domingo, 20 de junio de 2021

Todo lo que creías saber probablemente sea mentira (IV)

Los violines de Stradivarius en realidad no son para tanto, pero nunca lo sabrás, porque las mentiras exitosas son duraderas.

Se cree que Antonio Stradivari nació hacia la segunda mitad del siglo XVII, probablemente en 1644 ó 1648, en Cremona, Italia, donde aprendió el oficio de luthier de la mano del mismísimo Nicolò Amati (otra bestia entre los constructores de violines cremoneses y maestro, además de Stradivari, de fieras como Guarneri y Stainer, entre otros) e instaló su propio taller hacia 1683.

Probablemente, Stradivarius (de la firma latina que el autor inscribía en sus obras: «Antonius Stradivarius Cremonensis faciebat anno...», «Hecho por Antonio Stradivari, de Cremona, en el año...») fuese la primera o de las primeras marcas comerciales de éxito mundial. Siglos antes de Nike, Coca-Cola y Pornhub. La extraordinaria calidad de los instrumentos manufacturados por el taller de Stradivari, la exquisitez de su construcción y el sonido característico que se les atribuye los han convertido en una leyenda que conoce hasta la gente que no sabe nada de música o sólo escucha reguetones. Es tal la reputación de estos instrumentos, que ya desde hace siglos empezaron a falsificarse. De los más de seiscientos violines, violas y violonchelos del taller de don Antonio que han llegado hasta nuestros días, los mejores expertos en la materia no se atreven a pillarse los dedos y certificar cuántos fueron realmente fabricados por el artesano de cremona, cuántos por algún alumno, ayudante o imitador y cuántos por un oportunista que tuvo acceso a stocks de madera antigua indistinguible, a todos los métodos de datación y análisis químico, a la que empleaba el cremonense.

Presuntamente, el sonido de un violín Stradivarius es único. Presuntamente los materiales con los que fue construido son inimitables, pues la sonoridad obtenida de esas maderas (arce, pícea y sauce, principalmente) era un efecto directo del crecimiento anómalo de los árboles durante la «pequeña edad del hielo» que castigó el Hemisferio Norte durante los siglos XIV a XIX, o de los baños químicos ultrasecretos a los que el luthier más famoso del mundo sometía a sus obras, o de los barnices «receta familiar que me llevaré a la tumba» que empleaba, o de la conjunción de las esferas, los suspiros de las musgañas enamoradas, los hongos misteriosos del planeta Nefaria o las propiedades revitalizantes de la lefa de unicornio. Sea cual fuese el fenómeno, nadie habría logrado igualar ni superar el exquisito sonido de los instrumentos de don Antonio, motivo por el cual los pocos disponibles pueden alcanzar precios desorbitados, si consigues que alguien te venda uno (El Lady Blunt se vendió por casi 16 millones de dólares, pero El Mesías está valorado en 20 millones), exigen seguros ruinosos y han sido objeto de robos e incluso de tráfico clandestino por parte de delincuentes profesionales.
Ser tan ignorante debería ser delito.

Y sin embargo, un estudio de 2014, «Soloist evaluations of six Old Italian and six new violins», por Claudia Fritz, Joseph Curtin y otros, disponible aquí, pone muy en cuestión la privilegiada sonoridad de los violines Stradivarius. Básicamente, para dicho estudio se realizó una audición a ciegas con diez músicos profesionales que tocaron, vendados, seis violines clásicos, cinco de los cuales eran Stradivarius, para un público de expertos y aficionados a la música y los resultados fueron desoladores para los forofos del mito del «violín mágico yuyu superchuli hiperferolítico»: seis de los diez intérpretes preferían el sonido de los violines modernos y casi ninguno de los oyentes era capaz de distinguirlo del de los instrumentos antiguos.

Pero no importa, porque la gente no quiere que la realidad le arruine una bonita mentira y, además, en 2017 otra investigación («Chemical distinctions between Stradivari’s maple and modern tonewood», por Hwan-Ching Tai, Guo-Chian Li y otros, disponible aquí) ignoró deliberadamente las conclusiones del estilo de Fritz, Curtin et al. y volvió a apuntarse a la alquimia de las maderas mágicas plintotrónicas del espacio inferior. Las cuestionadas propiedades mágicas de los violines de don Antonio se deberían, según esta investigación, a unos místicos baños de aluminio, calcio, cobre, sodio, potasio y zinc que, afrontémoslo, nadie puede afirmar si contaminaron los árboles mientras crecían o fueron o no aplicados a los tablones ya maderados como preservantes contra hongos y organismos xilófagos por Stradivari, por los proveedores a los que le compraba el material, por Homer Simpson en una tarde de borrachera y con una máquina del tiempo a mano o por el canguro funky que siente el ritmo del universo.

Ni la página española de la Whiskypedia, ni la inglesa, recogen este artículo ni mencionan polémica alguna sobre la atribuida y ahora cuestionada calidad excepcional de los violines de don Antonio. ¿Para qué molestarse en confundir a las mentes sencillas que acuden a la Yupipedia buscando respuestas rápidas y nada de conocimiento? La poca publicidad que se da, aquí y en Lima, a la ciencia (y la resistencia de los científicos a hablar en términos absolutos sobre temas complejos o insuficientemente documentados) permite perpetuar verdades en el mejor de los casos dudosas, como que los Stradivarius son los violines con mejor sonido del mundo, algo que, a tenor del estudio con intérpretes y auditorio ciego presentado más arriba, conviene poner entre comillas.

Esto es universalmente válido: si quieres pillar a un gilipollas, hazle una pregunta sobre un tema muy complejo. Si te da una respuesta rápida y segura y, repreguntado sobre el particular, asegura no tener la menor duda al respecto, ya se ha retratado: es un completo necio y deberías alejarte de él como el demonio del agua bendita. Hay pocos reactivos mejores para detectar analfabetos: nunca dudan de nada, están seguros de saber todo lo que se puede saber sobre cualquier tema y siempre tienen respuesta para todo.

Y ese teorema me incluye.

Sí.

Que sí, carallo.

Que yo también puedo ser gilipollas a veces. Aunque, lo juro, sin mala intención y por accidente.

¿Quieres que te un ejemplo? Te doy un ejemplo.

Hace algunos años escribí en esta bitácora que nunca había experimentado el llamado «bloqueo de escritor». Eso era cierto entonces, y no era menos cierto que la relativa chulería con la cual me saqué los cojones y di catorce golpes en la mesa con ellos, creyendo probar mi bravura y machorrez literaria, partían de un conocimiento superficial, en el mejor de lo casos, de lo que es el verdadero bloqueo de escritor, así como de la vanidad de no haberlo sufrido nunca.

La exitosa mentira de que sólo hay un tipo de bloqueo de escritor me llevó a incurrir en una afirmación tan falsa como delatora de mi ignorancia, doble pecado por el cual presento mis excusas. Desde mi desinformada perspectiva de lo que representa el bloqueo creativo, un escritor sólo se bloqueaba cuando es incapaz de llenar la pavorosa página en blanco. Si te quedas mirando la pantalla de tu procesador de textos o un folio todavía virgen y no eres capaz de poner una miserable frase en cualquiera de ellos, estás bloqueado.

Pero qué gilipollas puedo llegar a ser cuando me lo propongo, copón.

Que yo sepa, a estas alturas, y después de hacer examen de conciencia, existen al menos cinco tipos de bloqueo de escritor y, en un momento u otro, en mayor o menor medida, yo ya los he sufrido casi todos. Ahí va una pequeña clasificación surgida de mi experiencia. Las etiquetas son sólo eso y no deberían convertirse en categorías. Sólo las he puesto para distinguir unas razas de bloqueo de otras y podrían ser intercambiables con la taxonomía elaborada por cualquier otra persona informada:

1. I'm too sober for this shit. El bloqueo lingüístico: te sucede cuando sabes lo que quieres escribir, pero por alguna razón no consigues encontrar las palabras correctas para hacerlo. Todo te suena a manido, trillado. Todas tus elecciones para cada puñetera frase parecen vulgares, torpes, insuficientes. Cada adjetivo, una chepa. Cada verbo, pueril. Cada frase, tarada. Escribes mil veces la misma mierda y las mil veces la tachas, asqueado de tu ineptitud literaria. Esto le pasó al menos una vez a Joyce, del cual cuentan que, a la pregunta de un amigo, «¿qué tal ha ido el trabajo hoy, Jimmy?», contestó, «fatal; sólo he escrito tres palabras». «Pero eso está bastante bien, ¿no?» dijo su amigo, que parece ser que intentaba darle ánimos a este sucedáneo de escritor, a lo que Joyce contestó «sí, pero no sé en qué orden van».

2. I'm too old for this shit. El bloqueo motivacional: lo sufres cuando sabes lo que quieres escribir y eres capaz de escribirlo si te fuerzas a hacerlo, pero por alguna razón te faltan la energía y la motivación para hacerlo. algo falla, no en tu capacidad de escribir sino en tu rutina de trabajo. Quizá te han expulsado de tu rincón de escribir preferido, o unos vecinos particularmente folladores se han mudado al piso de arriba y se pasan el día distrayéndote con sonidos de apareamiento a escala zoológico. Es más o menos lo que le pasa al personaje de David Duchovny al principio de la primera temporada de Californication. No ha perdido su mojo con el diccionario, es sólo que no es capaz de obligarse a sentar el culo en una silla y escribir. Este tipo de bloqueo es el más dependiente de, el más profundamente arraigado en el estado anímico y las circunstancias personales del escritor, como, otra vez, se puede ver en Californication: después de vender por una millonada los derechos cinematográficos de su obra maestra, el temperamental y promiscuo enfant terrible de las letras inglesas Hank Moody se ha quedado afónico de gritar lo que Hollywood le ha hecho a su novela (que es lo que hace básicamente con todos los libros: violarlo en grupo hasta que revienta por las costuras), ha perdido a su mujer, que, harta de la pena que Hank se da a sí mismo, de las típicas neuras de escritor y de los cuernacos que le ponía, se ha divorciado de él y se va a casar con un supertriunfador multimillonario, fracasa una y otra vez en ser un padre medio decente para su hija y además va y le mete palmo y mitad de salchichón a una fan que, ay que joderse, resulta que era menor de edad, aunque no lo parecía.
¡Si es que no lo parece!
(La dulce Madeline Zima ya tiene tablas, ¿eh? A ver si la reconoces en esta otra foto):
(Pista: no es la morena, ni tampoco el niño).

