♫ Look, if you had one shot or one opportunity
To seize everything you ever wanted in one moment
Would you capture it or just let it slip?
Yo ♪
James Graham Ballard es un autor aquejado del mismo mal que afectaba a la pobre Doris Lessing: sus correligionarios, apóstoles y filisteos ocultaban muy deliberadamente sus títulos de ciencia-ficción. Como si fuesen pecadillos de juventud. Excentricidades vergonzosas. Parafilias humillantes. Para los engolados culturetas gafapastas que cantan las alabanzas de El imperio del sol, Crash, La muestra de atrocidades o La isla de cemento; los títulos del autor británico que innegablemente caen en el casillero de la ciencia-ficción, como El viento de ninguna parte, Noches de cocaína, El mundo sumergido o La sequía, o bien «no son en realidad ciencia-ficción» (aquí, con unos cojonazos como La Berenguela, los mismos cagapoquitos sustituyen el muy noble título de «escritor de ciencia-ficción» por el etéreo «escritor visionario») o, simplemente, no existen.
Sí, gilipollas (que van a salir más de una vez en esta entrada) los hay en todas partes.
También la pobre Doris Lessing sufrió, durante su larga y fructífera carrera, del mismo desprecio intelectualoide hacia su obra de ciencia-ficción. Un montón de petulantes gusanos de biblioteca no podían perdonar a Doris Lessing, una de las pocas personas que ganó, en vida, TODOS los grandes premios literarios de Europa, que escribiese, entre otras cosas, Shikasta, Los matrimonios entre las zonas tres, cuatro y cinco o Los experimentos sirios (aunque para nosotros, y que nos perdone la Whiskypedia, en esta categoría entran también La grieta e Instrucciones para un descenso al infierno).
Este resquemor, esta inquina mejor o peor disimulada contra la regordeta feminista nacida en Kermanshá (Irán) estalló con varios kilotones de mala sangre cuando Lessing fue galardonada con el Nóbel de Literatura en 2007. El insufrible Harold Bloom, con todo su engreído papo y autoatribuida superioridad intelectual, tuvo el cuajo de hacer escarnio de toda la bibilografía de la autora: «Although Ms. Lessing at the beginning of her writing career had a few admirable qualities, I find her work for the past 15 years quite unreadable… fourth-rate science fiction». El crítico literario Marcel Reich-Ranicki tildó el fallo de la academia de «una decisión decepcionante» y hasta a Umberto Eco, después de felicitar a la autora, le faltó tiempo para denunciar olor a cuerno quemado ante la evidencia de que, rompiendo una norma no escrita del Nóbel de literatura, lo hubiesen ganado en tan breve plazo autores angloparlantes (el anterior a Lessing fue el turco Orhan Pamuk, pero el galardonado de 2005 fue Harold Pinter).
Para sorpresa de ninguno de los habituales de la bitácora, esta entrada no va sobre J.G. Ballard ni Doris Lessing.
J.G. Ballard (que no, que no va de él la entrada, copóns) es conocido, además de por sus libros, por su ingenio, típicamente británico y heredero de Wilde, del cual florecieron no pocos aforismos. Ponemos algunos ejemplos, algunos sorprendentemente proféticos:
«Las sociedades avanzadas del futuro no se regirán por la razón. Se regirán por la irracionalidad, por sistemas de psicopatología en competencia».
«El arte existe porque la realidad no es real ni significativa».
«Los padres infelices te enseñan una lección que dura toda la vida».
«Junto con nuestra pasividad, estamos entrando en una fase profundamente masoquista Todo el mundo es víctima hoy en día, de los padres, de los médicos, de las empresas farmacéuticas, incluso del propio amor. Y cuánto lo disfrutamos. Nuestros momentos más felices los pasamos intentando idear nuevas variedades de victimismo».
«Mi breve estancia en el hospital ya me había convencido de que la profesión médica era una puerta abierta a cualquiera que guardara rencor a la raza humana».
«Tarde o temprano, todo se convierte en televisión».
