Hace casi dos años, expresamos en la bitácora nuestra convicción de que, a menos que la realidad nos desautorice, nunca veremos terminada la saga literaria de Canción de fuego y hielo.
(Ni el final de la saga del asesino de reyes).
Porque no. Este año, hayas leído lo que hayas leído en la Intenné, TAMPOCO se va a publicar Vientos de invierno.
Y estamos bien con eso. Mientras Riley Reid siga subiendo a Internet sus clips cerdos de prostitución audiovisual. ¡Y ahora generados por ChatGPT! ¡La remolisión!
Tal vez ni siquiera tenga ya sentido preguntarse si ASOFAI verá algún día publicados esos dos últimos volúmenes. Ciertamente, la perspectiva no invita a pensarlo así. Y, dado que la historia tuvo ya un final, horrible, vago, decepcionante y autosuicida, en la serie de televisión (aquí le dimos fuerte en el hígado a esa última temporada). Y, dado que el universo de ASOFAI sigue expandiéndose en otros medios, tal vez el Gordo Cabrón ni siquiera sienta ya la necesidad de escribir su propio final de la saga inaugural de su obra-río de fantasía.
Por más que les joda a muchos.
A estas alturas (quince años después de la publicación de Danza de dragones), hay gente tan cabreada con GRRRRR Martin por no sacar Vientos de invierno y Sueño de primavera que están dispuestos a echarle la culpa de todo. Del cambio climático. Del auge de la ultraderecha. De la guerra en Ucrania. Del asesinato de Olof Palme. Del albinismo de Copito de Nieve. De que Sasha Grey dejase el porno. De que Jessica Alba siga sin responder a nuestras cartas de amor desesperado.
Y estamos bien con eso. Gilipollas los hay, los ha habido y los habrá... al menos hasta que Anthropic nos haga un Skynet a todos. Y sin un mal John Connor a la vista.
Hay que dar gracias a Dios por los gilipollas. Son como los canarios en la mina. Nos ayudan a hacerle la prueba de choque a nuestra propia sensatez. El día que empiecen a desaparecer, o estés en un grupo de, digamos, al menos media docena de personas, y no sepas identificar al gilipollas, será porque el gilipollas eres TÚ.
(Bueno, hay que darle gracias a Dios por los gilipollas y por el arito en la nariz. Nunca había sido tan fácil identificar a los gilipollas. Pero dejemos eso para otro día).
Echarle la culpa al Gordo Cabrón de que ya no se publique fantasía épica, en cambio, es ya farlopa de otra narcolancha.
Larry Correia fue, quizá, el que encendió la mecha con un tuit, de junio de este mismo año, en su cuenta oficial de la platatorma anteriormente conocida como Twitter, donde lanza unas acusaciones realmente gordas contra GRRRRR Martin.
«GRRM pissed off millions of customers but he don’t give a shit. He got his bag. But his legacy is being such an epic bum ass bum that he crippled an entire genre, ruined consumer sentiment, and killed off an entire generation of epic fantasy authors».No era la primera vez que Correia, él mismo escritor, puteaba al Gordo Cabrón. Y viceversa. En enero de 2025, Correia dedicaba su nuevo libro, Heart of the Mountain, a GRRRRR Martin, con doble de venenato monosódico.
(Algunas de las respuestas a ese tuit son ORO PURO).
La reacción de GRRRR Martin a esa dedicatoria no fue precisamente deportiva, pero al menos le sirvió a Correia en su momento para seguir dándose autobombo, de gratis, a costa del Gordo Cabrón.
(Como decía una respuesta al tuit anterior, si GRRRR Martin hubiese puesto esas palabras en Vientos de invierno, ahora estaríamos un poco más cerca de ver el libro publicado).
Bueno, tal vez habría que recordar que estos dos elementos tuvieron sus más y sus menos cuando todo aquel asunto de los «Sad Puppies», liderados por Larry Correia y Brad R. Torgersen, y que GRRRRR Martin le dio bastante duro a Correia por aquel entonces. No, no vamos a volver a explicarte todo el «Puppygate» y la manipulación de votaciones en los Premios Hugo. Te vuelves a leer esta entrada de la bitácora, donde lo tratamos por encima, y tan contentos.
