domingo, 24 de agosto de 2025

Necesitas un poco más de cuadritos asiáticos en tu dieta (II)

Bueno, después de sacarnos de encima los dos megaestrenos del verano, el Supermán de James Gunn y Los 4 fantásticos: Primeros pasos (análisis uno y análisis dos), toca relajarse un poco con un post ligerito, de esos de bala de plata.

(Supermán ha roto el techo de los seiscientos millones, por poco pero lo ha roto, y seguramente se quede ahí, que ya la han estrenado en plataformas de streaming, y Los 4 fantásticos: primeros pasos, está sudando sangre para alcanzar los 500 millones).
Correcto, amado lector. Se viene una entrada de manga/manhua/manhwa con sus respectivos GIFs de asiáticas mollares.

Ya tenías ganas, ¿eh, frikillo?

Empecemos suavecito. Como manteca de cacao untada en los carnosos morritos de Jessica Alba.

악녀라서 편하고 좋은데요?/Agnyeolaseo pyeonhago joh-eundeyo?/Ser una villana es cómodo y agradable, ¿verdad? (Isn't Being A Wicked Woman Much Better?, en algunas traducciones inglesas) de Yoteh y Min Do-Hyang sobre una novela de Mango Kim y Yoteh, es un shojo manga, o como cojones se llame a ese género en coreano (nos ha dado galbana mirarlo), de esos que da gusto leerte aunque ya tengas canas en los pendejos de la pelotera.

La protagonista de Isn't Being A Wicked Woman Much Better? es Do-hee Yoon, una joven universitaria socialmente inepta, crédula y pusilánime, a la que ningunean, explotan y chulean sus compañeros de estudios, su presunto «novio» y hasta su propia familia. Justo después de descubrir que el cabrón de su novio le ha sableado dinero, 
con el cuento del pariente muerto, para unas zapatillas de marca (¿la sosa de Do-hee no ha notado que al muy cerdo se le moría un tío todas las semanas?), ¡plam!, Do-hee muere atropellada por un motorista (por una vez no fue un camión) mientras le decía a su madre por teléfono que la cena para el haragán cojonazos de su hermano se la prepare ella con el chocho, o algo quizá menos fuerte.

Do-hee muere después de tener su primer arrebato de autorrespeto y, ¡chan!, mecánica de isekai al rescate, se reencarna, por así decirlo, en el cuerpo de lady Débora, la hija del poderoso duque Seymour, la misma Débora Seymour que no es otra, hay que joderse, que la bellísima MALA PÉCORA de Devorar una espina negra; la novela barata de «harén inverso» que estaba leyendo cuando palmó. Y queremos decir la clase de villana que te pone muy cachondo odiar, como la Angela Channing de Falcon Crest o la Diana de V.
¿Qué pasa? En algo se nos tenía que notar la edad. Y sí. Está RRRRRRRRREBUENA, ¿eh?

En la novela, el papel de antagonista de lady Débora es el de hacer sufrir a la protagonista, Mia Binoche. Además, como buena mala puta de novela romántica, lady Débora tiraniza a sus criadas, aterroriza a sus pretendientes, desprecia a sus hermanos, desespera con sus pataletas y antojos de niña pija a lord Seymour, que sigue sangrando por la muerte de su esposa, fallecida durante el parto de Enric, el hijo más joven; y, por si eso no fuese lo bastante grave, es LA ÚNICA, en una familia de magos, incapaz de hacer magia, lo que incrementa su complejo de inferioridad y dispara sus arrebatos de ira, que incrementan su aislamiento y aquilatan su ya pésima leyenda.

(¿Lector, qué cojones estás masc...? ¡Ah! «Harén inverso» es un turbio subgénero literario en el que el personaje principal es femenino y acaba reuniendo un gineceo de amantes masculinos).

(De nada, amado lector).

Do-hee despierta en el cuerpo de lady Débora en mitad de la huelga de hambre que ella ha declarado tras negarse su padre a comprarle una carísima joya de la que se había encaprichado. Y su padre le da un ultimátum: o se acaba aquella chorrada o se acaba aquella chorrada. Do-hee se desespera. ¿Cómo puede tener tan mala suerte de morirse siendo un cero a la izquierda y reencarnarse en la mala de la novela? ¿Qué ha hecho para merecer tanto sufrimiento?

Aunque... pensándolo mejor... lady Débora está cien mil veces más KRRRRRRUJIENTE de lo que Do-hee estaba en su anterior vida. Y su familia es mil millones de veces más MILLONARIA. Y lady Débora tiene un guardarropa y un joyero que no se acaban nunca, y sirvientas que la visten, la peinan, le sirven la mesa, le cortan la carne, le preparan el baño y probablemente también le enjabonan y perfuman el trikitraca. Y que le tienen PAVOR, debido a las explosiones de cólera que han hecho famosa a lady Débora antes de que Do-hee se reencarnase en su cuerpo. Así que los criados y proveedores de la familia Seymour están pendientes de su más pequeño gesto para apresurarse a complacerla sin dilación, e malinterpretan los silencios de Do-hee, sobrepasada por el lujo y comodidades de los que se ve repentinamente rodeada, confusa todavía tras la llegada a este nuevo mundo, cuyas reglas en buena medida ignora (los recuerdos de sus lecturas, y los de lady Débora, van emergiendo en su mente poco a poco); interpretan sus silencios como la tormenta que acumula fuerza antes de soltar sus truenos y rayos (¡joder la escena en la que Do-hee se aguanta un estornudo y la modista que le ha llevado unos vestidos se MEDIO CAGA encima!). Así que SE ACOJONAN TODAVÍA MÁS y se esfuerzan el doble en apaciguar a la iracunda y volcánica lady Débora antes de que la sangre llegue al río (y esconden todos los objetos punzantes y arrojadizos que puedan caerle en las manos).