3. I don't have time for this shit. El bloqueo estructural: te asalta cuando no tienes realmente un plan claro para la historia, o los personajes. No tienes ni siquiera demasiado claro el argumento de tu libro, guion, cuento, y el trabajo se prolonga párrafo tras párrafo, página tras página, dispersándose en mil direcciones distintas, y lo que iba a ser una novela de cien mil palabras es un ilegible bégimo con más páginas que velas la tarta de cumpleaños de Jordi Hurtado pero sin pies ni cabeza y al que sigues añadiendo palabro tras palabro sin verle todavía el final, que es exactamente lo que le pasa al personaje de Michael Douglas en Jóvenes prodigiosos (una «novelita pequeña» se convierte en un monstruo de más de 2600 páginas sin final a la vista) y lo que me ha pasado a mí en al menos dos ocasiones.

4. I'm too tired for this shit.
El bloqueo de fin de proyecto: te acosa al final de un trabajo, sobre todo si ha sido especialmente retador, o prolongado en el tiempo, o emocionalmente exigente. Es un momento «¿y ahora qué?», un gélido dedo de «Sarah Sampaio Dominatrix, ¿qué se supone que voy a hacer a continuación?» en tu columna vertebral y, si el proyecto finalizado es, o al menos te lo parece en su momento, tu obra maestra, el bloqueo de fin de proyecto es una patada en los cojones de «nunca podré hacerlo mejor». Es decir, que cuando ya estabas acabando esa puñetera novela que tanta guerra te había dado y comenzabas a ver la luz al final de túnel...

Créeme, esto pasa más de lo que a los escritores nos gustaría. Apechuga y aprieta los dientes, que la cosa tiene mal remedio.

5. I can't get my shit together. El turbobloqueo masivo súpermaster del universo de destrucción mutua garantizada surgido del pútrido chumino satánico de la mismísima hija bastarda pansexual, vegana y yonqui de la gran puta bisiesta de Babilonia: se te come vivo cuando no puedes escribir nada. Literalmente NADA. El bloqueo clásico, que yo creía que era el único, en el que te quedas mirando como un emporrado la página en blanco y preguntándote si será demasiado tarde para preparar oposiciones a engrasador de concursantes de certamen provinciano de culturismo patrocinado por una discoteca de ambiente participada en un 60% por el Cártel de Sinaloa. Éste, gracias a Blas, no lo he sufrido... todavía. Pero, eh, la fiesta acaba de empezar, así que no diré «de este agua no beberé».

¿Soluciones?

Eh... perdona pero ¿me estás puto preguntando por soluciones? ¿A mí?

Joder, pues sí que estás desesperado, paisano.

A ver, no quiero untar mierda en tu tostada, pero básicamente del bloqueo literario se sale... escribiendo. No hay trucos mágicos. Y sí, ya sé que la respuesta toca los nakasones a cuatro manos. Es como estar cojo y que te digan que eso se cura con un paseo. No tiene sentido ni es lo que quieres oír. Al que se está asfixiando no se le pasa el ahogo porque le digan que respire.

Pero, en serio, la única forma de romper el bloqueo de escritor es escribiendo. Así que estos consejos, que te doy desde mi experiencia personal y bajo ningún concepto puedo garantizarte que sirvan para tu caso, te van a resultar un poco monótonos.

a. Cómo romper el bloqueo Tipo I: «I'm too sober for this shit».

Simplemente escribe. Tira pa'lante y no te preocupes de hacer el guapo con el diccionario. Ya habrá tiempo para eso. Cuenta tu historia, desarrolla tus personajes, aunque para hacerlo emplees el lenguaje de un apache con frenillo. Tira millas como un puma. Como quiera que el 90% del trabajo de un escritor no es escribir, sino reescribir, o sea corregir, cuando tengas tu primer borrador habrá llegado el momento de buscar frases floridas y escoger el vocabulario adecuado, tareas que podrás acometer con mayor confianza en ti mismo porque, ¡sorpresa!, habrás superado tu bloqueo.
Eso, eso: tú tira pa'lante que ya lo arreglarás luego.

Este consejo, que te aseguro que a mí nunca ha dejado de funcionarme, además es una excelente prueba del nueve para tu proyecto. Si tienes una buena idea, que se pueda volcar en un argumento del cual extraer una historia interesante, serás capaz de exprimirla con léxico de parvulario, con viñetas de romance de ciego o con muñecos de guiñol. Si no eres capaz de desarrollar esa historia, puede que tus fundamentos no sean tan sólidos como pensabas. Puede que incluso no tengas fundamento alguno.

Dale una pensada.

Escribe. Escribe borradores de mierda, que ya tendrás tiempo de arreglarlos luego. Y, si tienes el vocabulario de un alumno de ESO medio tonto, ¿por qué no coges a algún escritor que sí sepa lo que se hace (Dostoievsky, Auster, Baudelaire, Murakami, Pérez-Reverte, Corín Tellado, Sasha Grey) y copias las frases, los párrafos que más te gusten? En el peor de los casos, puede que aprendas un par de términos nuevos. En el mejor, quizá te enseñes a ti mismo a ser un plagiario medio decente.

b. Cómo romper el bloqueo Tipo II: «I'm too old for this shit».

Bueno, éste es más complicado porque puede deberse a diferentes causas y, si no son evidentes o no puedes identificarlas en un primer momento quizá te desanimes, te agobies y tu bloqueo se agrave. Y no, no te recomendamos que intentes alguna «ayuda química», particularmente si para ese suplemento cerebral necesitas receta médica o unas vísceras a prueba de bomba. Desde Paratroopers, servicio público, servicio Comansi, doble función, sensación única, recomendamos enérgicamente hacer una literatura sana y 100% libre de drojas.
(Joder, Riley, deja de hacer esa guarrerida española con el dedo y líame otro porro, joder, que estoy intentando escribir. ¡Siempre pensando en lo único, copón!).

¿Has pensado en cambiar el lugar en el que escribes? Para mí funcionó. Durante años escribí en la cocina de mi casa, con la tele encendida. En algún momento, eso dejó de funcionar. Probablemente mi cerebro se resecó un poco y ya no me resultó posible concentrarme en un cuarto en el cual, en un día normal, había gente entrando y saliendo cada treinta segundos, abriendo y cerrando la nevera, preparándose un bocata de Nutella con chorizo Revilla, cambiando canales, insultando a Rociíííííto... Simplemente un día descubrí que llevaba tres años atascado en el segundo capítulo de un libro (que acabó teniendo dieciséis) y llegué a la conclusión de que no podía seguir así. Me mudé a un cuarto en el que raras veces entraba nadie (aunque misteriosamente, y porque las leyes de Murphy son las leyes de Murphy, de repente todo el mundo tenía algo que ir a hacer o buscar en aquel cuarto, varias veces diarias, y entraban como un pelotón de GEOs, cortándome la meada en medio de un párrafo) y allí acabé ese libro y escribí tres más.

También me resultó muy útil establecer una rutina. Un horario de oficina, por así decirlo. Empezaba todos los días a la misma hora, a menos que los pequeños problemas de mi mala salud de hierro o algún imponderable me lo impidiesen, escribía durante dos horas, me tomaba una pausa de veinte, veinticinco, treinta minutos para oxigenarme, preparar un té, tomármelo, trabajaba de nuevo hasta las siete de la tarde, hacía una hora de ejercicio (mis problemas de espalda todavía no se habían vuelto una jodienda perpetua por aquel entonces), me duchaba, cenaba y trabajaba otro par de horas, tres como mucho, para estar a las once, once y media en la cama. Y al día siguiente, repetir.

Ponerme un horario, una disciplina y unos objetivos (cuatro, cinco páginas diarias mínimo), tenía un efecto muy llamativo: en el momento de sentarme, mi cerebro ya estaba en «modo escritor» y listo para empezar  emborronar cuartillas como un poseso. La disciplina me hacía ser más productivo que nunca. Haz la prueba y ya me darás las gracias.
Riley! ¡Se acabó! ¡No te aviso más! ¡Apártame tu grupa del hocico, que esta noche te quedas sin follar! ¡Pecadora de la pradera!)
c. Cómo romper el bloqueo Tipo III: «I don't have time for this shit»

Resume el argumento de tu novela en un par de páginas como máximo. Haz un esquema de tu obra. Una guía de personajes. Un resumen por capítulos. En pocas palabras: aplica el Método Sommer.

Nueve de cada diez veces que he perdido el control de una novela, ha sido por no haber hecho los deberes. Por no aplicar el método que he desarrollado a base de dejarme los dientes y pelarme los huevos resolviendo los problemas que yo mismo, mi bisoñez y mi osadía nos habíamos autoinfligido.

