Bueno, después de sacarnos de encima los dos megaestrenos del verano, el Supermán de James Gunn y Los 4 fantásticos: Primeros pasos (análisis uno y análisis dos), toca relajarse un poco con un post ligerito, de esos de bala de plata.
(Supermán ha roto el techo de los seiscientos millones, por poco pero lo ha roto, y seguramente se quede ahí, que ya la han estrenado en plataformas de streaming, y Los 4 fantásticos: primeros pasos, está sudando sangre para alcanzar los 500 millones).Correcto, amado lector. Se viene una entrada de manga/manhua/manhwa con sus respectivos GIFs de asiáticas mollares.
Ya tenías ganas, ¿eh, frikillo?
Empecemos suavecito. Como manteca de cacao untada en los carnosos morritos de Jessica Alba.
악녀라서 편하고 좋은데요?/Agnyeolaseo pyeonhago joh-eundeyo?/Ser una villana es cómodo y agradable, ¿verdad? (Isn't Being A Wicked Woman Much Better?, en algunas traducciones inglesas) de Yoteh y Min Do-Hyang sobre una novela de Mango Kim y Yoteh, es un shojo manga, o como cojones se llame a ese género en coreano (nos ha dado galbana mirarlo), de esos que da gusto leerte aunque ya tengas canas en los pendejos de la pelotera.
La protagonista de Isn't Being A Wicked Woman Much Better? es Do-hee Yoon, una joven universitaria socialmente inepta, crédula y pusilánime, a la que ningunean, explotan y chulean sus compañeros de estudios, su presunto «novio» y hasta su propia familia. Justo después de descubrir que el cabrón de su novio le ha sableado dinero, con el cuento del pariente muerto, para unas zapatillas de marca (¿la sosa de Do-hee no ha notado que al muy cerdo se le moría un tío todas las semanas?), ¡plam!, Do-hee muere atropellada por un motorista (por una vez no fue un camión) mientras le decía a su madre por teléfono que la cena para el haragán cojonazos de su hermano se la prepare ella con el chocho, o algo quizá menos fuerte.
Do-hee muere después de tener su primer arrebato de autorrespeto y, ¡chan!, mecánica de isekai al rescate, se reencarna, por así decirlo, en el cuerpo de lady Débora, la hija del poderoso duque Seymour, la misma Débora Seymour que no es otra, hay que joderse, que la bellísima MALA PÉCORA de Devorar una espina negra; la novela barata de «harén inverso» que estaba leyendo cuando palmó. Y queremos decir la clase de villana que te pone muy cachondo odiar, como la Angela Channing de Falcon Crest o la Diana de V.
¿Qué pasa? En algo se nos tenía que notar la edad. Y sí. Está RRRRRRRRREBUENA, ¿eh? |
En la novela, el papel de antagonista de lady Débora es el de hacer sufrir a la protagonista, Mia Binoche. Además, como buena mala puta de novela romántica, lady Débora tiraniza a sus criadas, aterroriza a sus pretendientes, desprecia a sus hermanos, desespera con sus pataletas y antojos de niña pija a lord Seymour, que sigue sangrando por la muerte de su esposa, fallecida durante el parto de Enric, el hijo más joven; y, por si eso no fuese lo bastante grave, es LA ÚNICA, en una familia de magos, incapaz de hacer magia, lo que incrementa su complejo de inferioridad y dispara sus arrebatos de ira, que incrementan su aislamiento y aquilatan su ya pésima leyenda.
(¿Lector, qué cojones estás masc...? ¡Ah! «Harén inverso» es un turbio subgénero literario en el que el personaje principal es femenino y acaba reuniendo un gineceo de amantes masculinos).
(De nada, amado lector).
Do-hee despierta en el cuerpo de lady Débora en mitad de la huelga de hambre que ella ha declarado tras negarse su padre a comprarle una carísima joya de la que se había encaprichado. Y su padre le da un ultimátum: o se acaba aquella chorrada o se acaba aquella chorrada. Do-hee se desespera. ¿Cómo puede tener tan mala suerte de morirse siendo un cero a la izquierda y reencarnarse en la mala de la novela? ¿Qué ha hecho para merecer tanto sufrimiento?
