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miércoles, 31 de diciembre de 2025

Cuadritos asiáticos para despedir otro año de mierda

Las tradiciones sin significado no son más que el corte de mangas que nuestros antepasados nos hacen desde la tumba.

(Salvo cuando subimos la tradicional foto de la divina Sara Sampaio, o el tradicional GIF de Riley Reid induciéndonos a pecar de pensamiento, palabra y obra. Ésas son tradiciones BUENAS).

Aquí, en la bitácora, tenemos desde los orígenes al menos una tradición que aún tiene significado: acabar el año publicando, el 31 de diciembre, una entrada especial. Hasta 2019 fue un textito con pretensiones literarias. En 2020, año de mierda, año pandémico, una doble peineta de Homer Simpson. En 2021, una falsa entrevista. En 2022, una enmienda total a ese año de mierda. En 2023, una entrega especial de la sección «Todo lo que creías saber probablemente sea mentira» con historias atchonburísticas completamente verídicas. En 2024 nada, porque los cabrones de Vomistar nos dejaron tres meses sin Internet.

Pues este año no nos sale de los aguacates comernos mucho la cabecita con la entrada de Nochevieja, así que, tachán, tachán, bala de plata de cómics asiáticos y a tomar por culo.

Empecemos por una de zombis. No estamos muy por las historias de zombis en la bitácora, pero de todo tiene que haber en la viña del señor y, en el peor de los casos, 종말이 찾아왔다/Jongmal-i chaj-awassda/El fin ha llegado, de Jeon Seon-Wook, tiene un dibujo simplemente precioso en el que, además, los personajes coreanos PARECEN coreanos. Nada de enormes ojos brillantes, ni cabellos de colorines (hasta ahora), ni chorradas de shojo manga.

El fin ha llegado parte del típico escenario de crisis zombi estándar e involucra en ella a Jung Minjun, un mierdecilla de clase obrera con problemas de autoestima, y Han Yena, la clásica pijita engreída, hiperpopular y ávida de atención. La típica Instagram Attention Whore, pero en coreano, con la que, por algún motivo, Minjun acaba siempre compartiendo pupitre.
Turbomaciza está, afirmamos.

Minjun está enchochado de Yena, que ya hemos dicho que es tremendo pibardo, desde la primera vez que coincidieron en la misma clase. Pero sus escasas probabilidades de intercambiar saliva con ella, por no mencionar otros fluidos, cayeron por debajo de cero desde el día en que le dirigió la palabra y Yena no le manifestó más que abierto desprecio. Desde entonces, no ha dejado de llamarle «perdedor», decirle que «apesta a pobre», lamentarse en voz alta cuando acaban en la misma clase y prohibirle mirarla, si por accidente lo pilla contemplándola a distancia.

Sí, Han Yena es un encanto. Cada vez que abre la boquita, no sabes si darle un par de hostias o invitarla a un café. De ácido sulfúrico.

Si la vida de Minjun, una masa subcrítica de hormonas adolescentes a la que la proximidad física de Han Yena lleva al borde de una detonación de por lo menos tres Oppenheimers, no fuese ya lo bastante interesante, encima se ha convertido en el objetivo del matón del instituto, Park Seongbin, un bigardo altísimo y corpulento (musculitos de gimnasio, pendientes de chuloputas, tatuajes de malandro) que le da capa y media de hostias todos los días a nuestro héroe. Porque puede. Porque Minjun, un alfeñique acomplejado y sin carácter, se ha conformado ya con su papel de punching-ball y no se piensa siquiera en defenderse.

Los únicos amigos de Minjun son Bae Sunho y Oh Byeongjun. Tremendo par de frikardos asociales como él, no pueden ayudarlo especialmente a desarrollar un buen par de huevos. Son al menos tan pichafrías como Minjun, tan ineptos físicamente como él y están tan hechos mierda, psicológica y socialmente, como él. No pueden salvarle del cabrón de Seongbin ni abrirle el frío, duro y negro corazoncito de Yena.

Enamorado sin esperanza de Yena, puteado por Seongbin, maltratado físicamente por éste y psicológicamente por aquella, lo único que Minjun tiene en su vida es su ordenador y su colección de videojuegos, de entre los cuales destaca Rage Z, una especie de Call of Duty, si CoD arrancase directamente en el modo zombis. En Rage Z, Minjun es la hostia bendita. El boss (♪ Booooorn in de yu-es-ei ♫). El puto amo. Se sabe todos los mapas. Todas las vulnerabilidades de los mini-bosses. Las mejores tácticas para sacar partido a las misiones.

Pero luego el regreso a la realidad cotidiana se le hace aún más cuesta arriba. Minjun ha llegado a tal estado de tortura emocional que solo quiere que el instituto, el mundo o su vida se acaben de una vez. Odia ir a clase. Aborrece a sus compañeros. Detesta sentirse humillado, menospreciado, maltratado. En el primer capítulo del 
manhua, Minjun está decidido a dejar los estudios. No va a volver a esa escuela en la que lo hacen sentir miserable.

Después de la enésima paliza que recibe de Seongbin, Minjun piensa seriamente en acabar con el dolor automorisionándose. Busca un edificio alto desde el cual saltar a la calle. Medio aturdido, gravita hacia el complejo de apartamentos en el que vive Yena, que lo ve y no pierde la oportunidad de zaherirlo otra vez y, a la vista de sus heridas, le dice que alguien tan patético como él al menos debería tener los redaños de defenderse.

Olvidada por un momento la seducción de la autoacabasión (a fin y al cabo, por grosera que haya sido, Yena ha dicho la verdad), Minjun vuelve a casa y se refugia en los videojuegos, su único consuelo en este mundo. Lanza Rage Z y se une a una partida.

Avanzando en el juego, sus compañeros de juego on-line le dicen que tienen que irse, que ponga las noticias, que algo muy raro está pasando en Corea. Antes de poder hacerlo, el vecino de Minjun, un borrachuzo de mierda, llama a su puerta, 
sangrando como un miura y aparentemente más mamado que una picha que haya entrado en el mismo distrito postal de Riley Reid; e intenta darle un muerdo. Minjun se lo quita de encima con una patada y una potra que no te cuento, cierra la puerta e intenta llamar a la pañoca, pero la línea de la policía está bloqueada y el móvil de Minjun lleno de mensajes de alerta.

Hay gente, por las calles de Seúl, Busan, Incheon y otras ciudades, comportándose como zombis y atacando salvajemente a los no-infectados. Encima, se cae Internet, el servicio de telefonía móvil sólo funciona a ratos (y, cuando lo hace, a Minjun sólo lo contactan su madre y sus amigos Sunho y Byeongjun) y las autoridades del ramo, a través de los informativos de televisión (mientras dura la señal), imponen un confinamiento forzoso de emergencia a todos los civiles como primera medida para controlar lo que, inicialmente, se considera un ataque terrorista.

Alguien, no nos preguntes cómo (no porque no lo sepamos, sino porque si contestamos te jodemos la historia de Jongmal-i chaj-awassda), se las ha arreglado para recrear el escenario de Rage Z en el mundo real, en un momento en el que Minjun estaba solo en casa (en un edificio en el que, además del borrachuzo, algunos vecinos ya han sido infectados) y tenía provisiones para algo menos de dos semanas, suponiendo que no tenga que compartirlas con nadie.

