspirar a la beca que tanto necesita. Y además está el pequeño detalle de que Ed necesita SOBREVIVIR a los eventos catastróficos y final bosses que el videojuego irá desatando en el escenario de la academia de magia.

Todo ello mientras se mantiene en un segundo plano, intentando no destacar, esforzándose por interferir lo mínimo posible con la historia principal, de modo que sus decisiones no introduzcan alteraciones significativas en el transcurso de los episodios del videojuego. Ed es un secundario, quiere permanecer así y dejar a los personajes principales del videojuego, los verdaderos protagonistas (la princesa Phoenia Elias Kroel, Klebius el espadachín, Janica Faylover la espiritista, la maquiavélica y codiciosa Lortelle Keherun, el «espadachín fallido» del título del videojuego, Taylor McLore, la ultrapoderosa, dormilona y adorable brujita Lucy Maeril...), llevar todo el peso de la historia, como estaba previsto.

Pero ¿es eso siquiera posible? Desde el momento en que Ed se niega a cumplir con el destino prescrito por los desarrolladores del videojuego y centra todos sus esfuerzos en su propia supervivencia, con un futuro digno y libre como objetivo, es inevitable que el desarrollo de la historia comience a cambiar. Y, así, algunos episodios del videojuego comienzan a anticiparse o suceden de una forma ligeramente diferente a como estaba previsto. Personajes destinados a convertirse en final bosses a derrotar devienen, al contrario, en héroes. Ed se descubre batallando contra detalles, menudencias que los escritores de El espadachín fallido de Sylvania nunca establecieron pero que, en su propia, se vuelven decisivos, o incluso críticos. Su conocimiento anticipado de los eventos empezará a dejar de serle útil.

Ed tendrá que desarrollar sus estadísticas y habilidades de personaje videojueguero. Reunir aliados (porque, a pesar de su política de «no intervención», su notorio «cambio de personalidad», de heredero hijo de puta a estoico eremita, y la dignidad con la que se adapta a su condición de descastado acaban atrayendo a algunos de los personajes del juego, entre ellos a los más poderosos y a algunas de las mozas más macizas). Y superar sus limitaciones físicas y de poder de camino a la confrontación final, el final boss plus replus con el que se cierra la historia de El espadachín fallido de Sylvania.

La escritura de Sobreviviendo a la academia no tiene las capas sobre capas de complejidad de El yerno más fuerte de la historia y, en buena medida, y pese a algunos episodios realmente trágicos y/o épicos, goza de un tono más ligero (y eso que es casi una «comedia picante»), pero su trabajo sobre personajes y su lore no tienen nada que envidiarle a aquella. Cada protagonista de Sobreviviendo a la academia tiene su personalidad distintiva, sus motivaciones, no siempre nobles ni bien orientadas, su trasfondo biográfico (en buena medida responsable de su carácter), su arco de transformación, sus lealtades y rivalidades (a menudo, en conflicto con las de otro personaje), sus flaquezas y virtudes, su gloria y tragedia. Es realmente difícil encontrar este desarrollo de personajes en lo que no pasa de ser una historieta frívola y de mera evasión, y eso habla en favor de los escritores del manhua y del autor de la novela original en que se basa.

Y con ésta, y aunque cuatro es un mal número para los asiáticos, terminan nuestras recomendaciones de tebeos amalillos por esta entrada. Esperamos haberte descubierto algunas nuevas lecturas interesantes, oh ímprobo lector.

AFTERMATH:

Algún lector traumatizado por esta entrada del Paratroopers nos ha desafiado, en privado, a enumerar los muchos nombres del carallo.

Le hemos comunicado que eso es virtualmente imposible, pero aquí va un pequeño glosario: verga, pito, reata, polla, cola, picha, cimbel, pico, picho, pinga, bicho, poronga, pichula, tula, chimbo, pipí, trola, pija, paloma, minga, banano, garrote, vergajo, garcha, chota, goma, turca, machete, ripio, ñema, pájaro, cañón, gallo, cañazo, falo, corneta, casco aleman, callampa, micrófono, nutria, palo rico, peta del mal, chupete, plátano, guaripolo, mani, cigala, tarugo, chisito, guañaño, guanaco, pirulin, coyac, salchichica, nepe, cuchufli, nutria, pelao, matasapos, pate, coronta, lapiz, cápsula, penicillin, manguera, sable, cilindrín, zanahoria, vaginómetro, culebra, flauta, cacahuete, picota, llorón, guachalomo, fusil, cíclope, mocoso, fabrizio, fideo, pepino, puntilla, narigón, copi, regalón, flecha, caramelo, aparato y pitufo.