Y una de nuestras favoritas, y de las que encierra una verdad más dolorosamente palpable:
«Cualquier tonto puede escribir una novela, pero hay que ser un genio para venderla».Y, ahora sí, DE ESO va el presente post.
De vender libros, y un poco de salud mental. Y de cómo el Arte atrae a personalidades frágiles, inestables o, abiertamente, patológicas. Porque tal vez lo que dicen sea cierto y todos los artistas hayamos nacido bajo el signo de Saturno, y el verdadero genio es a menudo tan indistinguible de la locura que muchos no iniciados puedan considerarlo equivalente.
No, no vamos a darte consejos sobre el mercado editorial, ni indicaciones para contactar a un editor o un agente literario. Si tuviésemos ese conocimiento, te lo ofreceríamos, vaya que sí. A cambio de un precio. ¿Qué coño te habías creído, parguela? ¿Que te ibas a trincar a una chinita cañón? Un ongarután en gayumbos tiene más posibilidades que tú.
No. Lo que vamos a enseñarte es una de las muchas formas en las que NO DEBES promocionar tu mierda de libro, ajustando la puntería de nuestra pistola de sarcasmo y nuestras bombas de racimo de sátira. Porque no tenemos suficiente información para determinar si la persona protagonista de la historia que te vamos a contar ha nacido realmente bajo el signo de Saturno, con el componente de locura e impulsividad que conlleva, o una cínica y fatua snowflake a la que pillaron con las manos enfangadas en tinta. Y, en caso de duda, es mejor respetar la presunción de inocencia o decirle a Riley Reid que vuelva a vestirse, que ese olor dulzón que desprenden sus promiscuos poros probablemente sea clamidia.
| Deutchsland! |
Si quieres leer A Crown of Starlight («Una corona de luz estelar»), la, antaño, esperadísima (en cierto nicho de lectores) space-opera romántica de Cait Corrain inspirada en la mitología griega, lo vas a tener difícil DE COJONES, oh amado lector bibliófilo de grasienta papada y perenne olor a esmegma. En Amazon Reino Unido está completamente descatalogado y, en puridad, aunque tiene una fecha prevista de publicación de Diciembre de 2024, no parece haber estado nunca disponible en ningún formato.
En Amazon España sigue en preventa, tanto en tapa dura a 24,21€ como en rústica a 17,34€... pero, con una fecha de publicación prevista de enero de 2079, erratas o bromazos aparte, no recomendamos, en buena fe, a nadie que nos caiga simpático, que haga desembolso alguno hasta que el libro esté disponible o mientras la fecha de lanzamiento siga exigiendo hibernación o viaje interestelar a velocidades relativísticas.
En Amazon.com es que ni existe. Hay un puñado de títulos accidental o intencionadamente parecidos, en audiolibro, electrónico, rústica o tapa dura; ninguno de ellos la novela que hemos referenciado más arriba.
Y, encima, si haces una búsqueda en Amazon.com por nombre de la autora, te sale una página de resultados que da mucha vicisitud en la que no aparece ni un solo libro de esta escritora. Ni de ninguna otra, ya puestos.
Y tratándose de una autora que tenía ya firmado un contrato con Del Rey Books por éste, y otros libros, y una representante, Rebecca Podos (ella misma escritora de la que no resulta difícil encontrar obra a la venta en Amazon, si bien no muy extensa), de la agencia literaria RLA, este misterio no puede dejar de arrugarte la nariz, oh avispado lector.
Por si todo esto te parece un poco etéreo, amado lector (a fin y al cabo, la tal Podos es una ilustre desconocida y, a tenor del argumento de su obra publicada, casi más una activista y propagandista queer que una escritora per se), déjanos decirte que Del Rey Books es un sello editorial de, nada más y nada menos que, Random House, del grupo Bertelsmann. Y Random House, tras la fusión con Penguin en 2013 es, básicamente, una de las «big five» (categoría de peso corporativo en el mundo editorial en el que compiten titanes como Simon & Schuster, Hachette, HarperCollins y Macmillan Publishers). En lengua vernácula: Penguin Random House Limited es un puto coloso editorial en el cual trabajan más de 10 000 personas de todo el mundo, que abarca un poco menos de 250 editoriales y sellos, y que publica un promedio de 15 000 novedades al año, entre ellas algunas de las obras de los autores mejor vendidos del mercado editorial.
