domingo, 10 de mayo de 2026

Una profesión de putas

En febrero de este año se ha ido a corregir galeradas al cielo de los genios uno de los mejores escritores contemporáneos de ciencia-ficción y terror.


Y no le ha importado a nadie porque la prensa generalista se ha asegurado de que muriese prácticamente en la oscuridad, en buena medida olvidado y vilipendiado. Recordado sólo por sus lectores más fieles y llorado por sus mejores amigos.
Y nosotros tomamos prestado el título de la autobiografía de David Mamet (curiosamente descatalogada en el mercado nacional) para vilipendiar a casi todo el género periodístico en su totalidad y, de paso, quejarnos de su fanatismo, intolerancia y estupidez congénita. Que, dado que no nos ofrecen justicia, por lo menos nos respeten la pataleta.

No nos vamos a remontar muy atrás en la biografía de Dan Simmons porque, honestamente, a ti te importa una mierda de perro muerto, querido lector, y a nosotros también. Es mejor poner el «año cero» del autor de Los fuegos del Edén y El terror en el genuino inicio de su carrera como escritor. Y, para pasmo y estupefacción tuya y de muchos (ciertamente no para los informados paracaidistas de esta bitácora), esa carrera empezó con el indomable, inimitable e insobornable Harlan Ellison (a quien, pronto hará ocho añacos le dedicamos un sentido panegírico en la bitácora, aunque difícilmente podríamos haberlo hecho mejor que José R. Montejano en este artículo para Zenda).

Cuando su camino se cruzó con el autor de No tengo boca y debo gritar, Dan Simmons llevaba ya diez años de embrutecedora carrera profesional en la enseñanza, después de graduarse en Literatura e Inglesa por Wabash, escribiendo en sus horas libres historias cortas de terror que enviaba, con dispar éxito, a toda clase de revistas del género. 

Desesperado, a principios de los ochenta Simmons le dijo a su mujer, Karen, que si no obtenía pronto algún tipo de incentivo para seguir intentando abrirse camino en la industria editorial, iba a mandar a la puta lo de escribir pantufladas que nadie quería publicar y dedicarse full-time a su trabajo de profesor.

Y entonces llegó esa conferencia para escritores celebrada en Denver, donde Harlan Ellison, que no le comía la polla a nadie ni era amigo de chuminadas, se fijó en él de entre toda la gente que participaba en un taller de escritura creativa para decirle a Simmons que tenía verdadero talento. Que no dejase de escribir. Que para un escritor de ciencia-ficción, fantasía o terror de la época es, para que me entiendas, como si Jesucristo te dijese «ven conmigo y yo te haré pescador de hombres».

Espoleado por EllisonSimmons acabó ganando el premio Locus, en la categoría de Historia Corta, en 1983, con su cuento The River Styx Runs Upstream. La historia fue publicada, y por primera vez Dan Simmons llamó la atención de los editores.

(En 1984, Simmons volvió a ser premiado con el Locust, esta vez en la categoría de Novela Corta, por Remembering Siri).

Y en 1986 llegó su primera novela publicada, Canción de Kali.

Uno de los libros más perturbadores, agobiantes, aterradores, oscuros y fascinantes que hemos leído jamás los ternascos de la bitácora. Leerla es como adentrarte en una pesadilla de la que te despiertas para descubrir que estás en otra pesadilla.

Su naturaleza de colisión entre el personaje de Robert Luczak, que representa al ilustrado y materialista Occidente, y los intelectuales indios, a los que se representa como primitivos y, hasta cierto punto, supersticiosos ignorantes «lastrados» por la inercia de su milenaria religión del millón de dioses; y la descripción de Calcuta como una especie de infecto vertedero contaminado de maldad en estado puro han despertado las iras de algunos intelectuales sojas con demasiado tiempo libre y excesivas ganas de escenificar su «virtue signaling». Como James Nicoll, sin ir más lejos:
«Post‑9/11, Simmons outed himself as a virulent Islamophobe. Was this a reaction to second-hand trauma or did it bring out something that had been lurking there all along, unnoticed? Or did it cast light on something that had been obvious from the beginning?»

»Simmon’s Calcutta is overpopulated, filthy, violent, diseased, crime-ridden, cult-ridden, and eeeeeeeeevil. Simmons hammers on that theme over and over. From time-to-time Simmons seems to remember that perhaps an unending stream of spittle-flinging invective about all the ways in which a densely populated Asian city fails to please a white American might come across as a little bit racist and inserts mention of a positive aspect of the local culture.»

»I should also note that science fiction, fantasy, and horror aren’t too keen on cities, especially large cities, or persons of colour. Indian megalopolises therefore are likely to be regarded with disdain by your average spec fic author. Also, India in particular has been singled out by various Western pundits and writers as the Asian nation most likely to collapse into famine and civil war. Still…
Song of Kali stands out for sheer unmotivated hatred and xenophobia.»
(No acabamos de entender muy bien cómo coño puedes empezar la crítica de un libro poniendo a caldo las opiniones políticas y actitudes racistas que le atribuyes al autor. Ni cómo una persona con el bagaje de Nicoll es aparentemente incapaz de distinguir entre el narrador de Canción de Kali, que es un personaje más, con razones más que sobradas para detestar Calcuta y a todos los que viven allí, y el escritor de la novela. Ni por qué necesita que le expliquen que Simmons se limitó a retratar una Calcuta imaginaria, quimérica, donde su oscura historia de terror y culto a la muerte pudiese tener lugar).
Canción de Kali ganó el Locus de 1986 a la Mejor novela de un autor primerizo (porque los lectores de Locus, que la premiaron en 1986, al parecer tenían más discernimiento y capacidad de abstracción que James Nicoll en 2024). Fue el pistoletazo de salida para una carrera literaria (tras el éxito de esta novela, Simmons mandó a mamar su trabajo como profesor de inglés) que se ha movido con soltura entre la fantasía y la ciencia-ficción con elementos de terror (aunque menudo Simmons renuncia a las encorsetadoras etiquetas y mezcla géneros en magistral promiscuidad) y que atraviesa varias décadas con obras que ya han conquistado, por derecho propio, un puesto de honor en los anales de la ficción especulativa.