Espero que sea suficiente.

miércoles, 31 de diciembre de 2025

Cuadritos asiáticos para despedir otro año de mierda

Las tradiciones sin significado no son más que el corte de mangas que nuestros antepasados nos hacen desde la tumba.

(Salvo cuando subimos la tradicional foto de la divina Sara Sampaio, o el tradicional GIF de Riley Reid induciéndonos a pecar de pensamiento, palabra y obra. Ésas son tradiciones BUENAS).

Aquí, en la bitácora, tenemos desde los orígenes al menos una tradición que aún tiene significado: acabar el año publicando, el 31 de diciembre, una entrada especial. Hasta 2019 fue un textito con pretensiones literarias. En 2020, año de mierda, año pandémico, una doble peineta de Homer Simpson. En 2021, una falsa entrevista. En 2022, una enmienda total a ese año de mierda. En 2023, una entrega especial de la sección «Todo lo que creías saber probablemente sea mentira» con historias atchonburísticas completamente verídicas. En 2024 nada, porque los cabrones de Vomistar nos dejaron tres meses sin Internet.

Pues este año no nos sale de los aguacates comernos mucho la cabecita con la entrada de Nochevieja, así que, tachán, tachán, bala de plata de cómics asiáticos y a tomar por culo.

Empecemos por una de zombis. No estamos muy por las historias de zombis en la bitácora, pero de todo tiene que haber en la viña del señor y, en el peor de los casos, 종말이 찾아왔다/Jongmal-i chaj-awassda/El fin ha llegado, de Jeon Seon-Wook, tiene un dibujo simplemente precioso en el que, además, los personajes coreanos PARECEN coreanos. Nada de enormes ojos brillantes, ni cabellos de colorines (hasta ahora), ni chorradas de shojo manga.

El fin ha llegado parte del típico escenario de crisis zombi estándar e involucra en ella a Jung Minjun, un mierdecilla de clase obrera con problemas de autoestima, y Han Yena, la clásica pijita engreída, hiperpopular y ávida de atención. La típica Instagram Attention Whore, pero en coreano, con la que, por algún motivo, Minjun acaba siempre compartiendo pupitre.
Turbomaciza está, afirmamos.

Minjun está enchochado de Yena, que ya hemos dicho que es tremendo pibardo, desde la primera vez que coincidieron en la misma clase. Pero sus escasas probabilidades de intercambiar saliva con ella, por no mencionar otros fluidos, cayeron por debajo de cero desde el día en que le dirigió la palabra y Yena no le manifestó más que abierto desprecio. Desde entonces, no ha dejado de llamarle «perdedor», decirle que «apesta a pobre», lamentarse en voz alta cuando acaban en la misma clase y prohibirle mirarla, si por accidente lo pilla contemplándola a distancia.

Sí, Han Yena es un encanto. Cada vez que abre la boquita, no sabes si darle un par de hostias o invitarla a un café. De ácido sulfúrico.

Si la vida de Minjun, una masa subcrítica de hormonas adolescentes a la que la proximidad física de Han Yena lleva al borde de una detonación de por lo menos tres Oppenheimers, no fuese ya lo bastante interesante, encima se ha convertido en el objetivo del matón del instituto, Park Seongbin, un bigardo altísimo y corpulento (musculitos de gimnasio, pendientes de chuloputas, tatuajes de malandro) que le da capa y media de hostias todos los días a nuestro héroe. Porque puede. Porque Minjun, un alfeñique acomplejado y sin carácter, se ha conformado ya con su papel de punching-ball y no se piensa siquiera en defenderse.