Pero, por algún motivo, Minjun no tiene miedo.

Ya sea porque, justo en la víspera del estallido de la epidemia zombi, había renunciado a la vida y estaba dispuesto a tirar del cable; ya sea porque el escenario escalofriante en que se ha convertido su mundo le resulta familiar, cómodo, puesto que conoce sus reglas desde su experiencia como jugador; ya sea porque ha sobrevivido a los dos primeros ataques zombis, ya sea por el motivo que sea, Minjun no tiene miedo al apocalipsis, ni siquiera cuando el rescate se retrasa y Minjun comprende que tendrá que salir a la calle a buscar víveres si quiere esperar al socorro en su apartamento.

Pero quien llega a su apartamento no es un equipo de rescate. Es Han Yena, desesperada y perseguida por un grupo de malas bestias que quieren comérsela, y no en el buen sentido. Minjun, que no es un desalmado, da refugio a Yena, aunque ella no parece agradecérselo especialmente. La altiva e inalcanzable pijita sigue siendo muy princesita incluso en mitad del fin del mundo (echa a Minjun de su propio dormitorio, «¿pretendías dormir a mi lado?»), no ha perdido su actitud insoportable y, encima, con su llegada ha cortado por la mitad la duración de sus provisiones.
(Si quieres saber cómo conocía Yena la dirección de Minjun, te lees El fin ha llegado y dejas de joder la marrana).

No, por supuesto que nuestros aguerridos protagonistas no se quedan en el minúsculo semisótano de la familia Jung. Ésta es una historia de zombis y eso la convierte, de acuerdo al formulario actualmente en vigor en el género, en una road-movie. Minjun y Yena parten en busca de un refugio mejor, a ser posible defendido por soldados armados. Y acaban formando equipo con Kang Hakcheol, un compañero de instituto y emigrado del norte que es todo lo que Minjun no ha sido nunca (valiente, atlético, decidido y templado. No le tiene miedo ni se deja intimidar ni siquiera por el enorme Seongbin, y no duda en reprocharle las bravuconadas de matoncillo de patio de recreo cada vez que es testigo de una). En su odisea, los tres muchachos acaban encontrándose todos los tropos habituales de historia post-apocalíptica: los saqueadores violentos, las bandas organizadas que llenan el hueco dejado por las instituciones colapsadas, los buenos samaritanos que incluso en medio del caos más absoluto no renuncian a la empatía y a su humanidad, los mierdas secas que aprovechan la anarquía para cobrarse venganza por pasadas ofensas, los hijos de mala verga que ya eran cabrones plus antes de que todo se fuese a la puta y que bendicen la oportunidad de sacar a flote toda su mala raza (sí, estamos hablando de Seongbin)...

En su periplo por un mundo que se está desmoronando, Minjun, Yena y Hakcheol deben superar sus miedos, aprender a confiar y depender los unos de los otros, descubrir las tácticas óptimas de supervivencia en este escenario infestado de peligros (la experiencia de Minjun como jugador de Rage Z es valiosísima a tal fin) y afrontar los cambios que el apocalipsis empieza a obrar en sí mismos. «Huy», se da cuenta Yena «si de repente me parece que Minjun ya no apesta tanto a pobre. De hecho, empieza a olerme a joooodeeeeer qué mojada me estoy ponieeeeeendoooo».

¡Hala! ¡Ya está! ¡A leer Jongmal-i chaj-awassda/El fin ha llegado! ¡Deja de pelarte el pistón mirando vídeos de asiáticas marranas durante un par de horas!


당신의 가격을 알려드립니다/Dangsin-ui gagyeog-eul allyeodeulibnida/Déjame saber tu precio, de Kwak Dong-ju y Mubi, también empieza con una epidemia que desencadena una pesadilla distópica, aunque no la clase de epidemia que imaginas.

Un virus informático de origen desconocido instala en todos los teléfonos móviles del planeta una App que no se puede desactivar ni desinstalar y que asigna un valor monetario a las personas. Nuestra heroína protagonista, Go Gohui (explotada y puteada al máximo por la mala puta de su tiránica jefa), descubre, horrorizada, que su valor es de unos míseros 2 500 won (menos de lo que cuesta un café en Corea). Y cayendo.

Y lo más ignominioso de este fenómeno es que cualquier Juan Lanas puede consultar el valor de otra persona desde la App de su teléfono.

Según la información en pantalla de la propia App, es posible incrementar el valor monetario personal. El problema es que nadie parece tener muy claro cómo se hace eso, y los actos deliberados de «bondad» interesada, o sea la virtud fingida, sólo restan puntos más rápido al infractor. El «valor social» de Gohui no para de descender sin que ella sienta motivación suficiente para invertir la tendencia o sospeche cómo lograrlo.

Lo cual solo la deprime un poco más (Gohui es una chica sumisa, desmotivada, insegura y acomplejada)... hasta que las consecuencias de seguir perdiendo «valor» y alcanzar el cero se hacen escandalosamente públicas. Y entonces empieza una frenética carrera por la supervivencia.

¡PataCHOOOOOOF!

Déjame saber tu precio introduce un montón de temas interesantes y reflexiona sobre un fenómeno que, lo creas o no
, querido lector, no es tan fantasioso como imaginas. En China lleva funcionando este sistema de crédito social desde que, en 2009, se realizó una prueba regional de la versión «perfeccionada» de lo que había sido lanzado en la década de los ochenta como sistema de calificación crediticia. Denunciado por algunos críticos como una intrusiva herramienta de vigilancia global, este sistema, afirman sus defensores, sólo castiga muy superficialmente a los infractores reincidentes.

Pero, si piensas que puedes perder el derecho a subirte a un avión o tomar un tren rápido por haberte saltado unos cuantos semáforos en rojo o entrado en páginas de Internet que el gobierno chino prefiere que no visites, la noticia de que Europa está haciendo pruebas para implementar un mecanismo correctivo similar, debería empezar a arrugarte ambos cojones.

El misérrimo crédito social de Gohui no tarda en comenzar a hacerle la puñeta. Los organizadores de un concurso de cuentos de hadas al que se ha presentado valoran descalificarla, aunque técnicamente había resultado ganadora, no tanto por el temor a que haga ¡PATACHOF! durante la entrega de premios, sino por no asociar el certamen a una persona marcada como un paria social. Algunos locales y negocios comienzan a rechazar a los posibles clientes con crédito bajo e inminente amenaza de licuefacción. Caseros desalojan a sus inquilinos peor valorados por la App. Jefes despiden a sus empleados menos pudientes en Social Coins por el mismo motivo. La jodida App está cambiando el mundo entero, y no necesariamente para mejor.

Los factores que determinan el auténtico valor de una vida humana. La improvisación y tentaciones totalitarias de los gobiernos, superados por un «cisne negro» para el cual no hay manual de instrucciones (en un momento dado, los pobres diablos 
con puntuaciones de miseria como Gohui son internados por la fuerza en un campo de concentración y observados 24/7 por investigadores, vestidos de El juego del calamar, que intentan determinar cómo subir el crédito social). La división social basada en la percepción que otros tienen de nosotros. El efecto que nuestras decisiones tienen sobre otras personas y la posibilidad cotidiana de «reescribirnos» a nosotros mismos, abandonar comportamientos lesivos y adoptar hábitos constructivos que aumentarán nuestro «valor» para la única persona a quien debería realmente importarle (nosotros mismos), son otros temas explorados en Dangsin-ui gagyeog-eul allyeodeulibnida.

