domingo, 30 de junio de 2019

Barba Azul es solo la versión sin filtros del Príncipe Azul

"If once a man indulges himself in murder, very soon he comes to think little of robbing; and from robbing he comes next to drinking and Sabbath-breaking, and from that to incivility and procrastination."

Thomas de Quincey, Murder Considered as One of the Fine Arts, 1827
No.

No y no.

No no no no no no no no no no.

¡Que no!

"You used to wrap yourself in fairy tales like a blanket, but it was the cold you loved. Sharp shivers as you uncovered the corpses of Bluebeard's wives. Sweeter goosebumps as Prince Charming slid one glass slipper over your little toes. A perfect fit."
A ver, cariños míos, esto va así: habéis perdido el vicio de leer y, como consecuencia, habéis perdido la costumbre de pensar en lo que leéis. Hasta diría que habéis perdido la costumbre de pensar, punto, pero eso podría sonar un pelín denigrante, ¿verdad?, así que me ajustaré a mi primera afirmación: habéis perdido la costumbre de leer y pensar en lo leído, así que ya no estáis familiarizadas con las sutilezas, se os escapan los matices, sois disléxicas al subtexto de una narración y ahora, como consecuencia última de todo eso, habéis adquirido el feo vicio de ser subnormales profundas incapaces de daros cuenta hasta de lo más evidente.

No, no es un romántico. Es un puto psicópata acosador, manipulador, y un asesino.

No, no es una bonita historia de amor. Es una historia de acoso, obsesión y muerte.


En septiembre pasado, Netflix puso a disposición de sus clientes YOU, una serie sobre Joe Goldberg, librero raruelo y algo palidorro, que se enamora de Guinevere Beck (interpretada por Elizabeth Lail) y hace todo lo posible por conquistarla. A Joe no le detiene que Beck ya esté en una relación y que Beck y él no tengan gran cosa en común, salvo una desmedida pasión por la literatura.
Qué romántico, ¿verdad?

A ver, niñas: en el primer capítulo, Joe busca a Beck en Facebook, la sigue hasta su casa, la acecha por la ventana, se masturba mirándola, allana su apartamento, le roba el móvil para tener acceso a sus mensajes y sus contactos y le roba unas bragas. Usadas.

En el primer capítulo.

Lo voy a repetir, por si no me habéis entendido, que habéis demostrado tener una escasa, por decir algo, comprensión narrativa, y tal vez no he sido lo bastante claro:

En el primer capítulo, Joe busca a Beck en Feisbuc, la sigue hasta su chabolo, la espía por la ventana, se hace una gayola mirándola, allana su apartamento, le sisa el móvil, para tener acceso a sus mensajes y sus contactos y le roba unas bragas. Sucias.

¿Ya?

Mira, mejor asegurarse. Lo voy a escribir una tercera vez:

En el primérido caspítuslo, el Joe busca a la Beck en el Facebú, la sigue hasta su queli, la junea por la ventana, se empajota mirándola (mientras ella se refriega un cojín en la bisectriz, pero eso no era una invitación y además estaba en su casa, le picaba el rascallú y tenía perfecto derecho a darse una alegría clitoriana, si le apetecía), se cuela en lo suyo, le manga el móvil, le ficha los mensajes y a las amigas y se larga con unas bragas suyas. Usadas.


Avisadme, ¿eh? Avisadme cuando lleguemos a la parte romántica. Porque así, en un solo párrafo, uno solito, que resume la primera media hora del capítulo piloto, yo veo a Joe cometer seis delitos, como poco.

¡Puto marrano!
"But by the schoolyard, real princesses floated by you on fall winds. You saw the gulf between you and the rich girls and vowed to stop believing in fairy tales. But the stories were in you, deep as poison. If Prince Charming was real. If he could save you. You needed to be saved from the unfairness of everything. When would he come? The answer was a cruel shrug in a hundred fleeting moments: the sneer on Steve Smith's face when he called you a fat cow, uncle Jeff's hand squeezing your ass in the Thanksgiving kitchen, the accusation in your father's eyes when you told him what happened."
En el primer capítulo Joe bla, bla, bla y la Intenné se ha llenado de comentarios de féminas a las que se les hizo el chichi gaseosa con esa bonita y romántica historia de amor entre una petarda escritora wannabe y su acosador psicópata.
(Sí. Petarda. Petarda narcisista, ensimismada y egoísta, atenta solo a su propio ombligo blanco, anglosajón y protestante de escritorzuela primeriza sin ansias ni talento, incapaz de darse cuenta, por ejemplo, de que en el capítulo seis su novio SE ABRIÓ LA PUTA CABEZA. ¿Cómo cojones, por muy obnubilada que estés, no notas que tu chico tiene una cicatriz de siete centímetros bien visible en el puto cráneo y la tapa con un parche del tamaño de una cajetilla de Ducados?)
A Penn Badgley, actor que da vida a Joe, se le están limando las huellas dactilares de tuitear, a todas estas mujeres que han visto YOU y se han convencido de que es «una hermosa historia de amor», que si se han vuelto todas locas. Casi la mitad de sus tweets van sobre este tema.

Joder, chicas, ¿estáis viendo la misma serie que yo?

Joe se carga al novio de Beck. Joe dedica veinte horas diarias a alejar a Beck de sus amigas, a las que considera una mala influencia. Joe miente, engaña, delinque, secuestra y mata para conseguir a Beck. Cuando se entera de que Beck está yendo a terapia, da por sentado que se la está pegando con el psicólogo (un John Stamos que, claramente, ha hecho un pacto con Lucifer y está en posesión del secreto de la eterna juventud) y se va a su consulta, haciéndose pasar por un paciente, con intención de matarlo.

El paranoico, tóxico y celoso Joe ha decidido que ama a Beck y que deben ser pareja, y le importa tres puntas de nabo lo que Beck tenga que decir al respecto.

¿Eso es romántico? ¡no jodas! ¿Qué mierda os pasa a todas?

"From every boy masquerading as a man that you let into your body, your heart, you learned you didn't have whatever magic turns a beast into a prince. You surrounded yourself with the girls you'd always resented, hoping to share their power, and you hated yourself. And that diminished you even more. And then, right when you thought you might just dissapear, he saw you and you knew somewhere deep it was too good to be true, but you let yourself be swept."
Las relaciones de pareja ya son lo bastante complicadas sin incurrir en dinámicas de abuso. Por ejemplo: cuando la relación entre Beck y Joe está más que consolidada (huy, perdón; espóilers), Beck comienza a sabotearla pasivamente. Ahora que tiene a Joe, no lo quiere. Llega al extremo de echarle la culpa de su bloqueo de escritora (y no, no se le ocurre siquiera la posibilidad de que tener todo el puto día el hocico metido en su teléfono móvil, mirando el Facebook de sus amigas y tuiteando chuminadas, en vez de en la pantalla de su portátil, escribiendo, pueda tener algo que ver con ello).