Tal vez ser la mala tampoco sea una putada tan grande, ¿no? En el mundo de Devorar una espina negra, Do-hee, alias lady Débora, ya no tiene por qué ser ninguneada, ni dejada de lado. No tiene por qué consentir que se aprovechen de ella nunca más. Nadie tendría LAS PELOTAS de intentarlo siquiera. Si las explosiones atómicas de ira que han hecho famosa a Débora no fuesen suficientes para amedrentar a cualquier mierdecilla, la reputación de su familia, guardianes de la Torre Mágica por delegación directa del Emperador, lo hará.

Do-hee se ha reencarnado con una cucharilla de oro en la boca.

O no.

Su padre la odia (o sea, odia a Débora Seymour). Sus hermanos la desprecian. Sus pares aristócratas la temen y rechazan y, por si eso no fuese suficiente, está condenada, por la trama de la novela, a acabar enterrada en vida en un siniestro monasterio como castigo a su temperamento y sus numerosos crímenes, especialmente las mil fechorías cometidas sobre la heroína Mia Binoche, heroína del libro y presunta reencarnación de la santa Naila, que le valen a Débora una condena por blasfemia.
(Y no la ahorcan por un «por ser Vos quien sois»).

De modo que Do-hee/Débora traza un plan para evitar el horrible final del personaje que, por un capricho del destino, ahora encarna. En primer lugar, dejar en paz a la puñetera protagonista femenina. A la «santa» (entre comillas porque hay tomate en este tema, oh curioso lector), ni tocarla. Ni hablarle, ¡coño, ya! Do-hee va a aprovechar que ha aterrizado en la novela justo antes del primer encuentro entre lady Seymour y Mia Binoche y pondrá todo su esfuerzo en que ese encuentro no se produzca o que sea lo más inocuo posible.
(Toda esta trama inicial gira en torno al puñetero diamante rosa que desencadenó la ira de la Débora Seymour original, y que es el punto de ruptura de un triángulo amoroso que implica a Débora, Mia y sir Pilaf Montes, no, en serio; pero no vamos a darte más detalles. Si quieres conocer los pormenores, te lees Isn't Being A Wicked Woman Much Better? y aquí tan amigos).

Las reglas parecen claras: No maltrates a la protagonista y no te enchumines del puto diamante rosa y podrá vivir en la crápula, feliz y despreocupada, el resto de tu nueva vida.

Naturalmente no es así. Sin conflicto no hay historia. E Isn't Being A Wicked Woman... tiene bastante historia.

El duque Seymour empieza a sospechar que algo raro pasa con su hija. ¿Semanas castigada sin salir y no ha armado ningún escándalo ni gastado un céntimo? Huy huy huy huy huy. El hermano pequeño de la familia Seymour empieza a salir del cascarón y descubre que su fría, distante y cruel «hermana» se preocupa realmente por él. Encima, Débora está a punto de cumplir diecinueve años y eso significa que, por ley, debe casarse. Por ley y por cojones. De lo contrario, le esperan el destierro y, probablemente, el convento. Así que ahora Do-hee, que no quiere casarse (heroína feminista habemus) necesita hacer una fortuna personal, al margen de la de su familia, para «comprar» su independencia por el procedimiento de comprar un título nobiliario propio.

Do-hee utiliza su buen corazón, que unas pocas semanas de lujo asiático no han corrompido, sus experiencias en su mundo de origen y su conocimiento anticipado de algunos eventos clave de la historia en la que está inserta, conocimiento fruto de su lectura del libro, para SOBREVIVIR en este mundo de fantasía que es su nueva realidad y evitar el destino terrible del personaje al que ahora personifica. Entrega a «su padre» las cartas secretas que «su madre» había enterrado en un cofrecillo en la rosaleda de la mansión familiar. Con un pequeño préstamo, un testaferro y la ayuda de un informante del mercado negro (cuya existencia conoce a través del libro), crea una cuenta bancaria «opaca» y una empresa fantasma e inicia un negocio. Literalmente «inventa» Starbucks (obviamente, bajo otro nombre comercial) y aplica modernas estrategias de mercadotecnia, desconocidas en su mundo adoptivo, para disparar las ventas de café, bebidas y dulces de su cafetería. Descubre, en sus clases en la Universidad, que aunque no puede hacer magia, puede entender las fórmulas mágicas a un nivel que apapufa a sus profesores... porque resulta que esas «fórmulas mágicas» no son más que matemáticas, de las que en su anterior vida Do-hee dominaba. Y debe DESARMAR varias conspiraciones en su contra para humillarla en público o sacar brillo, a su costa, a la reputación de Mia Binoche, la presunta reencarnación de la santa Naila (en serio, aquí hay un tomate que te cagas) y protagonista de la novela.

Y todo eso mientras intenta que no se le note que ella, en realidad, no es realmente Débora Seymour, lo cual implica una cotidiana lucha contra su verdadera personalidad.