Mientras los ciudadanos que van llegando a cero puntos explotan como hámsteres en un microondas, los protagonistas (básicamente Gohui y la valiente reportera Kang Hanji) investigan el origen de la misteriosa App y su mecanismo de funcionamiento, y luchan por elevar o mantener su valoración social para no descender a cero y hacerse mierda espontáneamente.

Hala, esa información debería bastarte para decidir acerca de este interesante manhua. A menos que seas muy, pero que muy sieso.

광마회귀/Gwangmahoegwi/El regreso del demonio loco, basada en una webnovela de Yu Jin-Seong, ha sido vertida en cómic por dos señores de pintorescos nombres: JP e Ihy. Es nuestra aportación de la presente entrada al género del wǔxiá/xiānxiá (fina línea separatoria entre ambas, por lo que se refiere a este título).

El Demonio Loco al que alude el título de este manhua es Zaha Yi, un impulsivo, arrogante y tornadizo vagabundo (claramente inspirado en el joven Musashi) que aspira a convertirse en el Dios de las Artes Marciales.

Qué pena que se haya caído por un precipicio justo después de robar el Jade Celeste a la secta Demonio.

Qué raro que, en el momento de hacerse mierda contra el fondo del acantilado, Zaha se vea en una vastedad vacía y ante un anciano de refulgentes ropas blancas que le dice que la ha liado parda, pardísima, por tragarse la perla de Jade del Cielo, que no solo ha impedido que las almas de los guerreros antiguos, vinculadas a esa reliquia, ascendiesen al paraíso, sino que ahora el qi de Zaha se va a poner bravo, pero lo que se dice bravo.

Zaha se defiende. Lo único que quería era impedir que el líder del Clan del Demonio se hiciese más fuerte, porque el muy cabrón no le guarda el más mínimo respeto a la vida humana, y eso basta para que Zaha lo lleve debajo de un diente.

Zaha puede ser un venado del carallo con un apodo más que justificado, pero, a su manera arrebatada y aparentemente anárquica, tiene un profundo sentido del bien y del mal, y hace el mal necesario para proteger el bien.
Convencido de la moralidad de los actos de nuestro protagonista, el desconocido de ropas blancas hace un chuchu yuyu macumba abracadábrico y Zaha se despierta en el pasado, de nuevo con veintipocos años, cuando no era más que el chico de los recados de la posada de sus difuntos padres, pero con todo su conocimiento acerca del futuro y las técnicas marciales que aprendió a lo largo de su vida.

Pero, ¿es ésta una segunda oportunidad de hacer las cosas bien o una condena a repetir los mismos errores y terminar en un nuevo fracaso?

Bueno, pues te tendrás que leer El regreso del demonio loco para conocer la respuesta. ¿Y qué encontrará allí? A un protagonista caprichoso, imprevisible y osado que va consolidando una base de poder en la prefectura de Ilyang ESCOÑANDO a las sectas y bandas regionales, asimilando nuevas técnicas marciales y cultivando su qi para alcanzar su objetivo de convertirse en el Dios de las Artes Marciales.

Por el camino, verás a Zaha deshaciendo un malentendido con Chae Hyang, la cortesana más cara del burdel de La flor de ciruelo (eeeeeh no, no creo que el juego de palabras sea intencionado), malentendido que le costó a Zaha una paliza de los porteros del putiferio. Deshaciendo el malentendido y, por el mismo precio, lisiando a los porteros de la casa de putas que le dieron la paliza antes de su «momento returner». Y convirtiéndose en el dueño, de facto, de La flor de ciruelo y los otros dos burdeles del pueblo.

Le verás crear su propia secta, «la secta de lo más bajo», o los cimientos de una. Le verás conquistar al Místico Sindicato Negro y autoproclamarse su jefe (después de finiquitar a su predecesor). Y le verás administrarle a Hongshin, el Mono Rojo de los Doce Generales Celestiales (unos tíos ultraturbios, que usan máscaras y matan gente), un turbolaxante, diciéndole que es veneno, para que mate a uno de sus compañeros a cambio del «antídoto». Y ella lo hace. Cagándose viva encima. Literalmente.
Parece inteligente.

A pesar de su apodo, y de los cadáveres que va apilando en su aventura, Zaha no es un matarife sin alma. Ofrece a sus adversarios la oportunidad de proporcionar una razón por la cual no debería matarlos. Se apiada de los masillas de las bandas y los deja marcharse. Siempre que es posible, convierte a los enemigos en aliados y los recluta (mata a aquellos de los  Doce Generales que se mantienen fieles al Gran Rakshasa, pero respeta la vida de los que están hartos de su tiranía). Delega su autoridad en la persona más apropiada para ejercerla. Prohíbe los negocios más turbios y prácticas más humillantes y violentas en las organizaciones que conquista (es particularmente agresivo contra los traficantes de esclavos), y se preocupa por garantizar el bienestar y el progreso de sus miembros. Y no soporta a los abusones.

Zaha adopta más disfraces y emplea más argucias que Odiseo, pero, a veces, simplemente acogota a un cabronazo que lo ha mirado mal. Porque es «el Demonio Loco» a fin y al cabo, y tiene que hacer justicia a su apodo.

Y, si toda esa información no es suficiente para ayudarte a decidir si quieres leer o no El regreso del demonio loco, ninguna cantidad de información lo será.

자매전쟁/Jamaejeonjaeng/Guerra entre hermanas, de Maenggi Ki (el mismo de 커플브레이커/Keopeulbeuleikeo/Rompeparejas, que, honestamente, en la bitácora no nos chistó nada) nos ha tocado la patata, y esperamos que te la toque también a ti, sensible y considerado lector.

La rivalidad entre Haera Chu y Rion Won es bien conocida entre los alumnos del instituto artístico Daehan. Las dos son unas jovencitas rebosantes de talento, grandes dibujantes, pintoras y escultoras. Pero ahí se acaba todo parecido entre ellas.

Haera es una huérfana criada por su pobre abuela, que en su ancianidad se mata a trabajar para mantener a ambas y financiar los materiales de Arte que su nieta necesita (y si nunca has comprado materiales de Arte, ya te avisamos, oh, desinformado lector, que baratos no son). Si Haera ha conseguido entrar en Daehan ha sido solo gracias a una beca que no da para muchas alegrías. Encima, Haera es una chica introspectiva, callada y poco sociable. La típica niña vicente de cola de caballo y gafitas que hemos visto en tantos cómics.

Rion, por su parte, va a clase con una chaqueta y una cartera de Chanel, un broche de diamantes de Cartier y unas zapatillas de Dior. También tiene mucho talento para las Artes, pero no se puede obviar que juega con ventaja: su madre es la guapa, estilosa y celebérrima escultura multimillonaria Miran Won (descendiente de una larga dinastía de artistas famosos e, irónicamente, la inspiración de Haera). Desde que Rion era muy pequeña, Miran ha estimulado la creatividad de su hija y le ha proporcionado todo lo necesario para cultivar su talento. Rion, encima, es extrovertida, accesible, popular y de una belleza candente. La típica «social butterfly».