Del Rey Books fue fundado en 1977 como sello editorial de Ballantine Books. Del Rey era el espacio de Ballantine dedicado a los géneros de ciencia-ficción, terror y fantasía. El padre de la idea y responsable de la línea editorial de Del Rey Books no fue otro que Ramón Felipe Álvarez-del Rey, alias Lester del Rey, alias Leonard Knapp, uno de los padres de la ciencia-ficción de la Edad de Oro (y pupilo de John W. Campbell, y colega de Robert A. Heinlein), y su cuarta esposa esposa, Judy-Lynn (sí, ¿qué coño pasa?; los escritores nos divorciamos mucho, ¿algo que objetar?), tiene en su cartera de autores a completos desconocidos como Isaac Asimov, Ray Bradbury, Terry Brooks, Arthur C. Clarke, Philip K. Dick, Stephen R. Donaldson, China Miéville, nuestra respetada y añorada Anne McCaffrey o Frederik Pohl.
En cuanto a como Del Rey acabó integrada en Random House, es historia antigua y breve: Random adquirió Ballantine en 1973, cuatro años antes de que existiese Del Rey Books. Del Rey nació ya en Random House.
Con el contexto que acabamos de proporcionarte, si eres una persona inquisitiva y ávida de conocimiento, no dejarás de preguntarte qué CARALLO EN NOMBRE DE LA DIVINA SARA SAMPAIO DOMINÁTRIX, ALABADOS SEAN SUS MUELLES MORROS LUSITANOS, pudo pasar para que Cait Corrain perdiese un contrato, por A Crown of Starlight y otro libro, con uno de los grupos editoriales más poderosos del mundo. Contrato que prácticamente le garantizaba el éxito comercial. Aunque pudiese ser un éxito fabricado (la capacidad de una bestia como Penguin Random House de colocar millones de ejemplares de la mierda más absoluta no es de desdeñar. ¡Que estamos hablando de los editores de la nefanda polvología de Cincuenta pollazos de la grey y El víncido Da Code!).
Cait Corrain tenía todas las rifas para convertirse en autora de un best-seller. Tenía agente literaria. Tenía contrato por varios libros con uno de los cinco grupos editoriales más poderosos del mundo. Coleccionaba entusiastas elogios de los early readers que habían accedido a una copia anticipada de la novela.
Y sin embargo, se comió una mierda así de grande y tanto ella como su libro desaparecieron de la Red de Redes.
¿Qué pasó?
Pues, lamentablemente, sólo podemos reconstruir la historia a partir de fuentes secundarias. El Tweet original de la página oficial de Del Rey Books en el que anuncia la ruptura de relaciones contractuales con Corrain sigue disponible (al menos en el momento en que escribimos esta entrada), así como el Tweet de Ilumicrate (un servicio de suscripción de libros de Daphne Press) en el que comunican su renuncia a incluir el libro de Corrain en su bundle de mayo de 2024; pero la cuenta de la propia Corrain, Tweets de los autores que denunciaron a la escritora, e incluso los hilos de Reddit y cuentas desde las que pusieron el grito en el ciberespacio, han sido borradas, cerradas o eliminadas. Y sin embargo, lo poco que podemos, es suficiente para presentarte, oh ojiplático lector embriagado por la contoneante pelvis corruptora de nuestra bayadera pornográfica preferida, un caso de estudio de CATASTRÓFICA implicación de un autor en la promoción de su propio libro. CAGADA APOTEÓSICA tal vez, no podemos asegurarlo, pero sin la suficiente información no nos atrevemos a cuestionarlo, originada en un sangrante problema de inmadurez emocional o derivada de una psique atribulada.