Aunque... pensándolo mejor... lady Débora está cien mil veces más KRRRRRRUJIENTE de lo que Do-hee estaba en su anterior vida. Y su familia es mil millones de veces más MILLONARIA. Y lady Débora tiene un guardarropa y un joyero que no se acaban nunca, y sirvientas que la visten, la peinan, le sirven la mesa, le cortan la carne, le preparan el baño y probablemente también le enjabonan y perfuman el trikitraca. Y que le tienen PAVOR, debido a las explosiones de cólera que han hecho famosa a lady Débora antes de que Do-hee se reencarnase en su cuerpo. Así que los criados y proveedores de la familia Seymour están pendientes de su más pequeño gesto para apresurarse a complacerla sin dilación, e malinterpretan los silencios de Do-hee, sobrepasada por el lujo y comodidades de los que se ve repentinamente rodeada, confusa todavía tras la llegada a este nuevo mundo, cuyas reglas en buena medida ignora (los recuerdos de sus lecturas, y los de lady Débora, van emergiendo en su mente poco a poco); interpretan sus silencios como la tormenta que acumula fuerza antes de soltar sus truenos y rayos (¡joder la escena en la que Do-hee se aguanta un estornudo y la modista que le ha llevado unos vestidos se MEDIO CAGA encima!). Así que SE ACOJONAN TODAVÍA MÁS y se esfuerzan el doble en apaciguar a la iracunda y volcánica lady Débora antes de que la sangre llegue al río (y esconden todos los objetos punzantes y arrojadizos que puedan caerle en las manos).
Tal vez ser la mala tampoco sea una putada tan grande, ¿no? En el mundo de Devorar una espina negra, Do-hee, alias lady Débora, ya no tiene por qué ser ninguneada, ni dejada de lado. No tiene por qué consentir que se aprovechen de ella nunca más. Nadie tendría LAS PELOTAS de intentarlo siquiera. Si las explosiones atómicas de ira que han hecho famosa a Débora no fuesen suficientes para amedrentar a cualquier mierdecilla, la reputación de su familia, guardianes de la Torre Mágica por delegación directa del Emperador, lo hará.
Do-hee se ha reencarnado con una cucharilla de oro en la boca.
O no.
Su padre la odia (o sea, odia a Débora Seymour). Sus hermanos la desprecian. Sus pares aristócratas la temen y rechazan y, por si eso no fuese suficiente, está condenada, por la trama de la novela, a acabar enterrada en vida en un siniestro monasterio como castigo a su temperamento y sus numerosos crímenes, especialmente las mil fechorías cometidas sobre la heroína Mia Binoche, heroína del libro y presunta reencarnación de la santa Naila, que le valen a Débora una condena por blasfemia.
(Y no la ahorcan por un «por ser Vos quien sois»).
De modo que Do-hee/Débora traza un plan para evitar el horrible final del personaje que, por un capricho del destino, ahora encarna. En primer lugar, dejar en paz a la puñetera protagonista femenina. A la «santa» (entre comillas porque hay tomate en este tema, oh curioso lector), ni tocarla. Ni hablarle, ¡coño, ya! Do-hee va a aprovechar que ha aterrizado en la novela justo antes del primer encuentro entre lady Seymour y Mia Binoche y pondrá todo su esfuerzo en que ese encuentro no se produzca o que sea lo más inocuo posible.
(Toda esta trama inicial gira en torno al puñetero diamante rosa que desencadenó la ira de la Débora Seymour original, y que es el punto de ruptura de un triángulo amoroso que implica a Débora, Mia y sir Pilaf Montes, no, en serio; pero no vamos a darte más detalles. Si quieres conocer los pormenores, te lees Isn't Being A Wicked Woman Much Better? y aquí tan amigos).
Las reglas parecen claras: No maltrates a la protagonista y no te enchumines del puto diamante rosa y podrá vivir en la crápula, feliz y despreocupada, el resto de tu nueva vida.
Naturalmente no es así. Sin conflicto no hay historia. E Isn't Being A Wicked Woman... tiene bastante historia.