Pero, claro, si las comidas de olla sentimentales de Beck centrasen la acción y Joe no fuese un puto sociópata, YOU sería otro tipo de serie.

Y, por cierto, las sospechas de Joe de que Beck estaba engrasando la verga de su terapeuta estaban más que justificadas. Lo cual, huelga decirlo, no exculpa la reacción de Joe.
Oh, perdón. Eso era otro espóiler.
No es la primera vez que intentan blanquearnos a un sociópata. Mira toda la mitología construida alrededor de Aníbal Lecter o Norman Bates, tipos a los que no querrías ver ni en pintura. Y aquí ya nos hemos confesado fans de Dexter Morgan, un asesino al que, manipulados tus sentimientos por los guionistas de la serie, acabas no solo por encontrar entrañable, sino que simpatizas con su conducta, deseas que siga matando y celebras la torpeza de la Policía, incapaz de detenerle.

Joe, como Dexter, tiene su propio Harry: el señor Mooney, el (cabrón) dueño original de la librería, y un alijo de trofeos de sus víctimas; aunque me parece que aquí se acaban todas las similitudes.

"Mooney... He was my Mr. Miyagi... if Miyagi was a Soviet prison guard."
La rubia, anglosajona y lerda Beck.
Dexter planea sus crímenes a fin de no ser detenido ni dejar pruebas. A veces sus planes le salen rana, pero al menos lo intenta.

Joe se mueve por impulsos y, en situaciones de estrés, no es capaz de pensar a largo plazo. Un rasgo típico de los psicópatas.

Dexter mata asesinos a los que el Estado de Florida, de haberlos procesado, habría acabado ejecutando de todas maneras. Y, sí, sé que estoy haciendo de abogado del diablo. También yo he caído víctima de los trucos sucios de los guionistas de la serie y estoy blanqueando los crímenes de un puto asesino en serie.

Pero es que Joe mata a personas inocentes. Personas hechas polvo y con sus propias mierdas, pero básicamente inocentes.

Dexter, a su perversa e interesada manera, al satisfacer a su «oscuro pasajero» crea un Miami más seguro. Joe solo quiere obligar a Beck a amarle. Aunque tenga que asesinar a todo Nueva York para lograrlo.
La ficción puede lograr que empaticemos con personajes detestables: Drácula, Darth Vader, James Bond, Batman, Britney Spears. Los guionistas de YOU intentan vendernos que Joe, en realidad, no es tan cabrón como parece. Es el buenorro ratón de bibiloteca que todos llevamos dentro. Hace de padre sustituto para el hijo de su vecina drogata, irresponsable y con una realmente pésima puntería vaginal. Los escritores de la serie también nos presentan las «virtudes» de Joe agigantadas en contraposición a los defectos de Beck (mentirosa, egocéntrica, adúltera, interesada) y de los otros personajes: Benji, el novio pijo, promíscuo, vago, homicida y cagabandurrias de Beck; Peach, la amiga aún más pija de Beck, al menos tan fría, falsa y manipuladora como Joe y lesbiencoñada en secreto de la rubísima y alelada Guinevere...
"Because he was the first strong enough to lift you. Now in his castle you understand Prince Charming and Bluebeard are the same man and you don't get a happy end unless you love both of him. Didn't you want this?"
Por supuesto, ninguno de los pecados de estos personajes hacen bueno a Joe que, por si no había quedado claro ya, es un puto psicópata con todas las características: encubre su naturaleza sociopática bajo un barniz de sensibilidad, encanto y cortesía, está más que informado de los códigos morales y legales pero solo los respetará mientras hacerlo le reporte algún beneficio, pretende desde el principio debilitar a Beck aislándola de su novio y sus amigas, se considera a sí mismo la víctima de sus propias malas decisiones o de las vacilaciones de Beck, no le importa recurrir a la mentira, el engaño y el crímen si con ello se acerca más a su objetivo, está  dispuesto a trasladar a terceros la responsabilidad de sus más reprobables actos, solo parece tener una ficción de pudor o remordimientos, carece de empatía hasta el punto de estar dispuesto a hacer lo que sea necesario para manipular a Beck hasta que le ame, tiene una elevadísima opinión de sí mismo, llegando a pensar que es el novio perfecto para Beck, que nadie sino él la conoce ni la entiende realmente, que nadie la quiere tanto como él...
Pero, a pesar de la evidencia, y de los delitos que Joe comete en pantalla, sigue habiendo espectadores que ven YOU y creen estar ante una hermosa historia de amor.

Lo cual no deja de ser irónico, pues YOU es precisamente la historia de un personaje, Joe, empeñado en malinterpetar lo que Beck hace y dice de manera que no arruine el cuento de hadas en el que nadie más que él cree y que en realidad nunca ha existido.

Joder. Hay días en que ni ganas de escribir tengo sobre la inflación de imbéciles que agusanan a la raza humana.
"Didn't you ask for it?
Didn't you ask for it?"

sábado, 8 de junio de 2019

La última mierda que cagó Pilatos

“Thousands of years from now they will use my fossil remains as an example of a mistake in the evolutionary process.”
Solo hay una cosa peor que no seguir un buen consejo, y es seguirlo.

Como todo padre primerizo puede atestiguar, basta con tener un hijo para que todos tus amigos, familiares, conocidos y hasta ese señor del lunar con pelos que te encuentras a veces en la parada del Metro empiecen a decirte cómo debes sostenerlo, educarlo, alimentarlo, vestirlo, bañarlo. Poco importa que ninguna de estas personas haya sido padre jamás. No los asesinamos con extremos de sadismo porque sabemos que, si en algún momento de su futuro más o menos inmediato se disponen a tener descendencia, ésta es su última oportunidad de fingir que saben de qué coño están hablando.

En esto de emborronar cuartillas tampoco faltan nunca desnortados que, a menudo con tanta desfachatez como buena intención, están seguros de saber hacerlo mejor que tú, aunque sean incapaces de juntar más de once palabras sin enmierdar sus calzoncillos. Normalmente es posible detectar a estos malos consejeros porque, salvo sorpresas, todos acaban diciendo lo mismo: «escribe sobre lo que conoces». Una excelente sugerencia, además de una instrucción temeraria quien sabe si directa responsable del tsunami de mierda editorial que nos inunda y al que algunos intentan pegar el degradado, prostituido y hediente sello de Literatura.

Porque «escribe sobre lo que conoces» puede ser un buen punto de partida para un escritor primerizo.