Y probablemente debido a su formación en literatura inglesa, Simmons no se ha resistido a meter «morcillas» de cultureta gafapasta en todas sus obras, o hacer personajes secundarios, e incluso protagonistas de sus novelas, a algunas de las bichas más grandes de las letras anglosajonas y latinas.

Los vampiros de la mente, de 1989, personalmente a los paracaidistas que escribimos en la bitácora nos aburrió soberanamente y es, con carácter oficial, la única novela de Dan Simmons que hemos sido incapaces de acabarnos. ¡Cansina, copóns! El título original de la novela, Carrion Comfort, está tomado de un poema de Gerard Manley Hopkins.
Not, I'll not, carrion comfort, Despair, not feast on thee;
Not untwist — slack they may be — these last strands of man
In me ór, most weary, cry I can no more. I can;
Can something, hope, wish day come, not choose not to be.
But ah, but O thou terrible, why wouldst thou rude on me
Thy wring-world right foot rock? lay a lionlimb against me? scan
With darksome devouring eyes my bruisèd bones? and fan,
O in turns of tempest, me heaped there; me frantic to avoid thee and flee? 


Los cantos de Hiperión, dividida en cuatro volúmenes (Hiperión, La caída de Hiperión, Endimión y El ascenso de Endymion) es una de sus series más conocidas. Una space-opera siniestra e hipnótica inspirada por Los cuentos de Canterbury (al menos, ése es el caso con Hiperión) y con títulos directamente secuestrados de poemas de John Keats.
Deep in the shady sadness of a vale
Far sunken from the healthy breath of morn,
Far from the fiery noon, and eve's one star,
Sat gray-hair'd Saturn, quiet as a stone,
Still as the silence round about his lair;
Forest on forest hung about his head
Like cloud on cloud. No stir of air was there,
Not so much life as on a summer's day
Robs not one light seed from the feather'd grass,
But where the dead leaf fell, there did it rest. 


En los fuegos del Edén, Mark Twain es protagonista de una de las tramas principales de esta novela fascinante con millonarios pastosos, inversores japoneses, esposas trofeo y dioses hawaianos de los de la cáscara amarga.

The Hollow Man alude, obviamente, a ése poema de T.S. Eliot y se inspira, casi rozando el plagio, en El infierno de Dante.
We are the hollow men 
We are the stuffed men 
Leaning together
Headpiece filled with straw. Alas!
Our dried voices, when 
We whisper together 
Are quiet and meaningless
As wind in dry grass 
Or rats’ feet over broken glass
In our dry cellar 


Un verano tenebroso es un It de Stephen King escrito después del It de Stephen King. Aunque Dan Simmons juró más tarde que, en el momento de escribir este libro, no conocía It y el propio King escribió un entusiasta blurb que se reproduce en muchas ediciones de Un verano tenebroso:
«If Summer of Night isn't the best horror novel of the last five years, it is surely one of the best three…»
Aunque no he podido confirmarlo, parece ser que, después de publicado Un verano tenebroso, King y Simmons se reunieron, compararon notas y descubrieron, para su mutuo pasmo, que habían basado sus respectivos libros en experiencias e influencias comunes. Por lo tanto, Un verano tenebroso sería más un «hermano espiritual» de It que el descarado plagio que muchos denunciaron en su día (grupo de niños en un pequeño pueblo, verano iniciático en los años 50/60, mal antiguo y casi cósmico, nostalgia de la infancia, mezcla de aventura juvenil y horror... llega a tus propias conclusiones, amado lector).

El terror es una ficción fantástico-acojonástica sobre la expedición Franklin, cuyos barcos quedaron atrapados en el Ártico en 1847 en una aventurada, y desorientada, misión de búsqueda del huidizo Paso del Noroeste. Por si la historia real no era ya lo bastante perturbadora (entre los náufragos de la expedición se han documentado incluso casos de canibalismo), Simmons le mete una amenaza invisible, terror psicológico, miserias humanas y antiguos espíritus malvados inuit en una obra fascinante que en 2018 fue adaptada en forma de serie de televisión.

Ilión y Olimpo son dos PEDAZO LADRILLOS inspirados directamente en La ilíada de Homero y La tempestad de Shakespeare. Y decimos ladrillos por extensión (unas 400 000 palabras entre las dos), no porque sean aburridas. Que no lo son (aunque sí es ciencia-ficción para los fans «pata negra» de Simmons, absolutamente desaconsejables para neófitos).

La soledad de Charles Dickens es una extraordinariamente desvergonzada novela biográfica, llena de falsedades y exageraciones, sobre los últimos años de vida del colosal escritor de Oliver Twist y de su opiómano amigo Wilkie Collins, que tuvo la mala suerte de nacer en la misma época que Dickens.

Simmons también hizo sus pinitos en el hard-boiled con su trilogía de Joe Kurtz (Hardcase, Hard Freeze y Hard as Nails, que, por lo que yo sé no tienen edición en español, al menos en papel, aunque juraría que he leído Hardcase traducida al idioma de Espronceda).

Paradójicamente, a pesar de su obra extensa (aquí sólo te hemos ofrecido un esbozo, querido lector), historias poderosas, personajes icónicos y atmósferas evocadoras, la obra de Simmons ha conocido poca o ninguna adaptación a la pantalla, más allá de la serie de El terror emitida por AMC. La saga de Hiperión lleva DÉCADAS en el temido «development hell» sin encontrar ni financiación ni formato (que si película dirigida por Scott Derrickson. Que si serie de televisión de Syfy. Que si Bradley Cooper implicado en el desarrollo. que si Warner Bros al timón y Graham King al guion. Que si la concha bendita...).

Un verano tenebroso, al tirón de It y Stranger Things, parecería, a priori, la más «adaptable», al menos en el momento actual. Pues tampoco.

¿La soledad de Charles Dickens? Que no hay manera. Que ni con el nombre de Guillermo del Toro asociado al proyecto se consigue poner esto en movimiento

Los vampiros de la mente. Se intentó. Se desistió. Cuentan las malas lenguas que alguien, en alguna parte, lo sigue intentando.

The Crook Factory. Un gran «nope!»

Canción de Kali. No se hizo la película en los ochenta. No se hizo en los noventa. En el clima pichafrígido actual, nadie tendría huevos de hacerla ahora.