En los exámenes, certámenes y concursos, Rion siempre consigue el primer puesto y Haera el segundo. Suficiente para que hubiese mucha pelusilla entre ambas si, encima, la mala puta de Rion no fuese una pijita narcisista, ultra-privilegiada y malcriada que sólo se dirige a Haera para señalar, siempre de la manera más humillante posible, sus diferencias de clase (llega a tirarle dinero a la cara para que pague las facturas médicas de su abuela, gravemente enferma, y pretende presentarlo como un acto de bondad) o castigarla por atreverse a robar, aunque sólo sea por un instante, los focos que reclama de su exclusiva propiedad (choca con Haera en los pasillos del instituto después de que la chica de las gafitas y la coleta dé una respuesta particularmente inspirada a una pregunta de una profesora).

Rion encubre su desprecio hacia Haera, a la que ve como una rival, tras una máscara de impostada amabilidad.

No conforme con ser una Cayetana odiosa, pasivo-agresiva y engreída, Rion oculta un secreto realmente siniestro que sólo intuimos por insinuaciones. ¿Por qué se ha propuesto triturar emocionalmente a Haera? ¿Por qué intenta sabotear su carrera artística? ¿Por qué roba el fabuloso examen de dibujo de Rion, que iba a conseguirle una tutoría privada con su admirada Miran, lo tritura y lo tira por el váter?

Bueno, los que nos leímos los primeros capítulos de Guerra entre hermanas, si bien enamorados ya del argumento y de la protagonista, nos suponíamos haber dado con el típico josei manga ambientado en una escuela, la típica trama de superación a través de la diversidad, con un tufillo nada disimulado de guerra de clases.
Chinas con patorras. ¡Lo nunca visto!

Ahora imagínate la cara que se nos quedó cuando Miran Won vio la copia de la Pietà presentada por Haera 
a un concurso del cual la famosa escultora es jurado (y que no es la misma estatua que esculpió Miguel Ángel ni la que podemos visitar hoy en día en el Vaticano, sino la Pietà mancillada a martillazos en 1972 por el tarado de Laszlo Toth) e inmediatamente reconoció la mano de «su hija», pidió que le trajesen a la artista responsable de aquella escultura, reconoció a Haera nada más verla, encontró la marca de nacimiento en su mano y abrazó a la muchacha, emocionada.

Haera es LA AUTÉNTICA Rion Won, desaparecida a los siete años en una isla cerca de Jeju, donde fue recogida, amnésica y medio ahogada, por la que luego se convertiría en su abuela. La Rion Won que hemos conocido hasta este momento es UNA SUSTITUTA. Una impostora.

Y esto pasa en el capítulo octavo de más de cien publicados.
(La pijita insufrible de la Falsa Rion había tomado un jet privado para irse a Italia a tomar apuntes y fotografías directamente del original. Pero no vio la «auténtica Pietà». Por una vez, Haera la ha superado artísticamente).
Si con esto no te hemos abierto el apetito por Guerra entre hermanas, oh insaciable lector, ya no sabemos qué más decirte. Vuelve a tus Tik-Toks de malomos olientales con tantos filtros y asistencia por IA que parecen núbiles zorritas.

Y, comoquiera que en Asia el cuatro es un número yuyu, y aunque estamos escribiendo esto en la tarde del 31 de diciembre y aún nos queda corregir la entrada y subir las imágenes, no nos vamos a ir sin recomendarte por lo menos otro título. Y, como nos negamos a ser esclavos de la tradición, y a pesar de que te hemos acostumbrado, en las últimas entradas sobre cómics-sushi, a cerrar la lista con un buen six-pack femenino en 2D, nos vamos a saltar esa imposición y homenajear, en cambio, a los inicios de esta sección presentándote otra relación imposible entre un lúser freak y una burbujeante gyaru.

描くなるうえは/Kakunaru ue wa/En lo que se refiere al dibujo, de Kyū Takahata y Yūji Kaba es una divertida comedia romántica en la que Yūki Uehara, un estudiante de secundaria que aspira a convertirse en dibujante de manga de género romántico, acepta la descabellada proposición de su extrovertida compañera de clase Niina Miyamoto, también aspirante a mangaka de historias de amooooooorl. Los dos han sometido trabajos a un editor, los dos han recibido la misma cortés negativa, «caray, es que esto no es realista, no hay quien se lo crea, para una historia romántica, no hay el menor sentido de romance aquí».

Miyamoto, con la inocencia que sólo se tiene a ciertas edades, llega a la conclusión de que la falta de experiencia romántica sólo se adquiere acumulando esperiencias románticas. Y, dado que 
Uehara tiene el mismo problema y persigue el mismo objetivo que ella, ambos pueden beneficiarse mutuamente FINGIENDO QUE SON PAREJA y haciendo las cosas que suelen hacer las parejas.

Que sí, que sí. Que Miyamoto propone a 
Uehara ser su novio falso para que ambos puedan dibujar mejores manga románticos y maximizar sus probabilidades de conseguir editor.

Y si nos hemos reservado este título para el final de la presente entrada, es porque Niina nos transmite las mismas vibras positivas, la misma dulzura y entusiasmo que nuestra adorada Marin Kitagawa.

«Y tiene un par de mandingos que... Joooder, quéééééééé beeeerzaaaaas».

¡Eh! ¿Quién ha dicho eso? ¡La teta ni mentarla, que tiene tetales consecuencias! ¡Ni mentarla! ¡Ni mentaaaaaaarlaaaaa!

Por supuesto, tratándose de un seinen manga (por mucho que nos perturbe en Occidente la proliferación de cómics japoneses ORIENTADOS A ADULTOS y que presentan historias de amor ADOLESCENTE), hay numerosas escenas picantuelas, insinuaciones de carne femenina, momentos equívocos, erotismo más o menos disimulado y mucho, mucho humor. Por supuesto, el romance «fingido» entre Miyamoto y Uehara evoluciona lenta e inexorablemente hacia algo mucho menos fingido y definitivamente más...

«Disculpe, señor Sommer, me ha parecido que me llamaba usted. ¿Necesita algo?».

¡Ah! ¡AAAAAAAH! ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH! ¡VADE TETO, TETANÁS!

domingo, 30 de noviembre de 2025

Necesitas un poco más de cuadritos asiáticos en tu dieta (III)

Tatá tataáááááááá, ¡entrada de bala de plata!, así descansamos un poco de tanta crítica cinematográfica, que ya nos arde el hígado de ver toda la mierda amateur sobrepreciada que está llegando a nuestras pantallas, de diez años a esta parte.

Un disclaimer para atolondrados: los títulos de cómic asiático escogidos en esta entrada, como en cualquier otra, no responden a criterios artísticos, narrativos o crematísticos. Están en esta lista porque nos gustó el dibujo, o el guion, o ambas cosas, o ninguna, pero la historia nos hizo gracia, o no nos la hizo, pero la protagonista nos puso palotes, o porque el concepto nos pareció familiar, o novedoso, o, en última instancia, porque nos salió de nuestros reverendísimos cojones. Y punto en boca.