Ciertamente, entre estos dos escritores amor, lo que se dice amor, no hay mucho. Y han tenido piques en el pasado. Incluso ha corrido la proverbial sangre. Pero que en su post de junio de este año, Correia entra a hueso contra el autor de ASOFAI, tampoco se puede negar:
«Publishers no longer took chances on new series because customers had got burned by lazy shirkers like George and Pat. Agents wouldn’t represent new epic fantasy unless the whole thing was done. It hurt Indy because dudes had to convince customers that they weren’t bums too. Except when book one makes $50 total, because customers said Im not starting a new series until it’s done! they sure as shit ain’t writing book two. So it’s a self fulfilling prophesy of suck».Según esta tesis defendida por Correia, que algunos fans de la fantasía épica han comprado con el aborregamiento que cabría esperar de los pajeros nerds con sobrepeso (para muestra, el autor de estas líneas), la patente incapacidad de GRRRRR Martin de acabar su puñetera saga de Poniente ha dinamitado en su fase embrionaria la carrera literaria de a saber cuántas jóvenes promesas en el género de la fantasía. Abortado series antes incluso de que se publicaran. Repelido a los lectores, que no volverán a incurrir en el riesgo de enamorarse de otra saga antes de que esté terminada. Acojonado a los editores. Vuelto cínicos a los libreros. Estrangulado el estrecho de Ormuz. Multiplicado exponecialmente el porno de aceitosas MILFs tetudas y sumisas waifus asiáticas generadas por IA.
«Customers and the industry quit taking chances on new guys. We will never know how many excellent fantasy series we missed out on, robbed by George’s laziness burning so many customers.Y todo por culpa del Gordo Cabrón flojo y condescendiente que se niega a acabar, de una puta vez, Canción de fuego y hielo.
»Some writers gave up, but others moved into different genres. Which is good. But it sure does suck if epic fantasy is your jam.»
«Being such a pretentious, bloviating bum that you damage an entire industry and strangle a generation of aspiring artists is quite the legacy».
Afirmación que tiene cuarto y mitad de cojones viniendo de Correia, siendo el mismo autor de una serie en publicación de la que se han proyectado ocho volúmenes y que aún no ha terminado. Pero eso no es importante ahora mismo.
Lo importante de todo este asunto es ¿tiene razón Correia?
La respuesta corta es: no.
La respuesta larga es: agárrate los cojones.
Eso de que el Gordo Cabrón haya dejado un «lisiado» el género de la fantasía épica, aparte de una imagen pobre y de escritor aficionado, no está en absoluto refrendada por los datos. O, al menos, por las evidencias.
«Evidencias», sí, porque construir una métrica que nos permita elaborar estadísticas sobre «autores debutantes de fantasía épica» no es nada fácil. Los editores no comparten sus bases de datos de ventas, por razones obvias (racanear a los autores sus royalties, por si las razones no eran tan obvias), y cruzar datos de Circana, Nielsen/Bowker o Publishers Marketplace suena demasiado como la clase de trabajo que sólo haces, a regañadientes, cuando sabes que te van a pagar por ello. Pero tomarse esa molestia para una bitácora de mierda que no lee ni el Tato, es un sacrificio que no estamos dispuestos a hacer. Y nos importa una mierda que nos señales con el dedo.
Así que para determinar la validez de la tesis de Correia, tenemos que fijarnos en aquello que está más o menos a plena vista.
Y una docena de consultas en Google no arrojan en absoluto la impresión de que la fantasía épica sea un género moribundo.
En 2016, cinco años después de la publicación de Danza de dragones, hubo un incremento de un 17% en ventas del género bifronte de fantasía/ciencia-ficción.
En 2018 hubo una notoria caída (11%) en el género de fantasía con respecto a las ventas de 2017, pero fue en cierto modo «protestada» por un repunte de un 18% en la ventas del género de ciencia-ficción, en no pequeña parte debido al impacto de Ready Player One de Ernest Cline.
En 2021, la fantasía para adultos creció espectacularmente, catapultándose hasta un acojonante 45,3%.
En 2022, pese al auge del género romántico, nuestro viejo amigo el género de los ciclados en taparrabos y las putacas en bikini de malla creció de nuevo un 17,4%.
En el primer semestre de 2023, yendo a la contra de un mercado editorial en contracción, la fantasía/ciencia-ficción volvió a crecer un 26,5%.