Diremos, en descargo de los productores, que Dan Simmons es, probablemente, el rey de los «libros inadaptables». Sus novelas suelen ser larguísimas. Sus estructuras narrativas complejas desaniman al más pintado de los guionistas (y de esos, aparentemente, ya no quedan). La mezcla de géneros hace muy difícil encontrar el tono apropiado de una posible adaptación a la pantalla. La intertextualidad literaria es IMPOSIBLE de trasladar a una película o serie. Y la ambientación de obras como Los cantos de Hiperión o Ilión/Olimpo (sobre las que en 2004 se compró una opción para la pantalla) requeriría no ya presupuestos nivel Vengadores: Endgame, sino nivel NASA en sus mejores años.

En su dilatada y carrera, Simmons no solo ha tocado todos los palos que se pueden tocar del noir a la ciencia-ficción, sino que ha coleccionado los más prestigiosos premios del mundillo y también algunos de los menos conocidos. El Bram Stoker. El British Fantasy Award. El Hugo. El Nébula. El Ignotus. El Grand Prix de l'Imaginaire. El BSFA. El Premio Theodore Sturgeon. El International Horror Guild Award, ahora extinto. Y el título de Gran Maestro de la World Horror Convention, que lleva sin convocarse, conviene decirlo desde tiempos pre-pandémicos.

Y, a pesar de este bagaje, la muerte de Dan Simmons ha sido deliberadamente ignorada por la mayoría de la prensa generalista.

¿Qué ha pasado?

Pues ha pasado que, en el mefítico monocultivo woke actual, Dan Simmons fue etiquetado como un escritor extremista, ultraconservador y racista. Y funado miserablemente. La condena dictada para las voces independientes que no se amoldan a los pútridos valores tardomarxistas promovidos desde los grandes grupos de comunicación es el escarnio reputacional y la muerte pública. Por ese motivo ni siquiera el fallecimiento del autor protagonista de esta entrada ha merecido más que un titular desganado en algunos medios.

Flashback, una novela de Simmons publicada en 2011, desencadenó el odio de los dueños de los medios y portavoces SJW sobre el autor de Canción de Kali. Esta novela es una distopía ambientada en una futura Norteamérica devastada por las políticas de redistribución forzada de la riqueza y programas sociales desmesurados puestos en marcha por la administración Obama.

La civilización estadounidense, arruinada por las paguitas, los chiringuitos, los subsidios, la ideología fanática y ciega a las más elementales leyes de la economía, ha visto la desaparición de la libertad de expresión (las voces conservadores han sido prohibidas), la imposición de la represión de disidentes (los estadios deportivos se han convertido en improvisados campos de concentración), la crisis energética desencadenada por la «estafa del cambio climático», el reemplazo étnico y cultural motivado por la inmigración masiva y descontrolada, la multiplicación de mezquitas por el país, desplazando a las iglesias cristianas (hay un nuevo califato cobrando forma en Oriente Medio), la desintegración de las infraestructuras críticas, la desaparición del ejército nacional y su sustitución por ejércitos privados de mercenarios, la erradicación del Estado de Israel con armas nucleares (y un «segundo holocausto» que ha matado a millones de judíos) y la popularización de una droga de consumo masivo, llamada Flashback, que da unos «viajes» permiten al consumidor revivir los «buenos viejos tiempos» antes de que la economía se fuese a la verga.

Flashback de Dan Simmons es (los lectores argentinos entenderán esto) una distopía de un cuarto de vuelta de peronismo con doble de fentanilo y cuarto y mitad de islamismo.

En el Paratroopers no nos hemos leído Flashback y nos resulta muy incómodo hacer la crítica de una obra que desconocemos. Las reseñas que hemos encontrado por ahí van del odio rabioso y políticamente motivado al desengaño («How could the witty and potent imagination that produced “The Terror” and “Drood” wither to such smug and censorious dullness?», extractado de aquí).

Las críticas más suaves  a Flashback ponen el énfasis en los diálogos desganados y extraños («mind-numbingly expository... jarring... bizarre... sometimes overtly offensive...», extractado de aquí). En su cargante naturaleza de propaganda anti-izquierdista («as a political novel [...] it's a disaster. Simmons seems unable to keep himself from stopping his book dead with frequent ideological rants»), pro-sionista («In one strikingly tone-deaf moment, the lapsed-liberal professor Fox condemns politicians of the past [...] who weren't sufficiently pro-Israel: "I wish those presidents and senators and representatives had been hanged from lampposts all over Washington."») y tremendamente despectiva hacia las minorías (hay un personaje negro que se llama, literalemente, «Delroy Nigger Brown»).

El escarnio que, a los votantes demócratas y meapilas, les parecía que se le hacía en Flashback a SU presidente, ese «blanco honorario» que ganó el Nóbel de la paz por ser negro y por no ser George W. Bush (y luego autorizó la mayor cantidad de asesinatos selectivos con drones de la historia de EE UU desde que esa tecnología estaba disponible) les cabreó muchísimo.

«I’ve been called a Nazi. I’ve been called a racist. People who have no idea of my life, what I’ve done, how I’ve worked for civil rights throughout my life, or what my politics have been, and what Democratic candidates I’ve written speeches for. [Instead,] I’m [labeled] a racist and a Libertarian, which amuses me. (I had a Libertarian professor once—he was pretty smart, he made some sense, but I’m no Libertarian.)»

No sirvió de nada que Dan Simmons, desde su página web, hoy inaccesible, gritase bien fuerte y bien alto que la novela no representaba sus ideales políticos. Que el presidente de la historia corta original de 1991, en la que había inspirado Flashback, era Reagan, no Obama. Era tarde para librarse de la condena de los apóstoles de la corrección política, los groupies del «desde el río hasta el mar», los pijocomunistas de iPhone y cuenta en Twitter desde la que aúllan y cuenta en Bluesky en la que no les lee ni Dios. La gente ansiosa por pegarse la etiqueta de víctima y creer lo peor de los demás desempolvó sus copias de Canción de Kali y dijo, «¿Veis, veis? ¡Ya en este libro racista, aporofóbico, colonialista y supremacista blanco, Simmons nos estaba mostrando sus verdaderos colores!»

«[These critics] read the wrong version of Flashback. I should just let them all read the 1991 story that was published. Because it was 1991, America went broke because of Ronald Reagan, and the same young character that’s in the 2010 novel, says, “He acted like our grandfather, but the mofo made us broke. He ruined our country.” So I’d be a hero to all the progressives who say I’m not worth reading, and I’m a bastard, and so forth if they read that version.»