Es difícil dispersarte y provocarle un edema a tu libro si sabes exactamente lo que quieres contar, los personajes que vas a emplear y cómo se relacionan unos con otros, dónde y en qué marco de tiempo se desarrolla la acción y cuáles son los temas que quieres tratar en tu historia. Un buen mapa de tramas, una cronología básica y algunos apuntes biográficos te ayudarán a airear tu libro y que todo fluya como la seda.
¡Que he dicho tu libro! ¡Tu libro!

Es difícil desparramarte si sigues este método de trabajo... y, sin embargo, en la novela más larga que he terminado hasta la fecha, un libro para el que reuní más documentación e hice más índices, glosarios, roles de personajes y cronologías que para todos los demás juntos, acabé con dos mil páginas de texto.

Y créeme que le he quitado paja. Reiteraciones, sobre todo (había temas que se repetían una y otra vez, como si los lectores fuesen cortitos y no lo pillasen a la primera). Y sin embargo, y aunque aún no he terminado el borrador definitivo y, por lo que a la extensión del texto se refiere, tal vez sea posible afeitarle un 1% más, estoy razonablemente satisfecho del resultado y, a grandes rasgos, creo que he contado la historia que quería contar, pasando por los hitos argumentales y temáticos que quería recorrer y con bastante dignidad, modestia aparte.

Lo cual es peligroso, porque dando por cierto que esto sea así y no esté intentando justificar mi incapacidad para la síntesis, eso significaría que en ocasiones una historia puede extenderse porque es necesario que lo haga, y, en ese caso, ¿cómo distinguir una historia que necesita ese desarrollo de un típico caso de bloqueo Tipo III?
¿O cómo interpretar correctamente el lenguaje no verbal de esta señorita?

No tengo ni puñetera idea, lo siento. No soy un gurú ni Piter Sánches. No tengo respuesta para todo.

d. Cómo romper el bloqueo Tipo IV: «I'm too tired for this shit»

Éste tipo de apollardamiento creativo lo he sufrido un par de veces, sobre todo al finalizar proyectos un poco largos o particularmente exigentes, ya sea en el plano técnico o el emocional (hay libros que me ha dolido escribir). Hasta el momento, he salido más o menos bien librado echando mano de alguno de mis proyectos inconclusos, de alguna de mis ideas, de mis tratamientos, de las novelas en reserva de las que, a lo mejor y a lo sumo, sólo tenía un puñado de notas, un índice de personajes principales y quizá unos párrafos de prueba.

Y no me ha ido mal del todo.

Tal vez eso signifique que el bloqueo «I'm too tired for this shit» es, como su nombre indica, una expresión de agotamiento. Acabas un proyecto y acabas intelectual, y a veces físicamente, exhausto. Es normal pensar que lo has dado todo en ese (pen)último libro. Que no te queda nada. Que has chocado contra «el muro». Y es que escribir una novela se parece mucho a correr una maratón, y es igual de exigente, aunque consume otro tipo de energías.

Pero, en fin, como ya hemos dicho que del bloqueo de escritor se sale escribiendo o no se sale, si sufres este tipo de parálisis creativa y no tienes unos ahorros en forma de historias inconclusas a las que echarles el diente, ¿por qué no pruebas a, simplemente, escribir?

¿Por qué no pruebas, yo qué se, a extraer el argumento de alguna de las obras capitales de la cultura humana y vestirlo con una nueva historia? Cámbiale el sexo al protagonista. Ambienta la acción en una época o un país diferente. No, no importa que lo que escribas sea una mierda. El 90% de lo que se escribe es mierda y tú no eres una excepción. Lo importante es que estás escribiendo, aunque sea mierda. Ya no estás bloqueado.

Si eso no te funciona, ¿por qué no, simplemente, escribes que estás bloqueado? Escribe sobre lo difícil que te está resultado romper el bloqueo. Sobre que estás tan desesperado que hasta has seguido los consejos de un indocumentado soplapollas que tiene una bitácora en Blogger sobre cómo romper el bloqueo de escritor. Una vez más, no importa lo que escribas ni cómo lo escribas mientras escribas, porque, y no sé si hemos insistido lo suficiente en ello, el bloqueo de escritor se rompe escribiendo.

e. Cómo romper el bloqueo Tipo V: «I can't get my shit together»

No tengo ni reconchudísima idea.
Ajo, agua y resina.

Lo siento. Vuelve a preguntármelo dentro de unos años y quizá tenga la respuesta.
 
Es lo que hay. No voy a escribir una entrada protestando contra las mentiras duraderas y contarte otra que, aunque fuese por accidente, se convirtiese en otra falacia de larga vida.

A pesar de todo, espero que esta entrada del Paratroopers te ayude a romper cualquier posible bloqueo literario y terminar tu libro, mi querido lector.

Aunque en el fondo no importa, porque ambos sabemos que ese libro será una mierda.

domingo, 6 de junio de 2021

Mi nombre es Ozimandias, rey de reyes; ¡mira mis obras, oh poderoso, y desespera!

Acabo de ver Army of the dead, la nueva película de Zack Snyder, y ahora le debo una disculpa a Zack Snyder. Y como lo que es justo es justo, y además es de justicia, le ofrezco al señor Snyder mis excusas desde esta bitácora que ni lee, ni ha leído ni leerá jamás.

Zack, tío, perdóname. Te había subestimado.

Zack, amigo mío, y perdóname la confianza con la cual me dirijo a ti, no sabes cuánto me alegré al enterarme de que tu próxima película se titulaba Army of the dead, lo cual apuntaba obviamente a una historia de zombis. Me alegré un montón a pesar de que probablemente hace quince años que los zombis pasaron de moda pero, ¡eh!, también el western, y The mandalorian o News of the world lo han traído de regreso. Me alegré por ti, por tu salud y tus oportunidades laborales. En serio. A pesar de toda la caña que llevo años dándote en el Paratroopers, no te tengo manía. Lo juro. La mayoría de tus películas me siguen gustando. Son de malas a terribles, cuando no abiertamente vomitivas, pero me siguen gustando. Me gustó Dawn of the dead aunque era un herético remake de un clásico de George A. Romero, el profeta del género. Me gustó 300 incluso a pesar de las libertades que te tomaste sobre el cómic original, me gustó Watchmen (ole tus cojones por intentarlo, ya que tocamos el tema), me gustó hasta Sucker Punch aunque es dolorosamente obvio que concebiste ese poema a la violaçao de crianças en la barra de un club de Los Ángeles, o en alguna fiesta trendy-fashion-cocaine de esas que dan las estrellas de cine, o yo qué se
en qué otro acto social en el que alguien te dijo «es absolutamente imposible rodar una película sin guion», y fuiste tú y dijiste «aguántame el cubata».

A las pruebas me remito, Señoría.

Admito, Zack, que empecé a perder la fe en ti mientras veía Man of steel. Te juro que me encantaría poder decir que me gustó esa película. No sabes, Zack, y me da un poco de apuro explicártelo aquí, la relación personal que tengo con el personaje de Supermán, la ilusión con la cual esperaba tu aproximación a la mitología del Último Hijo de Kryptón, lo mucho que estaba dispuesto a perdonarte, conociendo como conocía tu forma de rodar, el cabreo con el que salí del cine, las blasfemias en lenguas bíblicas que cortaron mis labios, el pavor que me heló las médulas de los huesos cuando recordé que te quedaban, por contrato, otras tres, o cuatro, o cinco (las cifras variaban dependiendo de las fuentes y las fluctuaciones de la taquilla) películas del DCU por dirigir o producir.

(Y ya empezaba a tocarme el nabo esa sospechosa obsesión tuya por enseñarnos cuerpos masculinos perfectos; ¡que intentaste afeitarle el pecho a Henry Cavill, cagonsanpitopato!)
No es que yo sea gayer, es que Henry Cavill está así de bueno.

Casi conseguiste hacerme olvidar Man of Steel con Batman v Supermán. Pero sólo casi y sólo porque, debajo de toda esa épica randiana y giros de guion absurdos, yo entreví la gran película de superhéroes que habrías podido hacer si no estuvieses tan ensimismado en tu ombligo y tuvieses alguna idea de cine o de superhéroes. Y ya he compartido contigo lo que opino de tu Zackstice League (no olvides jamás que le debes un café a todos los que pelearon por ella en su día, entre quienes no me encuentro porque, para empezar, no creía que existiese y, cuando las pruebas en contra comenzaron a apilarse, no me pronuncié por no volver a meter la gamba y porque tampoco creí que supusiese una mejora radical sobre el aborto de Joss Whedon, como finalmente quedó demostrado).

Estaba más que dispuesto a concederte el beneficio de la duda, Zack, lo juro por los muelles morritos de Sarah Sampaio Dominatrix. Tal vez, pura y simplemente el género de superhéroes no es lo tuyo. No hay motivo para hacerse sangre por ello. A mí se me da fatal el ping-pong. Y el tenis. Y el fútbol. En realidad, todos los deportes. Y ligar. Y hablar en público. Hay cosas que cada uno de nosotros puede hacer y cosas que no. Punto. Pero, carajo, tampoco seas como los del chiste («Estoy harto de todos los haters que se meten con los de Cruzcampo. Esa pobre gente sólo intenta hacer cerveza. Dejadlos en paz, que ya les saldrá»), quiero decir, antes o después todos tenemos que tomar conciencia de nuestras debilidades. La cerveza, Zack, pura y simplemente no es lo tuyo.