Un indignado resumen de la controversia todavía se puede encontrar en un vídeo, que sigue disponible mientras se escriben estas líneas, de la página de TikTok de Xiran Jay Zhao, ella misma escritora, cosplayer e Internet Celebrity. Xiran Zhao, que ya se hizo famosa por la RAJADA de 2020 en Twitter dándole hostias hasta en el DNI a la adaptación de imagen real de Mulán (sólo por eso ya nos cae simpática la amiga Xiran). Tú mismo, si te defiendes en inglés con acento canadiense, oh políglota lector.
Ahí van los datos, por si eres demasiado vago para pinchar el enlace o se te ha dormido la hipermusculada mano de hacerte las pajas viendo vídeos de Riley Reid:
«Un gusto generalizado por la pornografía significa que la naturaleza nos está alertando de alguna amenaza de extinción».
J. G. Ballard
Mein Herz in Flammen!
Desde por lo menos abril de 2023, varias cuentas de Goodreads comenzaron a darle puntuaciones extremadamente bajas, de una estrella (de cinco) a los libros, de inminente publicación de varios autores noveles. Lo que en inglés, tan propensos a los neologismos, se denomina «review bombing» («bombardeo de reseñas»), una técnica de sabotaje en el que se intenta lesionar el impacto de mercado de una película, videojuego, libro o análogo por el procedimiento de inundar los foros y redes sociales de comentarios en los que se le llama de todo menos bonito. Normalmente por motivos espurios. Videojuegos como Mass Effect 3, Fallout 4 y Star Wars: Battlefront II, y películas como Star Wars: El ascenso de Skywalker, Los Eternos y Peter Pan & Wendy fueron víctimas de esta nociva práctica de la era Internet, que no nos atrevemos a descalificar como totalmente injustificada (vuelve a leer los ejemplos de películas que te hemos dado, lector. Sobre todo los dos primeros).
Haz un pequeño esfuerzo para colocarte en los zapatos de los afectados: imagina que eres un escritor novel a punto de publicar tu ópera prima y alguien, o varios alguienes, comienza una campaña en Internet para asegurarse de que va a hundir tu libro antes incluso de que salga a la venta.
La liebre, en el caso del bombardeo de reseñas de Goodreads de 2023 saltó cuando alguien hizo notar dos características especialmente llamativas de esta campaña:
a. Un porcentaje nada anecdótico de los autores «saboteados» en Goodreads era lo que los mongólicos de la neolengua woke-social justice warrior-we're fucking retarded and proud of it llaman POC, o sea «person of color». Vamos, que esos escritores primerizos no eran blancos. Los titulares de las cuentas desde que se lanzó el review bombing habían señalado como objetivo a autores con una pigmentación no estrictamente palidorra (con excepciones). Entre los afectados estaban Frances White y su Voyage of the Damned, por aquel entonces todavía inédito, To Gaze Upon Wicked Gods, de Molly X. Chang (el apellido te dará una idea de sus niveles de melanina, oh preclaro lector), The Poisons We Drink, de Bethany Baptiste, Mistress of Lies, de K.M. Enright (que, a pesar de su equívoco nombre y de vivir en Nueva Jersey, es más filipino que el sinigang), y So Let Them Burn, de la más bien morenita Kamilah Cole.
b. Las mismas cuentas que ponían una estrella a los títulos en preparación de los autores arriba aludidos, le ponían cinco estrellacas como cinco banderillas a A Crown of Starlight, de Cait Corrain. Ojo, esas cuentas de Goodreads no estaban centradas exclusivamente en los autores citados más arriba y en A Crown of Starlight, sino que, digamos para hacer la cosa un poco menos evidente, también reseñaban varias docenas de títulos de otros escritores. Pero, de nuevo, una persona especialmente despierta e informada del mercado editorial en lengua inglesa no habría dejado de notar que las víctimas de este bombardeo de reseñas eran libros que, por género y temática (ciencia-ficción, fantasía y romance; agitados, no revueltos, con inspiración más o menos declarada en la mitología griega), tono (mucho personaje no-blanco y LGBT), naturaleza novel del autor y calendario de publicación (ventanas editoriales de 2024), podrían haber competido con A Crown of Starlight (los libros de Frances White y Molly X. Chang, como el de Corrain, también eran primeras obras y, de postre, tanto Chang como Danielle Jensen, otra de las afectadas por este acoso y derribo cibernético, tenían contrato con Del Rey, al igual que Corrain).