Cuando los justicieros de la tecla te declaran culpable, no queda nada que decir en tu defensa. Cualquier invocación del sentido común es considerada obstinación, cualquier exposición de hechos, miedo, cualquier declaración de inocencia, debilidad. Dan Simmons aprendió, quizá demasiado tarde, que no hay posibilidad de diálogo con la morralla aborregada e intolerante de la secta de lo políticamente correcto. Ya sabes, los de «con el fascista no se debate, al fascista se le combate».

«I didn’t care how America went broke, I just needed it broke so I could write this book. I need a completely economically-devastated United States so I could get my people on flashback and look at the effects of this idea of a nation turning its back on the future. They think I was just going after Obama in the book; well, it used to be Reagan, and if I had waited a few years it would be whoever else would be president.»
(Los tres entrecomillados superiores han sido extractados de esta entrevista a Simmons).
La importancia histórica de Dan Simmons en la literatura de terror y ciencia-fición no merece el relativo silencio con el cual fue acogida su muerte. Newsweek, Ars Technica y The Guardian publicaron su obituario. El inframundo de las revistas y bitácoras de ciencia-ficción de Internet encendió velitas por él y clavó a unas cuantas víctimas en el Árbol del Dolor del Alcaudón. Pero el autor de algunas de las novelas de ficción especulativa más interesantes de los últimos treinta años no gozó del homenaje multitudinario, del reconocimiento unánime de una prensa generalista demasiado cobarde para darle el reconocimiento que merecía, ni siquiera en la muerte, o demasiado rencorosa y mezquina para siquiera respetar a un enemigo caído.

De ahí que, desde hace muchos años, cuando nos piden nuestra opinión sobre el oficio de periodista, lo primero que nos sale es decir de ellos lo que David Mamet decía de los guionistas de cine.

Y volvemos a afirmarlo en la presente entrada de la bitácora, último homenaje a un hombre que, por falible que fuese en su carne mortal, era un gigante intelectual y un escritor superdotado, cuyo fallecimiento deja al mundo un poco más oscuro y mucho más pobre y monótono.
«I don’t argue with people now, but if I were to talk to somebody I’d say, “If you’re going to vet every author you read, you’re going to be very busy, and you’re not going to be reading many.”»

Dan Simmons. 1948-2026

sábado, 25 de abril de 2026

Necesitas un poco más de chinos voladores en tu dieta (V ó VI, no sabemos, no nos importa y a ti tampoco)

Ya iba tocando, ¿eh, turbios, que sois unos turbios? Ya teníais ganas. Viciosillos marranetes obsesionados con las gachises asiáticas. ¡Ahora que estáis contentos, bailad la dansa de la alegría!


Y no, no nos hemos quedado sin temas de los que tratar. Es que también nos apetecía un descansito. Por tener, temas tenémoslos: series, lecturas, películas, mala baba y GIFs de Riley Reid rompiendo abanderados. Queremos desde la bitácora, oh lector de amplios horizontes intelectuales e insaciables apetitos culturales, presentarte Silo, la serie de AMC, protagonizada por nuestra amada Rebeca Fergusson, que tal vez aún estés a tiempo de descubrir, explicarte por qué, si te gustó Urgencias en su día, deberías estar viendo The Pitt, o por qué War Machine es un Depredador sin depredador, mostrarte, aunque sea por encima, el trabajo del dibujante Stjepan Šejić y sentarnos a reflexionar sobre por qué entendemos que Sam Levinson se ha cargado Euphoria al comienzo de la tercera temporada, ahora en curso, y nadie se ha atrevido aún a decírselo.

Pero, por el momento, tendrás que conformarte con chinos voladores. Venga. Empecemos.

나노 마신/Nano Mashin/Nano Máquinas es otro Webtoon basado en una novela wǔxiá de Han Joong Wueol Ya, el mismo de Myst, Might, Mayhem, cuya adaptación al cómic te presentamos aquí. La Webnovel se publicó en Munpia de junio de 2017 a mayo de 2018, abarcando 342 capítulos, y se adaptó al formato manhua, de la mano de GGBG y REDICE Studio, a partir de septiembre de 2017.

En cuanto al argumento de Nano Machines, ahí te lo resumimos tal que asá: la esperanza de vida de Cheon Yeo-un nunca ha sido muy grande. Hijo de una de las concubinas del líder de la Secta del Demonio, su cabeza ha estado en la picota desde su nacimiento. Todos aquellos que quieren quitarse de encima a un posible competidor en la carrera de sucesión por el liderazgo de la secta, o congraciarse con alguno de los otros aspirantes, sueñan con quitarlo de en medio. Además, todos los pijitos mierdecillas, a quienes ofende que la sangre del ultrapoderoso líder de la secta se haya ensuciado con la sangre de una plebeya (la madre de Yeo-un era de extracción humilde), también quieren su libra de carne. A ser posible, de la más pegada al hueso.

Sí, el mundo de Nano Machines es el escenario del típico wǔxiá o «historia de chinos voladores»: sectas de artes marciales, cultivadores taoístas, organizaciones enfrentadas, guerras de clanes, etecé etecé etecé... con sal y pimienta de ciencia-ficción. En el trasfondo de este universo imaginario, los guerreros marciales y cultivadores se dividen en dos bandos fundamentales: la «facción virtuosa» y la «facción malvada». Si sigues «el camino recto» perteneces, lo sepas o no, a la «facción virtuosa» y si eres un hijo de la grandísima puta, tienes una cuchara esperándote, lo sepas o no, en la «facción malvada».
Y luego está la Secta del Demonio o la «facción demoníaca», organización a la que todas estas divagaciones ideológicas y filosóficas que separan a la «facción malvada» de la «facción virtuosa» le comen lo que representan sus cojones morenos por detrás y cuyos maestros y discípulos sólo persiguen una cosa: el poder.

La historia empieza con Yeo-un cayendo en una emboscada. Cinco mierdosos enmascarados han chuleado a su guardaespaldas y dan caza a Yeo-un, lo acorralan en un bosque y desnudan sus aceros. Y, para añadir insulto al crimen, estos cabrones con piernas se aprovechan de que Yeo-un no sólo es un alfeñique enfermizo y flojillo, sino que, por expreso deseo de su padre, no ha recibido ningún tipo de entrenamiento en Artes Marciales.