Las buenas intenciones de Do-hee a menudo son frustradas, al menos parcialmente, por el terrible pasado de Débora. Debido al horrendo temperamento de lady Seymour, todo el mundo espera de Do-hee lo peor y está más que dispuesto a condenarla por cualquier equívoco sin esperar a oír su defensa o recopilar pruebas. Y si con esto no has decidido aún si te interesa o no leer Isn't Being A Wicked Woman Much Better?, no sabemos qué coño más decirte. Nosotros como que bailamos con cada nuevo capítulo publicado.

Vamos con algo un poco más fuerte:

놀이감/Nol-igam/Literalmente «Juguete» (traducido en algunas versiones inglesas como «Plaything» o «A sense of amusement»), de Q-Boy es una historia retorcida y fascinante. Como lector, no quieres seguir leyendo esta fábula de venganza extrema de un padre enloquecido por el dolor, pero al mismo tiempo no puedes dejar de hacerlo.

Hye-na Lee, la hija de Myung-jun Lee, el vicepresidente del Grupo Hyundo, un poderoso chaebol, se automorisiona, incapaz de seguir soportando los brutales abusos de un grupo de matones de su instituto que la han tomado con ella. Obsesionado con las exigentes responsabilidades de su cargo corporativo y con una investigación a la que Hyundo estaba siendo sometido por aquel entonces, a Myung-jun se le había pasado por alto el deterioro físico y emocional de su hija hasta que fue demasiado tarde.

Cuando los detalles de los malos tratos se hacen públicos, la prensa publica el horror de la sociedad coreana. Sin embargo, Myung-jun comparece ante los medios anunciando que perdona a los abusadores de su hija y pidiendo clemencia para ellos a las autoridades judiciales que llevan el caso. Declaración que aviva las llamas de la cólera de la opinión pública.

Es un truco, por supuesto.

Myung-jun Lee no quiere que a los maltratadores de su hija, responsables en última instancia de su muerte, se los juzgue en un procedimiento normal, que en Corea es extraordinariamente benévolo con los delincuentes juveniles. Quiere ejercer sobre ellos la venganza más cruel, sañuda y expeditiva humanamente posible. Quiere convertir sus últimos días en este mundo en un infierno en la tierra. Hacer que bendigan la muerte como una liberación del dolor. Multiplicar por mil cada minuto de tortura que infligieron a su hija y hacérselo tragar, uno por uno.

El arma secreta de Myung-jun es Karma (el nombre no es accidental) Yoon, una psicópata adolescente, desertora de Corea del Norte, donde fue entrenada y sometida a atroces experimentos médicos (a manos de su propio padre) para convertirla en la máquina de matar perfecta. Sin remordimientos. Sin capacidad para sentir dolor. Karma, rescatada de un centro de detención juvenil (donde armó la de Dios es Cristo), será matriculada en los diferentes institutos a los que asisten los maltratadores de la hija fallecida de Myung-jun, separados tras el suicidio de Hye-na, y ejercerá sobre ellos una serie de torturas tanto físicas como mentales hasta llevarlos a la muerte, cuanto más horrible e ignominiosa, mejor.

Karma Yoon es como la Hina Hongō de Isshō Senkin, a la que te presentamos aquí. Pero con el pelo corto y moreno. Y más chunga.
I can fix her.

El espectáculo de la degradación, tormento y asesinato de adolescentes, los alardes de imaginación perversa de Karma, deberían hacer extraordinariamente indigesta la lectura de Nol-igam.

Pero, de alguna manera, no es así.

Como una larga temporada de Dexter, Nol-igam nos desafía a contemplar los horrendos crímenes de Karma y nos inspira una satisfacción culpable, pues, a fin y al cabo, toda esa violencia maquiavélica y sadiana está dirigida hacia auténtica escoria. Psicópatas tan peligrosos como la propia Karma, responsable de fechorías no menos horribles que las de ella, y que se han crecido y vuelto aún más despiadados al eludir las consecuencias derivadas del suicidio de Hye-na Lee.

Además, hay algo perturbadoramente atractivo en Karma Yoon. No sé si es ese corte de pelo, esos ojos de loca (que se ponen de color rojo cuando Karma entra en modo extra-loca), esa sonrisa de felino a punto de merendarse a un misionero bien cebado, ese cuerpaso serrano de crossfit goddess adolescente o su naturaleza primordial de ángel de la venganza divina; incorruptible, imparable, inflexible, o la ya bien documentada hibristofilia, pero la puñetera desertora del Norte exuda siniestro atractivo por todos sus desquiciados poros.

Cuando sus dos primeros objetivos, Eun-jin Song y Ye-jin Moon, asisten a la presentación de «la nueva» alumna, la marcan como a una nueva víctima a la que martirizar.

Poco imaginan que ellas serán los juguetes de Karma, no al revés. Que Karma les hará la vida imposible. Que las golpeará y humillará. Que las volverá a las unas contra las otras. Que las hará conocer el terror. Que señalará como objetivos a sus familiares y amigos. Y que acabarán rotas, física, reputacional y emocionalmente, como parte de la lujuria de venganza del vicepresidente Myung-jun Lee, que ha desarrollado una estrategia personalizada para destruir a todos los maltratadores de su hija, y a cualquiera que se interponga en el camino de su desquite.