Pero, al mismo tiempo, «escribe sobre lo que conoces», es un mandamiento que otorga altavoz y coartada a una generación de soplapollas incurables con caras de hormigón armado que distraen el tedio de sus malbaratadas vidas poniendo por escrito las drogas que se follan, los tuiters que esnifan, los coños que escriben, lo mucho que odian a sus videojuegos, en qué temporada de qué blogs van y cuáles son los últimos padres que se han acabado; y empaquetan esa oda a la molicie, esa bitácora de naderías, ese mausoleo del vacío, con el pretexto de la Literatura. ¡Cuántos crímenes se cometen en su nombre!

“I try not to think of myself as a person but a metal object, built suddenly by machines in complete darkness something impossible to hurt with a shovel.”
Este artefacto disperso, inconexo, narcotizante, del spleen Millenial es el evangelio de los nuevos decadentes que, a diferencia de Baudelaire o Oscar Wilde, no solo no hacen nada remotamente parecido a Literatura (además de ser unos completos pazguatos), es que ni siquiera se toman la molestia de hilar algo que, aun por accidente, pudiera tener pretensiones de relato, por no mencionar que el dominio de sus respectivas lenguas vernáculas, incluso en un nivel meramente coloquial, deja bastante que desear, y sobre su trasfondo lector creo que ni me voy a tomar la molestia de hacer especualaciones, porque podría acabar llegando a la conclusión de que alguno de ellos roza el cretinismo supino.

Mira, esto es así de simple: si lleva un guión, un «post», un «neo», un «alt» o un «ismo» por alguna parte, lo más probable es que sea un mojón pinchado en un palo. O peor aún: una marca. Y aquí nos limpiamos el culo con las marcas cuando no son más que eso: marcas.

El rebaño de iletrados que se adhiere a esta nueva religión de la cual el suicidado David Foster Wallace dicen que es el único profeta (ojo, que le reverencien no quiere decir que hayan leído a Wallace, como yo adoro a la señorita Sampaio y en la puta vida he estado en la misma zona horaria que ella), tiene, por tener, hasta género literario (arcada) propio: la autoficción. O sea, escribir lo que te salga del potorro, siempre y cuando esté más o menos libremente inspirado en tu vida de mierda o en las de los lúsers de tus amigos, y hacerlo pasar por testimonio. Me he tenido que ir a buscar los nombres de estos indocumentados a la Pinkipedia, porque es que ni zorra, oye.

¿Y cómo escriben estos señores y señoras?

Mierda de la buena.
No tengo ni idea. Jamás he leído nada suyo. Pero uno de los más afamados de ellos, un tal Tao Lin, que se vende como «uno de los primeros escritores que se ha formado no a través de la tradicional cultura impresa sino en y a través de Internet y las redes sociales» ("one of the first writers to have been formed ot through traditional page and printo culture but in and through social media and the internet") se expresan así:
"Writing autobiographically is more difficult because I’m editing a massive first draft of maybe 25,000 pages—my memory—into a 250-page novel. It’s less difficult because I don’t need to write a 25,000-page first draft; it’s already there, in some form, as my memory. Related: I don’t view my memory as accurate or static—and, in autobiographical fiction, my focus is still on creating an effect, not on documenting reality—so “autobiographical,” to me, is closer in meaning to “fiction” than “autobiography.”"
O sea, que escribir en tono autobiográfico es difícil, pero al mismo tiempo no lo es, porque este hombre empezó con un primer borrador de 25 000 páginas que tuvo que convertir en una novela de 250 páginas, pero fue fácil, porque en realidad no empezó con un primer borrador de 25 000 páginas porque ese «primer borrador» en realidad era su memoria, que ya estaba ahí, y en realidad tampoco trabajó con su memoria, a la que no considera ni precisa ni estática, vamos, que pasó olímpicamente de sus recuerdos y se concentró en crear un efecto, no en documentar la realidad, porque, para él, el significado de «autobiográfico» está más cerca de «ficción» que de «autobiografía».

¿Qué?

No. Has leído bien. ¿Quieres que te lo repita?

Bueno, pues acabo de presentarte el único argumento que necesito para no leer nada de lo que escriba este fulano, ni ningún otro de su misma ralea, salvo por puto accidente. Porque ya hay que ser inútil para soltar semejante parrafada para no decir absolutamente nada, que creo que es lo que caracteriza a la prosa de esta gente.

¿Qué más caracteriza a esta generación de espantajos?

Evidentemente, se aburren, lo cual no tiene nada de malo. Lo jodido no es que se aburran y ni siquiera que crean que son los primeros en aburrirse, o los que más se aburren; lo realmente hijoputesco es que pretenden aburrirnos a nosotros.

Al parecer, también se endrogan. Mucho. O dicen que se endrogan. A mí, que ya todo lo que viene de esta gente me huele a falso postureo, como si se la pica un pollo.
"I got into a routine of doing like 80 to 120 milligrams of Adderall and not sleeping for like 36 hours. Then using Xanax or Klonopin and eating, then sleeping for like 12 hours, or not sleeping another night and using more Adderall. Which mostly felt bad, like a constant state of desperation, thinking the novel was incoherent. And I would have days without Adderall, so that it would still work, but it gradually worked less—and on those days I would just eat and use Percocet or whatever I had and be zombielike, then sleep."
O sea, que los alt-lits se aburren y se drogan. Pero mucho, mucho. Se drogan porque se aburren, supongo, y quieren estar en forma para poder aburrirnos a nosotros escribiendo sobre lo mucho que se aburren, o se drogan porque son unos eunucos sociales y drogarse es la única forma de que no les notemos el asco que les damos los demás. ¡Menuda originalidad! La drogaína ha sido parte sustantiva de escritores y artistas desde la noche de los tiempos y hasta en esta bitácora hemos tratado, superficialmente, el tema. Y bueno, escritores porreros, borrachos y yonquis los ha habido y los habrá pero, como todos los yonquis aburridos, estos millenials no solo creen que son los primeros en drogarse, si no que su drogura, su endrogamiento, es mucho, muchísimo más interesante y está más justificado que el de los demás. ¡Pero, eh, cuidado, que Tao Lin lee a Schopenhauer y Pessoa (en su iPhone, faltaría más)! Menos mal que no tiene la desfachatez de decir que los entiende ni el gónadoplomismo de compararse con ellos.

Además, este nuevo parnaso de escritores no parece tener un mensaje propiamente dicho, salvo que el medio a través del cual se expresan sea en sí mismo el mensaje. Tampoco se les ve muy puestos con el lenguaje (para muestra, el ejemplo anterior), y parecen carecer de habilidad alguna para lograr que empaticemos con sus personajes, porque tampoco se les ve muy diestros en el arte de conseguir que empaticemos con ellos mismos.