A pesar de su desventaja, Yeo-un consigue matar a uno de sus asesinos, pero eso está muy lejos de comprarle una salida. O tiempo. Muy al contrario. Los supervivientes, cabreados, deciden darle una lección y, si antes, por deferencia hacia su padre, pretendían ahorrarle sufrimiento, ahora se van a asegurar de darle la muerte más lenta posible. Y, para abrir apetito, lo ensartan como a un pincho moruno.
Pero... algo interrumpe la matasión. Un tipo vestido con una sudadera, y con un reloj de pulsera en la muñeca, aparece de la nada, acogota a los asesinos de Yeo-un y después socorre a éste, que está agonizando por su herida. «Mi noble ancestro», le dice a Yeo-un el recién llegado. Le inyecta algo en el cuello y le dice «espero que tengas éxito y hagas algo bueno por tus descendientes», antes de desaparecer, ¡fluncs!, como David Copperfield en uno de sus mejores trucos o la dignidad de Riley Reid en cualquiera de sus vídeos.

Todavía agonizando, Yeo-un oye una voz en su cabeza. «Nanomáquinas de 7ª Generación operativas».

Entonces pierde el sentido.

Y lo recupera en su cama. Vivo. Sin heridas visibles, y con esa misma voz todavía en su cabeza. Una voz que le llama «usuario», que se identifica como la Nanomáquina de 7ª Generación de Sky Corp (y a la que Yeo-un acabará llamando Nano) y que empieza a informar a Yeo-un de todas las cosas que puede hacer por él, empezando por regenerar sus heridas, incluyendo algunas que serían potencialmente mortales, como la que, en aquel bosque, casi lo envía a jugar al mahjong con San Pedro.
Después de la inyección, hay casi seis millones y medio de nanomáquinas en el cuerpo de Yeo-un. Y, además de curar heridas potencialmente mortales, pueden hacer por él otras cosas él que le servirán para salvar la tremenda distancia que lo separa de los otros miembros del Clan, que sí se han ejercitado desde la infancia. Por ejemplo, «reconstruir» su cuerpo, de dentro afuera (tendones, músculos, vasos sanguíneos), para que pueda alcanzar un estado atlético óptimo. O sea, convertirlo en la rehostia en vinagre. Otra función de Nano es acentuar o atenuar la sensibilidad de los sentidos naturales de Yeo-un, vista, oído, tacto...

Las nanomáquinas también pueden procesar información de una manera escalofriantemente veloz y eficiente. Con su ayuda, Yeo-un puede aprender técnicas de artes marciales y desentrañar los misterios de «movimientos secretos», perdidos hace años, mucho más rápido y mejor que ningún artista marcial de su mundo. También pueden recrear batallas que Yoe-un ha librado o presenciado, analizarlas y «detectar» huecos, fallos o puntos débiles en las técnicas de sus adversarios, y elaborar estrategias contra ellas, permitiéndole sobrevivir a combates contra enemigos que lo aventajan en experiencia y habilidad. Cuando un médico lo examina, justo tras su infausto atentado en el bosque, descubre que sus «ocho meridianos» (no te molestes en entenderlo, querido lector no familiarizado con las magufadas malciales olientales) están completamente abiertos, con qi circulando por ellos, y que Yeo-un, sin haber sido entrenado nunca, ahora está en perfecta condición para aprender Artes Marciales.
No, ya hemos preguntado y esas mierdas no entran en la Seguridad Social.

Pero, verás, incluso con sus nuevas ventajas, los problemas de Yeo-un no han hecho más que empezar. Va a necesitar todo el socorro de Nano, mucha fuerza de voluntad, y unos cojones como bombonas de butano para mantenerse vivo de ahora en adelante.

Porque, ya hemos dicho más arriba, en la introducción del cómic, hay gente que pura y simplemente lo quiere muerto. Y no se van a detener ante nada. Sus medio-hermanos son los primeros que quieren quitarse de encima a un rival al que desprecian desde la cuna. Hijos todos ellos de la aristocracia de la Facción del Demonio (las sectas de la espada, la sombra, el sigilo, el veneno, el sable y la música, que cedieron a sus mujeres más bellas para que patriarca procrease con ellas), no van a consentir que un manolón de sangre sucia, hijo de una campesina, se interponga en su camino hacia la cima de la Facción.

¡Que envenenaron a la pobre madre de Yeo-un por atreverse a darle un heredero varón al Patriarca, por el pito de san Tríforo!

Cada uno de los medio-hermanos de Yeo-un, criado en el seno de sus respectivas sectas, puede aspirar a convertirse en un Sacerdote Menor de la Facción del Demonio. Para ello, deben pasar por la Academia de las Artes Demoníacas, que sólo abre una vez cada diez años, donde los mejores guerreros de la Secta Demoníaca los entrenarán para convertirse en unas auténticas malas bestias.
Ves por dónde va esto, ¿verdad, querido lector?

El primer arco de la historia de Nano Machines sigue a Yeo-un a lo largo de su ingreso y primeros cursos en la Academia de las Artes Demoníacas, sus progresos en las Artes Marciales, ayudado por Nano, los intentos de asesinato, los exámenes que supera, as técnicas que aprende, los envenenamientos a los que sobrevive, los secretos que descubre, los enemigos a los que se enfrenta y los amigos y aliados que hace en el camino.

Y todo ello motivado por su ardiente deseo de vengar el asesinato de su madre, castigar a todos los responsables y ascender adonde los conspiradores quisieron impedirle llegar, como forma última de humillación de sus enemigos.

Y esto, son aproximadamente los primeros cincuenta capítulos del manhua.

De más de TRESCIENTOS publicados.