Pero no te creas que Nol-igam es sólo una historia plana de justicia expeditiva y sádica. Además de rebuscadas escenas de tormento (lo de las algas deshidratadas es de un refinamiento bestial casi divino en su maldad), asistimos al desarrollo de los personajes. Karma Yoon resulta no ser un robot asesino sin sentimientos, sino que, a través de sus interacciones sociales en el transcurso de su misión, es capaz de conectar emocionalmente con otras personas, apiadarse de ellas (particularmente si también son alumnos maltratados) y hacerles extensiva su protección.

Myung-jun Lee, por su parte, enloquecido de dolor y remordimientos por no haber visto las señales del martirio de su hija a tiempo de salvarle la vida, el vicepresidente del Grupo Hyundo se hunde en un abismo de cólera violenta. Los rasgos de personalidad psicopática que son tan condenadamente comunes entre los altos directivos corporativos, crecen en la oscuridad del alma de Myung-jun Lee. Y así es como Karma se va volviendo más humana al mismo tiempo que Myung-jun se va volviendo más inhumano. Paradójicamente, esa metamorfosis aumenta el aprecio que Karma siente hacia él.

Y esa misma metamorfosis desespera al jefe Baek, secretario de Myung-jun Lee, que suda sangre para intentar preservar al menos una partícula del alma de su jefe, engolosinado con la sangre de los torturadores de su hija.

Es uno de esos manga que lees con placer culpable. Ves a Karma ponerse TURBOKKKKKACHONDA con los gritos de dolor y los pucheros y súplicas de sus víctimas. El estómago te dice que esto es espantoso. La cabeza te dice que no merecen menos. O al revés. No me acuerdo. Que es que esos ojos de LOCATIS SUPREMA me traen a mal traer. Pero también llegan a darte pena los matones de instituto que caen en manos de Karma. Sólo un poco, pero pena, a fin y al cabo. Te apiadas de la pijita engreída de Ye-jin, completamente alienada por su tiránico padre, y comprendes que sólo ha desahogado en Hye-na Lee el estrés al que es sometida en su propia familia. Pero te recuerdas a ti mismo que llevó a una chica dulce e inocente a la muerte. Y entonces la ves reventar al fin, después de interminables episodios de tormento. Y te sientes mal sintiéndote bien con ese desenlace. O bien sintiéndote mal, no sé, ¡JODER, PUTOS OJOS DE LOCA, ME DEJAN EL SELEBRO HECHO PAPASH!

En su búsqueda de satisfacción, Myung-jun recluta a otras víctimas de los abusadores de su hija. Y les ofrece un pedazo del pastel de la venganza (una cirujana, madre de Ji-yul, otra víctima de los asesinos de Hye-na Lee, tiene oportunidad de cortarle a Jin-woo, el hermano de Eun-jin Song, el único cojón útil que Karma le ha dejado después de que su hermana lo dirigiese, imprudentemente, contra la psicópata norcoreana adolescente. Se lo extirpa SIN ANESTESIA, se nos ha olvidado especificar).

Y con estos materiales ya deberías tener recursos suficientes para decidir si quieres o no leer  Nol-igam/A sense of amusement, oh, sensible lector.

Y, hablando de chicas raritas:

Taya, la nueva novia de Haru Ikeda, un oficinista atosigado de trabajo, sin esperanza y harto de la vida, es un poco extraña.

Taya le hace de comer a su churri, pero nunca se come lo que ella misma prepara.

Taya prefiere comer grillos. Lombrices vivas. Escarabajos.

No parece necesitar dormir. Salvo cuando llega el invierno, y con él el frío.

Tiene un olfato sobrehumano.

Dientes puntiagudos.

Tres pares de ojos.

Cuatro brazos.

Y ama a Haru.

Y Haru ama a Taya.

Taya es un yokai (monstruo o espíritu sobrenatural japonés). Puede hacerse pasar por una mujer morena, de piel bronceada y ojos negros e inexpresivos, como muertos, pero en realidad es alguna clase de criatura fantástica, más araña que mujer, que rescató a un hastiado Haru cuando intentó suicidarse tirándose de un puente. Él le regaló su chaqueta y ella se presentó al día siguiente en su apartamento llevándola puesta. Y desde entonces hacen vida de pareja.

My girlfriend is not human, de Neitheyagi, es una extraña y, de alguna perversa manera, hermosa historia de amor con elementos de humor negro, como cuando Haru, después de echar un polvo con su extraña novia, lee en un artículo que las arañas viuda negra matan y devoran a sus machos después de copular y, digamos, que se preocupa un poco. Taya, de alguna manera, le lee el pensamiento, y lo tranquiliza: «No eres una araña. Estás a salvo. Pero sigue leyendo ese artículo y lo haré (matarlo y devorarlo, quiere decir)».

Taya y Haru afrontan todos los desafíos cotidianos de una pareja corriente, los celos, el mutuo descubrimiento del otro, la hostilidad de los suegros, las pequeñas cosas en las que deben transigir durante la convivencia, la decisión de tener o no hijos... y, además, lidian con ese pequeño detalle de que Taya no sea lo que podríamos llamar una mujer propiamente dicha. Pero, mujer o no, Taya ama a Haru y está dispuesta a todo por protegerle. Tanto es así que maldice a una compañera de trabajo de su novio que lo acusa falsamente de abusar de ella (cagadita de miedo, la compañera se retracta ante Recursos Humanos al día siguiente).