El duque Seymour empieza a sospechar que algo raro pasa con su hija. ¿Semanas castigada sin salir y no ha armado ningún escándalo ni gastado un céntimo? Huy huy huy huy huy. El hermano pequeño de la familia Seymour empieza a salir del cascarón y descubre que su fría, distante y cruel «hermana» se preocupa realmente por él. Encima, Débora está a punto de cumplir diecinueve años y eso significa que, por ley, debe casarse. Por ley y por cojones. De lo contrario, le esperan el destierro y, probablemente, el convento. Así que ahora Do-hee, que no quiere casarse (heroína feminista habemus) necesita hacer una fortuna personal, al margen de la de su familia, para «comprar» su independencia por el procedimiento de comprar un título nobiliario propio.
Do-hee utiliza su buen corazón, que unas pocas semanas de lujo asiático no han corrompido, sus experiencias en su mundo de origen y su conocimiento anticipado de algunos eventos clave de la historia en la que está inserta, conocimiento fruto de su lectura del libro, para SOBREVIVIR en este mundo de fantasía que es su nueva realidad y evitar el destino terrible del personaje al que ahora personifica. Entrega a «su padre» las cartas secretas que «su madre» había enterrado en un cofrecillo en la rosaleda de la mansión familiar. Con un pequeño préstamo, un testaferro y la ayuda de un informante del mercado negro (cuya existencia conoce a través del libro), crea una cuenta bancaria «opaca» y una empresa fantasma e inicia un negocio. Literalmente «inventa» Starbucks (obviamente, bajo otro nombre comercial) y aplica modernas estrategias de mercadotecnia, desconocidas en su mundo adoptivo, para disparar las ventas de café, bebidas y dulces de su cafetería. Descubre, en sus clases en la Universidad, que aunque no puede hacer magia, puede entender las fórmulas mágicas a un nivel que apapufa a sus profesores... porque resulta que esas «fórmulas mágicas» no son más que matemáticas, de las que en su anterior vida Do-hee dominaba. Y debe DESARMAR varias conspiraciones en su contra para humillarla en público o sacar brillo, a su costa, a la reputación de Mia Binoche, la presunta reencarnación de la santa Naila (en serio, aquí hay un tomate que te cagas) y protagonista de la novela.
Y todo eso mientras intenta que no se le note que ella, en realidad, no es realmente Débora Seymour, lo cual implica una cotidiana lucha contra su verdadera personalidad.
Las buenas intenciones de Do-hee a menudo son frustradas, al menos parcialmente, por el terrible pasado de Débora. Debido al horrendo temperamento de lady Seymour, todo el mundo espera de Do-hee lo peor y está más que dispuesto a condenarla por cualquier equívoco sin esperar a oír su defensa o recopilar pruebas. Y si con esto no has decidido aún si te interesa o no leer Isn't Being A Wicked Woman Much Better?, no sabemos qué coño más decirte. Nosotros como que bailamos con cada nuevo capítulo publicado.
Vamos con algo un poco más fuerte:
놀이감/Nol-igam/Literalmente «Juguete» (traducido en algunas versiones inglesas como «Plaything» o «A sense of amusement»), de Q-Boy es una historia retorcida y fascinante. Como lector, no quieres seguir leyendo esta fábula de venganza extrema de un padre enloquecido por el dolor, pero al mismo tiempo no puedes dejar de hacerlo.
Hye-na Lee, la hija de Myung-jun Lee, el vicepresidente del Grupo Hyundo, un poderoso chaebol, se automorisiona, incapaz de seguir soportando los brutales abusos de un grupo de matones de su instituto que la han tomado con ella. Obsesionado con las exigentes responsabilidades de su cargo corporativo y con una investigación a la que Hyundo estaba siendo sometido por aquel entonces, a Myung-jun se le había pasado por alto el deterioro físico y emocional de su hija hasta que fue demasiado tarde.
Cuando los detalles de los malos tratos se hacen públicos, la prensa publica el horror de la sociedad coreana. Sin embargo, Myung-jun comparece ante los medios anunciando que perdona a los abusadores de su hija y pidiendo clemencia para ellos a las autoridades judiciales que llevan el caso. Declaración que aviva las llamas de la cólera de la opinión pública.