Al bueno de Tao Lin, en una presentación de libros en Brooklyn, alguien de entre el público le preguntó si era autista, o retrasado mental. La culpa, probablemente fuese del propio Tao Lin, que estaba promocionando un libro (el de Tao Lin), cuyo protagonista es un escritor que está promocionando un libro (el del personaje) y que decide que, antes de aparecer en público, se va a poner siempre hasta el culo de drogas para no tener que sentirse ansioso, desolado o torpe. Vamos, para no sentir, que eso da un mal rollazo que no veas.

De rulas hasta el culo.
¿Que si Tao Lin es autista o subnormal?

Mucho más sencillo, señora: es un bloguero. Es un influencer. Es un youtuber. Es una persona que vive la vida a través de la pantalla de su ordenador o de su teléfono móvil, que prefiere relacionarse con la gente mediante su muro de Facebook, sus stories y grupos de Whatsapp y sus hilos de Twitter, que no le da la gana o no tiene energías o no le alcanza el cerebro para aprender a escribir libros como un hombre y escribe libros como si fueran posts de blogger, solo que más largos, que no cuenta más que futilidades porque su mera existencia es muelle e inane; y si le parece que este «escritor» se expresa con el tedio, la insensibilidad y la rutina de una máquina, es porque, en su mundo, el tedio es la atmósfera, la insensibilidad el suelo y la rutina los latidos del corazón. ¡Pero si hasta tiene un libro titulado Tweets selectos, joder!

Y pensabas que era una coña.
Y el mundo de Tao Lin, nos guste o no, es nuestro mundo.
“I'm going to distance myself until the world is beautiful.”
Nosotros hemos educado a este chaval, y a toda una generación de soplapollas como él, en la desesperanza, en la futilidad, en el mínimo esfuerzo, en la indiferencia; le hemos enseñado que los únicos sentimientos que importan son los suyos, que tiene derecho a aburrirnos con sus mamonadas de niñato malcriado y perezoso, y luego hemos cebado su reblandecido cerebro con suficientes estímulos contradictorios para que nunca sea capaz de concentrarse en nada ni explorar en profundidad cosa alguna.

A este escritor, y a todos los de su generación, lo hemos creado entre todos.

Un escritor incapaz de explicar cómo escribe.

Un escritor que no se esfuerza en escribir.

Un escritor incapaz de comprender por qué escribe.

Un escritor emocionalmente muerto que escribe historias sobre personajes emocionalmente muertos.

Un escritor que se contradice a sí mismo cuatro veces en una declaración de menos de noventa palabras.


Ah, no, no. Por ahí sí que no paso.
Digámoslo ya por si los que lo dijeron antes que nosotros no gritaron lo suficiente: la inane, soporífera, vacua y estupefaciente alt-lit, a falta de pruebas en sentido contrario, no es más que otro monumento al narcisismo más bochornoso, la ineptitud rampante y el limbo intelectual de una recua de niñatos insufribles con la edad mental de un cruasán y la talla intelectual de un pedo choricero. Me apropio de palabras ajenas y las lanzo aquí: «la alt-lit no es la "Literatura alternativa", es la "alternativa a la Literatura"».

Lo cual debería ser motivo de escándalo y reflexión para todos.

Volved a leer, queridos lectores, la entrada en la que, a grandes rasgos (no hemos metido la participación de la CIA en todo el tinglado, por ejemplo, que siempre desprende un repelente tufillo a conspiranoia de gorro de papel Albal), despellejamos la gran mentira del Arte Contemporáneo. Estos nuevos escritores son su vertiente literaria y sus libros la versión impresa del urinario de Duchamp. Y yo sin un Guantelete del Infinito con el que arreglar este desaguisado.


Puedo entender, e incluso respetar, a un escritor que no se tome en serio a sí mismo. Es más, considero una sana actitud no tomarte demasiado en serio a ti mismo, independientemente de a qué te dediques.
«¡Ñaca! ¡A mamarla!»
Ahora bien, un escritor que no se toma en serio eso de escribir, es exactamente la clase de persona por la cual lamento no tener a mano mi Guantelete del Infinito.

Un escritor que no se toma en serio la Literatura, aunque sea como meta inalcanzable a la que no puede dejar de intentar alzarse, por parcos que sean sus medios, es un escritor que se caga en todos los escritores que sí se toman en serio la Literatura, que quisiera creer que son mayoría.


Un perfecto zoquete que lleva a gala haberse culturizado exclusivamente, o casi, mamando la mierda que repta por Internet no tiene ninguna autoridad moral para hablar de Literatura. Menos, considerando la torpeza, desgana y confusión con la cual se expresa.
“He asked if there were more things she had lied about. She said she had to think. She said she was still thinking. After about two minutes she said she was still thinking.”
A esta gente, la Literatura les importa un cojón, los libros se la sudan y el Arte se la trae al fresco. Su única obra son ellos mismos y la promoción de sus personas, que es la única manera en la que puedes aspirar expresarte artísticamente cuando no tienes ni puto talento, ni mensaje, ni intención de romperte los dientes contra las más duras aristas de la disciplina de tu Arte y, encima, eres la última mierda que cagó Pilatos. El Tao Lin llegó a vender acciones de una de sus novelas, lo cual como mecanismo promocional no deja de ser interesante pero no garantiza absolutamente en nada la calidad del producto final, que, se deduce a partir de indicios y fragmentos pescados aquí y allá por el autor de estas líneas, es exactamente lo que promete: una prefabricada nadería superficial poblada de aturdidos o estólidos personajes de plástico que ni saben ni pueden decir lo que sienten, ni en realidad les importa demasiado; personajes embarcados en tediosas situaciones insulsas, anodinas y repetitivas en las que son indistinguibles del mobiliario. Personajes a los que no se toma la puta molestia ¡ni de ponerles unos putos nombres originales, cojones! (los protagonistas de Richard Yates se llaman Dakota Fanning y Haley Joel Osment. Va en serio). Y todo ello narrado con la riqueza de vocabulario de un adolescente disléxico con medio cerebro necrótico por sobredosis de pajas.
“I don’t actually enjoy parties or relationships, I just like the idea that I could maybe be in either of those things.”
¿Por qué demonios estos «escritores» nos arrojan a la cara su agusanada Literatura de la nada, el tedio, la superficialidad? ¿Por qué pretenden hacernos creer que tienen algo que contar, cuando es evidente que no? ¿Por qué llaman «minimalista» a su estilo y vocabulario cuando deberían llamarlos «perezoso», «infantil», «de fase anal»? ¿Por qué se han lanzado a hacer algo como escribir, que requiere un esfuerzo que no están dispuestos a hacer, unas habilidades que se niegan a desarrollar, un talento del que carecen, unos conocimientos que renuncian a adquirir y un mensaje que transmitir del cual prescinden?