| Kamilah Cole. por las dudas. |
No hacía falta ser un Sherlock Holmes para seguir el rastro de miguitas, y los perjudicados por esta estrategia de zapa y minado no tardaron en identificar a quién pertenecía la mano invisible que estaba intentando sabotear los lanzamientos de sus respectivos libros, y que era, básicamente, otra escritora novel con obra pendiente de publicación. Y queremos decir una escritora novel más blanca que la leche con crema de Oreos. Xiran Zhao estaba tan cabreada con esta ladina exhibición de, permítaseme tomar prestado el idiolecto de los subnormales postmodernos tardomarxistas, «fragilidad blanca» que quería lanzar un bombardeo orbital completo con los datos recopilados, para que la Intenné se cobrase su justicia callejera; pero las víctimas de esta sucia operación clandestina intentaron resolver el asunto discretamente poniéndose en contacto, fuera de los focos, con la presunta culpable.
Lamentablemente, los esfuerzos de los afectados no se vieron coronados pro el éxito (los detalles no ha sido revelados o no he podido encontrar las fuentes correctas). Tanto no tuvieron éxito en sus labores diplomáticas que Cait Corrain, pues ella era la presunta bombardera de reseñas maliciosas, en vez de bajar la cabeza, meter el rabo entre las piernas y reconocer lo que había hecho, se llenó en Twitter de afectada indignación acerca de las «cuentas falsas» que estaban tuneando sus reseñas de Goodreads. Aunque Corrain ha eliminado su cuenta de Twitter, las capturas de pantalla tienen la fea costumbre de volver para darte una hostia con los cinco dedos. Aquí tienes a la buena de Cait intentado hacerse pasar por otra víctima del review bombing:
Ésa fue la gota que colmó el vaso de Xiran Zhao. La autora de Iron Widow y Heavenly Tyrant se crujió los nudillos, aporreó su propio Twitter y se ganó, lo sepa o no, un título de paracaidista honoraria de esta bitácora.
Ése fue el principio del fin para A Crown of Starlight y, hasta nuevo aviso y previsiblemente, para la carrera literaria de Cait Corrain, pero en aquel momento nadie lo sabía aún. Nótese que Xiran no menciona nombre alguno, otorgando a la sospechosa la oportunidad de hacer las paces, en privado, con sus compañeros debutantes, a los que había hecho la puñeta plus, o, en caso de que Corrain fuese inocente, implicarse en la investigación del verdadero responsable y, en última instancia, limpiar su nombre artístico y no dinamitar su currículum profesional antes incluso de que existiese como tal.
| Will dich lieben und verdammen! |
La historia se espesó como lefa de bigardo en la boca abierta de Sasha Grey, tendida al sol en topless en una playa de Antibes Juan-les-Pins cuando un «amigo» (identidad no revelada) de Cait se puso en contacto con Xiran Zhao para culpar del review bombing a otro «amigo», «amiga» o seguidor/a/e/@/X (el sufijo de género, entre esta patulea, siempre es esquivo) de Corrain, que había pensado, ingenuamente, que estaba ayudando a hacer prosperar la carrera literaria de la autora de A Crown of Starlight. Ese «amigo» (el primero al que aludimos en este párrafo) proporcionó a Xiran presuntas capturas de pantalla de un chat (por el contexto entendemos que procedente de una comunidad de FanFiction de Rei Palpatine y Kylo Ren) en el que el Amigo/a/e/@/X 2 de Cait, alias Lilly, le confesaba haber vandalizado las reseñas en Goodreads de los autores aludidos más arriba.