Y, eventualmente, el mundo del que procede Taya, el mundo de los monstruos de leyenda, y el mundo de Haru, colisiona y My girlfriend is not human se convierte en una historia de suspense, con sal y pimienta de terror sobrenatural, que desde el Paratroopers te recomendamos con entusiasmo, oh fino lector siempre ávido de novedades.

Y dado que hemos entrado en la zona de cosas raras, ¿qué tal un poco de Dao of the bizarre immortal?

Dao of the bizarre immortal, autor anónimo, es uno de esos manga atchonburike! que de vez en cuando nos llueven encima. Basado en esta novela, escrita por, suponemos que un pseudónimo, Húwĕi Debĭ (literalmente «pluma de cola de zorro»), novela que al parecer ha tenido bastante éxito en China, Dao of the bizarre... nos presenta a un protagonista fragmentado. Li Huowang vive en un mundo de fantasía, esclavizado por «el maestro», un «cultivador» desdentado, deforme y medio loco que lo explota a él, y a otros pobres miserables, para confeccionar elixires y píldoras que lo ayuden a alcanzar un nuevo nivel de poder. Tal vez la ansiada inmortalidad.

Ese mundo es una pesadilla. Li Huowang y los otros penitentes muelen ingredientes y hacen cocciones mientras viven en penumbra, en unas cuevas oscuras, húmedas e infectas, cubiertos de mugre y sudor, duermen sobre yacijas de paja, se alimentan de porquería, se martirizan unos a otros (en el primer capítulo del manhua, Li Huowang impide que violen a una compañera de penitencia) y, eventualmente, pueden acabar en el fondo del ominoso caldero del Maestro, incorporados como macabros ingredientes a una de sus preparaciones.

Li Huowang debe emplear sus mermadas fuerzas, su voluntad quebrantada y su inteligencia embrutecida por los trabajos serviles y el terror casi constante a sobrevivir en este mundo de pesadilla.

Pero...

Li Huowang también es el adolescente Xiao Li, paciente de una institución mental en un mundo indistinguible del nuestro. Ha sido internado porque sufre unas alucinaciones terribles y extraordinariamente perturbadoras sobre un mundo de pesadilla en el que se llama Li Huowang y trabaja para un siniestro cultivador que no duda en usar sacrificios humanos para elaborar sus pociones y grageas. Hasta sus padres se han rendido con él y sólo recibe visitas de una amiga de la infancia, la dulce Yang Na. Su médico le dice, durante las visitas, que cada vez que sufra otro episodio alucinatorio, se comporte con arreglo a la lógica de la alucinación.

Y nuestro protagonista no sabe cuál de los dos mundos en los que vive es el real.

El mundo de pesadilla se infiltra en el mundo del hospital psiquiátrico (Li consigue llevarse al hospital psiquiátrico un colgante de jade, una tobillera de oro y unas píldoras taoístas del mundo de fantasía que aumentan su esperanza de vida y le conceden fuerza sobrehumana por unos minutos; se toma una de ellas y somete sin esfuerzo a otro paciente, que intentaba violar a Yang Na), y nuestro protagonista lucha por descubrir el vaso comunicante que los conecta, o decidir cuál de sus dos vidas es una alucinación y cuál es la realidad. ¿Es el ayudante de un cultivador que sueña que es un enfermo mental de un hospital psiquiátrico o un enajenado que sueña que es el ayudante de un cultivador homicida? ¿Tal vez ninguna de las dos cosas?

Li debe dividir, o multiplicar, sus energías en la tarea de descubrir la verdad acerca de sus delirios, comprender el pasaje que conecta ambos mundos y SOBREVIVIR en el despiadado, oscuro y desesperanzado mundo en el que ayuda a un desquiciado y contrahecho cultivador a alcanzar la inmortalidad.

Y se le añaden nuevos problemas después de derrotar al cultivador loco y dirigir a los supervivientes de la secta Xishan Donghua hacia la libertad.

Intermedio

Para que todos estemos en la misma página, un poco de terminología.

En la literatura china de fantasía hay fundamentalmente tres subgéneros mayores: wǔxiá (武俠), xiānxiá (仙侠) y xuánhuàn (玄幻). No queremos convertir esta nota marginal en una entrada en sí misma, así que intentaremos ser breves en nuestra categorización.

Wuxia (permítenos ahorrarnos los diacríticos, oh dulce et decorum lector con rostro de efebo y sabor a Riley Reid) significa «héroes marciales» y abarca todas esas obras ficticias en las que humanos normales obtienen literalmente superpoderes a través de la práctica de las artes marciales. No hay ni magia ni mitología implicadas en este género. La ambientación de todas estas historias suele ser la antigua China en cualquiera de sus períodos históricos, aunque no reflejen necesariamente historias reales. Ejemplos cinematográficos de wuxia serían Tigre y dragón de Ang Lee o Hero y La casa de las dagas voladoras, ambas de Zhang Yimou; las tres con la bellísima Zhang Ziyi en papeles protagónicos.

Los protagonistas de las historias wuxia son humanos normales que han adquirido habilidades sobrehumanas a través de las artes marciales.