Porque, no te quepa absolutamente la menor duda, querido lenctor, todos ellos han seguido, para desgracia de las letras, ese consejo, tan afortunado como imprudente, de «escribe sobre lo que conoces».

Pero que me aspen si es culpa nuestra que lo único que conozcan sea sus insulsas y enervantes vidas de hikkikomoris de mierda.

I hope they don't.

viernes, 17 de mayo de 2019

La aptitud universal para la ineptitud

"Ideas are cheap. Ideas are easy. Ideas are common. Everybody has ideas. Ideas are highly, highly overvalued. Execution is all that matters. "
 Casey Neistat
No tengo el gusto de conocer a este señor, ni tampoco voy a hacer suposiciones acerca de su inteligencia o su autoridad a la hora de hablar sobre la materia del entendimiento, la arquitectura del conocimiento o los arcanos de la abstracción. Si gugeleas su nombre descubrirás que el caballero en cuestión es «vlogero», o sea youtuber, productor de televisión y director y feo de cojones, el pobre.

No tengo el gusto de conocer a Casey Neistat, pero no puedo estar más de acuerdo con él: las ideas son baratas. Las ideas son fáciles. Las ideas son comunes. Todo el mundo tiene ideas.

Con un pequeño matiz:

Las MALAS ideas son baratas. Las ideas DE MIERDA son fáciles. Las ideas DE MIERDA son comunes. Todo el mundo tiene ideas Y LA MAYORÍA DE ESAS IDEAS SON UNA PUTA MIERDA.

No, la ejecución NO LO ES TODO. Una idea de mierda seguirá siendo una idea de mierda por más empeño que pongas en llevarla a cabo. La ejecución de la octava temporada de Juego de Tronos es técnicamente sublime, pero cada uno de sus episodios es una cornucopia de ideas de mierda, y éste es un ejemplo sobre el que volveremos más veces.

(Agárrate bien de los machos, porque se avecinan unos espóilers como centollos mutantes gigantescos del planeta Crustacia).
La Ley de Sturgeon ("ninety percent of everything is crap") trasladada al mundo de la creatividad es implacable. Puede que las ideas sean baratas, pero el noventa por ciento de ellas son un cagarro, y alguien que pretenda ganarse la vida con su cerebro debería saberlo.
"90% of everything is crap. That is true, whether you are talking about physics, chemistry, evolutionary psychology, sociology, medicine—you name it
—rock music, country western. 90% of everything is crap."


Daniel Dennett
La octava temporada de Juego de tronos es cien por cien Ley de Sturgeon.
No hace nada que pusimos un ejemplo de pésima idea: adaptar al cine La materia oscura de Pullman después de haberla despojado prácticamente de todas sus señas de identidad. En este caso estamos hablando de un ejemplo perfecto de pésima idea y peor ejecución. Pero no nos quedamos ahí. La mitad de las entradas de esta bitácora están dedicadas a las malas ideas, la mayoría de ellas cinematográficas: rodar una segunda parte de The man from earth, adaptar Ghost in the Shell a mayor lucimiento de la actriz de bovinos registros dramáticos Scarlett Johannson, subnormalizar It, escribir un libro sobre la búsqueda de la tumba de Drácula sin tener ni puta idea de cómo se escribe una obra de suspense, cagarte en la boca de tus propios clientes, rodar una versión de La iliada sin dioses, poner a Damon Lindelof a cargo de la serie de televisión de Watchmen, confiarle el DCU al inepto de Zack Snyder, rodar El Hobbit...

Solo una persona con el paladar estético habituado a saborear mierda puede afirmar, sin cagarse encima, que las ideas son baratas y, encima, ese aforismo mentiroso desprende cierto tufillo a devaluación de la creatividad, hasta el punto de que a la frase que encabeza esta bitácora parece venirle como anillo al dedo un colofón del estilo de "ideas are cheap, so, why you should be paid for that cheap-easy-common crap which anybody else could have had?".

Las ideas no son baratas. Las MALAS ideas son baratas.

(La octava temporada de Juego de tronos, pese a su multimillonario presupuesto, es muy barata).
Como escritor, he tenido muchas ideas para novelas y cuentos.

La mayoría de esas ideas eran pura Ley de Sturgeon: MALAS; o incluso peores. Es más, no descarto que alguna de mis malas ideas haya logrado colárseme y acabar convertida en un libro.

Como ser humano con tres neuronas, tengo al día unas cien ideas. Noventa y cinco de ellas son, en dos palabras, MA-LAS.

(Y porque una de mis neuronas está todo el santo día ocupada proyectando bukkakes de Sasha Grey; que si la dedicase a otras tareas tendría mil ideas, y novecientas noventa de ellas serían MALAS).
No os enseño el resto, que me chapan la página por marrano.
¿Escribir una novela de vampiros? Mala idea. Mala, malísima idea desde el momento en que no tenía absolutamente nada nuevo que aportar al género; ni una historia novedosa, ni una reinvención del formulario de las historias de vampiros. No tenía unos personajes interesantes, ni una trama absorbente, ni una atmósfera original. No tenía novela, realmente.

Escribir una novela de vampiros fue una mala idea, pero me resistía a creerlo, así que empecé a escribirla. No fue hasta el segundo borrador que me di cuenta de que la ejecución no importaba un huevo, que el esfuerzo no cambiaba nada, que, por más empeño que le pusiese, mi historia de vampiros no iba a ninguna parte porque sentarme a escribirla había sido una MALA IDEA desde el principio.

Así que le prendí fuego a mi novela de vampiros. Y no me arrepiento.

Quemar mi insufrible novela de vampiros fue una BUENA IDEA, escribirla fue una MALA IDEA. Pero podría haber sido peor.

Establecer el código de lanzamiento de misiles estratégicos de Estados Unidos en 00000000 fue una MALA IDEA que, gracias a Dios, no tuvo luctuosas consecuencias.


Último aviso. A partir de aquí, ajo y agua.
Las extrañas decisiones creativas de la última temporada de Juego de Tronos son una sucesión de MALAS IDEAS. ¿Qué genio de la estrategia hace formar a sus tropas fuera de los muros de su fortaleza, dejándolos indefensos ante una fuerza varias veces superior? ¿Cómo coño se mata con tres gargajos a la criatura más poderosa de Poniente y por qué Daenerys no rodeó a la flota de Euron Greyjoy y la incineró con un ataque por la espalda? ¿Por qué a Jon Snow le resulta tan fácil desprenderse de Fantasma, al que ni siquiera hace un mimo de despedida? (y sigue y sigue y sigue).