Aunque me gustaron Batman v Supermán (y eso que es deplorable como cine y inepta como peli de superhéroes) y Zackstice League (mucho, muchísimo mejor película que la Josstice League, lo cual no es decir nada, porque sigue siendo una mierda aunque Joss Whedon no podría haber dejado el listón más bajo), ya me he rendido contigo como director de cine de superhéroes. Simplemente, no te sale. No se te da. No es lo tuyo. No sigas intentándolo, Zack, por Dios, que te haces daño a ti, nos haces daño a nosotros y le haces daño al séptimo arte. Que te has pulido ya como mil millones de dólares en películas de superhéroes y la mejor de todas ellas es mala de solemnidad. Tienes que dejarlo, Zack. Déjalo. Estás haciendo sufrir a la gente que te quiere. Busca ayuda.
(Pero no lo deja, ¿eh?, que ahora se le me ha metido entre los cuernos que a ver si algún productor le da cien o ciento cincuenta milloncitos de esos que le sobran para hacer su versión de The Dark Knight Returns «Watchmen style» ["I would do it 100 percent Watchmen style. I don’t even think it’d be that expensive, to be honest."] en la que, supongo, podrá al fin hacer realidad su sueño de violar a Batman, o sea, justo lo que necesita el personaje para justificar su cruzada contra el crimen y sus problemas emocionales con las mujeres, y justo lo que todos los fans del personaje están deseando ver).
La opinión de Batman sobre el proyecto.

Pero, eh, que todas tus películas de superhéroes salgan como el orto no quiere decir que no puedas hacer otro tipo de cine. Uno en el que tus evidentes carencias como cineasta no sean tan obvias. Por eso, cuando me enteré de que ibas a hacer Army of the dead para Fletnix me dije «Esto le puede venir bien a Zack. Es un reboot de su carrera. Un "back to the basics". A ver si en el proceso de rodar una peli de zombis, que es lo suyo, aprende, aunque sea por accidente, un par de cosas sobre cine».


No hace falta un Godard para rodar una peli de zombis. Ni un Kubrick. Ni un Cecil B. DeMille. Ni un Luca Damiano. Cualquier gilipollas puede coger su smartphone, pintar de verde con ceras Jovi a sus amigos y currarse una peli de zombis (conozco gente que lo ha hecho). Por eso, y no, no me estoy esforzando por ser tan hijo de puta, me sale de manera natural, por eso, digo, pensé que Army of the dead era exactamente la película que debías hacer después de haber dejado dolorosamente claro que no sabes hacer otra cosa. Porque es que, Zack, afrontémoslo, todas tus películas son básicamente pelis de zombis. No te has podido desprender de los vicios, la estética, los tropos de las películas de muertos andantes. Ya hemos hablado de tu primera peli, Dawn of the dead. Tu segunda película, por alguna misteriosa razón y pese a estar basada en un cómic de Frank Miller que recoge un hecho histórico, tiene zombis ninjas persas nasis del espacio ulterior. Los personajes de la tercera tienen sólo un poco más de personalidad y motivaciones que un zombi y, si no los tuviesen, tampoco se notaría tanto porque la ambientación y la fotografía es directamente de peli de zombis. En la quinta película convertiste a la pobre Emily Browning en una zombi, vía lobotomía frontal, para que no tuviese que seguir huyendo a su mundo anime-videojueguístico-emo-postpunk de fantasía cada vez que la violaban en ese reformatorio femenino dirigido por hijos de puta en la que la habías internado. La sexta tiene a un zombi holográfico en el personaje de Russell Crowe y a un zombi moral en el de Kevin Costner. En la séptima convertiste al general Zod en el turbozombi megaciclado rompechochos de Satanás y a Kal-el, justo después de la explosión nuclear, en un zombi reseco irradiado en órbita terrestre. En la octava zombificaste de nuevo a Henry Cavill, esta vez por partida doble, y aunque no me he visto la cuarta, ni probablemente la veré nunca, seguro que también te las has arreglado para meter algún muerto viviente en la trama.
No es que yo sea lesbiano, es que Gal Gadot está así de buena.

Por eso te digo, Zack, con todo el cariño del mundo, que afronté el visionado de Army of the dead con una mezcla de esperanza en tu futuro e ilusa fe en tus habilidades como director de pelis de zombis.

Porque mira que es difícil llamarte Zack Snyder y cagarla con una peli de zombis. Joder, Zack, ¡si no tenías más que repetir lo que hiciste bien en Dawn of the dead!
(Y ahora es cuando viene el «pero»).
Showdead.

Zack, en Army of the dead no hay un encuadre bien hecho. No hay un argumento atractivo. No hay un plano bien centrado. Toda la fotografía está ligera y odiosamente fuera de foco, recurso tope-trendy-transgresor-joder-cómo-molo que te obliga a intentar adivinar en cada momento lo que estás viendo, descifrar las expresiones de los actores e intentar no cabrearte porque el director te considera tan gilipollas que desenfoca el resto de la escena para que sepas adónde tienes que mirar. La paleta de colores es la marca de la casa, Zack Snyder Approved, o sea «se nos ha caído un café en el objetivo de la cámara y nos dio pereza limpiarlo». Y esto le habrá jodido especialmente a todos los partidarios tuyos, fans fatales, talifanes con nata, que ponían la exquisita fotografía de tus películas (a mí tu «exquisito» siempre me ha parecido «oscuro, insaturado, quemado de contraste y plano», pero hay gustos para todo) como ejemplo de tu genialidad. ¿Con qué cara se habrán quedado después de ver Army of the dead, llegar a los créditos finales y confirmar que sí, que no habían leído mal, que efectivamente, que ¡voto a bríos!, tú, Zack, TÚ eres el director de fotografía de Army of the dead, así que tu presunto talento para la fotografía Zack, el tuyo, era, en realidad, el de los directores de fotografía con los que trabajaste en anteriores producciones? Y por cierto, ¿qué le ha pasado al formato 4:3? ¿No habíamos quedado en que eso era el futuro, que los otros formatos nos robaban información? ¿Es que ya no te respetas ni a ti mismo, Zack, o es que dices tantas capulladas al cabo del día que eres incapaz de recordarlas todas?

¿Cómo se les habrá quedado el cuerpo a esa gente que te defiende a capa y espada y a los que has logrado convencer de que eres un genio, Zack? ¿Por qué les has hecho esto? ¿Por qué lastimas a la gente que te quiere, Zack?
Así se les ha quedado el cuerpo.

En Army of the dead no hay una transición entre escenas correcta, pero ¡eh, que tiene un tigre zombi y un caballo zombi! No hay nada digno de llamarse guion, pero ¡eh, tiene un megazombi ciclado homoerótico con máscara de hierro! No hay un plano decente, pero ¡eh, hay una explosión nuclear! No hay personaje que nos importe un testículo prestado ni tenga motivación alguna, pero ¡eh, que tiene una corista zombi preñada y un feto zombi (recurso en el que te plagias a ti mismo, porque ya lo usaste en Dawn of the dead)! Copón, Zack, copón, que Dave Bautista es el que mejor lo hace de todo el reparto (¡Dave Bautista!) y es un jodido estereotipo con piernas y la expresividad de un cruasán poco hecho que se ha caído al suelo del obrador antes de meterlo en el horno. Por lo que se refiere a los demás actores/personajes, están Personaje Asesinable Uno, Reguetonera Devorable, Personaje Asesinable Dos, Nerd Teutón Alivio Cómico Al Que Seguro Que Se Van A Follar Por La Oreja, la Ingeniera Tocacojones de Star Trek Discovery Temporada Dos, El Violador Estándar De Película De Zack Snyder, Tío Sospechoso Con Cara De Os Voy A Traicionar A Todos Y Lo Sabéis Que Estoy Haciendo El Mismo Papel Que Paul Reiser En Aliens De James Cameron, Niña Estúpida A La Que En Su Día No Dieron Un Buen Par De Hostias Y Cuando Todo Está Yendo Bien La Caga Con Todo El Equipo Y Pone A Todo El Mundo En Peligro La Muy Subnormal Y Por Su Culpa Muere Un Montón De Gente... Joder, que el Superzombi y la Wonderzombi tienen más carisma, más expresividad y generan más empatía que ningún vivo de este largometraje, carallo.

Army of the preñadas.

¡Sara Sampaio Dominatrix bendita!

«¿Quién me ha invocado?»

¡Y los efectos especiales, Zack! Que mira que lucen baratos por momentos, ¿eh? Y eso que la peli le ha costado a Tlefnix unos noventa millones de dólares de vellón, y sigue pareciendo barata. Como si tú, Zack Snyder, hubieses cogido vicio y pretendieses hacer, con 90 miserables millones (que ya me gustaría poder gastarme en un fin de semana de desenfreno y concupiscencia en compañía de mi amada Riley Reid), con 90 millones, decía, cosicas para las que hacen falta 200. Y se nota. Se nota que querías hacer más de lo que puedes, y no llegas, porque no puedes hacer pasar 90 millones como si fueran 200. 250 millones te costó hacer Batman v Supermán, que salió como salió. 225 millones quemaste en Man of Steel, que no hay por donde cogerla. 300 millones en la Josstice League, reshoots incluidos, más entre 70 y 80 millones, depende de a quién te creas, para la Zackstice League. Zack, tú has cogido vicio e intentas que tus 90 millones para Army of the dead luzcan como 200. Y fracasas. Porque un Twingo rojo cereza, con alerón y megatubarros-Jódasevecino sigue siendo un Twingo por más que lo llames Ferrari.

¿Estos dos juntos? Qué peligro.

¡Y la música! ¡Recristo, Zack, la música! ¿Recuerdas, Zack, nuestra protesta a la banda sonora de la Zackstice League, que no sólo era inoportuna y anticlimática, sino que encima los temas musicales se pisaban unos a otros? Pues Zackstice League se merece un Óscar a la Mejor Banda Sonora comparado con lo que has perpetrado en esta cinta, Zack, y que equivale a lo que, vuelvo sobre el mismo tema, me gustaría que Riley me pidiera que le hiciese en ese hipotético fin de semana gomorriano de voluptuosidad zoológica.