Los únicos amigos de Minjun son Bae Sunho y Oh Byeongjun. Tremendo par de frikardos asociales como él, no pueden ayudarlo especialmente a desarrollar un buen par de huevos. Son al menos tan pichafrías como Minjun, tan ineptos físicamente como él y están tan hechos mierda, psicológica y socialmente, como él. No pueden salvarle del cabrón de Seongbin ni abrirle el frío, duro y negro corazoncito de Yena.

Enamorado sin esperanza de Yena, puteado por Seongbin, maltratado físicamente por éste y psicológicamente por aquella, lo único que Minjun tiene en su vida es su ordenador y su colección de videojuegos, de entre los cuales destaca Rage Z, una especie de Call of Duty, si CoD arrancase directamente en el modo zombis. En Rage Z, Minjun es la hostia bendita. El boss (♪ Booooorn in de yu-es-ei ♫). El puto amo. Se sabe todos los mapas. Todas las vulnerabilidades de los mini-bosses. Las mejores tácticas para sacar partido a las misiones.

Pero luego el regreso a la realidad cotidiana se le hace aún más cuesta arriba. Minjun ha llegado a tal estado de tortura emocional que solo quiere que el instituto, el mundo o su vida se acaben de una vez. Odia ir a clase. Aborrece a sus compañeros. Detesta sentirse humillado, menospreciado, maltratado. En el primer capítulo del 
manhua, Minjun está decidido a dejar los estudios. No va a volver a esa escuela en la que lo hacen sentir miserable.

Después de la enésima paliza que recibe de Seongbin, Minjun piensa seriamente en acabar con el dolor automorisionándose. Busca un edificio alto desde el cual saltar a la calle. Medio aturdido, gravita hacia el complejo de apartamentos en el que vive Yena, que lo ve y no pierde la oportunidad de zaherirlo otra vez y, a la vista de sus heridas, le dice que alguien tan patético como él al menos debería tener los redaños de defenderse.

Olvidada por un momento la seducción de la autoacabasión (a fin y al cabo, por grosera que haya sido, Yena ha dicho la verdad), Minjun vuelve a casa y se refugia en los videojuegos, su único consuelo en este mundo. Lanza Rage Z y se une a una partida.

Avanzando en el juego, sus compañeros de juego on-line le dicen que tienen que irse, que ponga las noticias, que algo muy raro está pasando en Corea. Antes de poder hacerlo, el vecino de Minjun, un borrachuzo de mierda, llama a su puerta, 
sangrando como un miura y aparentemente más mamado que una picha que haya entrado en el mismo distrito postal de Riley Reid; e intenta darle un muerdo. Minjun se lo quita de encima con una patada y una potra que no te cuento, cierra la puerta e intenta llamar a la pañoca, pero la línea de la policía está bloqueada y el móvil de Minjun lleno de mensajes de alerta.

Hay gente, por las calles de Seúl, Busan, Incheon y otras ciudades, comportándose como zombis y atacando salvajemente a los no-infectados. Encima, se cae Internet, el servicio de telefonía móvil sólo funciona a ratos (y, cuando lo hace, a Minjun sólo lo contactan su madre y sus amigos Sunho y Byeongjun) y las autoridades del ramo, a través de los informativos de televisión (mientras dura la señal), imponen un confinamiento forzoso de emergencia a todos los civiles como primera medida para controlar lo que, inicialmente, se considera un ataque terrorista.

Alguien, no nos preguntes cómo (no porque no lo sepamos, sino porque si contestamos te jodemos la historia de Jongmal-i chaj-awassda), se las ha arreglado para recrear el escenario de Rage Z en el mundo real, en un momento en el que Minjun estaba solo en casa (en un edificio en el que, además del borrachuzo, algunos vecinos ya han sido infectados) y tenía provisiones para algo menos de dos semanas, suponiendo que no tenga que compartirlas con nadie.

Pero, por algún motivo, Minjun no tiene miedo.