Los creadores de Juego de tronos hace demasiado tiempo que sucumbieron a la socorrida fórmula GRRRRRR Martin, que, cuando no sabe muy bien qué hacer con un personaje o cómo sacarle partido, lo mata y a tomar por culo. ¿No queremos dispersarnos con la trama de las Serpientes de Arena? Las matamos a todas. ¿Se nos hace muy cuesta arriba introducir en la serie a la Dama del corazón de Piedra? Matamos a Catelyn Stark. ¿Hay demasiados Lannister y seguro que los telespectadores no los tienen contados a todos? Matamos a Myrcella (en las novelas, hasta el momento, solo pierde una oreja). ¿También hay demasiados Stark? Los crujimos a casi todos.

Deshacerte de a tus personajes porque no sabes qué hacer con ellos, o no te atreves, o no tienes presupuesto (tal parece ser el caso de Fantasma, todo él facturado en CGI a un precio obsceno, y por eso tiene tan pocas escenas), me parece, simplemente una MALA idea, aunque tal vez sea un ejemplo de MALA idea NECESARIA. El papel lo soporta casi todo, pero si fuesen a trasladar fielmente la fantasía de Juego de tronos a la pantalla, cada capítulo de la serie no costaría quince millones de dólares sino ciento cincuenta (y solo apunto que la primera temporada empezó con un «limitado» presupuesto de seis millones por capítulo).

De Dean R. Koontz ya hemos dicho que a veces tiene buenos libros y a veces solo tiene buenas ideas pero ¿no nos convendría repasar este razonamiento? ¿Puede considerarse buena una idea que fracasa miserablemente y de manera tan ignominiosa como Los ojos de la oscuridad o La casa del trueno? Tal vez la idea no fuese tan buena, desde un principio, toda vez que has sido incapaz de ejecutarla. ¿O insinuas, querido lector, que existe un repositorio de ideas de bondad más que acreditada a la espera de que algún ternasco con iniciativa les de la ejecución que merecen? ¿Podría otro escritor haber llevado a buen puerto esas ideas que Dean R. Koontz estragó con suma indolencia?

En general, toda mala idea se compone de tres elementos:
  • Información insuficiente. Alguien puede tener la mala idea de hackear su propio ADN. A fin y al cabo, ¿a quién no le gustaría ser joven eternamente, tener los ojos azules, recuperar el pelo perdido y perder el peso ganado, ser más guapo, más alto, más resistente a las enfermedades, másinteligente, más ágil, más fuerte, curarse de golpe las migrañas o desarrollar un carallo de treinta centímetros de largo? Las recompensas de joder la marrana con tu genoma parecen superar a los riesgos, ¿verdad? Pues no. Trastear con nuestro ADN no es solo temerario desde el momento en que aún no poseemos las herramientas necesarias para hacerlo con seguridad, por mucho que les joda a los entusiastas del CRISPR, sino una idea abiertamente berserker toda vez que seguimos ignorando las múltiples interacciones entre los genes y cómo incluso la más pequeña modificación de uno de ellos podría tener consecuencias imprevisibles en otros, lo cual no impide a algunos gilipuertas, renuentes a admitir que NO TIENEN SUFICIENTE INFORMACIÓN el lanzarse como kamikazes a experimentarlo. Y cuando el biohacker es, encima, un ganapán sin la menor formación científica, toca echarse a correr. ¿De qué no serían capaces estos iluminados? ¿Crear cepas bacterianas ultracontagiosas y resistentes a todo antibiótico, desarrollar nuevos tipos de cáncer particularmente agresivos e incurables, acorazar el VIH a cualquier tratamiento, esterilizar a la raza humana en dos generaciones? Mira ya, salvando las distancias, el pifostio que han montado los subnormales de los antivacunas.
  • Ausencia de contraste. Toda mala idea brota de una semilla de ignorancia que solo puede germinar y desarrollarse en un ambiente de esterilidad a la crítica. Cuando nos guardamos nuestra mala idea y no la compartimos con nadie (o peor, la compartimos con anormales tan desnortados como nosotros), estamos perdiendo la oportunidad de que personas más experimentadas y más asesadas nos saquen de nuestro abismo de ignorancia, aunque solo sea porque ellos ya tuvieron la misma idea dementeaños antes que nosotros, y trataron de llevarla a la práctica, y fracasaron, y podemos aprender algo de su fracaso. Pero no. A menudo, las malas ideas vienen acompañadas de una resistencia a todo examen por pares, que es en sí misma una admisión de culpa. El que oculta sus ideas, con frecuencia lo hace porque sospecha que no son lo bastante buenas. Que son abiertamente malas. Que no resistirán la menorcrítica. Aunque también es cierto que las PEORES IDEAS que he escuchado jamás las oí a voz en grito, con tono de entusiasmo triunfal, a verdaderosceporros convencidos de su propia genialidad que no tuvieron el menor empacho en comunicármelas, que no guardaron ningún secreto, que no condenaron esas FUNESTAS IDEAS a la clandestinidad porque estaban convencidos de que eran geniales, de que triunfarían con ellas, de que NO PODÍAN ESTAR EQUIVOCADOS.
«Tio, que he conseguido que me metan en una partida de Texas hold'em».

«Pero... ¿cómo? ¿En un campeonato, dices?»

«No. Es una partida privada. En casa de una gente y tal».

«Ay».

«No me empieces con tus "ays"».

«Pero ¿tú conoces de algo a esa gente con la que vas a jugar?»

«No. Son jugadores y eso».

«Ay. Ay, ay».

«Oye, de verdad que no soporto tus "ays"».

«A ver... cuando dices una partida de póquer, ¿te refieres a una de verdad, con dinero de verdad y eso?»

«Sí, claro, joder. ¿Qué mierda te pasa?»

«Mira... ay, ¿cómo decírtelo con delicadeza? Buuuuuuuf... que solo llevas jugando un par de semanas, aquí, con los compas de piso. Que la vida no es como en las pelis y que tú no eres Matt Damon».

«Claro que no soy Matt Damon, ¿qué quieres decir con eso?»

«Que allí donde se pueda ganar pasta rápida siempre va a haber gente con escaso sentido del humor. Que te vas a meter en una casa en la que nunca has estado, con gente a la que no conoces, llevando plata en el bolsillo... ¿a ti eso te parece prudente?»

«Pero hombre, ¡si no va a pasar nada! Además, yo solo voy allí a aprender. Se lo dije al tío que organiza la timba y me dijo que no me preocupase, que eran todos gente seria».

«Sí, gente seria, sí. Pero a lo mejor el tío que organiza la timba no tiene la misma definición de "gente seria" que tú».