Es un truco, por supuesto.
Myung-jun Lee no quiere que a los maltratadores de su hija, responsables en última instancia de su muerte, se los juzgue en un procedimiento normal, que en Corea es extraordinariamente benévolo con los delincuentes juveniles. Quiere ejercer sobre ellos la venganza más cruel, sañuda y expeditiva humanamente posible. Quiere convertir sus últimos días en este mundo en un infierno en la tierra. Hacer que bendigan la muerte como una liberación del dolor. Multiplicar por mil cada minuto de tortura que infligieron a su hija y hacérselo tragar, uno por uno.
El arma secreta de Myung-jun es Karma (el nombre no es accidental) Yoon, una psicópata adolescente, desertora de Corea del Norte, donde fue entrenada y sometida a atroces experimentos médicos (a manos de su propio padre) para convertirla en la máquina de matar perfecta. Sin remordimientos. Sin capacidad para sentir dolor. Karma, rescatada de un centro de detención juvenil (donde armó la de Dios es Cristo), será matriculada en los diferentes institutos a los que asisten los maltratadores de la hija fallecida de Myung-jun, separados tras el suicidio de Hye-na, y ejercerá sobre ellos una serie de torturas tanto físicas como mentales hasta llevarlos a la muerte, cuanto más horrible e ignominiosa, mejor.
Karma Yoon es como la Hina Hongō de Isshō Senkin, a la que te presentamos aquí. Pero con el pelo corto y moreno. Y más chunga.
I can fix her. |
El espectáculo de la degradación, tormento y asesinato de adolescentes, los alardes de imaginación perversa de Karma, deberían hacer extraordinariamente indigesta la lectura de Nol-igam.
Pero, de alguna manera, no es así.
Como una larga temporada de Dexter, Nol-igam nos desafía a contemplar los horrendos crímenes de Karma y nos inspira una satisfacción culpable, pues, a fin y al cabo, toda esa violencia maquiavélica y sadiana está dirigida hacia auténtica escoria. Psicópatas tan peligrosos como la propia Karma, responsable de fechorías no menos horribles que las de ella, y que se han crecido y vuelto aún más despiadados al eludir las consecuencias derivadas del suicidio de Hye-na Lee.
Además, hay algo perturbadoramente atractivo en Karma Yoon. No sé si es ese corte de pelo, esos ojos de loca (que se ponen de color rojo cuando Karma entra en modo extra-loca), esa sonrisa de felino a punto de merendarse a un misionero bien cebado, ese cuerpaso serrano de crossfit goddess adolescente o su naturaleza primordial de ángel de la venganza divina; incorruptible, imparable, inflexible, o la ya bien documentada hibristofilia, pero la puñetera desertora del Norte exuda siniestro atractivo por todos sus desquiciados poros.
Cuando sus dos primeros objetivos, Eun-jin Song y Ye-jin Moon, asisten a la presentación de «la nueva» alumna, la marcan como a una nueva víctima a la que martirizar.
Poco imaginan que ellas serán los juguetes de Karma, no al revés. Que Karma les hará la vida imposible. Que las golpeará y humillará. Que las volverá a las unas contra las otras. Que las hará conocer el terror. Que señalará como objetivos a sus familiares y amigos. Y que acabarán rotas, física, reputacional y emocionalmente, como parte de la lujuria de venganza del vicepresidente Myung-jun Lee, que ha desarrollado una estrategia personalizada para destruir a todos los maltratadores de su hija, y a cualquiera que se interponga en el camino de su desquite.
Pero no te creas que Nol-igam es sólo una historia plana de justicia expeditiva y sádica. Además de rebuscadas escenas de tormento (lo de las algas deshidratadas es de un refinamiento bestial casi divino en su maldad), asistimos al desarrollo de los personajes. Karma Yoon resulta no ser un robot asesino sin sentimientos, sino que, a través de sus interacciones sociales en el transcurso de su misión, es capaz de conectar emocionalmente con otras personas, apiadarse de ellas (particularmente si también son alumnos maltratados) y hacerles extensiva su protección.