Larga secuencia de zombis, showgirls, boys y chicas en fiesta de despedida de soltera incluidas, comiéndose gente en la sala de tragaperras de un casino de Las Vegas. ¿El cover de qué clásico del rock suena de fondo?

Exacto.

Bright light city gonna set my soul
Gonna set my soul on fire
Got a whole lot of money that's ready to burn
So get those stakes up higher

There's a thousand pretty women waitin' out there
And they're all livin' the devil may care
And I'm just the devil with love to spare, so
Viva Las Vegas, Viva Las Vegas

(Y otros dos temas de Elvis, que al parecer es el artista de referencia para poner música a cualquier película ambientada en Las Vegas: Suspicious minds y Night Life. Ah, sí, y sale un imitador de Elvis zombi, por supuesto. Joder, Zack, ¡qué vergüenza! ¡Qué cobardía por tu parte! Ya metidos en harina, podrías haber sacado al Elvis original).

Zack, esta pésima elección de banda sonora para tu escena del bufé libre zombi me ha dolido más, pero mucho más que Leonard Cohen cantando Hallellujah mientras el segundo Espectro de Seda y el segundo Búho Nocturno echan un polvo en Watchmen. Que ya era mala elección de música. Joder, imagínate intentar mantener alto el pabellón peneano en plena follada con tu legítima mientras un señor con voz de alcohólico sin remedio canta:

I've heard there was a secret chord
That David played and it pleased the lord
But you don't really care for music, do you?
It goes like this: The fourth, the fifth
The minor fall, the major lift
The baffled king composing Hallelujah

Hallelujah, hallelujah
Hallelujah, hallelujah


¡Joder, casi cualquier otro tema habría sido preferible para amenizar el momento de sacarle el hueso de la aceituna a Malin Akerman, o a Batman en la cárcel, como ya has declarado que te gustaría haber hecho! Mi particular sugerencia, Zack:

Zombimán.

You and me, baby, ain't nothin' but mammals
So let's do it like they do on the Discovery Channel
(Do it again now)
You and me, baby, ain't nothin' but mammals
So let's do it like they do on the Discovery Channel
(Gettin' horny now)


¡Que por lo menos no da vicisitud, conchatuhermana!

¿Y a qué viene el Götterdämmerung de Los Nibelungos de Wagner en el momento en que los protas abren al fin la bóveda acorazada? O sea, ¿qué sentido tiene, Zack? ¿Por qué escogiste ese tema y no otro? ¿Qué pasa, que lo oíste en Excalibur de John Boorman y te la puso gorda? ¿Y no te diste cuenta, Zack, que ese tema, en Excalibur, suena, si la memoria no me traiciona, principalmente dos veces; cuando la Dama del Lago entrega la espada a Merlin, acto que empieza a poner fin al reinado de la magia en la tierra, y durante la agonía de Arturo, cuando Perceval arroja de nuevo a Excalibur al lago? ¿No te preguntaste por qué ese tema en concreto suena esas dos veces concretas y qué significa? ¿No te diste cuenta de que, tal vez, sólo tal vez, el Acto Tercero Escena Segunda del Crepúsculo de los Dioses de Wagner está más que justificado en esas dos escenas concretas de Excalibur?

Deberías haber dejado más propina.

¿Qué pasa? ¿Que simplemente te pareció que sonaba de reputa madre güey pinche hijo de la chingada y lo pegaste a tu peli de zombis porque molaba, y a ti lo que te mola es molar?

Pero creo, Zack, que hasta tu perturbadora obsesión genital por Leonard Cohen, por los culturistas depilados y la violetasión; tu zurdismo cinematográfico e inepcia a la hora de musicar tus películas me podrían dar un poco lo mismo.

De no ser por, ¡ay!, la escena final de Army of the dead.

Es el doble de acción de Ben Affleck en BvS. Lo juro.

¿Qué tema musical sería el último que cualquier persona con sensibilidad, criterio musical y buen gusto escogería para la escena final de una peli de zombis? A ver si lo adivinas, Zack.

Exacto.

It's the same old theme, since nineteen-sixteen
In your head, in your head they're still fighting
With their tanks, and their bombs, and their bombs, and their guns
In your head, in your head they are dying

In your head, in your head
Zombie, zombie, zombie-ie-ie
What's in your head? In your head?
Zombie, zombie, zombie-ie-ie-ie, oh
Oh-oh-oh-oh-oh-oh-oh, eh-eh-oh, ra-ra

«¿Cuántos zombis quieres, Zack?». «Sí».

Bien, a ver si lo entiendo, Zack: el 20 de marzo de 1993, el IRA hizo estallar una bomba en una papelera pública de una calle comercial de Warrington, Inglaterra. Además de herir a 54 personas inocentes, la explosión mató en el acto al niño Johnathan Ball, de tres años. Otro niño herido, Tim Parry, de doce años y en muerte cerebral, falleció días después en el hospital cuando su familia autorizó a los médicos a apagar el sistema de soporte vital que lo mantenía en un simulacro de vida. Dolores O'Riordan, absolutamente horrorizada por lo sucedido, compuso una canción en la que dio rienda suelta a su dolor y protestó por las décadas de violencia sectaria en Irlanda del Norte. Sí, ya sabes, Dolores O'Riordan, esa pobre provinciana irlandesa con voz de ángel, anorexia y trastorno bipolar, los dos últimos probablemente causados por la violación que sufrió de niña, agresión tras la cual intentó suicidarse. Sí, hombre, Dolores, la que acabó ahogándose en su propia bañera, borracha perdida. Vamos, esa chica cuya muerte fue anunciada por cierta publicación mexicana con exactamente el mismo tacto que tú demuestras al escoger la música para tus películas:


Zack, me cago en Blas, Si no puedes respetar a Dolores O'Riordan respeta a sus pobres padres. Que tú también has perdido a una hija depresiva y melancólica que, lamentablemente, se suicidó con éxito (y nunca me cansaré de decirte cuánto lamento esta tragedia y el dolor que te ha causado) y, de paso que los respetas, deja en paz a Leonard Cohen por un momento, que a estas alturas estará bebiendo bourbon con su amado García Lorca, joder.

Una canción sobre la trágica muerte de unos niños, compuesta por una artista que también murió en circunstancias trágicas y que, encima, no dice absolutamente nada de zombis, aunque lo parezca.

Y vas tú y la usas para los créditos finales de tu peli de zombis-pokemon evolucionados con bomba atómica final.

Xombi xerxeano.

Perdona, Zack, pero yo he visto a algunos de tus más celosos defensores tratando de convencerme de lo sensible que eres y del buen corazón que tienes. ¿Por qué les dejas quedar mal? ¿Por qué te has empeñado en que te tome por una bestia sin sentimientos?

¿Sabes, Zack, que me pasé todo el metraje de Army of the dead añorando el jugoso underboob de Bubble Girl? Zack, has rodado una película que me hizo sentir culpable por no estar viendo capítulos de Boku no Hīrō Akademia, un anime sobre superhéroes que, ya me jode decírtelo, está mejor hecho que ninguna película que tú hayas perpetrado jamás, de superhéroes o de cualquier otro género, y por una fracción del presupuesto de la más barata de ellas.

¿Qué te pasa, Zack? ¿Te encuentras mal? Era una puta película de sombiz, cojona. Hasta tú deberías haber sido capaz de hacerla bien. Pero no has sido. ¿Zack por qué has rodado dos películas distintas en una? ¿Por qué en los títulos de crédito has sentado un universo amenazado por hordas de hambrientos zombis descerebrados de toda la vida y, ya metidos en harina, o sea en la película, has pasado a contar una historia completamente distinta en el que la amenaza, por llamarla de alguna manera, son un puñado de superzombis megainteligentes con los que se puede hasta negociar a nivel «hombre blanco traer piedrecitas de colores»? Zack, lo mejor de Watchmen eran los créditos iniciales, Zack. Pero ese recurso no funciona siempre y ésta vez ni siquiera lo has utilizado correctamente.

Me preocupas, Zack.

Estás yendo a menos, Zack.

El Zack Snyder de 2021 no está ni a la altura del Zack Snyder de 2004, que mira que lo tenía todo por demostrar como director de cine, pero por lo menos podía firmar una decente película de zombis.

El Zack Snyder de 2021 no es capaz ni de eso.

¿A quién le vas a echar la culpa esta vez, Zack? ¿Otra vez a Warner Bros., donde todo el mundo envidia tu sensibilidad y tu talento? ¿Ha metido Kevin Tsujihara algún quintacolumnista en Netflix para boicotear tu trabajo? ¡Si te dieron un cheque de casi cien millones y barra libre! (Y ya hemos visto el triste resultado). ¿La persona que te susurraba mongoleces al oído mientras rodabas era Joss Whedon disfrazado de script-girl?

(Eso sí, la peli está teniendo bastante éxito. Claro que también lo tuvieron el SIDA y las Sombras de Grey).
Parazombi.

Joder, Zack, que te has convertido en un puto chiste de Los Simpsons; «primero me llamaban "Fantástico Kid", después "Aceptable Kid", después "Paquete Kid" y, al final, simplemente "Moe"».