Y antes de que Yeo-un consiga desbloquear las funciones restringidas de Nano.
La evolución de Yeo-un como guerrero, su progreso dentro del escalafón de la Facción del Demonio, su lucha contra otros grupos, su ambición creciente (llega a someter al emperador en persona y obligarle a abandonar el budismo y proclamar el Culto al Demonio la nueva religión oficial del imperio; creándose nuevos enemigos entre los mandarines y la clase sacerdotal) y sus descubrimientos sobre el misterioso joven de la sudadera que le inyectó las nanomáquinas se extienden por las viñetas de Nano Maquinas. Batallas alucinantes. Lavados de cerebro. Montones de efectos especiales. Luchas intestinas en el seno mismo de la Facción Demoníaca. Enemigos en la sombra. Píldoras taoístas. Un padre que acaba enloquecido. Nuevos aliados. Personajes carismáticos no sabes si a pesar de o precisamente a causa de su turbidez moral. Escaladas de poder. Una armadura como la de Tony Stark, si Tony Stark fuese Sauron, y un montón de brazos amputados caracterizan esta historia brutal, extrema, apasionante y vertiginosa historia que te recomendamos sin ambages desde el Paratroopers, querido lector.

Por su parte, Shen Long, protagonista de 史上最强赘婿/Shǐshàng zuì qiáng zhuì xù/El yerno más fuerte de la historia, de Yuewen Manhua, no tiene ninguna clase de talento marcial. Es un tipejín más bien tirillas que, en su vida anterior, era un cirujano excepcional, desfigurado por un accidente con ácido, y que se ha reencarnado en un soplapollas cornudo en un mundo wǔxiá extraordinariamente parecido a la China del período de los Reinos Combatientes. 

Pero eso sí, con una carita de querube que las vuelve locas a todas. Empezando por el propio Shen Long, que se gusta mucho a sí mismo.

Repudiado por su esposa aristócrata, la bellísima Xu Qianquian (que sólo se casó con él porque estaba enferma y una superstición local sostenía que se recuperaría a través del matrimonio, cosa que sorprendentemente sucedió), Shen Long consigue un nuevo y rápido matrimonio de conveniencia con Jin Mulan, la hija soltera de la familia Jin, condes de Xuanwu, salvándola de un matrimonio forzoso con el heredero de la familia Zhu, al que detesta (y que ha sido enviado por el emperador en persona, pariente suyo, con la misión de «robar», a través del matrimonio, a Jin Mulan a la familia Jin, privándola de su mejor guerrera y líder de su ejército privado, y por lo tanto debilitando al clan Jin). Ya casada con Shen Long, Jin Mulan puede rechazar el compromiso con Zhu Hongxue, y Shen Long pagar las deudas de su familia y vivir en la crápula, sin tocar a su joven cónyuge, que no siente por él más que desprecio.

Pero, naturalmente, la historia no termina ahí. Hay rivalidades entre familias aristocráticas que cursan con el uso de venenos, implican conspiraciones para desacreditar a los rivales y contemplan planes de genocidio de linajes enteros. Además, el emperador, empeñado en reducir el poder de la nobleza, para afianzar el suyo propio, está dispuesto a dejar que los clanes más poderosos se debiliten matando a los más débiles (a los que él mismo ha minado, privándolos de rentas y territorios y obligándolos a reducir el tamaño de sus ejércitos), y luego matándose entre sí, para que sólo pervivan las dinastías más adictas al trono imperial o las demasiado poderosas para que el emperador pueda oponerse a ellas.
Jin Mulan tiene un pelaso que ni Erin Everhart.

En esta nueva vida, Shen Long tiene acceso a todos los conocimientos científicos de su época, almacenados en su ordenador portátil en el momento de su muerte, y unos ojos con rayos-x (de alguna manera se fusionó con la máquina al morir en una explosión en zona de guerra), ojos que le permiten ver lo que está oculto. Puede ver y clasificar objetos, analizar sustancias misteriosas y detectar cuerpos extraños (muy útil en un lugar en el que las agujas venenosas son un arma habitual de los asesinos).
(Por cierto, la primera mujer de Shen Long ha intentado envenenarlo. Por eso el «nuevo» Shen Long ha logrado poseer el cuerpo del «viejo» Sen Long, porque el inquilino de ese cuerpo ya había sido desahuciado. Y no será el último intento de asesinato, acusación falsa, emboscada o castigo que sufra nuestro narciso protagonista).
Erin Everhart. Para que compares.

Shen Long no es un héroe físico, sino intelectual. Y, a la vez que presumido y fantasmilla, es un puto genio que despierta la admiración y la envidia a partes iguales. Vende recetas para tintes de seda que nadie más puede reproducir. Es extorsionado e incriminado con acusaciones falsas. Trata con éxito enfermedades que son mortales en el mundo al que ha transmigrado. Instruye a su atolondrado cuñado Jin Mucong. Escribe novelas que se convierten en auténticos best-sellers. Crea nuevas aleaciones y armas para los ejércitos de su suegro. Deja aplatanados a los que lo conocieron cuando no era más que un mantenido cagapoquito. Se traviste para entrar de incógnito en la base de unos piratas y tratar a su reina, Qiu Yao, víctima de un envenenamiento. Y, en el momento en que estalla una guerra, planea estrategias, desarrolla tácticas, vence ejércitos enteros con fuerzas apenas testimoniales empleando su mente maquiavélica, falta de escrúpulos y la base de datos de conocimientos modernos almacenada en su cabeza.

Shen Long desbarata conspiraciones. Hace y derroca reyes. Convierte enemigos en aliados. Sobrevive a las intrigas palaciegas. Gana, contra toda esperanza, juicios amañados en su contra. Consigue un maestro de artes marciales para su atolondrado amigo de la infancia, Tontito. Sablea y cochinea a prestamistas armadanzas. Entrena y despliega espías. Se gana el reluctante favor del emperador mismo. Forma y entrena un ejército de supersoldados. Frustra las conjuras de sus enemigos y los lleva, IMPLACABLEMENTE, uno por uno, a la ruina o la muerte. Y, lo más importante, a lo largo de todas sus tribulaciones y en recompensa a todos sus esfuerzos, Shen Long convierte a los Jin en SU FAMILIA, llena de amor y lealtad el duro corazoncito de Jin Mulan, e incluso conquista a su resentido cuñado, celoso de su inteligencia y belleza.

Ah, sí. Se nos olvidaba. En el transcurso de sus aventuras, Shen Long también se encuentra con un desfile aparentemente interminable de macizas con unos ardores chumineros DEL CAGARSE que se lo intentan (y a veces, para desesperación de la pobre Jin Mulan, CONSIGUEN) KKKKKRUJIR como pumesas.
Pero, ¿cómo se le pueden poner los cuernos a este ángel?