Xiran no se tragó la rueda de molino. No se creyó los pantallazos que, presuntamente, absolvían a Corrain de implicación alguna en la campaña de sabotaje. No pudo dejar de notar que las marcas de tiempo de ese chat incluían, en algún fabuloso fenómeno cuántico que los especialistas deberían estudiar, mensajes de «ayer» y «hoy» EN LA MISMA CAPTURA DE PANTALLA. Antes de comprar esa burra coja y mal follada y exculpar a Cait, Xiran pidió (nos atrevemos a sugerir que, más bien, EXIGIÓ ver mensajes antiguos entre Corraine y Lilly... y recibió exactamente NADA. Photoshop habuimos, fratres mei carissimi.
Mientras la espera por las pruebas tardonas hacía estragos en la presión arterial de Zhao, Cait asumió la identidad, hasta entonces no revelada por Xiran ni por los escritores afectados, de la novelista cuyo libro habían sido, presuntamente, hiperhypeadas por un desalmado que también había tanqueado las reseñas de sus inmediatos competidores. La confesión tuvo lugar en una cuenta privada de Slack compartida con otros autores noveles con lanzamiento previsto para 2024, aunque Corrain siguió, vuelta la mula al trigo, defendiendo la fábula del «amigo/a/e/@/X» imaginario que habría urdido y lanzado la campaña de review bombing sin su conocimiento. Y compartió las mismas capturas de pantalla con las que había intentado convencer a Xiran Zhao de su inocencia.
Fue un error. Los chats photoshopeados eran tan ignominiosamente falsos que todo ese grupo de Slack se tiró al hígado de Cait. Exigió lo mismo que Zhao, pruebas de que esa misteriosa Lilly existía y estaba en contacto con Corrain desde, como mínimo, abril de 2023. Ella, obviamente, no pudo proporcionar ninguna e intentó defenderse de las acusaciones de racismo orientando sus «celos» profesionales hacia otro autor o autora de piel blanca, que no llegó a identificar, que también había firmado con Del Rey y que iba a publicar su libro, de un género, temática y tono parecidos a A Crown of Starlight, en la misma ventana editorial. Ni que decir tiene que la maniobra de distracción no dio resultado, y tampoco ayudó a su caso.
Una vez se hizo público todo el mondongo, los autores afectados por el bombardeo de reseñas en Goodreads dieron un paso adelante y exigieron a Corrain el Discord de la (hemos decidido que es una ella, porque nos ha salido de los huevos) vandálica Lilly. Borrado. ¿Twitter? Borrado. Toda la huella digital de la «responsable» del review bombing había sido erradicada de la existencia. Impostando justa indignación, Cait Corrain publicó su indignación, jugó de nuevo la carta de la víctima, «¡ya habéis decidido que no vas a creerme, diga lo que diga!», o algo por el estilo, y salió del servidor.
Algunos «amigos» de Corrain, aparentemente estos sí reales, le hicieron mal tercio al salir en su defensa atacando, con sañudas falacias ad hominem, a los mismos autores vandalizados en Goodreads. Como maniobra de distracción, fue una pésima decisión táctica porque, llegados a este punto, los olientales ovalios de Xiran Zhao directamente explotaron como bombas de hidrógeno y la autora sino-canadiense publicó sus 41 páginas de dossier con capturas de pantalla. El documento, en el momento en que escribimos estas líneas, sigue disponible en este enlace de Google Docs. Tú mismo, oh paciente y conspicuo lector.
Y Twitter hizo ¡chabuj! Las Redes no habían entrado en una ebullición semejante desde que a Mia Khalifa le reventaron una teta con una pastilla de Hockey sobre hielo. Una investigación de los administradores de la página en la cual, presuntamente, se habían intercambiado los chats entre Corrain y su fanática seguidora sacó a la luz que jamás habían tenido una cuenta a nombre de ninguna Lilly. Los usuarios del chat notaron las obvias similitudes entre el lenguaje y redacción de Corrain, en antiguos chats y textos publicados en la comunidad de fanfiction, y la metafísica Lilly y, lo que probablemente acabó por cerrar el círculo, se descubrió que dos de las autoras bombardeadas en Goodreads, con obra ya publicada, Ali Hazelwood y Thea Guanzon, eran antiguas «compañeras» de Corrain en la misma comunidad de fans dedicada al romance entre la Jedi más sosa de la historia y el Lord Sith de Aliexpress.