En el primer semestre de 2024, el género tocó las estrellas con un FLIPANTE 85,2%, con Sarah J. Maas y Rebecca Yarros dando sendos puñetazos en la mesa e incorporando, poderosamente, a la fantasía las convenciones y temáticas de la novela romántica. Y el año terminó con un total acumulado de un 35,8% de crecimiento.
2025 sí que nos mostró una corrección, con una contracción del -8,7% en el género de fantasía.
Trece años desde la publicación de Danza de dragones, con sucesivos pronósticos, desmentidos uno tras otro, sobre la publicación de Vientos de invierno, deberían ser suficientes para observar esa caída en las ventas del género fantástico que cabría esperar si la afirmación de Correia fuese veraz.
No ha pasado. Lo que sí ha sucedido, es un desplazamiento de las temáticas del género, desde los clásicos tropos de aventura pseudomedieval con guerras, elfos, intrigas, dragones, reinos enfrentados y dinastías, hacia el romantasy, la cozy fantasy y el LitRPG.
Joe Abrecombie aún publica. Los libros de Mark Lawrence siguen llegando a las librerías. Richard K. Morgan sigue en el juego, pero los lectores de fantasía han cambiado, o quizá, mas precisamente, las mujeres han descubierto el género de fantasía, como lectoras y como autoras, y eso explicaría el éxito de autoras como Leigh Bardugo, Deborah Harkness y Diana Gabaldon.
Suponiendo que Larry Correia estuviese en lo cierto en sus acusaciones hacia el Gordo Cabrón, a partir de 2012 debería observarse una progresiva desaparición de las series de fantasía, un rechazo del mercado a este tipo de productos. Escaldados por la experiencia de la inconclusa ASOFAI, los editores debería haber empezado a rechazar las series y trilogías (que parecen ser el estándar del género de fantasía).
Si la tesis de Correia estuviese respaldada por alguna evidencia empírica, a partir de 2011 (fecha de publicación del, casi seguramente, ÚLTIMO volumen de Canción de fuego y hielo), deberíamos apreciar:
1. Una caída de adquisiciones de fantasía épica de autores noveles, tal vez difícil de rastrear al principio pero claramente visible a, digamos, unos diez años de desarrollo de la curva de ventas. Y que esa caída no respondiese a un fenómeno generalizado de TODO el género de fantasía o incluso de toda la industria editorial.
2. Suficientes indicios que permitiesen sospechar o confirmar que los editores estarían rechazando series de fantasía por el temor expreso a que quedasen inconclusos, defraudando la fidelidad de los lectores y debilitando su adhesión al género.
3. Suficientes evidencias de que esa contracción en el género no es en realidad un AJUSTE del mercado, un desplazamiento del focos de los lectores (quizá por la incorporación de miles de nuevas LECTORAS y ESCRITORAS, con otros intereses narrativos, estilísticos y temáticos) hacia otros «nichos» del género alejados del clásico «espada y brujería» o el casi omnipresente grimdark.
En tres palabras: no ha pasado.
Cinco años después de Danza de dragones, el autor debutante S. A. Chakraborty le vendió su trilogía The City of Brass a Harper Voyager. No les vendió un libro, les vendió la serie entera en una subasta en la que participaron otros seis editores.
¿No se suponía, según defiende Correia, que los editores deberían estar rechazando las series de fantasía, por culpa de GRRRR Martin?
En 2017, Orbit publicó Kings of the Wyld, de Nicholas Eames, el primer volumen de su trilogía The Band, y Soul of the World, de David Mealing. Ambos obras de autores noveles. Ambos, primeros volúmenes de series.
En 2018, otra vez Harper Voyager, compró el grimdark The Poppy War de Rebecca F. Kuang. Novela debut de la trilogía completada por The Dragon Republic (2019) y The Burning God (2020).
Lo de 2019 ya fue un abuso de debuts de nuevos autores, como Gareth Hanrahan, con su The Gutter Prayer, o Evan Winter, con The Rage of Dragons (que salió con una tirada inicial de nada menos que 75 000 ejemplares), o del inicio de nuevas trilogías de autores ya conocidos, como The Bone Ships, de R. J. Barker.
Y la cosa no ha dejado de rular de 2020 a 2026. Sí, esa década que, según Larry Correia, es un «smoking crater» en el género, hemos tenido, mirando por encima:
The Bone Shard Daughter (2020), de Andrea Stewart. De nuevo, un libro de autor debutante y, de nuevo, el primero de una trilogía.