Myung-jun Lee, por su parte, enloquecido de dolor y remordimientos por no haber visto las señales del martirio de su hija a tiempo de salvarle la vida, el vicepresidente del Grupo Hyundo se hunde en un abismo de cólera violenta. Los rasgos de personalidad psicopática que son tan condenadamente comunes entre los altos directivos corporativos, crecen en la oscuridad del alma de Myung-jun Lee. Y así es como Karma se va volviendo más humana al mismo tiempo que Myung-jun se va volviendo más inhumano. Paradójicamente, esa metamorfosis aumenta el aprecio que Karma siente hacia él.
Y esa misma metamorfosis desespera al jefe Baek, secretario de Myung-jun Lee, que suda sangre para intentar preservar al menos una partícula del alma de su jefe, engolosinado con la sangre de los torturadores de su hija.
Es uno de esos manga que lees con placer culpable. Ves a Karma ponerse TURBOKKKKKACHONDA con los gritos de dolor y los pucheros y súplicas de sus víctimas. El estómago te dice que esto es espantoso. La cabeza te dice que no merecen menos. O al revés. No me acuerdo. Que es que esos ojos de LOCATIS SUPREMA me traen a mal traer. Pero también llegan a darte pena los matones de instituto que caen en manos de Karma. Sólo un poco, pero pena, a fin y al cabo. Te apiadas de la pijita engreída de Ye-jin, completamente alienada por su tiránico padre, y comprendes que sólo ha desahogado en Hye-na Lee el estrés al que es sometida en su propia familia. Pero te recuerdas a ti mismo que llevó a una chica dulce e inocente a la muerte. Y entonces la ves reventar al fin, después de interminables episodios de tormento. Y te sientes mal sintiéndote bien con ese desenlace. O bien sintiéndote mal, no sé, ¡JODER, PUTOS OJOS DE LOCA, ME DEJAN EL SELEBRO HECHO PAPASH!
En su búsqueda de satisfacción, Myung-jun recluta a otras víctimas de los abusadores de su hija. Y les ofrece un pedazo del pastel de la venganza (una cirujana, madre de Ji-yul, otra víctima de los asesinos de Hye-na Lee, tiene oportunidad de cortarle a Jin-woo, el hermano de Eun-jin Song, el único cojón útil que Karma le ha dejado después de que su hermana lo dirigiese, imprudentemente, contra la psicópata norcoreana adolescente. Se lo extirpa SIN ANESTESIA, se nos ha olvidado especificar).
Y con estos materiales ya deberías tener recursos suficientes para decidir si quieres o no leer Nol-igam/A sense of amusement, oh, sensible lector.
Y, hablando de chicas raritas:
Taya, la nueva novia de Haru Ikeda, un oficinista atosigado de trabajo, sin esperanza y harto de la vida, es un poco extraña.
Taya le hace de comer a su churri, pero nunca se come lo que ella misma prepara.
Taya prefiere comer grillos. Lombrices vivas. Escarabajos.
No parece necesitar dormir. Salvo cuando llega el invierno, y con él el frío.
Tiene un olfato sobrehumano.
Dientes puntiagudos.
Tres pares de ojos.
Cuatro brazos.
Y ama a Haru.
Y Haru ama a Taya.
Taya es un yokai (monstruo o espíritu sobrenatural japonés). Puede hacerse pasar por una mujer morena, de piel bronceada y ojos negros e inexpresivos, como muertos, pero en realidad es alguna clase de criatura fantástica, más araña que mujer, que rescató a un hastiado Haru cuando intentó suicidarse tirándose de un puente. Él le regaló su chaqueta y ella se presentó al día siguiente en su apartamento llevándola puesta. Y desde entonces hacen vida de pareja.
My girlfriend is not human, de Neitheyagi, es una extraña y, de alguna perversa manera, hermosa historia de amor con elementos de humor negro, como cuando Haru, después de echar un polvo con su extraña novia, lee en un artículo que las arañas viuda negra matan y devoran a sus machos después de copular y, digamos, que se preocupa un poco. Taya, de alguna manera, le lee el pensamiento, y lo tranquiliza: «No eres una araña. Estás a salvo. Pero sigue leyendo ese artículo y lo haré (matarlo y devorarlo, quiere decir)».