«¡Mira que eres agonías! ¿Qué es lo peor que podría pasar, que vuelva a casa con los bolsillos llenos de billetes?, ja, ja, ja».

(Ese mismo día, de madrugada).

«¡Tío, tío, tío, despierta, no te vas a creer lo que me ha pasado!»

«¡Joder, Sara, dame un respiro, coño, que no soy un Sybian

«¿Qué? ¿Qué dices? ¿Con quién hablas?»

«¿Qué? ¿Qu...? ¿Qué pasa? ¿Qué hora es? ¿Pero tú no tenías una timba de póquer?»

«¡Vengo de allí, tío! ¡No veas lo que me ha pasado! ¡Me pusieron una pistola encima de la mesa!»


«¿Lo cualo? ¿Una pist...? ¿Así, nada más llegar? ¿Te atracaron?»

«No, no, no; si jugamos y eso. Y no se me dio mal, ¿qué te creías? El problema vino cuando me quise retirar y llevarme mis ganancias. Uno de los tíos de la timba me pidió que me quedase un poco más y siguiese jugando. Ya sabes, para darle la oportunidad de recuperarse. Y le dije que no, que mejor otro día, que era muy tarde para mí, y eso. Y el tío venga a insistir. Y cuando le eché bolas y le dije que nones, que me largaba con mi pasta, me sacó la pipa y me dijo que me sentase, y hasta que no me quitó todo lo que le había ganado y todo lo que llevaba encima, además, no me dejó levantarme de nuevo».

«Ya».

«¡Qué pasada, tío! ¿Qué te parece?»

«¿Derecho o izquierdo?»

«¿Qué?»

«¿Derecho o izquierdo?»

«No entiendo».

«Ah, ¿escojo yo? Bien».

«¡Hu-huinj!»
«Hala, hasta mañana. No me te des con la puerta en el pandero cuando salgas».

«¿Huinj?»

«¡Y no pongas esa cara de pena, que solo te he reventado un cojón! Aún te queda otro».

«Huinj».

«Buenas noches para ti también».
Hay gente tan convencida de las bondades de sus malas ideas que no ven las señales de peligro, ni siquiera cuando se las estampas en la cara. Luego vienen el llanto, el batir de dientes y el explotar de huevos.

Y es aquí donde se manifiesta la más peligrosa de las características de una MALA IDEA:
  • Egocentrismo. Para que la mala idea eclosione, solo nos falta un ingrediente final, y es el típico «todos son idiotas menos yo».
La gente con MALAS IDEAS a menudo tiene tales huevazos que están convencidos de que su MALA IDEA en realidad es una genialidad, y la única razón por la cual las demás personas piensan de ella que es una mala idea es que son unos pigmeos intelectuales incapaces de reconocer la originalidad y singularidad de esa idea y, también, unos cerebros beta envidiosos en secreto de su privilegiado cerebro alfa.
¿Rodar un remake de Psicosis? ¿Cómo es que a nadie se le ha ocurrido antes?

¿Las descargas de películas? Están muy cerca de ser una mala idea.

Eso por no entrar a valorar las descargas de software.

¿Crear la cátedra Freakmaster Supreme y concedérmela a mí mismo? Parece mentira que nadie se me haya adelantado.

¿Publicar las notas incompletas e inconexas de papá? Total, me van a comprar cualquier mierda que saque...

¿Convertir el fin del mundo en una payasada propia de Jim Carrey? Con ésta nos coronamos.
No es lo que parece. Aunque lo parece. Y mucho.
Las malas ideas son fáciles.

La octava temporada de Juego de tronos es muy fácil. De hecho, Juego de tronos empezó a convertirse en una mala idea a partir del momento en que la serie alcanzó a los libros y David Benioff y D.B. Weiss se quedaron sin material que adaptar. En cuanto tuvieron que empezar a ganarse la vida con su ingenio y su talento, la serie empezó a declinar. La ejecución de los capítulos sigue siendo excelente (con excepciones como esa casi invisible batalla de Invernalia, donde ni con un televisor de rayos gamma podías seguir lo que estaba sucediendo en pantalla), y hasta The Bells, el penúltimo capítulo de la serie, es técnicamente irreprochable... pero ¿tiene sentido? ¿Es creíble la transformación de Daenerys Targarien, rompedora de cadenas, en esa loca del chocho sedienta de sangre? ¿No merecían Cersei y Jamie un tratamiento más digno? ¿Se están esforzando deliberadamente los guionistas en conseguir que esa monjita indecisa y puritana de Jon Nieve nos caiga aún más gordo? ¿Y qué decir de Tyrion, mi personaje preferido?, pues que «el hombre más inteligente de Poniente» se está comportando en esta temporada como un lerdo sin entendederas. Diez años siguiendo la serie y apenas reconoces a los protagonistas, sus motivaciones y sus decisiones. Aquí, los únicos que han dado la talla han sido los hermanos Clegane, que hasta la famosísima y temible Compañía Dorada duró lo que dura una virgen en primero de Bellas Artes.

Hay un atributo que suele delatar a las malas ideas de los malos escritores: el factor DE REPENTE. Y las últimas temporadas de Juego de tronos están repletas de ellos.

La espiral descendente de Daenerys a la locura homicida NO TIENE NI PIES NI CABEZA, sucede demasiado rápido, no se desprende de su comportamiento en las anteriores temporadas y está fundamentada en una base tan débil (la visión de Dany durante su visita a la Casa de los Muertos, que a estas alturas ya nadie recuerda, y ese comentario de Varys, de que cuando nace un Targaryen los dioses tiran una moneda). Durante años, Daenerys a intentado ser una libertadora, una estadista. Cuando ha tenido que recurrir a la violencia lo ha hecho en defensa propia, como represalia contra sus enemigos o castigo a una traición, e incluso entonces ha luchado por mantener el control.

Hemos visto a Daenerys capítulo tras capítulo prepararse para ser una reina prudente, justa y amada por sus súbditos, implacable solo cuando no queda más remedio y siempre en aras a un bien superior, y DE REPENTE convertirse en una asesina de masas salida del infierno. Ya que estamos, ¿por qué todos los personajes femeninos de la serie que tocan el pelo del poder se convierten en unos monstruos despreciables, pregunto? Los creadores de la serie son tan conscientes de que LA HAN CAGADO que han corrido a las redes sociales a justificar su decisión, justificación que, digámoslo francamente, a estas alturas ya ME LA PELA, porque han destrozado lo que, sin entrar en la letra menuda, era un producto redondo y esto ya no tiene remedio, ni con otra porrada de pasta y otros escritores.

Hemos visto a Tyrion como Mano del rey Jeoffrey, su sobrino, desarmar una conspiración palatina tras otra, anticiparse a las intrigas, desenmascarar soplones y traidores, y todo eso borracho, y DE REPENTE convertirse en un puto retrasado al que todo el mundo le cuela unas bolas como las que se saca Miley del parrús.