Ya sea porque, justo en la víspera del estallido de la epidemia zombi, había renunciado a la vida y estaba dispuesto a tirar del cable; ya sea porque el escenario escalofriante en que se ha convertido su mundo le resulta familiar, cómodo, puesto que conoce sus reglas desde su experiencia como jugador; ya sea porque ha sobrevivido a los dos primeros ataques zombis, ya sea por el motivo que sea, Minjun no tiene miedo al apocalipsis, ni siquiera cuando el rescate se retrasa y Minjun comprende que tendrá que salir a la calle a buscar víveres si quiere esperar al socorro en su apartamento.

Pero quien llega a su apartamento no es un equipo de rescate. Es Han Yena, desesperada y perseguida por un grupo de malas bestias que quieren comérsela, y no en el buen sentido. Minjun, que no es un desalmado, da refugio a Yena, aunque ella no parece agradecérselo especialmente. La altiva e inalcanzable pijita sigue siendo muy princesita incluso en mitad del fin del mundo (echa a Minjun de su propio dormitorio, «¿pretendías dormir a mi lado?»), no ha perdido su actitud insoportable y, encima, con su llegada ha cortado por la mitad la duración de sus provisiones.
(Si quieres saber cómo conocía Yena la dirección de Minjun, te lees El fin ha llegado y dejas de joder la marrana).

No, por supuesto que nuestros aguerridos protagonistas no se quedan en el minúsculo semisótano de la familia Jung. Ésta es una historia de zombis y eso la convierte, de acuerdo al formulario actualmente en vigor en el género, en una road-movie. Minjun y Yena parten en busca de un refugio mejor, a ser posible defendido por soldados armados. Y acaban formando equipo con Kang Hakcheol, un compañero de instituto y emigrado del norte que es todo lo que Minjun no ha sido nunca (valiente, atlético, decidido y templado. No le tiene miedo ni se deja intimidar ni siquiera por el enorme Seongbin, y no duda en reprocharle las bravuconadas de matoncillo de patio de recreo cada vez que es testigo de una). En su odisea, los tres muchachos acaban encontrándose todos los tropos habituales de historia post-apocalíptica: los saqueadores violentos, las bandas organizadas que llenan el hueco dejado por las instituciones colapsadas, los buenos samaritanos que incluso en medio del caos más absoluto no renuncian a la empatía y a su humanidad, los mierdas secas que aprovechan la anarquía para cobrarse venganza por pasadas ofensas, los hijos de mala verga que ya eran cabrones plus antes de que todo se fuese a la puta y que bendicen la oportunidad de sacar a flote toda su mala raza (sí, estamos hablando de Seongbin)...

En su periplo por un mundo que se está desmoronando, Minjun, Yena y Hakcheol deben superar sus miedos, aprender a confiar y depender los unos de los otros, descubrir las tácticas óptimas de supervivencia en este escenario infestado de peligros (la experiencia de Minjun como jugador de Rage Z es valiosísima a tal fin) y afrontar los cambios que el apocalipsis empieza a obrar en sí mismos. «Huy», se da cuenta Yena «si de repente me parece que Minjun ya no apesta tanto a pobre. De hecho, empieza a olerme a joooodeeeeer qué mojada me estoy ponieeeeeendoooo».

¡Hala! ¡Ya está! ¡A leer Jongmal-i chaj-awassda/El fin ha llegado! ¡Deja de pelarte el pistón mirando vídeos de asiáticas marranas durante un par de horas!


당신의 가격을 알려드립니다/Dangsin-ui gagyeog-eul allyeodeulibnida/Déjame saber tu precio, de Kwak Dong-ju y Mubi, también empieza con una epidemia que desencadena una pesadilla distópica, aunque no la clase de epidemia que imaginas.

Un virus informático de origen desconocido instala en todos los teléfonos móviles del planeta una App que no se puede desactivar ni desinstalar y que asigna un valor monetario a las personas. Nuestra heroína protagonista, Go Gohui (explotada y puteada al máximo por la mala puta de su tiránica jefa), descubre, horrorizada, que su valor es de unos míseros 2 500 won (menos de lo que cuesta un café en Corea). Y cayendo.

Y lo más ignominioso de este fenómeno es que cualquier Juan Lanas puede consultar el valor de otra persona desde la App de su teléfono.