Army of the dead no funciona a nivel técnico (fotografía, sonido, ambientación, efectos especiales). Army of the dead no funciona en el plano narrativo (argumento, historia, diálogos, conflicto, coherencia). Army of the dead no funciona a nivel actores. No funciona a nivel personajes. No funciona como peli de acción. No funciona como peli de atracos. No funciona como cinta de terror. ¡No funciona a ningún puto nivel, Zack, bendito sea por siempre y alabado el primoroso potorro
peludo de Riley Reid, lleno de la gloria de los ángeles!
Mi amol.

Army of the dead no funciona. No funciona, Zack. No es que sea una hemorragia de clichés que ni siquiera parece cine, que lo es y no lo parece, es que no funciona ni como película de zombis, que mira que el público potencial del género ya tiene las expectativas por los suelos. Y te lo digo por experiencia.

Joder, Zack, que tu mejor película hasta la fecha es la primera. Y a esa película sólo le faltan dos caderazos de twerking para dejar de hacer TikToks y abrirse un Onlyfans. ¡Que Dawn of the dead es tu única película de la que casi no se puede decir nada malo, hostia ya, Zack, reflexiona, joder!
Zombisday.

Y quieres hacer una secuela de Army of the dead. Y probablemente también una precuela, una infracuela, una postcuela y una extracuela.
"Look," Snyder says for his part, "if there was ever a desire for more Army of the Dead, Shay and I know exactly where the story goes. So, yeah, we're ready."
¿Preparados para qué, Zack? Si le acabas de pegar un tiro en la nuca a tu credibilidad cinematográfica.

¡Ay, Zack, corazón, cuánto te había subestimado!
Preparándome para la próxima peli de Zack Snyder.

¡Y cuánto lo lamento! 

viernes, 28 de mayo de 2021

Dinámicas de grupo: por qué hasta el Llanero Solitario tiene un colega

Johan Falk (Jakob Eklund) es un oficial de la policía de Gotemburgo, ex operador de la 202.ª Compañía de Exploradores de la Marina sueca (202. kustjägarkompaniet, unidad especial anfibia de la marina sueca perteneciente al Amfibiekåren, Cuerpo Anfibio, responsable de la defensa costera de Suecia) y miembro de la Fuerza de Operaciones Nacional (Nationella Insatsstyrkan o NI, unidad táctica del departamento de Operaciones Nacionales de la Policía sueca).


De permiso por Navidades, Falk interviene en un robo a una joyería de Gotemburgo, hiere a uno de los ladrones y acorrala a otro, que toma rehenes y dispara a un civil para crear una distracción y fugarse. Los testigos identifican al gánster y dueño de un restaurante Leo Gault como uno de los ladrones de la joyería, pero al día siguiente todos los testigos se retractan de su testimonio.

Johan, que tiene su propia forma de hacer las cosas (raras veces se hacen dramas sobre polis que lo hacen todo siguiendo las reglas, y cuando se hacen suelen ser aburridísimos), visita extraoficialmente a Gault para tratar de intimidarle y éste le denuncia por agresión. Con sólidas pruebas en su contra, Falk huye de la policía, sus propios colegas, y pasa a la clandestinidad para reunir evidencias a que demuestren su inocencia y lograr que los testigos admitan que han sido intimidados y confirmen sus declaraciones iniciales, poniendo a Leo Gault entre rejas.

Acabo de resumirte, mi muy amado lector, el argumento de Noll tolerans, la primera película de la serie de Johan Falk, estrenada en cines en octubre de 1999.


A cualquiera que le guste el cine de acción, los thriller policiales o incluso el drama, no me cansaré nunca de recomendarle la serie de Johan Falk. Me tomo casi como una ofensa personal que no se vayan a hacer más largometrajes de la serie, pero, claro, es que Jakob Eklund tenía el pelo castaño en Noll tolerans y completamente blanco en Slutet. Ser Johan Falk se cobra su peaje y, además, parece que las audiencias de los últimos títulos tampoco acompañaban, por no mencionar que los creadores quizá habían llegado ya al límite de lo que se podía exprimir este universo.
(Eso sí, no esperes combates de artes marciales estilo John Wick, ni tiroteos de millones de balas, ni absurdas tramas con armas biológicas, bombas atómicas u otras polladas propias de novela de Tom Clancy o película de Michael Bay. Si lo que te van son la intriga, las historias de detectives y los personajes sólidos, todo ello salpicado con un poquito de acción, algunas persecuciones de coches y, de vez en cuando, una balacera modesta, pero no por ello menos espectacular, ésta es tu serie).
Y a cualquier escritor le recomendaría también que se viese las películas de Johan Falk, porque aprenderá una valiosa lección sobre la construcción del drama y el desarrollo de personajes.

A priori, le tengo un poco de manía a las series personalistas. Y no por ningún prejuicio (como el de aquella lectora de cierta editorial que me rechazó una novela sin leerla porque estaba escrita en primera persona «y la ficción larga no soporta la primera persona»), que a fin y al cabo adoraba las pelis de Tarzán de Johnny Weismuller y estoy dispuesto a verme cualquier largometraje de Bond independientemente del actor (salvo ese espanto protagonizado por Georges Lazenby), sí, hasta las de Roger Moore, que son casi autoparódicas (las pelis de Moore como Bond son a la franquicia de 007 lo que la serie de Batman de los sesenta lo es a la del Caballero Oscuro). Lo que realmente me cabrea de centrar todo el peso de la acción en un único personaje es que ese personaje suele ser, demasiado a menudo, un imbécil lanzallameable, una masa crítica de defectos de carácter o un abierto soplapollas.

Como Ally McBeal, esa abogada anoréxica, narcisista, infantiloide y alucinada a la que todos los demás personajes de la serie lamían el huesudo culo a dos carrillos y ponían como pináculo de virtudes que de ninguna manera se habrían podido deducir de sus diálogos ni de sus acciones. Da igual lo maravillosa que me la pintasen sus compañeros de bufete, jamás fui capaz de ver en esta abogada (a la que no recuerdo jamás preparando un caso ni buscando precedentes legales) nada más que una niñata torpe, ilusa y caprichosa.

Como la depresiva, acomplejada, insegura y autolesiva doctora Meredith Grey, de Anatomía de Grey, a la que, de no ser por el soporte de sus maravillosos compañeros de reparto, no habría soportado ni una sola vez más después del capítulo piloto (y una de las razones por las cuales abandoné la serie fue porque ya prácticamente no quedaba ninguno de los personajes que me hacían menos impresentable a la Grey y estaban introduciendo caras nuevas que no me decían nada y con los que no simpatizaba).

Siendo como es Johan Falk una serie de largometrajes extraordinariamente personalista, centrada en la figura del intrépido policía de Gotemburgo (a partir del cuarto título ya todo es Johan Falk dos puntos, para que nos quede bien claro), de entrada tenía todos los papeles para caerme como el culo, y, si hubiese empezado a conocerle por las primeras películas, tal vez lo hubiese hecho, porque Noll toleransTolerancia cero»), Livvakterna  («Los guardaespaldas», a menudo traducido por «Protección ejecutiva») y Den tredje vågenLa tercera ola») remachan en ese estereotipo del policía-héroe solitario-un único hombre honrado contra el sistema que es realmente en sí mismo un tropo del género.

Y no, no estoy diciendo que esa trilogía fundacional sea mala. Para nada. Como noir nórdico está entre lo mejor que he visto, pero en esta primera entrega de la serie el abusivo monopolio de la trama por parte del personaje de Johan Falk me lo habrían hecho casi indistinguible de cualquier otro detective solitario motherfucker con voluntad de hierro y la razón de su parte.

Por suerte, no empecé la serie por la primera película. Me fue imposible, hasta hace relativamente pronto, echarle mano a ninguna de las nueve primeras películas. Sí, aunque el primer título de la serie que conocí (antes incluso de saber que pertenecía a una serie) fue Livvakterna, aclamada en su momento como «la mejor película sueca de acción de la historia», aunque ya os digo que no es para tanta pirotecnia, la primera película de Johan Falk que pude ver fue la décima, Spelets reglerLas reglas del juego»), en la que Johan y Frank Wagner (Joel Kinnaman, sí, ése Joel Kinnaman, que como es de madre estadounidense puede trabajar a ambos lados del charco) tienen que volver a colaborar, a desgana, para salvar al hermano de su ex novia, que se ha buscado la ruina con sus deudas de juego.
Cada vez que este tío sale en pantalla se come el puto show.

Y fue una bendición empezar la serie por aquí, con las tramas ya establecidas, con un trasfondo sólido, con las personalidades y las interacciones entre los personajes fijadas y desarrolladas, porque, aunque en ocasiones me perdiese un poco al aludir los protagonistas a hechos y personas de las anteriores entregas de la serie, esa momentánea confusión quedaba sobradamente compensada por el espectáculo de esa maquinaria dramática trabajando, o al menos intentándolo, en la trama. Las diferencias de carácter entre los personajes y los choques entre el GSI y los otros departamentos de la Policía sueca. Las debilidades del sistema legal sueco, quizá excesivamente garantista, que pone en manos de los delincuentes herramientas para salir impunes de sus crímenes e incluso tomar ventaja sobre la policía y la fiscalía. Las martingalas políticas en despachos a puerta cerrada. La paradoja de que el GSI, la más exitosa unidad de la policía de Gotemburgo, roce la ilegalidad y eluda la supervisión de sus jefes a cambio de obtener detenciones y condenas. Todos esos temas extraordinariamente ricos para la historia no podrían haberse desarrollado con la dignidad y exhaustividad que merecen si la serie hubiese sido sólo otro policial y estuviese centrado en la figura de Johan Falk.