Taya y Haru afrontan todos los desafíos cotidianos de una pareja corriente, los celos, el mutuo descubrimiento del otro, la hostilidad de los suegros, las pequeñas cosas en las que deben transigir durante la convivencia, la decisión de tener o no hijos... y, además, lidian con ese pequeño detalle de que Taya no sea lo que podríamos llamar una mujer propiamente dicha. Pero, mujer o no, Taya ama a Haru y está dispuesta a todo por protegerle. Tanto es así que maldice a una compañera de trabajo de su novio que lo acusa falsamente de abusar de ella (cagadita de miedo, la compañera se retracta ante Recursos Humanos al día siguiente).
Y, eventualmente, el mundo del que procede Taya, el mundo de los monstruos de leyenda, y el mundo de Haru, colisiona y My girlfriend is not human se convierte en una historia de suspense, con sal y pimienta de terror sobrenatural, que desde el Paratroopers te recomendamos con entusiasmo, oh fino lector siempre ávido de novedades.
Y dado que hemos entrado en la zona de cosas raras, ¿qué tal un poco de Dao of the bizarre immortal?
Dao of the bizarre immortal, autor anónimo, es uno de esos manga atchonburike! que de vez en cuando nos llueven encima. Basado en esta novela, escrita por, suponemos que un pseudónimo, Húwĕi Debĭ (literalmente «pluma de cola de zorro»), novela que al parecer ha tenido bastante éxito en China, Dao of the bizarre... nos presenta a un protagonista fragmentado. Li Huowang vive en un mundo de fantasía, esclavizado por «el maestro», un «cultivador» desdentado, deforme y medio loco que lo explota a él, y a otros pobres miserables, para confeccionar elixires y píldoras que lo ayuden a alcanzar un nuevo nivel de poder. Tal vez la ansiada inmortalidad.
Ese mundo es una pesadilla. Li Huowang y los otros penitentes muelen ingredientes y hacen cocciones mientras viven en penumbra, en unas cuevas oscuras, húmedas e infectas, cubiertos de mugre y sudor, duermen sobre yacijas de paja, se alimentan de porquería, se martirizan unos a otros (en el primer capítulo del manhua, Li Huowang impide que violen a una compañera de penitencia) y, eventualmente, pueden acabar en el fondo del ominoso caldero del Maestro, incorporados como macabros ingredientes a una de sus preparaciones.
Li Huowang debe emplear sus mermadas fuerzas, su voluntad quebrantada y su inteligencia embrutecida por los trabajos serviles y el terror casi constante a sobrevivir en este mundo de pesadilla.
Pero...
Li Huowang también es el adolescente Xiao Li, paciente de una institución mental en un mundo indistinguible del nuestro. Ha sido internado porque sufre unas alucinaciones terribles y extraordinariamente perturbadoras sobre un mundo de pesadilla en el que se llama Li Huowang y trabaja para un siniestro cultivador que no duda en usar sacrificios humanos para elaborar sus pociones y grageas. Hasta sus padres se han rendido con él y sólo recibe visitas de una amiga de la infancia, la dulce Yang Na. Su médico le dice, durante las visitas, que cada vez que sufra otro episodio alucinatorio, se comporte con arreglo a la lógica de la alucinación.
Y nuestro protagonista no sabe cuál de los dos mundos en los que vive es el real.
El mundo de pesadilla se infiltra en el mundo del hospital psiquiátrico (Li consigue llevarse al hospital psiquiátrico un colgante de jade, una tobillera de oro y unas píldoras taoístas del mundo de fantasía que aumentan su esperanza de vida y le conceden fuerza sobrehumana por unos minutos; se toma una de ellas y somete sin esfuerzo a otro paciente, que intentaba violar a Yang Na), y nuestro protagonista lucha por descubrir el vaso comunicante que los conecta, o decidir cuál de sus dos vidas es una alucinación y cuál es la realidad. ¿Es el ayudante de un cultivador que sueña que es un enfermo mental de un hospital psiquiátrico o un enajenado que sueña que es el ayudante de un cultivador homicida? ¿Tal vez ninguna de las dos cosas?