Según la información en pantalla de la propia App, es posible incrementar el valor monetario personal. El problema es que nadie parece tener muy claro cómo se hace eso, y los actos deliberados de «bondad» interesada, o sea la virtud fingida, sólo restan puntos más rápido al infractor. El «valor social» de Gohui no para de descender sin que ella sienta motivación suficiente para invertir la tendencia o sospeche cómo lograrlo.

Lo cual solo la deprime un poco más (Gohui es una chica sumisa, desmotivada, insegura y acomplejada)... hasta que las consecuencias de seguir perdiendo «valor» y alcanzar el cero se hacen escandalosamente públicas. Y entonces empieza una frenética carrera por la supervivencia.

¡PataCHOOOOOOF!

Déjame saber tu precio introduce un montón de temas interesantes y reflexiona sobre un fenómeno que, lo creas o no
, querido lector, no es tan fantasioso como imaginas. En China lleva funcionando este sistema de crédito social desde que, en 2009, se realizó una prueba regional de la versión «perfeccionada» de lo que había sido lanzado en la década de los ochenta como sistema de calificación crediticia. Denunciado por algunos críticos como una intrusiva herramienta de vigilancia global, este sistema, afirman sus defensores, sólo castiga muy superficialmente a los infractores reincidentes.

Pero, si piensas que puedes perder el derecho a subirte a un avión o tomar un tren rápido por haberte saltado unos cuantos semáforos en rojo o entrado en páginas de Internet que el gobierno chino prefiere que no visites, la noticia de que Europa está haciendo pruebas para implementar un mecanismo correctivo similar, debería empezar a arrugarte ambos cojones.

El misérrimo crédito social de Gohui no tarda en comenzar a hacerle la puñeta. Los organizadores de un concurso de cuentos de hadas al que se ha presentado valoran descalificarla, aunque técnicamente había resultado ganadora, no tanto por el temor a que haga ¡PATACHOF! durante la entrega de premios, sino por no asociar el certamen a una persona marcada como un paria social. Algunos locales y negocios comienzan a rechazar a los posibles clientes con crédito bajo e inminente amenaza de licuefacción. Caseros desalojan a sus inquilinos peor valorados por la App. Jefes despiden a sus empleados menos pudientes en Social Coins por el mismo motivo. La jodida App está cambiando el mundo entero, y no necesariamente para mejor.

Los factores que determinan el auténtico valor de una vida humana. La improvisación y tentaciones totalitarias de los gobiernos, superados por un «cisne negro» para el cual no hay manual de instrucciones (en un momento dado, los pobres diablos 
con puntuaciones de miseria como Gohui son internados por la fuerza en un campo de concentración y observados 24/7 por investigadores, vestidos de El juego del calamar, que intentan determinar cómo subir el crédito social). La división social basada en la percepción que otros tienen de nosotros. El efecto que nuestras decisiones tienen sobre otras personas y la posibilidad cotidiana de «reescribirnos» a nosotros mismos, abandonar comportamientos lesivos y adoptar hábitos constructivos que aumentarán nuestro «valor» para la única persona a quien debería realmente importarle (nosotros mismos), son otros temas explorados en Dangsin-ui gagyeog-eul allyeodeulibnida.

Mientras los ciudadanos que van llegando a cero puntos explotan como hámsteres en un microondas, los protagonistas (básicamente Gohui y la valiente reportera Kang Hanji) investigan el origen de la misteriosa App y su mecanismo de funcionamiento, y luchan por elevar o mantener su valoración social para no descender a cero y hacerse mierda espontáneamente.

Hala, esa información debería bastarte para decidir acerca de este interesante manhua. A menos que seas muy, pero que muy sieso.

광마회귀/Gwangmahoegwi/El regreso del demonio loco, basada en una webnovela de Yu Jin-Seong, ha sido vertida en cómic por dos señores de pintorescos nombres: JP e Ihy. Es nuestra aportación de la presente entrada al género del wǔxiá/xiānxiá (fina línea separatoria entre ambas, por lo que se refiere a este título).

El Demonio Loco al que alude el título de este manhua es Zaha Yi, un impulsivo, arrogante y tornadizo vagabundo (claramente inspirado en el joven Musashi) que aspira a convertirse en el Dios de las Artes Marciales.