Xianxia, o «héroes inmortales» introduce lo sobrenatural en historias que pueden, o no, tener elementos de artes marciales. Magia, demonios, fantasmas, dioses, y otras criaturas fantásticas del folclore chino y las doctrinas taoísta y budista, se pasean por este subgénero como los nazis por Bélgica o Riley Reid por nuestros almizclados sueños más pegajosos. Los protagonistas de estas historias cultivan el qi, la energía interna, para adquirir superpoderes y, con un poquito de esfuerzo y suerte, la inmortalidad (algo así como el emperador Qin y sus chupitos de mercurio, que le follaron el cerebro y lo dejaron tó loco de la cabesa).

Es a esta categoría a la que pertenecen las historias de «cultivo» propiamente dichas. Una derivada relativamente reciente del subgénero que se ha hecho muy popular en los eBooks y webcómics chinos. Los «cultivadores» que buscan la inmortalidad en estas historias no se conforman con meditar y abstenerse de follar (correrse malgasta el valioso qi, así que supongo que nunca alcanzaremos la inmortalidad, querido lector; y tú tampoco), sino que recurren a elixires, píldoras alquímicas, piedras mágicas, hechizos, núcleos de energía de monstruos y demonios y toda suerte de marranadas ficticias. Películas de este género serían, por poner unos pocos ejemplos, Zu, los guerreros de la montaña mágica, de Tsui Hark, The Yinyang Master, de Li Weiran, o Zheng tu («Mundo Doble»), de Teddy Chan.

Sobre los diversos niveles o grados de «cultivo» que los personajes pueden alcanzar en este género fantástico, del más bajo al superior, los poderes y habilidades que adquieren en su camino hacia la inmortalidad, y los subgéneros del Xianxia de cultivo (como el Danmei, historias de fantasía, magia y artes marciales con elevado peso de tramas románticas homosexuales), cabría publicar una entrada dedicada. Y no procede aquí hacer tal cosa, que nos olemos que el presente post ya da para potato o para balrog.

Xuanhuan, para poner fin a este interludio, término acuñado por el pionero autor Huang Yi, significa «fantasía misteriosa», y es un cajón de sastre en el que cabe un poco de todo: los temas y tropos característicos del Xianxia y el Wuxia con elementos y aportes extranjeros, fundamentalmente occidentales. En una obra Xuanhuan puedes encontrar taoístas luchando contra orcos o inmortales aliándose con elfos Tolkien-style.

Hasta aquí el intermedio

(De nada).

Y, como, fieles a nuestra costumbre, nos hemos enrollado como persianas, acabamos rapidito con mozas musculadas y fuertes; que es como más nos gusta acabar y, además, sabemos que te gusta tanto como a nosotros, marranete estenolágnico. Y si son musculadas y fuertes y asiáticas, te gusta plus.
estenolagnia

Del gr. στενός stenós 'estrecho' y μάχλος lagnos 'lascivo', 'libidinoso'.

f. excitación sexual causada por la exhibición de fuerza o de la musculatura humana. Término acuñado por el psicólogo alemán Magnus Hirschfeld.
¡Aaaaaaaaah quiero reencarnarme en una gota de sudor de esa espaaaaaldaaaaa!

담배피지 마세요!/Dambaepiji maseyo!/¡No fumes!, es una divertida comedia romántica con elementos picaruelos (vamos, que se ven tetas. Y pililas. Y potorros. Vamos, que es un poquito hentai, pero aquí todos somos adultos, ¿no?). El protagonista, Gang-chan, suma, a las cotidianas tribulaciones de un oficinista random, un problema añadido: a pesar de sus veintisiete años de edad, nunca llegó a desarrollarse del todo, está a un par de palmos del enanismo y, encima, con su carita de niño, parece un alumno de EGB. Los empleados de los Convinis y los camareros de los bares se niegan a servirle alcohol (las multas en Corea por vender alcohol a menores son de ruina). En los centros comerciales, las dependientas lo guían a la sección infantil de las boutiques. Sus compañeros de trabajo se pitorrean de él. Las chicas que le gustan se chotean en su puta cara por haberse creído que estaban dispuestas a salir con un hobbit. En los McDonald´s le sirven Happy Meals. No ha sido capaz de practicar con un mínimo de dignidad ningún deporte digno de ese nombre.

Encima, cuando llega a casa, su refugio, su castillo, con la intención de relajarse con unos videojuegos, una película o unos manhwa de su biblioteca, tiene que lidiar con la peste a faso que esparce por el edificio su vecina de al lado, una huraña y malhumorada fumadora empedernida a la que nunca ha visto la cara.
Gang-chan no puede dormir con la peste a caliqueño. No puede descansar. No puede relajarse.

Cuando finalmente alcanza el momento «¡crack!» y acude a aporrear la puerta de su vecina para reprocharle su incivismo, no tiene ni idea de lo que está poniendo en marcha.

Porque su vecina es Se-young Na, «la osa grizzly de Mapo-gu». Una BESTIA altísima, hipermusculada, una brutal delincuente juvenil que, en su etapa escolar, ANIQUILÓ con las manos desnudas a todos los otros malandros de su vecindario. «Probablemente no podrías derrotarla ni atacándola con un bate de béisbol», «necesitarías un camión grande para cargar a toda la gente a la que ha enviado al hospital», le dice a Gang-chan un compañero de oficina que coincidió con ella en el instituto.