强则强,我的修为无上限/Qiáng zé qiáng wŏ de xiū wéi wú shàngxiàn/Más fuerte es más fuerte; mi cultivo no tiene límite superior; conocida en inglés bajo varios títulos, el más descriptivo Strength Through Adversity, My Cultivation Knows No Limits, de Huŏ lóng guŏ mànhuà (por el nombre, «cómics de la fruta del dragón de fuego», sospechamos un colectivo de artistas o una editorial de WebComics) no pasará a la historia por la originalidad de su argumento, su tono o su temática.

Pero, joder, qué divertido es, collóns.

Strength Through Adversity es un manga xiānxiá con bastante mala leche y humor atchonburístico (pequeño cursillo sobre las diferencias entre wǔxiá, xiānxiá y xuánhuàn y sobre qué coño es eso del «cultivo» taoísta, aquí). El protagonista, Ye Junlin, se duerme en clase de Matemáticas en su instituto random chino convencional y despierta, convertido en un viejo pellejo al borde de la muerte por senectud, en Kunlun, un mundo de fantasía ambientado en una China antigua idealizada donde, aparentemente, todo Dios «cultiva» para convertirse en un Inmortal.

Con meditación, ejercicios físicos y espirituales, y algunas píldoras alquímicas, Ye Junlin puede ascender por los diversos niveles de «Cultivo» (Refinado de Qi, Establecimiento de cimientos, Formación de núcleo, Alma naciente, Transformación de alma, Integración, Gran ascensión y Tribulación) hasta convertirse en un auténtico Inmortal, un semidiós taoísta eternamente joven y casi todopoderoso.

Sólo hay un pequeño problema.

Cuando Ye Junlin despierta, le queda menos de una hora de vida.

Ye Junlin se ha reencarnado, transmigrado o isekaído (frikoneologismo monger) en el cuerpo provecta del antiguo genio taoísta de la Secta Xuantian de la Región Oriental, que, emboscado por sus enemigos, perdió sus poderes y se convirtió en un mierdecilla hasta picar su cumpleaños 110.

Pero Ye Junlin ha leído tantos isekai manga como nosotros y sospecha la existencia de un «sistema» que le va a ayudar a sortear sus dificultades. Y, efectivamente, ese sistema existe, se activa (con cierta pachorra pero se activa cuando Ye Junlin, desesperado porque no ve pantallas de estado ni mensajes de sistema, empieza a blasfemar como un carretero que se hubiese pillado la minga con la jucremallera del pantalón) y le informa que ha activado la habilidad «fuerza a través de la adversidad», que, cuando se enfrente en combate a un enemigo más poderoso que él, le ascenderá directamente un nivel por encima de su adversario.

Eso es, si consigue enfrentarse a un enemigo más poderoso que él antes de palmarla en los próximos sesenta minutos.

Por suerte para Ye Junlin (armor plot al rescate; repasa nuestro cursillo sobre plot devices aquí, amado, que no mamado, lector), en ese preciso momento la secta Xuantian está siendo atacada por cultivadores demoníacos. Todo se reduce para Ye Junlin a arrastrar sus maltrechos huesos doloridos lo más cerca posible de la batalla, fichar al demonio cultivador que parece más poderoso y empezar a cagarse en su puta madre, el cornudo de su padre, la puta de su hermana y toda su pura raza bisiesta, de los vivos más recientes a los muertos más remotos.

Y funciona, o este manga habría terminado en el primer capítulo. El rey demonio que está atacando a la secta se china (no pun intended) muchísimo con los insultos de Ye Junlin, le dispara su ataque más poderoso y Ye Junlin asciende espontáneamente, en sus últimos segundos de vida, al nivel de cultivo Alma naciente-Etapa intermedia. En vez de palmar, rejuvenece en el acto (y los pollaviejas de la bitácora quizá prefieran obviar lo mucho que se parece el aggiornato protagonista a Dark Schneider, el brujo glotón, arrogante y putero de Bastard!!, de Kazushi Hagiwara), dejando pasmados a sus compañeros de secta, y, con sus nuevos poderes, ESKKKKKKKKKOÑA sin aparente esfuerzo a los demonios atacantes.

A partir de aquí, honestamente, el manga se limita a repetir una y otra vez el mismo argumento: Ye Junlin se enfrenta a enemigos cada vez más poderosos, el «sistema» le permite crecer oportunísticamente con cada combate desigual, de modo que nunca está realmente en peligro (fallo de escritura a la hora de crear suspense en el lector, por otra parte tropo habitual en este tipo de historias asiáticas con personajes overpowered), reúne aliados, se crea nuevos enemigos, ESKKKKKKKKKOÑA a un montón de gentuza, moja unas cuantas bragas y se rasca los cojones a contrapelo, tirado a la bartola (no precisamente la más dignificante imagen de un sabio taoísta), a la espera de que se active la siguiente misión del Sistema o llegue el nuevo retador que pueda «ascenderle» en combate al próximo nivel de Cultivo.

Pero joder, que risión y despliegues de pirotecnica. Que nos hemos echado unos jijis y unos juajuas leyendo este manga que nos han prolongado la vida como una de esas perlas taoístas. ¡Que el primer «discípulo» (reticente) que Ye Junlin recluta es Hong Qianye, un antiguo maestro inmortal, líder de la Secta del Fuego Demoníaco (perdió sus poderes por necesidades del guion), un joven tan esbelto y bello, con facciones tan delicadas y femeninas, que todo kiski lo toma por una chica!, algo que, lejos de halagarlo, le mosquea muchísimo.
No juzguéis y no seréis juzgados.

De hecho, Ye Junlin recluta a Hong Qianye después de que éste se libre de un viejo verde asqueroso que estaba a punto de encularlo por las bravas (en cuanto el sicalíptico fósil cebolleta descubrió que no había estado acosando a una mujer, se dijo «en tiempo de guerra, todo agujero es trinchera» e intentó empitonar a Qianye de todas formas), y lo rescata de otro viejo cabrón que se quería aprovechar del agotamiento de Hong Qianye tras la persecución y el combate para sacarle por las bravas sus mermados poderes.
Si es que va provocando, joder.

Muy lejos de estar agradecido por el rescate, el orgulloso y envidioso Qianye siente un profundo desprecio por Ye Junlin («en mis buenos tiempos, este payaso ni siquiera habría sido admitido en el círculo externo de la Secta del Fuego»), que tampoco se esfuerza especialmente por hacerse querer, para qué engañarnos, y obliga a su «discípulo» a trabajos serviles (hacerle la comida, lavarle los pies, limpiar, darle masajes...). Y, con cada escalada de poder que Ye Junlin le ayuda a alcanzar, ya sea mediante píldoras, infusiones, técnicas secretas (el «Sutra de las Tres Mil Llamas» es la primera cosa que le enseña) o entrenando ese «universo de bolsillo» de tiempo acelerado que consigue como recompensa de una de sus misiones (que es como lo de la nave de Songoku pero en místico), Qianye recupera sus malas costumbres de antiguo Inmortal de la Secta del Fuego Demoníaco e intenta vengarse de su «maestro», ignorando que, por poderoso que se vuelva, el Sistema siempre le pondrá un paso por detrás de él.