Qué pena que se haya caído por un precipicio justo después de robar el Jade Celeste a la secta Demonio.

Qué raro que, en el momento de hacerse mierda contra el fondo del acantilado, Zaha se vea en una vastedad vacía y ante un anciano de refulgentes ropas blancas que le dice que la ha liado parda, pardísima, por tragarse la perla de Jade del Cielo, que no solo ha impedido que las almas de los guerreros antiguos, vinculadas a esa reliquia, ascendiesen al paraíso, sino que ahora el qi de Zaha se va a poner bravo, pero lo que se dice bravo.

Zaha se defiende. Lo único que quería era impedir que el líder del Clan del Demonio se hiciese más fuerte, porque el muy cabrón no le guarda el más mínimo respeto a la vida humana, y eso basta para que Zaha lo lleve debajo de un diente.

Zaha puede ser un venado del carallo con un apodo más que justificado, pero, a su manera arrebatada y aparentemente anárquica, tiene un profundo sentido del bien y del mal, y hace el mal necesario para proteger el bien.
Convencido de la moralidad de los actos de nuestro protagonista, el desconocido de ropas blancas hace un chuchu yuyu macumba abracadábrico y Zaha se despierta en el pasado, de nuevo con veintipocos años, cuando no era más que el chico de los recados de la posada de sus difuntos padres, pero con todo su conocimiento acerca del futuro y las técnicas marciales que aprendió a lo largo de su vida.

Pero, ¿es ésta una segunda oportunidad de hacer las cosas bien o una condena a repetir los mismos errores y terminar en un nuevo fracaso?

Bueno, pues te tendrás que leer El regreso del demonio loco para conocer la respuesta. ¿Y qué encontrará allí? A un protagonista caprichoso, imprevisible y osado que va consolidando una base de poder en la prefectura de Ilyang ESCOÑANDO a las sectas y bandas regionales, asimilando nuevas técnicas marciales y cultivando su qi para alcanzar su objetivo de convertirse en el Dios de las Artes Marciales.

Por el camino, verás a Zaha deshaciendo un malentendido con Chae Hyang, la cortesana más cara del burdel de La flor de ciruelo (eeeeeh no, no creo que el juego de palabras sea intencionado), malentendido que le costó a Zaha una paliza de los porteros del putiferio. Deshaciendo el malentendido y, por el mismo precio, lisiando a los porteros de la casa de putas que le dieron la paliza antes de su «momento returner». Y convirtiéndose en el dueño, de facto, de La flor de ciruelo y los otros dos burdeles del pueblo.

Le verás crear su propia secta, «la secta de lo más bajo», o los cimientos de una. Le verás conquistar al Místico Sindicato Negro y autoproclamarse su jefe (después de finiquitar a su predecesor). Y le verás administrarle a Hongshin, el Mono Rojo de los Doce Generales Celestiales (unos tíos ultraturbios, que usan máscaras y matan gente), un turbolaxante, diciéndole que es veneno, para que mate a uno de sus compañeros a cambio del «antídoto». Y ella lo hace. Cagándose viva encima. Literalmente.
Parece inteligente.

A pesar de su apodo, y de los cadáveres que va apilando en su aventura, Zaha no es un matarife sin alma. Ofrece a sus adversarios la oportunidad de proporcionar una razón por la cual no debería matarlos. Se apiada de los masillas de las bandas y los deja marcharse. Siempre que es posible, convierte a los enemigos en aliados y los recluta (mata a aquellos de los  Doce Generales que se mantienen fieles al Gran Rakshasa, pero respeta la vida de los que están hartos de su tiranía). Delega su autoridad en la persona más apropiada para ejercerla. Prohíbe los negocios más turbios y prácticas más humillantes y violentas en las organizaciones que conquista (es particularmente agresivo contra los traficantes de esclavos), y se preocupa por garantizar el bienestar y el progreso de sus miembros. Y no soporta a los abusones.

Zaha adopta más disfraces y emplea más argucias que Odiseo, pero, a veces, simplemente acogota a un cabronazo que lo ha mirado mal. Porque es «el Demonio Loco» a fin y al cabo, y tiene que hacer justicia a su apodo.