Aunque la temática harén no es, para nada, el ingrediente más atractivo de El yerno más fuerte de la historia.
Ah.

Las intrigas, conspiraciones, rivalidades cambiantes y planes bizantinos de El yerno más fuerte de la historia hacen que Juego de tronos parezca Teo va al pediatra.

En serio. En el Paratroopers nos hemos tenido que esforzar mucho para encontrar otro ejemplo de man-ga/hua/hwa con semejante profundidad en la escritura de subtramas.

Y no se nos ha ocurrido comparación alguna.

¿Te llega con eso para saber si te interesa o no leer El yerno más fuerte de la historia?

Sin salirnos del género wǔxiá, 시한부 천재가 살아남는 법/Sihanbu cheonjaega sal-anamneun beob/Cómo sobrevive un genio con una enfermedad terminal, basada en una webnovel del mismo título, es un manhua escrito por Cheongsiso y Jp y dibujado por Yoon Seung Gi. El protagonista, Jung Yeonshin, ha nacido en el seno de una familia de la nobleza rural. Yeonshin está aquejado por una enfermedad congénita que lo matará cuando cumpla alrededor de veinte años de edad. Su familia, avergonzados de su fragilidad, lo ignoran y desprecian como a un tullido que nunca llegará a nada y al que, además, responsabilizan del fallecimiento de su madre, durante los trabajos de parto. Yeonshin se cría como un apestado en su propia casa. Por debajo incluso de los sirvientes. Expulsado de las festividades familiares para que no traiga mal yuyu a la alegría de su padre y hermanos.

Pero resulta que Yeonshin es un genio, con un talento innato para las Artes Marciales. Privado de entrenamiento por su padre, que lo ha repudiado, no sólo descompone, comprende e interioriza el Arte Marcial secreto de su familia, ése que no le permitieron entrenar, sino que crea a partir de él su propio sistema de lucha perfeccionado.

Porque quiere hacerse más fuerte.

Porque quiere estar más sano.

Porque quiere vivir, ser aceptado en el seno de su familia y celebrar los buenos tiempos con ellos.

Sihanbu cheonjaega sal-anamneun beob no es 100% un wǔxiá al uso. Quiero decir, ¡salen elfos, copóns! Podrías llamarlo «wǔxiá fusión», si eres un imbécil que necesita etiquetas para todo, o xuánhuàn, si tu pecado es el de ser un insufrible pedante (aquí, una breve explicación sobre estos términos). Pero,e escenario aparte, bebe de todos los tropos del género: sectas rivales, aprendices de Artes Marciales, píldoras taoístas, técnicas de combate secretas ultra-turbo-mega-ferolíticas y un personaje que tiene la más antigua, sincera y comprensible razón para luchar: sobrevivir.

Yeonshin aspira a fortalecer su cuerpo y descubrir alguna técnica o disciplina que le permita superar su corta esperanza de vida. Sólo quiere ser una persona normal. Pero para lograr tener acceso a una longevidad razonable, tendrá, paradójicamente, que convertirse en una persona excepcional.

Cuando cabrones de la «tribu de la espada tirana» y de la «secta de la llama sangrienta» asaltan la mansión familiar y masacran a casi toda su familia, Yeonshin pone al fin en práctica sus conocimientos adquiridos y arma una chanfaina del carajo entre los agresores. Yeonshin envía a su sobrina, Hye-ah, con su hermano superviviente (creemos que es su hermano, aunque tal vez sea su cuñado, nos da galbana buscarlo), a un lugar seguro para protegerlos de los asesinos, y Yeonshin acude a la Fortaleza Desolada, donde está radicada su familia materna, con la esperanza de que le ayuden a fortalecerse y le ofrezcan una solución a su precaria salud, por ejemplo instrucciones para obtener la «fruta del árbol del mundo», que ofrece eterna juventud a aquellos que la comen, y que podría ser la panacea para su enfermedad congénita.
(La Fortaleza Desolada es una especie de «fuerza de paz» al servicio del emperador, comisionada con la responsabilidad de impedir que los clanes de maestros marciales crezcan tanto en poder que se caguen en la autoridad de la familia imperial, o que armen una guerra civil para averiguar quién tiene la minga más larga).

Una vez aceptado como estudiante en la academia de artes marciales de la Fortaleza Desolada, Yeonshin aprende, perfecciona e inventa Artes Marciales nuevas, medra como la espuma en la estima de sus maestros y compañeros de clase, trepa rangos dentro de la academia como no se ha visto en la puta vida… y atrae enemigos, claro está, y cabronazos que quieren aprovecharse de su habilidad, ganárselo para su secta, extorsionarlo o corromperlo para que se una a ellos.

Y, francamente, si a estas alturas no te hemos vendido ya Cómo sobrevive un genio con una enfermedad terminal, no te lo venderemos nunca.

아카데미에서 살아남기/Akademieseo sal-anamgi/Sobreviviendo a la academia, de Green Kyrin, nos lleva más allá del género wǔxiá que ha casi monopolizado la presente entrada sobre cuadritos asiáticos. Aquí entramos en un universo de fantasía estilo Harry Potter con trasfondo de videojuego rolero, todo ello basado, como parece habitual en los webtoons asiáticos, en una novela surcoreana escrita por un tal Korita y publicada por Raon E&M (o por Naver, según otras fuentes).

Ed Rothtaylor es un estudiante en la prestigiosa academia de magia de Sylvania.

Su familia lo repudia.

La academia lo expulsa del colegio mayor por su pésimo comportamiento, dejándolo literalmente sin techo.
Y lo peor de todo es que Ed es un personaje de videojuego, El espadachín fallido de Sylvania, en el que se acaba de reencarnar el protagonista de esta historia, antaño jugador obsesivo de ese mismo videojuego.

Y apenas puede dar crédito al hecho de verse reencarnado en el cuerpo de un personaje ultrasecundario, con las estadísticas más bajas de todos los PNJs del videojuego.

Vamos a refrasear, por si se te ha escapado el detalle, oh precipitado lector.

Ed no se reencarna en el hijo piroludo y atractivo de una familia chaebol, ni en el villano genial y ultra poderoso, ni en el patriarca de un clan de cultivadores taoístas, ni en el «cazador» de categoría SSS, sino en un villano insignificante que es expulsado del videojuego en el mismísimo principio y no se le vuelve a mencionar en la historia hasta los créditos finales.