No todos los discípulos de Ye Junlin son tan cabronías. Cuando se abre el reino secreto de Luotian, una especie de «mazmorra» oculta, llena de tesoros, que sólo se abre cada pocos miles de años, Junlin recluta a Bai Xiaoxi, «Ratoncita», un adorable ser mágico tragón, cobardica y servicial que ha adquirido poderes taoístas por zamparse el fruto maduro del Gran Árbol Inmortal de Luotian. Claro, para ella ésa no era más que una fruta corriente. Para los caciques de las tribus de Luotian, la fruta era su esperanza de alcanzar la inmortalidad taoísta. Así que ahora quieren comerse a Xiaoxi, que se comió la fruta, con la esperanza de adquirir así el máximo estado de Cultivo. Junlin salva a Ratoncita y ella, en agradecimiento, le acepta como maestro.
Xiaoxi se quedó a medio Sailor Moon.

A Li Wujie, «El demonio de la espada», lo recluta cuando intenta asesinar a Xue Tianyi, del Clan Xue, un cultivador pichabrava y sádico que había secuestrado, violado y asesinado a la hermana de Wujie. Ye Junlin le consigue su venganza (con refinado sadismo), le ayuda a ascender en su cultivo, y Wujie, agradecido, se convierte en discípulo de Junlin

A lo largo de Strength Through Adversity..., que se sigue publicando, nos encontramos con la temática habitual en este tipo de historia: escaladas de poder, combates de artes marciales turbo-mágico-ferolíticas, conspiraciones, una amenaza en la sombra, nuevos aliados, nuevos enemigos, un grupo de impostores que intenta manchar la reputación de Junlin y sus compañeros, y carretadas de humor whatdefuckístico, como cuando Qianye le roba a Xiaoxi la «comida para mascotas» que le ha dado Junlin, y que ha hecho ascender de golpe varios niveles a la ratoncita, se la come a puñados con la esperanza de superar a su maestro (y por fin vengarse de él) y, además de no ascender como pretendía, empieza a tirarse unos pedacos de cuarenta kilotones que lo lanzan al espacio como bomba de palenque.

En serio, te lo vas a pasar teta (¡mierda! ¡Se me ha escapado! ¡No, no estoy llamando a nadie! ¡A la bicha ni mentarla! ¡NI MENTARLAAAAA!) leyendo Qiáng zé qiáng wŏ de xiū wéi wú shàngxiàn.

穿越成倒霉NPC: 我有老婆罩着/Chuānyuè chéng dǎoméi NPC: Wǒ yǒu lǎopó zhàozhe/Transmigrado en un PNJ desafortunado: Tengo una esposa que me protege, de Yingzhi Yao, es otro divertido xiānxiá en el que un estudiante es trasladado por alguna fuerza mágica al videojuego La leyenda de la espada inmortal, que completó años atrás, y se encarna, hay que tener mala suerte, en uno de los Personajes No Jugables más repelentes del videojuego: He Qingyang, que desafía a Ning Yiwan, la protagonista femenina, y es derrotado por ella. Tanto Qingyang como Yiwan son alumnos de la Secta del Reino del Cielo, donde aprenden artes marciales y todas esas mierdas. En la historia original, Qingyang está, no tan en secreto como le gustaría, enamorado de Yiwan, que no sólo rechaza sus avances, sino que lo asesinará más adelante, cuando descubra que, bajo su apariencia humana, Qinyang es un «perro demonio» del Clan del Demonio (Yiwan es una obsesa cazadora de demonios que ríase usted de Bufi Esnachavampiros).

Pero nuestro desafortunado protagonista no puede aprovechar sus conocimientos sobre la trama para ganar ventaja. Porque, cuando jugaba, el muy cojonazos se saltaba todas las cutscenes y todos los diálogos de los PNJs (algo que nunca hay que hacer, chicos). Sólo recuerda superficialmente la trama. Sabe que debe evitar a Liao Xin, una pérfida Venus que finge interés en él pero en realidad está totalmente subyugada al antagonista masculino, Qin Shen. Si Qingyang no mantiene a distancia a la vampiresa, le chupará la esencia vital hasta dejarlo seco. Y no, no estamos hablando de lo que crees que estamos hablando. Marrano. Bueno, sí. También. En la trama original del videojuego, Liao Xin le transfiere a Qin Shen el Qi demoníaco robado a He Qingyang, haciendo al malo de La leyenda de la espada inmortal saltarse de golpe dos niveles de cultivo taoísta y convirtiéndose en una puñeta bien gorda para la protagonista Ning Yiwan.

Ahora que está atrapado en el universo y la historia del videojuego, He Qingyang debe encontrar la manera de sobrevivir a toda costa a su fatal desenlace predestinado. Evitar la cínica seducción falsa de Liao Xin y sus pedazo de berzas como bombonas de butano ¡QUE NO ESTOY LLAMANDO A NADIE! Huir del Reino del Cielo (protegido por una barrera mágica para impedir que se escapen los estudiantes). Elevar su nivel de cultivo taoísta, si tal cosa es posible, cumpliendo misiones fuera del Templo, para que, en el caso de que su confrontación final con Ning Yiwan tenga lugar, maximizar sus probabilidades de supervivencia. Lidiar con las consecuencias de las irresponsables decisiones de su personaje y ocultar que, encima de un intruso que recuerda muy poco de su propia vida y no para de meter la pata, es, en realidad, un perro demonio del Clan del ídem.

Bien, primer paso: completar cuatro misiones para conseguir un pase libre que le permita bajar la montaña. Segundo paso: procurar que la gente que conocía al antiguo Qingyang no note demasiado que un completo intruso ha tomado posesión de su cuerpo. Tercer paso: conseguir que Ning Yiwan, la obsesiva cazadora de demonios, no lo asesine... algo especialmente complicado desde el momento en que Qingyang revierte a su forma de perro demonio cada vez que se pone el sol... Yyyyyy hooooostiaaaa qué mala suerte. Si es Ning Yiwan... «Eh uuh. ¿Que me toma por un "animal espiritual" sin amo, o sea lo que sería un firulais normal en este mundo de cultivadores taoístas? ¿Que le gusto? ¡Pero si ella odia a He Qingyang! Además, ¿por qué recoños es tan dulce y cariñosa si hace unos minutos, cuando estaba sobre dos patas, me trató como la mierda? Tengo que irme cagando lech... jooooodeeeeer pero qué bien huelen estas teturcias duras como balas de cañón. No no no no no no no, tengo que irme tengo que alejarme de esta tentación ¡pero que no me suelta, la condenada! ¡AAAAAAH! ¡QUE ME METE EN LA CAMA CON ELLA, LA MUY ZOÓFILA! Aaaaaay jooooodeeeeer aaaaaay esto va acabar en desaaaaaaastreeeeee».

Chuānyuè chéng dǎoméi NPC: Wǒ yǒu lǎopó zhàozhe está lleno de humor, situaciones picantuelas para casi todos los públicos, exorcismos, peleas de artes marciales, señoras estupendas con unas bufas prietas y respingonas que imaginamos abrillantadas por una ligera capa de aromática transpiración, magia, cacerías de demonios, visitas sorpresas de la familia, investigaciones paranormales, conspiraciones maliiiiignas y una historia de amor no-tan-inesperada entre He Qingyang y Ning Yiwan que probablemente no habría existido si Qingyang no hubiese puesto cuanto estaba en su mano, y un poco más, por huir de Liao Xin y pasar como de la mierda de Ning Yiwan. Y es que, perla de sabiduría pollavieja para ti, snowflake millennial, nada hace medrar tanto el interés de una mujer hermosa como el patente desinterés de un hombre. Menos es más en las tramas románticas, en la vida real y en el manga.
«¡A calentar pollas a un gallinero! ¡Furcia!»