Y, si toda esa información no es suficiente para ayudarte a decidir si quieres leer o no El regreso del demonio loco, ninguna cantidad de información lo será.

자매전쟁/Jamaejeonjaeng/Guerra entre hermanas, de Maenggi Ki (el mismo de 커플브레이커/Keopeulbeuleikeo/Rompeparejas, que, honestamente, en la bitácora no nos chistó nada) nos ha tocado la patata, y esperamos que te la toque también a ti, sensible y considerado lector.

La rivalidad entre Haera Chu y Rion Won es bien conocida entre los alumnos del instituto artístico Daehan. Las dos son unas jovencitas rebosantes de talento, grandes dibujantes, pintoras y escultoras. Pero ahí se acaba todo parecido entre ellas.

Haera es una huérfana criada por su pobre abuela, que en su ancianidad se mata a trabajar para mantener a ambas y financiar los materiales de Arte que su nieta necesita (y si nunca has comprado materiales de Arte, ya te avisamos, oh, desinformado lector, que baratos no son). Si Haera ha conseguido entrar en Daehan ha sido solo gracias a una beca que no da para muchas alegrías. Encima, Haera es una chica introspectiva, callada y poco sociable. La típica niña vicente de cola de caballo y gafitas que hemos visto en tantos cómics.

Rion, por su parte, va a clase con una chaqueta y una cartera de Chanel, un broche de diamantes de Cartier y unas zapatillas de Dior. También tiene mucho talento para las Artes, pero no se puede obviar que juega con ventaja: su madre es la guapa, estilosa y celebérrima escultura multimillonaria Miran Won (descendiente de una larga dinastía de artistas famosos e, irónicamente, la inspiración de Haera). Desde que Rion era muy pequeña, Miran ha estimulado la creatividad de su hija y le ha proporcionado todo lo necesario para cultivar su talento. Rion, encima, es extrovertida, accesible, popular y de una belleza candente. La típica «social butterfly».

En los exámenes, certámenes y concursos, Rion siempre consigue el primer puesto y Haera el segundo. Suficiente para que hubiese mucha pelusilla entre ambas si, encima, la mala puta de Rion no fuese una pijita narcisista, ultra-privilegiada y malcriada que sólo se dirige a Haera para señalar, siempre de la manera más humillante posible, sus diferencias de clase (llega a tirarle dinero a la cara para que pague las facturas médicas de su abuela, gravemente enferma, y pretende presentarlo como un acto de bondad) o castigarla por atreverse a robar, aunque sólo sea por un instante, los focos que reclama de su exclusiva propiedad (choca con Haera en los pasillos del instituto después de que la chica de las gafitas y la coleta dé una respuesta particularmente inspirada a una pregunta de una profesora).

Rion encubre su desprecio hacia Haera, a la que ve como una rival, tras una máscara de impostada amabilidad.

No conforme con ser una Cayetana odiosa, pasivo-agresiva y engreída, Rion oculta un secreto realmente siniestro que sólo intuimos por insinuaciones. ¿Por qué se ha propuesto triturar emocionalmente a Haera? ¿Por qué intenta sabotear su carrera artística? ¿Por qué roba el fabuloso examen de dibujo de Rion, que iba a conseguirle una tutoría privada con su admirada Miran, lo tritura y lo tira por el váter?

Bueno, los que nos leímos los primeros capítulos de Guerra entre hermanas, si bien enamorados ya del argumento y de la protagonista, nos suponíamos haber dado con el típico josei manga ambientado en una escuela, la típica trama de superación a través de la diversidad, con un tufillo nada disimulado de guerra de clases.
Chinas con patorras. ¡Lo nunca visto!

Ahora imagínate la cara que se nos quedó cuando Miran Won vio la copia de la Pietà presentada por Haera 
a un concurso del cual la famosa escultora es jurado (y que no es la misma estatua que esculpió Miguel Ángel ni la que podemos visitar hoy en día en el Vaticano, sino la Pietà mancillada a martillazos en 1972 por el tarado de Laszlo Toth) e inmediatamente reconoció la mano de «su hija», pidió que le trajesen a la artista responsable de aquella escultura, reconoció a Haera nada más verla, encontró la marca de nacimiento en su mano y abrazó a la muchacha, emocionada.