Y, encima, Se-young sale a recibir a Gang-chan toda sudada (estaba haciendo dominadas cuando sonó el timbre) y MEDIO EN BOLAS. Y se chotea de él. Y lo ridiculiza por su estatura y aspecto aniñado.
Estamos asustachondos.

Y ahí es cuando a nuestro héroe, baldado por años de desprecios, bromas e insultos, le crecen un par de cojones y le planta cara a aquella colosal amazona comehombres.

Y, aunque luego la puta toalla se cae, y la exhibición de las colosales, y nos apostamos que durísimas, ubres de Se-young se comen los restos del momentáneo valor viril de Gang-chan, la moza ha quedado tan impresionada con esa subida de testiculina que su corazón empieza a hacer «doki doki», o como coño suenen los corazones en coreano, y ya tenemos la comedia romántica en marcha.

Tiarronas musculadas, personajes descastados, tetas, cuadritos asiáticos y romance. Si necesitas algo más para darle una oportunidad a Dambaepiji maseyo!, estás leyendo la bitácora equivocada.

Y llegamos al final de la presente entrada, por extensión de la misma, no por falta de recomendaciones lectoras.

Felices konichiwás, amado lector.


domingo, 10 de agosto de 2025

Forever Changed

Hay un problema con Los cuatro fantásticos: primeros pasos, y desde el Paratroopers no nos sentimos capaces de diagnosticarlo.


Pero quizá señalar el problema sea suficiente para que otras personas, mejor preparadas, más guapas y que se duchen más a menudo, reflexionen sobre él, y, con un poco de suerte, encuentren una solución.

Esto es lo que ha pasado: la película llamada a revitalizar el MCU se estrenó el 25 de julio del año corriente con unos saludables 158 427 635 dólares en su primera semana en pantalla (del viernes 25 al jueves 31). Casi ciento cincuenta y ocho millones y medio de dólares. Que no nos lo gastamos, a lo tonto, ni en crema Nivea y Kleenex cuando Riley Reid libera otra hornada de vídeos lúbricos en su Onlyfans.
«¡Para, para! ¡Que se pone toda burra!».

Eran cifras sabrosas y esperanzadoras. Tanto como para justificar que los cuentajudías de Marvel Studios proyectasen una recaudación de entre 45 y 52 millones adicionales en la segunda semana del largometraje de La Primera Familia dirigido por Matt Shakman. Pero es que al término del segundo fin de semana del estreno, es decir, el domingo 3 de agosto, el total acumulado en entradas vendidas, tanto en el mercado doméstico como en el internacional, era de 197 123 387 millones. 38 millones 695 752 dólares más.

No hace falta que te lastimes haciendo las matemáticas, oh querido lector que no pudo estudiar ciencias porque no aprobó la Selectividad, en el Paratroopers nos las hemos currado por ti: esas cifras representan una caída de un 76 por ciento en la recaudación. EN UNA SEMANA.

Date un tiempo para digerirlo.


A 6 de agosto de 2025 (últimos datos publicados en el momento en que escribimos estas líneas), la recaudación global de Los 4 fantásticos: Primeros pasos es de 211 963 853 dólares. O sea que sólo ha sumado otros 14 millones ochocientos mil dólares, a trazo grueso. Una caída de UN NOVENTA POR CIENTO, tomando como referente los datos del primer fin de semana. O sea, un sonoro HOSTIÓN CON LA MANO ABIERTA.

(Siendo justos, también el Supermán de James Gunn ha perdido espectadores a un ritmo alarmante desde su estreno. Un 51% en su segunda semana. Otro 56,6% en la tercera. Un 44% en la cuarta. Todos esos porcentajes calculados sobre las cifras del mercado doméstico. ¿Eh? No, pedazo de subnormal. Supermán 2025 no ha perdido un 152% de espectadores. Cada porcentaje se refiere a la cifra anterior. La segunda semana se recaudó un 51% menos que en la de estreno. La tercera un 56,6% menos que en la segunda  así sucesivamente. ¡Hay, qué daño ha hecho la ESO! La venta de entradas de Supermán también ha declinado desde su estreno, pero la de Los 4 fantásticos: Primeros pasos lo ha hecho mucho más rápido y mucho peor. 13,2 puntos porcentuales más rápido y mucho peor).

Resumen de los párrafos anteriores: la gente fue a ver masivamente Los 4 fantásticos: Primeros pasos en su fin de semana de estreno. Fueron a verla, pero mucho menos, en su primera semana completa, y ahora, de forma inexorable, el público LE ESTÁ VOLVIENDO LA ESPALDA a la Primera Familia de Marvel.

Con un presupuesto estimado en más de 200 millones de dólares (de nuevo, Marvel/Disney nos escamotea las cifras reales para seguir chuleando a sus accionistas e inversores), pintan bastos para este largometraje en particular y para el blockbuster de superhéroes en general.

Y lo más sorprendente es que es una buena película.