Y la transformación de la franquicia no es gradual en modo alguno. Johan Falk: GSI – Gruppen för särskilda insatser  («Johan Falk: GSI - Grupo de Operaciones Especiales»), el primer título en el que Falk se integra con sus nuevos compañeros de trabajo, no es una historia de orígenes, y eso se agradece. No tenemos que ver cómo se desarrollan las interacciones entre los personajes. No nos presentan, uno por uno, a los componentes de GSI y su trasfondo (nada de voice over y puñeteros flashbacks, muchas gracias). Todas esas relaciones, todas esas biografías ya han sido establecidas off-camera, y es Falk el que, recién llegado de la unidad de Crimen Organizado después de su servicio de cinco años en la Europol y sintiéndose, como el espectador (excelente decisión narrativa, por cierto), un poco intruso, tiene que encontrar su lugar en la unidad y en las dinámicas del grupo.

¿Por qué Patrik Agrell (Mikael Tornving), el director del GSI, actúa como si tuviese algún secreto inconfesable que ocultar acerca de las actividades de su unidad? ¿Es o no es el marido de Sophie (Meliz Kargel en un papel que la hace casi elegible para una película de Wonder Woman) un maltratador y por qué Tommy (Reuben Sallmander) se toma un interés personal en ello? Nada de eso importa en la trama. Esas preguntas sólo se nos plantean para proporcionarnos la sensación de mundo completo, para hacer más sólidos y cercanos a tierra el escenario y los personajes y si se contestan, en algún momento, no son decisivas para la historia ni deben serlo. Las preguntas que realmente cuentan en el argumento de GSI son las del estilo de: ¿Por qué, en la escena del ascensor, Frank parece reconocer a Tommy y Tommy a Frank? ¿Quién demonios se oculta tras el nombre del clave «Lisa» y por qué Tommy ha llegado a tales extremos para protegerlo?
¡Peaso carisma, Patrick, copón!

Johan Falk no da lo mejor de sí mismo como personaje cuando se pone en modo llanero solitario, da lo mejor de sí mismo a través de la interacción con sus compañeros del GSI (a los que a veces tiene que mentir), con los criminales a los que investiga (con los que en ocasiones tiene que cerrar alianzas coyunturales, cuando no sacarlos de líos), con su mujer (a la que ha puesto las perchas un par de docenas de veces), con sus hijos (con los que no pasa tiempo suficiente y a los que, por su trabajo contra el crimen organizado y sus operaciones contraterroristas, convierte más de una vez en objetivos de sus enemigos).

Y esta dinámica es tan provechosa que pronto todos los demás personajes protagónicos de la serie comienzan a beneficiarse de ella, establecer sus propias relaciones paralelas y crecer dentro de ellas, haciendo que el mundo de Johan Falk sea mucho más complejo, más rico, más consistente y más real, si procede emplear tal adjetivo en una obra de ficción. Seth Rydell (Jens Hultén, cuya presencia imponente y físico amenazador ha conseguido cameos en Skyfall y Misión Imposible: nación secreta), el jefe de la banda para la que trabaja Frank Wagner, comienza una relación extraña, llena de tensión sexual no resuelta, con Sophie. En ese intercambio, las sombras del personaje se oscurecen todavía más y sus luces brillan con más fuerza, haciendo de Seth Rydell un personaje más humano, más interesante y realista. Las tácticas policiales en el filo de la legalidad, la manipulación de criminales para obtener detenciones, y las víctimas colaterales de esa práctica operativa llevan a uno de los miembros del GSI a renegar de sus compañeros y perjudicarlos activamente convirtiéndose en informador de la Kavkaz, la mafia de Europa Oriental que lleva varias películas dando por saco al GSI. Patrick descubre que está gravemente enfermo y delega su autoridad en Sophie, que ahora pasa a ser la jefa del GSI y debe no solo dar órdenes a los que hasta hace poco eran sus compañeros, y que por ese mismo motivo tienen problemas en verla como una figura de autoridad, sino demostrar que la unidad que ahora dirige no se ha resentido de la baja de Patrick. Johan descubre que has estado compartiendo el finstro vaginar de su mujer con otro hombre y se cabrea mil aunque él mismo ha estado haciendo maniobras venéreas nocturnas con Anja.
Chispas saltan aquí. Chis-pas.

Y no es sólo de la interacción con otros personajes que Johan Falk sale beneficiado y la serie que protagoniza gana en valor dramático, complejidad y atractivo. Todos los demás personajes también se enriquecen de esta dinámica de grupo. Puede que Seth Rydell sea un gánster violento y un asesino, pero adora a su hermano, venera a su hija y no está exento de su propio sentido del honor. Su propia marca de nobleza. Patrick es un policía cabal, pero su compromiso con la misión que le han encomendado es tan grande que está dispuesto a ir mucho más allá de las instrucciones de sus superiores y de lo previsto en las leyes mismas con tal de conseguir los resultados que le exigen, de los que toda la sociedad sueca se beneficiará.

Pero lo que estoy contando aquí sobre la serie de Johan Falk no debería sorprender a nadie que tenga los cojones un poco pelados por la vida. La regla del «solo no puedes, con amigos, sí» que nos enseñaban en La bola de cristal, también es de aplicación en el mundo real y deberían tomar buena nota de ella todos esos autores desnortados que intentan vendernos la idea del hombre honrado y decidido solo contra el sistema que triunfa pese a la oposición de todo el mundo, falacia capitalisto-randiana de origen calvinista que se desmorona a poco que se la someta a la luz de la evidencia.

Ni siquiera Jimmy Stewart en Caballero sin espada derrota a los obstruccionistas y la corrupta estructura de poder en Washington en absoluta soledad y con sus dos cojones. Tiene el respaldo del personaje de Jean Arthur y de los críos de su grupo de Boy-Scouts. Pretender que un lobo estepario pueda prosperar en sociedad pero al mismo tiempo mantenerse al margen de la sociedad, es absurdo. E ideológicamente peligroso.

Como personas, no somos sólo nuestra biografía y nuestro carácter, sino también nuestras interacciones con otras personas. Lo mismo podría decirse de los personajes de ficción. Los mejor construidos evolucionan, perfeccionan sus virtudes, y sus defectos, cambian y se transforman en contacto con otros personajes. Como Quijote y Sancho, ejemplo paradigmático de novela moderna, que  actúan el uno como catalizador del otro.

La falacia del «hombre hecho a sí mismo» (cuya apoteosis es la del «millonario hecho a sí mismo») conduce a la del «personaje de ficción hecho a sí mismo» que nos entrega historias anémicas, novelas y películas estereotipadas e incongruentes, personajes abúlicos. Da igual lo sólido y acabado que te parezca tu protagonista, si no experimenta ninguna transformación a raíz de sus interacciones con otros personajes, tu personaje no es un personaje, es un cadáver. A Johan Falk no le queda otra, al final de la serie, que cuestionarse algunas de sus decisiones, que poner en la balanza algunos de sus actos, que en el momento en que los acometió, azuzado por la hubris del detective, del cazador de criminales, le parecieron justificados, pero que ahora ve, demasiado tarde, que comportaban unos riesgos inasumibles.


(En algún momento entre estos cinco párrafos debería haber colado alguna imagen, ya sabes, para aligerar tanta verborrea, pero Google, a quien obviamente le resopla los dos nakasones ofrecer un servicio de calidad, ha decidido, por mí, que la presente entrada ya es lo bastante pesada y me peta todos los intentos por colar un archivo de imagen más. ¡Gracias, señor Google! Le dejo el recuadro gris, para escarnio suyo).
Verse entera la serie de Johan Falk, las veinte películas, es no sólo una lección de cómo mejora una historia, un personaje, a partir de la interacción entre personajes, sino una muestra de las nuevas avenidas dramáticas, las nuevas tramas que esta dialéctica engendra. Y las más ricas bifurcaciones, las subtramas más interesantes de desarrollar y explorar proceden del intercambio, mejor dicho de la colisión, entre personajes con trasfondos y objetivos diferentes.

Lo cual, querido lector, constituye una excelente lección en escritura creativa de la cual, a raíz de la lectura de esta entrada del Paratroopers, espero que puedas beneficiarte cuando escribas tu libro de mierda.


Serie de Johan Falk:

a. La trilogía original (1999-2003):
Rodada entre 1999 y 2003 como tres películas independientes, en las que los personajes de Falk, su compañera de trabajo-amante Anja (Jacqueline Ramel) y su jefe el comisario Ola Sellberg (Lennart Hjulström) y la lucha contra el crimen organizado son las únicas constantes de la serie, aunque el personaje de Helen (Marie Richardson) acabará incorporándose como uno de los habituales en calidad de esposa de Johan y madre de su hijo.
1. Noll tolerans («Tolerancia cero»), octubre de 1999. Dirigida por Anders Nilsson.
Ya sabes de qué va, que te lo hemos dicho más arriba: atraco a una joyería, testigos intimidados, bla, bla, bla.

2. Livvakterna («Los guardaespaldas», titulada a veces «Protección ejecutiva»), agosto de 2001. Dirigida por Anders Nilsson. Descontento con el puesto menor que le han dado en la Policía, Johan, que está pensando en dejar el trabajo, acude en ayuda de su amigo Sven Persson, extorsionado por una organización criminal, y colabora con una empresa de seguridad privada para protegerle a él y su familia.

3. Den tredje vågen («La tercera ola»), octubre de 2003. Dirigida por Anders Nilsson. Ola Sellberg, el ex comisario jefe de Johan, es promocionado al cargo de director de la oficina contra el crimen organizado de Europol en La Haya y quiere reclutar a Falk para su unidad. Rebecka Åkerström, una sueca residente en Londres, se pone en contacto con Sellberg y le ofrece información comprometedora obtenida de su abusiva pareja.

b. Primera serie (2009):

Abarca el regreso de Johan Falk a Gotemburgo, después de su servicio en Europol, en La Haya, y su reclutamiento por el GSI. Sólo la primera película se estrenó en cines. Las demás salieron directamente en DVD.