Haera es LA AUTÉNTICA Rion Won, desaparecida a los siete años en una isla cerca de Jeju, donde fue recogida, amnésica y medio ahogada, por la que luego se convertiría en su abuela. La Rion Won que hemos conocido hasta este momento es UNA SUSTITUTA. Una impostora.

Y esto pasa en el capítulo octavo de más de cien publicados.
(La pijita insufrible de la Falsa Rion había tomado un jet privado para irse a Italia a tomar apuntes y fotografías directamente del original. Pero no vio la «auténtica Pietà». Por una vez, Haera la ha superado artísticamente).
Si con esto no te hemos abierto el apetito por Guerra entre hermanas, oh insaciable lector, ya no sabemos qué más decirte. Vuelve a tus Tik-Toks de malomos olientales con tantos filtros y asistencia por IA que parecen núbiles zorritas.

Y, comoquiera que en Asia el cuatro es un número yuyu, y aunque estamos escribiendo esto en la tarde del 31 de diciembre y aún nos queda corregir la entrada y subir las imágenes, no nos vamos a ir sin recomendarte por lo menos otro título. Y, como nos negamos a ser esclavos de la tradición, y a pesar de que te hemos acostumbrado, en las últimas entradas sobre cómics-sushi, a cerrar la lista con un buen six-pack femenino en 2D, nos vamos a saltar esa imposición y homenajear, en cambio, a los inicios de esta sección presentándote otra relación imposible entre un lúser freak y una burbujeante gyaru.

描くなるうえは/Kakunaru ue wa/En lo que se refiere al dibujo, de Kyū Takahata y Yūji Kaba es una divertida comedia romántica en la que Yūki Uehara, un estudiante de secundaria que aspira a convertirse en dibujante de manga de género romántico, acepta la descabellada proposición de su extrovertida compañera de clase Niina Miyamoto, también aspirante a mangaka de historias de amooooooorl. Los dos han sometido trabajos a un editor, los dos han recibido la misma cortés negativa, «caray, es que esto no es realista, no hay quien se lo crea, para una historia romántica, no hay el menor sentido de romance aquí».

Miyamoto, con la inocencia que sólo se tiene a ciertas edades, llega a la conclusión de que la falta de experiencia romántica sólo se adquiere acumulando esperiencias románticas. Y, dado que 
Uehara tiene el mismo problema y persigue el mismo objetivo que ella, ambos pueden beneficiarse mutuamente FINGIENDO QUE SON PAREJA y haciendo las cosas que suelen hacer las parejas.

Que sí, que sí. Que Miyamoto propone a 
Uehara ser su novio falso para que ambos puedan dibujar mejores manga románticos y maximizar sus probabilidades de conseguir editor.

Y si nos hemos reservado este título para el final de la presente entrada, es porque Niina nos transmite las mismas vibras positivas, la misma dulzura y entusiasmo que nuestra adorada Marin Kitagawa.

«Y tiene un par de mandingos que... Joooder, quéééééééé beeeerzaaaaas».

¡Eh! ¿Quién ha dicho eso? ¡La teta ni mentarla, que tiene tetales consecuencias! ¡Ni mentarla! ¡Ni mentaaaaaaarlaaaaa!

Por supuesto, tratándose de un seinen manga (por mucho que nos perturbe en Occidente la proliferación de cómics japoneses ORIENTADOS A ADULTOS y que presentan historias de amor ADOLESCENTE), hay numerosas escenas picantuelas, insinuaciones de carne femenina, momentos equívocos, erotismo más o menos disimulado y mucho, mucho humor. Por supuesto, el romance «fingido» entre Miyamoto y Uehara evoluciona lenta e inexorablemente hacia algo mucho menos fingido y definitivamente más...

«Disculpe, señor Sommer, me ha parecido que me llamaba usted. ¿Necesita algo?».

¡Ah! ¡AAAAAAAH! ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH! ¡VADE TETO, TETANÁS!