Hemos visto a la mierda de la secta del Señor de la Luz ése tener un peso decisivo en la mayoría de las tramas de la serie y DE REPENTE desaparecer sin dejar rastro o, peor aún, quedar reducida a esa Melisandre que DE REPENTE vuelve a invernalia para morir allí porque... porque sí. Porque drogas. Porque DE REPENTE.

Hemos visto a Jamie Lannister confesar que mató al Rey Loco para impedirle que asesinase con fuego valyrio a toda la gente de Desembarco del Rey, y DE REPENTE, decirle a su hermano que, en realidad, esa gente nunca le ha importado un pijo. ¿Para qué mató a Aerys II, entonces? ¿Le olían mal los cojones? Y ya no me meto en terreno vaginal, que este hombre se ha pasado ciento y la mitra de horas enamorándose de Brienne de Tarth y, DE REPENTE, la manda al pe'o y se larga a reencontrarse con su melliza.

Hemos conocido a Varys, el único al que los linajes y las casas y los títulos y las vendettas y los pretendientes se la traen al fresco; el único que solo quiere el bien del reino y de la gente que vive en él y que DE REPENTE sufre una pequeña incineración, y así nos ahorramos el sueldo del actor y nos quitamos de encima un ancla que ayudaba a mantener serena a la Loca del Chocho y privamos al reino de uno de los pocos personajes medio decentes.
 

Hasta el bueno de Stephen King (fan fatal, fan con nata de la serie) se ha visto obligado a salir al paso y sugerir una enmienda al argumento. Y no es el único:
Y eso que el bueno de Steve no oculta que, bueno, que a veces él tambien tiene sus momentos DE REPENTE.
Cuando no tienes talento, ni mano de escritor, ni ideas, sean éstas buenas o malas, siempre puedes recurrir al factor DE REPENTE.

Y quedar como un perfecto gilipollas.

Otro GIF de Sasha, para que le saques chispas al carallo.
Juego de Tronos empezó a ir de esfínter cuando el Benioff y el Weiss se quedaron sin novelas que adaptar (y la cosa sigue sin tener remedio). DE REPENTE les entró prisa por cerrar tramas y esmochar personajes, y el cada vez más reducido número de capítulos por temporada es suficiente confesión de su impotencia. Los viajes que deberían tomar capítulos de duración DE REPENTE se hacían en un quítame allá esos flatos. Personajes a los que habían desarrollado durante una década DE REPENTE eran sacrificados vilmente y con cualquier excusa para ahorrarse el esfuerzo de escribirles escenas y diálogos. A lo largo de diez años, los productores se fundieron la pasta de HBO en apuntalar un worldbuilding sólido y fijar unas reglas para la ficción (los dragones son las armas de destrucción masiva de Poniente, casi invulnerables cuando llegan a adultos), reglas que cambiaron cuando les salió del chocho (DE REPENTE, a los dragones se los puede matar de un escupitajo), y que volvieron a cambiar a continuación (DE REPENTE, a los dragones OTRA VEZ YA NO se les puede matar de un escupitajo mal tirado).

Cuando lo más interesante de la Octava temporada de Juego de tronos está siendo ese puto café o que la gente se volvió locatis ajustando el contraste de su televisor para intentar ver el tercer capítulo ha llegado el momento de proclamar que la serie ha tocado fondo. Y no, el que escribe esto no es el fan cabreadito porque cree poseer derechos sobre un producto cultural y exige que se respete su sensibilidad. El arriba firmante es el escritor anonadado de la torpeza, ineptitud y cinismo con el cual se le intenta vender por hermoso palafrén lo que no es sino una vieja burra mal follada. The Bells es casi un catálogo de todo lo que está mal en esta puta serie desde que GRRRRR Martin fue incapaz de acabar las últimas novelas de Canción de fuego y hielo a tiempo para que fuesen guionizadas. Beni y Weissy han conseguido lo que no pensé que lograrían (aunque comencé a sospecharlo viendo el desarrollo de las dos penúltimas temporadas): que me importe un cojón de pato cómo acaba la serie, qué sucede en el último capítulo, quién más vive, quién muere y quién se acaba sentando en el puto trono de hierro.

Estaba esperando a que llegase esta temporada para hacerme con el pack completo de la serie en Blu-Ray. Ahora mismo, hasta esa compra corre peligro, porque no estoy seguro de querer tener la serie completa de Juego de tronos. Las primeras temporadas, incluso donde se alejan de los libros, son impecables. Las siguientes, salvables. Pero de la octava y última temporada no he visto todavía un solo capítulo que me gustase. Los dos primeros son un maréame tú esa perdiz que a mí me da la risa, un «character placing» que se podría haber resuelto en un capítulo, o en medio. La largamente esperada batalla por Invernalia fue, además de un despropósito táctico, virtualmente ilegible, y la conquista de Desembarco del Rey un anticlímax de media hora de cremaciones, huidas, gritos y desesperación.

Bajo ningún concepto podrán convencer al escritor que hay en mí, al espectador que hay en mí o al lector que hay en mí, a ninguno de los tres juntos y tampoco por separado de que las alucinantes decisiones creativas de esta temporada final, brillantemente ejecutada (a excepción de ese oscurísimo tercer episodio), son buenas ideas.

Porque no lo son.

Mala idea.
Porque las buenas ideas no son baratas.
Mala idea.
No son fáciles.
Mala idea.
No son habituales.
Mala idea.
No todo el mundo las tiene.
Mala y criminal idea.
Las buenas ideas no están sobrevaluadas. Solo un subnormal que en su puta vida ha tenido una idea propia, ya no digo una buena idea, puede creer sinceramente que las buenas ideas están sobrevaluadas.
Excelentísima idea.
"The universal aptitude for ineptitude makes any human accomplishment an incredible miracle." 
John Paul Stapp
(El tío que acuñó la primera Ley de Murphy, nada menos).
Además, decir que las ideas son baratas es el primer paso antes de decirte que no eres digno de pago alguno por ellas, que no mereces vivir de ellas, que el talento no merece recompensa, que lo tuyo no tiene mérito, que deberías estar agradecido porque alguien explote comercialmente tus ideas de mierda, sin permiso ni autorización por tu parte, y sin desembolsar un maravedí. Y llamarte inmaduro y maleducado por exigir que te paguen por tu trabajo, trabajo del que ese alguien se ha beneficiado.

Este domingo echan el último capítulo de Juego de tronos.


Podéis empezar a cagaros encima.

A mí ya como que me la suda todo.
«¿Qué le decimos al dios de la muerte?»