4. Johan Falk: GSI – Gruppen för särskilda insatser («GSI, Grupo de Operaciones Especiales»), junio de 2009. Dirigida por Anders Nilsson. Tras cinco años en Europol, Falk regresa a Gotemburgo como nuevo miembro del GSI, dirigida por sus amigos Patrick Agrell y Tommy Ridders. Tommy es asesinado durante una misión y Falk descubre que el éxito del GSI se basa en el empleo de infiltrados civiles en las bandas organizadas, algo expresamente prohibido a la policía sueca, siendo uno de esos informadores más productivos el que responde al nombre en clave «Lisa».

5. Johan Falk: Vapenbröder («Hermanos de armas»), septiembre de 2009. Dirigida por Anders Nilsson. Una compra de fusiles automáticos por parte del GSI, para retirar esas armas de la calle, sale condenadamente mal y el GSI no sólo empieza a sospechar que tienen un «topo», sino que deben exigirle a «Lisa» una implicación más activa en el desmantelamiento de los planes de la banda de Seth Rydell.

6. Johan Falk: National Target («Objetivo nacional»), octubre de 2009. Dirigida por Richard Holm. Una nueva variedad de anfetaminas, distribuida por una banda rusa cuyo líder nadie ha visto jamás, inunda las calles de Gotemburgo y, una vez más, el GSI exige a «Lisa» que ponga en peligro su cobertura y su vida para detener a los traficantes.

7. Johan Falk: Leo Gaut, octubre de 2009. Dirigida por Richard Holm. Un coche bomba estalla frente a la escuela a la que Patrick lleva a sus hijos. La investigación lleva al GSI hasta Leo Gault, excarcelado tras cumplir diez años de condena y atrapado ahora en medio de una guerra contra un grupo que pretende apoderarse de su restaurante.

8. Johan Falk: Operation Näktergal («Operación Ruiseñor»), noviembre de 2009. Dirigida por Daniel Lind Lagerlöf. El GSI investiga una red de trata de blancas y prostitución forzada.

9. Johan Falk: De fredlösa («Los forajidos»), noviembre de 2009. Dirigida por Daniel Lind Lagerlöf. El atentado con bomba contra una fiscal que investiga a una banda de moteros lleva a la prensa a cuestionar la eficacia de la policía contra el crimen organizado.

c. Segunda serie (2012-2013):

Rodadas entre la primavera de 2011 y los primeros meses de 2012, las cinco primeras películas salieron directamente en DVD mientras que Kodnamn Lisa se estrenó en cines en marzo de 2013 antes de llegar al «cine en casa» en julio de ese mismo año.

10. Johan Falk: Spelets regler («Las reglas del juego»), septiembre de 2012. Dirigida por Charlotte Brändström. La investigación del GSI acerca de un nuevo tipo de droga sintética y los esfuerzos de Frank Wagner por sacar de problemas al hermano de su ex novia llevan a Falk y Wagner a trabajar juntos.

11. Johan Falk: De 107 patrioterna («Los 107 patriotas»), octubre de 2012. Dirigida por Anders Nilsson. El tiroteo entre dos bandas rivales en un parque público e Gotemburgo lleva al GSI hasta un peligroso grupo de neonazis, Los 107 Patriotas.

12. Johan Falk: Alla råns moder («La madre de todos los robos»), octubre de 2012. Dirigida por Anders Nilsson. Sophie consigue reclutar a Seth Rydell como informante. Pero Seth es un puto psicópata impredecible y mucho más espabilado de lo que sugiere su facha de mala bestia. ¿Está Sophie utilizando a Seth o Seth utilizando a Sophie?

13. Johan Falk: Organizatsija Karayan («Organización Karayan»), noviembre de 2012. Dirigida por Richard Holm. Örjan, el padre biológico de Nina, la hijastra de Johan, quiere recuperar los lazos con su hija tras años sin contactar con ella. Pero Örjan debe dinero a la mafia rusa Karayan, que secuestra a Nina para presionale.

14. Johan Falk: Barninfiltratören («Los niños infiltrados»), noviembre de 2012. Dirigida por Richard Holm. Una nueva banda de atracadores, todos ellos muy jóvenes, aterroriza los centros comerciales de Gotemburgo. Y han usado el nombre de Seth Rydell como garantía, metiéndole en problemas con otras bandas.

15. Johan Falk: Kodnamn Lisa («Nombre en clave: Lisa»), marzo de 2013. Dirigida por Charlotte Brändström. Cinco sicarios irrumpen en el apartamento de Frank Wagner, que escapa con vida por los pelos. ¿Ha sido descubierta su tapadera? ¿En quién puede y no puede confiar Frank? ¿He medio conseguido ocultarte hasta aquí quién se ocultaba tras el bnombre en clav «Lisa» o no?

d. Tercera y última serie (2015):

Anders Nilsson y Joakim Hansson, los creadores de la serie, anunciaron que ésta sería la última entrega de las aventuras de Johan Falk. Rodados entre verano y otoño de 2014, los cinco largometrajes salieron directamente a DVD, Blu-Ray y plataformas de VoD entre junio y agosto de 2015.

16. Johan Falk: Ur askan i elden («De mal en peor»), junio de 2015. Dirigida a cuatro manos por Richard Holm y Anders Nilsson. Johan investiga en Letonia quién destapó la cobertura de Frank Wagner. Allí es extorsionado para que cruce un camión lleno de armas a Suecia pero, llegados a Alemania, la banda de Seth Rydell roba la mercancía.

17. Johan Falk: Tyst diplomati
(«Diplomacia silenciosa»), julio de 2015. Dirigida por Peter Lindmark. El GSI descubre que Seth pretende vender parte de las armas robadas en Alemania a un grupo terrorista. Y, lo que es aún más grave, Pernilla Vasquez, compañera de Falk en su pasado como agente privado de seguridad, está implicada en el caso.

18. Johan Falk: Blodsdiamanter («Diamantes de sangre»), julio de 2015. Dirigida por Peter Lindmark. El GSI sigue una pista sobre tráfico de armas hasta el cuartel general de la mafia Kavkaz. Infiltran a Niklas (un sueco negro, y no es coña) en el grupo y le pierden la pista. Paralelamente, la banda de Seth se divide en dos falanges para perpetrar un golpe colosal.

19. Johan Falk: Lockdown
(«Confinamiento», que está de moda), agosto de 2015. Dirigida por Richard Holm. Vijay Khan, Némesis de Seth Rydell, solicita un nuevo juicio en base a la alegación de que el GSI le detuvo empleando métodos ilegales. En la sede de policía de Gotemburgo, alguien dispara a Patrick. El edificio entero queda confinado mientras buscan al pistolero.

20. Johan Falk: Slutet («El fin»), agosto de 2015. Dirigida por Richard Holm. Talmente así. Todas las tramas concluyen en esta película, con el GSI más desesperado y menos dispuesto a seguir las reglas que nunca y Falk hasta las orejas en las intrigas del crimen organizado de Europa del Este, que han puesto en peligro a su propia familia.

PREGUNTA: ¿Y dónde coño las veo?

RESPUESTA: espera, que aún no he acabado de reirme.

Si lo que pretendes es hacerte con los discos, prepárate a sudar. En Amazon España tenían la mayor parte de ellos, pero, en el momento en que escribo esto, no parece haber en stock prácticamente ninguna copia, de ninguna de las películas, en ningún formato.

Hay un box de la trilogía original en DVD que corresponde a la edición británica. Me ha sido imposible averiguar si está doblada al inglés o tiene la opción de oír la pista de audio original con los correspondientes subtítulos para los que no hablamos sueco. Si lo prefieres, también está la edición francesa, aunque los precios de ambas son simplemente absurdos.

También está disponible un recopilatorio en DVD de la primera temporada. En sueco con los subtítulos en inglés.

La otra opción para conseguir las películas en formato físico sería eBay, donde la oferta tampoco es para tirar cohetes, hay muchas ediciones en lenguas que tal vez hables mejor que yo y los precios dan entre miedo y risa.

En lo que respecta a los servicios de VoD, tampoco hay mucho donde rascar. Por lo que he podido averiguar, Netflix tuvo toda o parte de la serie, pero ya no está en su catálogo. Las tres temporadas finales están disponibles en Amazon Prime Video con subtítulos en inglés. No sé cuánto tiempo durarán ahí, así que si tal cosa, date prisita en verlas. También tienen algunas de las películas con audio en español. Lo único malo de esta opción es que, aparentemente, no tienen la trilogía original o he sido demasiado manco buscándola (he escrito «noll tolerans» en la barra de búsqueda de Amazon Prime y me han intentado vender Tylenol. Palabra).
WTFFFFFFF????????

Y no sé qué pensar de otros servicios de streaming, puesto que no tengo cuenta en ninguno de ellos. Ni puedo recomendarlos ni desaconsejarlos.

Y no seré yo el que, desde aquí, aconseje a los que se puedan sentir intrigados por esta serie, pero no tanto que les parezca deseable afrontar los enormes obstáculos que se interponen entre ellos y su visionado, que recurran a servicios  «no oficiales» o métodos dudosamente éticos, que luego vienen los abogados y te amargan la existencia.
«¿Que te has bajado el qué con la mula? ¿Eh? ¿El qué?»

Pues, eso, que si quieres ver la serie y Amazon Prime Video deja caer de su catálogo esta pequeña joya sueca, estás jodido, amado lector.

En fin...