The Wolf of Oren-Yaro (2020), de K. S. Villoso, es, de nuevo, el primer libro publicado de su autora.
The Unbroken (2021), de C. L. Clark. Novela debut. Primer volumen de la trilogía Magic of the Lost. Fue nominada al Locus entre otros premios.
The Final Strife (2021), de Saara El-Arifi. Libro debut de fantasía épica inspirada en África. Llegó a manos de los editores de Del Rey desde la «pila de manuscritos rechazados» (el infame «slush pile»). Y vendió en términos de seis cifras.
Y la lista sigue y sigue.
Godkiller (2021), de Hannah Kaner. Harper Collins compró esta trilogía de autora inédita, en Pre-empt. O sea, no esperaron a descubrir si había otros editores interesados. Compraron a ciegas con la esperanza de que hiciese caja. Aprentemente, ha hecho. Y bastante.
The Phoenix King (2022), de Aparna Verma. Primera obra de autora desconocida. Trilogía.
En 2023, Second Sky publicó The Fury of Kings, primer volumen de la trilogía The Erland Saga, de R. S. Moule, y Orbit publicó The Jasad Heir, de Sara Hashem. Otra novela debut.
2024: la agencia literaria de Jennifer Azantian le coloca a DAW The Serpent Called Mercy, «Malaysian Chinese-inspired epic fantasy», novela primeriza de Roanne Lau.
2025: HarperVoyager se hace con Stormkeeper, trilogía de fantasía épica de la debutante de Jacinta Tomás. No compraron un libro, compraron la serie entera. También en 2025, St. Martin compra Lightfall, de Ed Crocker, presentado explícitamente como novela debut y primer volumen de una trilogía.
Y en este año de Nuestro Señor de 2026, Orbit publicó The Book of Fallen Leaves, de A. S. Tamaki, de nuevo obra debut de fantasía.
Más allá de que la amarga experiencia de ASOIAF (o con la trilogía, todavía duología inconclusa, de Patrick Rothfuss) haya desalentado al lector promedio de fantasía épica a comprometerse con series «abiertas», la atribución de esa tendencia a un flujo de causas y efectos que se pueda remontar hasta el Gordo Cabrón, y que respondería a una contracción del mercado del género, es, a falta de métricas nuevas y pruebas más extensas, una completa invención de Correia. Que se la tiene jurada a GRRRR Martin y se le nota.
El modelo que conjuga autor desconocido, obra debut y contrato por dos o tres libros sigue existiendo. Lo cual no quiere decir en modo alguno que las editoriales no hayan decidido evitar compromisos con series largas más allá de la trilogía. Aunque sólo sea porque, desde el punto de vista estratégico, es mucho más fácil calcular los márgenes comerciales y proyectar el retorno de una obra en tres volúmenes a seis o siete años que de una de ocho o catorce tomos a Dios sabe cuándo el hijo de puta este entregará el último libro.
Lo que tal vez Correia ha notado es que ya no se publica tanta fantasía épica COMO LA QUE A ÉL LE GUSTA. Viniendo como viene del Puppygate, no nos extrañaría que ésta fuese la razón, consciente o subterránea, del cabreo de Correia. Menos bárbaros homoeróticos con hachas de dos filos y zorrupias medio en pelotas. Menos elfos. Menos dragones. Menos sagas de tropecientos volúmenes. Más romantasy. Más cozy fantasy, progression fantasy, LitRPG, fantasía histórica, grimdark, fantasía de inspiración no europea, autores queer (como la pobre Cait Corrain, de infausta memoria), fantasía híbrida con elementos románticos, novelas autoconclusivas y series cortas de dos o tres libros máximo.
Que la amarga experiencia del fandom y el mercado con el huevaplomismo del Gordo Cabrón haya hecho más difícil vender a un editor la serie de fantasía épica en catorce volúmenes de un autor debutante, algo que, para empezar, nunca fue fácil, no es descartable, pero tampoco es fácil de rastrear como un efecto del retraso en Vientos de invierno y Sueño de primavera. Correlación no implica causalidad. Además, sobran razones por las cuales una serie así sería un riesgo que pocos editores estarían dispuestos a asumir.