Y con esta pequeña píldora de información ya deberías tener suficientes elementos de juicio para decidir por ti mismo, oh lector agorrinado con las asiáticas jamonas de getalinosas grupas, si te conviene o no la lectura de Chuānyuè chéng dǎoméi NPC... etcétera.
Lo hemos vuelto a hacer, ¿verdad? Esto es como lo de invocar a Bitelchús. Un descuido más y sale Echo Yue de la pantalla y nos saca un ojo con uno de sus pitones.


괴력 난신/Goelyeog nansin/Un monstruo de fuerza extraordinaria, conocido por los lectores angloparlantes como Myst, Might, Mayhem, dibujado por Kim Taehyun, es un manwha del mismo estudio de Solo Leveling (y, como aquel, está basado en un eBook escrito por un tal Han Joong Wueol Ya), y adolece de un tono un poco más grave y oscuro que los ejemplos presentados hasta ahora en la entrada de la bitácora que estás leyendo.

Myst, Might, Mayhem forma parte del mismo universo que las webnovels 절대 검감/Jeoldae geomgam/Observación absoluta (de la cual Myst, Might, Mayhem es secuela directa), 나노 마신/Nano masine/Nano máquinas y 마신 강림/Masin ganglim/El descenso del demonio, sus secuelas.

De nuevo, constante en el presente post del Paratroopers, estamos ante un wǔxiá/xiānxiá (la frontera entre géneros, en el caso de Myst, Might, Mayhem, es borrosa con clara inclinación hacia el 
xiānxiá), coreano esta vez, con un protagonista no por indigesto menos interesante. Jeong, el «primer demonio celestial», regresa un día a casa y encuentra a su abuelo horriblemente asesinado. Aunque era la única familia que tenía, Jeong no siente tristeza, ni soledad, no llora ni elabora el duelo por su abuelo masacrado. Porque Jeong es un psicópata incapaz de sentir empatía. Y su abuelo lo sabía, y educó a Jeong en la necesidad de suprimiese su lado inhumano, su «oscuro pasajero». Pero, privado de su único freno moral, ¿quién va a detener a Jeong?

Nadie. El protagonista de este manhwa se embarca en una cruzada homicida, rastrea al asesino de su abuelo, mata a todos los que sospecha que tuvieron un papel en su asesinato (y resulta ser un chorrón de gente), y a todo el que se le pone por el camino o intenta detenerlo (y ganándose el apodo de «el demonio asesino de la hoz»), y es finalmente derrotado sin apenas esfuerzo por el homicida, un maestro de artes marciales contra el que se descubre impotente. Su energía maníaca y falta de escrúpulos no son rivales para el asesino. ¿Tendría Jeong alguna oportunidad si aprendiese él mismo artes marciales?

Jeong reflexiona sobre todo esto, en la cárcel en la que espera la ejecución de su sentencia de muerte, cuando un desconocido aturde a los guardias con el humo de una mezcla de hierbas narcóticas y se dirige a su celda. Y no viene solo. Le acompaña un muchacho muy bien vestido, de la misma edad de Jeong y que podría pasar por su hermano gemelo. Es Gyeongwoon Mok, el tercer hijo de la familia Mok, un poderoso clan guerrero de la región (el guarda que le precede, Kam, es su escolta). Gyeongwoon necesita un sosias que pueda hacerse pasar por él en su propia casa, y tienta a Jeong con las comodidades, las viandas y placeres que le esperan en la mansión Mok. Jeong ve su oportunidad de escapar, finge avenirse a las condiciones de sus rescatadores, toma el veneno que le dan, con el cual pretenden controlarle (reteniendo el antídoto para mantener dócil a Jeong) y, de camino a la salida de la prisión, KRUKKKKK, desnuca a Gyeongwoon, mira al escolta, y, regodeándose de placer sádico, proclama «ahora el impostor está muerto».

Jeong puede ser un psicópata homicida que se pone turbocachondo cuando mata gente. Pero gilipollas no es. Sabía perfectamente que Gyeongwoon pretendía utilizarlo como señuelo sacrificable. Eliminado el verdadero Gyeongwoon, ahora el escolta Kam tiene que asegurarse de que Jeong viva mientras encuentra la manera de salir del océano de mierda en el que acaba de sumergirse hasta la nacha.

Su marioneta le ha salido respondona, pero el plan original no es un completo desastre. Todavía. Kam lleva a Jeong a la mansión Mok, lo introduce discretamente en las habitaciones del hijo muerto, lo viste con sus ropas y le exige que se mantenga lejos de la vista de la familia, o Kam dejará de proporcionarle el neutralizador del veneno, que Jeong necesita ingerir cada veinticuatro horas para mantenerse con vida. Jeong oye los argumentos de su secuestrador y promete ser bueno.

Naturalmente, miente. Jeong es de largo mucho más listo, maquiavélico y despiadado que el centinela y no tiene la más mínima intención de morir hasta encontrar de nuevo al asesino de su abuelo y matarlo bien muerto.

Pero, antes de lograr su objetivo, Jeong tiene que librarse del veneno que aún lleva dentro, ganar libertad de movimientos por la mansión Mok, hacerse más fuerte y aprender artes marciales por lo menos al mismo nivel que el asesino de su abuelo. Y todo ello bajo la vigilancia de Kam, que no es pelotudo y sabe perfectamente que Jeong no tiene la más mínima intención de respetar el arresto domiciliario y ya está planeando una estrategia para librarse de su supervisión y de la del guarda Goh Chan, que también está al tanto de la conjura.

De hecho, Jeong deduce muy pronto que Kam sólo lo mantiene aislado mientras asegura un pacto, con alguna otra facción dentro de la familia, que le permita librarse sin escándalo ni publicidad del falso Gyeongwoon Mok. Así que Jeong empieza a moverse. ¡Menuda cara la del guarda Goh Chan cuando descubre que Jeong ha aprendido a golpear sus puntos de presión después de ver al escolta Kam hacerlo sólo una vez! ¡O cuando descubre que Jeong YA SE HA LIBRADO DEL EFECTO DEL VENENO Y LLEVA DÍAS PUTEANDO A SUS CARCELEROS! ¡O CUANDO JEONG LO ENVENENA A ÉL Y LE SONSACA INFORMACIÓN A CAMBIO DEL ANTÍDOTO!

Lo que Jeong descubre: Indan Mok, el cabeza de familia del clan Mok, está postrado desde hace semanas, agonizante a causa de una misteriosa enfermedad que ningún médico es capaz de explicar o curar. Y, mira que hace falta ser poco previsor, copóns, no ha designado sucesor dinástico antes de ponerse pachucho. Así que en cualquier momento, antes o después de que Indan se vaya a comer kimchi con San Pedro, podría estallar una guerra civil entre sus cuatro hijos. El plan del difunto Gyeongwoon Mok pasaba por emplear un doble que absorbiese los intentos de asesinato de sus hermanos. Pero tuvo la mala idea de escoger a Jeong, que es más listo de lo que lo era él, y ahora ha introducido en el mismo seno de la familia Mok a una serpiente venenosa. Y no pretendíamos hacer un chiste.