Li debe dividir, o multiplicar, sus energías en la tarea de descubrir la verdad acerca de sus delirios, comprender el pasaje que conecta ambos mundos y SOBREVIVIR en el despiadado, oscuro y desesperanzado mundo en el que ayuda a un desquiciado y contrahecho cultivador a alcanzar la inmortalidad.
Y se le añaden nuevos problemas después de derrotar al cultivador loco y dirigir a los supervivientes de la secta Xishan Donghua hacia la libertad.
Intermedio
Para que todos estemos en la misma página, un poco de terminología.
En la literatura china de fantasía hay fundamentalmente tres subgéneros mayores: wǔxiá (武俠), xiānxiá (仙侠) y xuánhuàn (玄幻). No queremos convertir esta nota marginal en una entrada en sí misma, así que intentaremos ser breves en nuestra categorización.
Wuxia (permítenos ahorrarnos los diacríticos, oh dulce et decorum lector con rostro de efebo y sabor a Riley Reid) significa «héroes marciales» y abarca todas esas obras ficticias en las que humanos normales obtienen literalmente superpoderes a través de la práctica de las artes marciales. No hay ni magia ni mitología implicadas en este género. La ambientación de todas estas historias suele ser la antigua China en cualquiera de sus períodos históricos, aunque no reflejen necesariamente historias reales. Ejemplos cinematográficos de wuxia serían Tigre y dragón de Ang Lee o Hero y La casa de las dagas voladoras, ambas de Zhang Yimou; las tres con la bellísima Zhang Ziyi en papeles protagónicos.
Los protagonistas de las historias wuxia son humanos normales que han adquirido habilidades sobrehumanas a través de las artes marciales.
Xianxia, o «héroes inmortales» introduce lo sobrenatural en historias que pueden, o no, tener elementos de artes marciales. Magia, demonios, fantasmas, dioses, y otras criaturas fantásticas del folclore chino y las doctrinas taoísta y budista, se pasean por este subgénero como los nazis por Bélgica o Riley Reid por nuestros almizclados sueños más pegajosos. Los protagonistas de estas historias cultivan el qi, la energía interna, para adquirir superpoderes y, con un poquito de esfuerzo y suerte, la inmortalidad (algo así como el emperador Qin y sus chupitos de mercurio, que le follaron el cerebro y lo dejaron tó loco de la cabesa).
Es a esta categoría a la que pertenecen las historias de «cultivo» propiamente dichas. Una derivada relativamente reciente del subgénero que se ha hecho muy popular en los eBooks y webcómics chinos. Los «cultivadores» que buscan la inmortalidad en estas historias no se conforman con meditar y abstenerse de follar (correrse malgasta el valioso qi, así que supongo que nunca alcanzaremos la inmortalidad, querido lector; y tú tampoco), sino que recurren a elixires, píldoras alquímicas, piedras mágicas, hechizos, núcleos de energía de monstruos y demonios y toda suerte de marranadas ficticias. Películas de este género serían, por poner unos pocos ejemplos, Zu, los guerreros de la montaña mágica, de Tsui Hark, The Yinyang Master, de Li Weiran, o Zheng tu («Mundo Doble»), de Teddy Chan.
Sobre los diversos niveles o grados de «cultivo» que los personajes pueden alcanzar en este género fantástico, del más bajo al superior, los poderes y habilidades que adquieren en su camino hacia la inmortalidad, y los subgéneros del Xianxia de cultivo (como el Danmei, historias de fantasía, magia y artes marciales con elevado peso de tramas románticas homosexuales), cabría publicar una entrada dedicada. Y no procede aquí hacer tal cosa, que nos olemos que el presente post ya da para potato o para balrog.
Xuanhuan, para poner fin a este interludio, término acuñado por el pionero autor Huang Yi, significa «fantasía misteriosa», y es un cajón de sastre en el que cabe un poco de todo: los temas y tropos característicos del Xianxia y el Wuxia con elementos y aportes extranjeros, fundamentalmente occidentales. En una obra Xuanhuan puedes encontrar taoístas luchando contra orcos o inmortales aliándose con elfos Tolkien-style.
Hasta aquí el intermedio
(De nada).