Ahora, Ed, el jugador reencarnado en el villano mierdecilla de su videojuego favorito, tiene que averiguar cómo coño va a sobrevivir sin el apoyo de su familia, sin un techo sobre su cabeza, sin dinero y sin amigos. La graduación en la academia de magia (ha sido expulsado de los dormitorios, no de la academia, y aún está cubierto por la matrícula del semestre) le granjeará un título prestigioso y la posibilidad de una vida sin estrecheces. Así que, para sobrevivir, Ed tiene que, de alguna manera, terminar sus estudios. O acabar malviviendo como un mendigo, en las calles. O morirse de hambre.

Cuenta con una ventaja, por supuesto: ha jugado el videojuego numerosas veces, conoce la trama, conoce las misiones, conoce a los personajes. Pero ¿es eso suficiente cuando no tiene dónde caerse muerto y ha perdido su pase de comedor? ¿De qué le sirve poder anticiparse a las subtramas de la historia del videojuego, si no podrá terminar sus estudios en la academia, a menos que consiga una beca?
Abandonado a sus propios medios, Ed se instala en el bosque que rodea la academia. Improvisa un endeble refugio (luego lo irá «upgradeando»). Aprende a cazar y forrajear. Fabrica sus propios muebles y cura su propia cecina. Y todo eso sin poder permitirse legar tarde o perderse una sola clase, y estando todavía obligado a estudiar y presentar sus deberes y trabajos académicos, así como sacar las mejores notas, si quiere soñar siquiera con poder aspirar a la beca que tanto necesita. Y además está el pequeño detalle de que Ed necesita SOBREVIVIR a los eventos catastróficos y final bosses que el videojuego irá desatando en el escenario de la academia de magia.

Todo ello mientras se mantiene en un segundo plano, intentando no destacar, esforzándose por interferir lo mínimo posible con la historia principal, de modo que sus decisiones no introduzcan alteraciones significativas en el transcurso de los episodios del videojuego. Ed es un secundario, quiere permanecer así y dejar a los personajes principales del videojuego, los verdaderos protagonistas (la princesa Phoenia Elias Kroel, Klebius el espadachín, Janica Faylover la espiritista, la maquiavélica y codiciosa Lortelle Keherun, el «espadachín fallido» del título del videojuego, Taylor McLore, la ultrapoderosa, dormilona y adorable brujita Lucy Maeril...), llevar todo el peso de la historia, como estaba previsto.

Pero ¿es eso siquiera posible? Desde el momento en que Ed se niega a cumplir con el destino prescrito por los desarrolladores del videojuego y centra todos sus esfuerzos en su propia supervivencia, con un futuro digno y libre como objetivo, es inevitable que el desarrollo de la historia comience a cambiar. Y, así, algunos episodios del videojuego comienzan a anticiparse o suceden de una forma ligeramente diferente a como estaba previsto. Personajes destinados a convertirse en final bosses a derrotar devienen, al contrario, en héroes. Ed se descubre batallando contra detalles, menudencias que los escritores de El espadachín fallido de Sylvania nunca establecieron pero que, en su propia, se vuelven decisivos, o incluso críticos. Su conocimiento anticipado de los eventos empezará a dejar de serle útil.

Ed tendrá que desarrollar sus estadísticas y habilidades de personaje videojueguero. Reunir aliados (porque, a pesar de su política de «no intervención», su notorio «cambio de personalidad», de heredero hijo de puta a estoico eremita, y la dignidad con la que se adapta a su condición de descastado acaban atrayendo a algunos de los personajes del juego, entre ellos a los más poderosos y a algunas de las mozas más macizas). Y superar sus limitaciones físicas y de poder de camino a la confrontación final, el final boss plus replus con el que se cierra la historia de El espadachín fallido de Sylvania.

La escritura de Sobreviviendo a la academia no tiene las capas sobre capas de complejidad de El yerno más fuerte de la historia y, en buena medida, y pese a algunos episodios realmente trágicos y/o épicos, goza de un tono más ligero (y eso que es casi una «comedia picante»), pero su trabajo sobre personajes y su lore no tienen nada que envidiarle a aquella. Cada protagonista de Sobreviviendo a la academia tiene su personalidad distintiva, sus motivaciones, no siempre nobles ni bien orientadas, su trasfondo biográfico (en buena medida responsable de su carácter), su arco de transformación, sus lealtades y rivalidades (a menudo, en conflicto con las de otro personaje), sus flaquezas y virtudes, su gloria y tragedia. Es realmente difícil encontrar este desarrollo de personajes en lo que no pasa de ser una historieta frívola y de mera evasión, y eso habla en favor de los escritores del manhua y del autor de la novela original en que se basa.

Y con ésta, y aunque cuatro es un mal número para los asiáticos, terminan nuestras recomendaciones de tebeos amalillos por esta entrada. Esperamos haberte descubierto algunas nuevas lecturas interesantes, oh ímprobo lector.

AFTERMATH:

Algún lector traumatizado por esta entrada del Paratroopers nos ha desafiado, en privado, a enumerar los muchos nombres del carallo.

Le hemos comunicado que eso es virtualmente imposible, pero aquí va un pequeño glosario: verga, pito, reata, polla, cola, picha, cimbel, pico, picho, pinga, bicho, poronga, pichula, tula, chimbo, pipí, trola, pija, paloma, minga, banano, garrote, vergajo, garcha, chota, goma, turca, machete, ripio, ñema, pájaro, cañón, gallo, cañazo, falo, corneta, casco aleman, callampa, micrófono, nutria, palo rico, peta del mal, chupete, plátano, guaripolo, mani, cigala, tarugo, chisito, guañaño, guanaco, pirulin, coyac, salchichica, nepe, cuchufli, nutria, pelao, matasapos, pate, coronta, lapiz, cápsula, penicillin, manguera, sable, cilindrín, zanahoria, vaginómetro, culebra, flauta, cacahuete, picota, llorón, guachalomo, fusil, cíclope, mocoso, fabrizio, fideo, pepino, puntilla, narigón, copi, regalón, flecha, caramelo, aparato y pitufo.

Espero que sea suficiente.