Una novela de 200 000 palabras es cara de editar, cara de imprimir y CARÍSIMA de almacenar. Ahora imagínate repetir ese proceso cuatro, cinco, siete veces. Un retraso en la publicación de las siguientes entregas podría hacer que la obra perdiese su ventana de oportunidad, la atención de sus lectores, y una a caída de ventas medianamente significativa podría llevar a la cancelación de los siguientes números. Un lore muy vasto (personajes, nombres, mapas, worldbuilding...), estirado a lo largo de varios libros, puede poner a prueba la paciencia y capacidad de concentración de los lectores más allá de lo razonable. Los algoritmos y las redes sociales favorecen determinadas clases de descubrimiento. Y las editoriales pueden preferir trilogías compactas a sagas potencialmente interminables.
Y ninguna de estas razones exige un Gordo Cabrón por detrás, moviendo los hilos.
Extrapolar, de la evidencia de que «los lanzamientos de fantasía épica tradicional dentro de la fantasía adulta ha disminuido» (y el público potencial de los editores de fantasía se ha desplazado del adulto al young adult), la conclusión «la fantasía épica está muerta y George R. R. Martin la mató» es pasarse mucho de frenada.
Larry Correia ha visto un fenómeno real («los lectores se han vuelto escépticos con las series largas y las sagas inconclusas») y lo ha aprovechado para clavarle otra navaja en los riñones a GRRRRRRR Martin. A quien se la tiene jurada desde el Puppygate. Y Martin a él. Eso es todo. Fin de la historia.
Y, quién te ha visto y quien te ve, Sommer, me ha obligado a salir en defensa del escritor más cojonazos de la historia de la fantasía moderna.
Me siento sucio. Pero no de la manera buena. Ya me entiendes.
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El texto completo de Larry Correia:
I’ve been telling people this for years.
GRRM pissed off millions of customers but he don’t give a shit. He got his bag. But his legacy is being such an epic bum ass bum that he crippled an entire genre, ruined consumer sentiment, and killed off an entire generation of epic fantasy authors.
Romantasy and LitRPG grew as a direct result of filling the smoking crater George left in the industry. New writers could no longer get deals to write epic fantasy unless the entire series was in the bag, and nobody can afford to gamble that much time to write that many books they may never sell.
Publishers no longer took chances on new series because customers had got burned by lazy shirkers like George and Pat. Agents wouldn’t represent new epic fantasy unless the whole thing was done. It hurt Indy because dudes had to convince customers that they weren’t bums too. Except when book one makes $50 total, because customers said Im not starting a new series until it’s done! they sure as shit ain’t writing book two. So it’s a self fulfilling prophesy of suck.
In the comments Dunning-Krugerands are saying this isn’t true. Look at guys like Brandon Sanderson. Wrong. Guys like him, or me, who already had established names, reputations, and fan bases were fine. We had enough customers who trusted us we could still do new things and people would come along to make it economically viable.
For example, the only reason my epic fantasy series got picked up is because I was already successful and could guarantee a viable level of sales off my existing fans. Newbs don’t have that. And over the ten years it took for me to write the six books to finish it, the entire time I heard from potential customers, nope, not gonna start a new series that might not finish because of George.
I am fine during this because I’m still gonna make a couple hundred grand off each of those just off my existing fans. Newbs make two bucks an hour, say to hell with being a writer I’m going back to my day job, and you all missed out on the next great author and his absolutely brilliant series, because you were too mad at billionaire George shoving twinkies in his mouth instead of writing.
Nope. Guys like me and Brandon are fine. George’s profound laziness screwed over the new guys. Customers and the industry quit taking chances on new guys. We will never know how many excellent fantasy series we missed out on, robbed by George’s laziness burning so many customers.
Some writers gave up, but others moved into different genres. Which is good. But it sure does suck if epic fantasy is your jam. LitRPG is close but different enough it blew up during this time frame because that’s where the talented went.
Being such a pretentious, bloviating bum that you damage an entire industry and strangle a generation of aspiring artists is quite the legacy.
Kal (who is a good writer btw, check out his books) asks what can we do about this? For me personally I’m just gonna continue mocking George’s work ethic in the hopes more normies realize what an outlier he is, and how they should expand their horizons to read other authors who aren’t stuck up, know it all, dickheads.
And before anybody starts barking at me that I’m such a hypocrite because I’ve not finished all my series, sorry I’ve only finished three of eight so far, and have only written THIRTY books since George’s last one, the next MHI comes out in December, and the last two books are next year, and I’m not planning on retiring anytime soon (if ever).
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