La primera tarea de Jeong en la mansión Mok (para garantizar su propia supervivencia y asegurar su posición en la familia) es desmantelar la intriga palaciega de la Primera Esposa
, la dama Seok (que no parece tener demasiada prisa por encontrar una cura para su marido porque ya está conspirando para asegurar, por la vía del homicidio múltiple, la sucesión de su amariconado hijo). Devolver la salud a Indan, desenmascarar al falso chamán llamado por la dama Seok, y que está en la conspiración, el muy hijo de puta, para hacerse con el sello personal del enfermo y el manual secreto de artes marciales de la familia (y el chamán le hace la del mono a Jeong, y Jeong se lo toma muy a pecho y le da matarile por subnormal, y luego somete a la enfermedad de Indan, que es en realidad un espíritu diabólico, y lo pone a su servicio a fuerza de puro mal rollito psicópata).

Y todo esto sucede sólo en los primeros capítulos del manhwa. Resuelto este primer obstáculo, podremos contemplar el progreso de Jeong, el asesino múltiple full-psicópata, en la casa Mok, donde va a aprender un montón de técnicas secretas que le ayudarán a matar MEJOR, matar a MÁS GENTE, matar a PERSONAS MÁS PODEROSAS y matarlas MÁS RÁPIDO. Y como la hibristofilia es la hibristofilia, y aquí somos muy fans de Hannibal Lecter y Dexter Morgan, los lectores de la bitácora devoramos capítulo tras capítulo de Myst, Might, Mayhem, vemos a Jeong acumular poderes, habilidades marciales y aliados, y hacerse más fuerte y despiadado, y nos impacientamos esperando el día en que pueda al fin enfrentarse de nuevo al asesino de su abuelo y esmocharlo bien esmochado.

Después de la masacre, vamos con algo más ligerito y palatable.
¡No! ¡Eso no! ¡Pedófilo de mierda!

異種族追放コンカフェ/I shuzoku tsuihō konkafe/ConCafé de exilio interespecies, de Sasaki Masahito, es una divertida comedia protagonizada por Yoshio Yoshida, un oficinista random muy fan de los Concept Cafés.
¿Que qué es un Concept Café, me preguntas, clavando en mi pupila tu pupila azul? Es una de esas cosas raras japonesas que el anime ha puesto de moda en Occidente. Como las chicas con orejitas de ratón cantando mouso mouso. En un Concept Café puedes ser atendido por guapas mocitas vestidas con uniforme de doncella francesa, que te dan la bienvenida llamándote «amo» y actúan con un impostado candor (pero como se te ocurra tocarles un pelo, sale un bigardo con tatuajes y manos como jamones y te rompe todos los huesos del cuerpo). O tomarte un matcha mientras acaricias a un amoroso gato. O una capibara. O ser atendido por lolitas góticas. O por chicas sudorosas en ropa de ejercicio y con abdominales duros como PARA, SOMMER, QUE TE PIERDES. O por chicas con uniforme de conejita de Playboy. O por guapas mozas (vas viendo el común denominador, ¿verdad, oh, despierto lector?) que te sirven un Gin-tonic mientras te insultan, degradan y humillan.

Un día, a Yoshio le dan las señas de un ConCafé del cual no había oído hablar antes. Un local ubicado en un lóbrego callejón difícil de localizar. Llevado de la curiosidad, le hace una visita para descubrir que es el único cliente y que las camareras, lejos de desvivirse por atenderle, parecen realmente fastidiadas por su llegada.

Y claro que es el único cliente. Porque ese ConCafé está regentado por arrogantes y displicentes hembras de especies mágicas, Lucila la diablesa, Razlight la enana y Catrea la elfa, que han sido exiliadas al reino de los humanos y abierto un ConCafé como medio de pasar más o menos desapercibidas y ganarse el pan.

Pero su ConCafé es un desastre al borde de la bancarrota. Ni un puñetero cliente. Y, si por accidente entra uno, como Yoshio, los ingredientes del mercado negro mágico, con los que se preparan las tapas, tratan de comérselo.

Así que Yoshio, conmovido por los problemas financieros de las tres chicas (y un poco acojonado por sus modales condescendientes), decide echarles una mano a partir de su conocimiento, nivel cliente, de los ConCafés. Las conmina a abandonar su actitud desdeñosa y poner el corazón en su trabajo. Las saca del callejón para que exploren el mundo humano y visiten otros Concept Cafés (¿cómo van a llevar un negocio si no tienen ni idea de lo que hacen y cómo van a servir bien al público si no saben nada de la humanidad porque viven enclaustradas?). Les sugiere ideas para atraer clientes. Negocia un trato mejor con su principal proveedora (una mujer-gato a la que lleva a un Cat Café y soborna con golosinas para gatos). Y las rescata de un malentendido tras otro en los que su alteridad, su naturaleza de criaturas sobrenaturales y su actitud altiva y prepotente, las mete hasta el corvejón cuando interactúan con simples mortales.

I shuzoku tsuihō konkafe es divertida. Está bien dibujada. Es entretenida a rabiar, llena de jocosos equívocos, y te ayudará a lavarte el cobre del paladar, empalagado de la sangre de todo el asesinamiento masivo de Myst, Might, Mayhem.
¡Ole ole! O ara ara!

Y terminamos, que ya casi tenemos entrada para potato de emergencia, con はじめてのセフレ/Hajimete no sefure/Mi primer amigo sexual, de Yurikawa, aunque de momento sólo han liberado dos capítulos, porque chica atlética. Porque abdominales. Porque historia de amor vaginal no exenta de ternura.

Sano Kiyotaka y Aihara Tanaki no tenían planeado enamorarse. Se conocieron a través de una App tipo Tinder, de esas de «encuentra gente para follar sin complicaciones». Y se encontraron. Y follaron. Y les gustó. Y repitieron. Y están empezando a enamorarse, aunque aún no se han dado cuenta, porque son físicamente compatibles, porque Kiyotaka es un pinchahigos bestial, capaz de llenar de condones usados una papelera, en cada encuentro con Aihara, pero también tiene un corazoncito romántico y tierno y una personalidad afable y bonachona, y porque Aihara es valiente, dura, portera de un bar de conejitas capaz de sacar a patadas a borrachos agresivos, pero también una mujer insegura, dulce, sensible y TIENE UN SIX-PACK DE ME-CAGO-EN-LA-HOSTIA-PERO-QUÉ-CACHONDO-QUE-ESTOY-JODER.

A la espera de que liberen más capítulos, sólo podemos recomendarte esta dulce y divertida comedia adulta con tetas y abdominales femeninos, un jefe-yakuza que come galletitas con forma de animales y le da dinero a sus chicas para comprarse ciruelas cuando les baja el tomate (al parecer, a las japonesas eso les alivia los dolores menstruales), unas camareras-conejita intrigadísimas por la extraña relación que une a Kiotaka y Aihara y unos alelados protagonistas que no quieren que se les note demasiado las ganas que tienen de volver a verse.

Verse y chingar como gorrinos.

Algo que probablemente deberías estar haciendo tú, flojo lector, en vez de desperdiciar tus mejores años en esta roñosa bitácora, ahora que ha quedado meridianamente claro que nunca acabarás tu libro de mierda.

Ahí está la puerta. Payaso.