Y, como, fieles a nuestra costumbre, nos hemos enrollado como persianas, acabamos rapidito con mozas musculadas y fuertes; que es como más nos gusta acabar y, además, sabemos que te gusta tanto como a nosotros, marranete estenolágnico. Y si son musculadas y fuertes y asiáticas, te gusta plus.
estenolagnia
Del gr. στενός stenós 'estrecho' y μάχλος lagnos 'lascivo', 'libidinoso'.
f. excitación sexual causada por la exhibición de fuerza o de la musculatura humana. Término acuñado por el psicólogo alemán Magnus Hirschfeld.
¡Aaaaaaaaah quiero reencarnarme en una gota de sudor de esa espaaaaaldaaaaa! |
담배피지 마세요!/Dambaepiji maseyo!/¡No fumes!, es una divertida comedia romántica con elementos picaruelos (vamos, que se ven tetas. Y pililas. Y potorros. Vamos, que es un poquito hentai, pero aquí todos somos adultos, ¿no?). El protagonista, Gang-chan, suma, a las cotidianas tribulaciones de un oficinista random, un problema añadido: a pesar de sus veintisiete años de edad, nunca llegó a desarrollarse del todo, está a un par de palmos del enanismo y, encima, con su carita de niño, parece un alumno de EGB. Los empleados de los Convinis y los camareros de los bares se niegan a servirle alcohol (las multas en Corea por vender alcohol a menores son de ruina). En los centros comerciales, las dependientas lo guían a la sección infantil de las boutiques. Sus compañeros de trabajo se pitorrean de él. Las chicas que le gustan se chotean en su puta cara por haberse creído que estaban dispuestas a salir con un hobbit. En los McDonald´s le sirven Happy Meals. No ha sido capaz de practicar con un mínimo de dignidad ningún deporte digno de ese nombre.
Encima, cuando llega a casa, su refugio, su castillo, con la intención de relajarse con unos videojuegos, una película o unos manhwa de su biblioteca, tiene que lidiar con la peste a faso que esparce por el edificio su vecina de al lado, una huraña y malhumorada fumadora empedernida a la que nunca ha visto la cara.
Gang-chan no puede dormir con la peste a caliqueño. No puede descansar. No puede relajarse.
Cuando finalmente alcanza el momento «¡crack!» y acude a aporrear la puerta de su vecina para reprocharle su incivismo, no tiene ni idea de lo que está poniendo en marcha.
Porque su vecina es Se-young Na, «la osa grizzly de Mapo-gu». Una BESTIA altísima, hipermusculada, una brutal delincuente juvenil que, en su etapa escolar, ANIQUILÓ con las manos desnudas a todos los otros malandros de su vecindario. «Probablemente no podrías derrotarla ni atacándola con un bate de béisbol», «necesitarías un camión grande para cargar a toda la gente a la que ha enviado al hospital», le dice a Gang-chan un compañero de oficina que coincidió con ella en el instituto.
Y, encima, Se-young sale a recibir a Gang-chan toda sudada (estaba haciendo dominadas cuando sonó el timbre) y MEDIO EN BOLAS. Y se chotea de él. Y lo ridiculiza por su estatura y aspecto aniñado.
Estamos asustachondos. |
Y ahí es cuando a nuestro héroe, baldado por años de desprecios, bromas e insultos, le crecen un par de cojones y le planta cara a aquella colosal amazona comehombres.
Y, aunque luego la puta toalla se cae, y la exhibición de las colosales, y nos apostamos que durísimas, ubres de Se-young se comen los restos del momentáneo valor viril de Gang-chan, la moza ha quedado tan impresionada con esa subida de testiculina que su corazón empieza a hacer «doki doki», o como coño suenen los corazones en coreano, y ya tenemos la comedia romántica en marcha.
Tiarronas musculadas, personajes descastados, tetas, cuadritos asiáticos y romance. Si necesitas algo más para darle una oportunidad a Dambaepiji maseyo!, estás leyendo la bitácora equivocada.
Y llegamos al final de la presente entrada, por extensión de la misma, no por falta de recomendaciones lectoras.
Felices konichiwás, amado lector.
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