Thea Guanzón, que era una de las amigas más antiguas de Cait Corrain. Que ¡hasta se había encontrado con ella offline! Que había leído un borrador de A Crown of Starlight y lo había puesto por las nubes. Thea, que acababa de descubrir que su celosa amiga había intentado boicotear su carrera.
Superada por las evidencias, atosigada por varios frentes, Cait Corrain acabó admitiendo, en un Tweet de diciembre de 2023 publicado en su cuenta oficial, ahora cerrada, que no había ni Lilly ni niño muerto. Que ella era la eminencia gris detrás del review bombing. Que había creado todas esas cuentas falsas en Goodreads (admisión de culpa innecesaria desde el momento en que una de las cuentas desde las que se había lanzado la campaña era una conocida cuenta de la propia Cait) y dado, deliberadamente, puntuaciones misérrimas a sus competidoras para sacarle mayor brillo al lanzamiento de A Crown of Starlight humillando a los libros rivales. Intentó generar simpatía aludiendo a antiguas psicopatologías no específicas y culpando de la campaña de reseñas falsas a un «colapso mental» fruto, inferimos, del estrés por la inminente publicación de su novela, y por el cual iba a recibir tratamiento psiquiátrico a la mayor brevedad.
«[...] it was just my fear of how my book would be received running out of control. [...] I’m sorrier than you’ll ever know, and there’s nothing I can say to erase what I did to you».
A partir de ahí, efecto dominó: Del Rey retiró A Crown of Starlight de su calendario de lanzamientos y canceló, a continuación, el contrato por dos libros que había firmado con Corrain. Rebecca Podos anunció que renunciaba a continuar representando a Corrain y todos los demás portales y empresas que estaban ansiosos por colaborar en la comercialización de A Crown of Starlight se alejaron del libro y de su autora como de un Chernobyl recién petado.
♪ You better lose yourself in the music
The moment, you own it, you better never let it go (Go)
You only get one shot, do not miss your chance to blow
This opportunity comes once in a lifetime, yo
You better lose yourself in the music
The moment, you own it, you better never let it go (Go)
You only get one shot, do not miss your chance to blow
This opportunity comes once in a lifetime, yo ♫
Te lo resumimos así no más, amado lector (que a estas alturas ya se habrá perdido):
Cait Corrain tenía un libro acabado. Tenía un público ansioso por leerlo. Tenía una agente literaria. Tenía una comunidad de fans que la apoyaba. Tenía un contrato por dos libros con una de las editoriales más poderosas del orbe.
Y se saboteó a sí misma por un problema de celos, narcisismo, inmadurez emocional, orgullo, inseguridad, frío cinismo, problemas mentales o todo lo anterior junto.
Y, más allá de que la literatura, por llamarla de alguna manera, que Corrain aspiraba a hacer suena sospechosamente a panfleto queer más que a ficción sólida y bien escrita, si tuviésemos que exigir sólo una causa posible de su injustificables, e interesadas, operaciones clandestinas contra otros autores de su cuerda... a ver, no queremos ser hijos de puta, PERO (el «pero» siempre es un factor a tener en cuenta), a raíz de amargas experiencias personales, los paracaidistas de la bitácora hemos aprendido, como perros de Pavlov, a asociar los conceptos «piercing en el septo nasal» y «supreme final boss loca del chocho». (Como todas las generalizaciones, ésta es injusta, sesgada y probablemente falsa).
Y, claro, fue ver una foto de la criatura y no poder contener un «¡a-aaaaah! ¡Ahora entiendo!».
| Mejórate, Cait. |
Y hemos llegado demasiado lejos en la presente entrada para abrir el melón agusanado de la relación entre genio y locura, arte y fragilidad, creatividad y narcisismo. Quedará para futuros análisis. Ahora vamos a buscar el balrog y desearle a Cait Corrain un pronto y completo restablecimiento de sus problemas mentales, en caso de que los tenga, y el mayor éxito en sus futuras empresas personales y profesionales.
Que, nos tememos, con su reputación lanzallameada, la llevarán muy, muy lejos del mundo editorial.
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