Los 4 fantásticos: Primeros pasos es una película realmente buena. Es divertida, es entretenida, está, con algunos matices, bien escrita (los guionistas no son lo bastante inteligentes como para escribirle líneas a Reed Richards). Los actores están fabulosos. El CGI apenas se nota, salvo en un par de planos un poco cantosos (y han afinado MUCHO la texturas del personaje de Shala-Bal, que parecían muy baratas en los tráilers). Pedro Pascal CONVENCE como Mr. Fantástico aunque no se haya afeitado el puto bigote. La estética retrofuturista de episodio largo de Los supersónicos FUNCIONA. El humor, añadido con cuentagotas, no es intrusivo ni cargante. Los uniformes tipo pijama de esquiador encajan bien con esa estética sesentera. Te metes en la acción desde el primer momento y aceptas a los personajes como si los conocieses de toda la vida. Los grandes temas morales (¿matarías a un bebé para salvar a toda la humanidad?) que caracterizan a algunos de los mejores cómics de La Primera Familia están ahí, correctamente expresados: la responsabilidad que conlleva el conocimiento, la familia, no necesariamente de sangre, como núcleo moral y pegamento emocional frente a la adversidad, el sentido del deber, la vocación de servicio que aviva en los miembros del grupo sus nuevos poderes... Y Vanessa Kirby es una fuerza de la naturaleza como Sue Storm y no una Girl-Boss girlbosseando como algunos se temían, y transmite tal familiaridad con Pedro Pascal como si realmente fuesen un matrimonio de años (todos los Fantásticos consiguen comportarse en pantalla como una auténtica familia). Ben Grimm/La Cosa, el mayor desafío técnico de este tipo de películas (y que había sido resuelto de manera tan insatisfactoria en las anteriores entregas), se ve DE COJÓN DE PATO, superrealista. Galactus, al que en la película de 2006 no se atrevieron a representar, y que tenía el potencial de cargarse la suspensión de la incredulidad en esta película, CONVENCE. Además, gender-swapping de Estela Plateada aparte, no hay puta propaganda woke. ¡Gracias, Marvel Studios, por una vez!

Pero la gente no está yendo a ver la película. Fueron, al principio, los que la esperaban con expectación o curiosidad. Luego, algunos acalorados despistados a la caza del aire acondicionado de la salas. Y después, aparentemente, casi nadie.

No es un batacazo como el que se llevó El especialista, otra película divertida, inteligente, entretenida y bien rodada que lo tenía todo para triunfar y se pegó un guarrazo respetable en taquilla (aquí tratamos el tema), pero Los 4 fantásticos: Primeros pasos no está generando adhesión. No está atrayendo al público. No parece haber invitado a un número significativo de espectadores a revisionarla. Los números no paran de caer y la cosa pinta realmente mal para el resto de su ciclo vital en cines.

¿Qué ha pasado?

Ni idea.

Realmente ni idea.

El público potencial de esta película se ha quedado en sus casas por razones que sólo podemos sospechar y el público general, que va al cine por ir a algún sitio o porque es un lugar discreto donde meterle mano a su churri, no la está respaldando masivamente tras su primera semana en exhibición. Y es una película familiar. No hay nada en ella que pueda repeler al público sin vello púbico (de hecho, en la sala en la que la vio el autor de estas líneas, había buena representación de adolescentes y media docena de guajes acompañados por sus padres) y abunda en temas y tramas con los que pueden conectar los viejastros premuertos como el que esto suscribe.
¿Habría ido más gente si hubiesen fichado a nuestra Jessica favorita?

¿Qué ha pasado para que se produzca esta, no indiferencia, sino contracción del interés del público? ¿Los personajes no son lo bastante populares? (nos apostamos tus cojones, oh bien dotado lector, a que una película de la Patrulla X con esta misma calidad habría gozado de mejores audiencias). ¿Su carácter de one-shot, de historia ambientada en su propio cortijo aislado (en el planeta de los 4F de esta película ellos son los únicos superhéroes) ha echado para atrás a los incondicionales de los universos compartidos? ¿El reemplazo de Norrin Radd por Shalla-Bal como Estela Plateada ha cabreado a los guardianes de las esencias, principal público objetivo de este largometraje? ¿O la desastrosa estrategia creativa y comercial de Marvel/Disney en la última década ha alienado a sus antaño incondicionales?

Que otro intente contestar estas preguntas. Aquí bastante tenemos con encontrar excusas para meter a cholón GIFs de Riley Reid ligerita de ropa o haciendo fuera de plano guarreridas españolas. Y fotos de la seráfica Sara Sampaio, por supuesto.

Lo que es dolorosamente obvio es que, si la actual tendencia no se invierte, Los 4 Fantásticos: Primeros pasos va a sufrir una agonía para acercarse siquiera a los quinientos millones de recaudación, que es el umbral de la rentabilidad para una producción de estas dimensiones y este precio.

Problema que no tendría Marvel Studios si no se hubiese gastado doscientos millones (hay quien sugiere que fueron más bien 250) en este producto. Costes de distribución y promoción aparte, que podrían añadir, como mínimo, otros setenta y cinco o cien millones a esa cifra.

Y todo lo escrito más arriba sólo ha servido para introducir por enésima vez, y con esto oficialmente ya nos hemos convertido en una bitácora de repetición, el tema de la insensatez de fumarse doscientos o trescientos millones de presupuesto en una película con el sueño húmedo de ponerse lo más cerca posible de los mil millones de recaudación. Y, una vez más, la «fatiga superheroica» no tiene tanta responsabilidad en el bajo retorno promedio de la última década de blockbusters palomiteros como las decisiones financieras y creativas desatinadas.

Los presupuestos de doscientos millones con proyecciones de mil millones de recaudación tienen muy poco sentido contable. Películas que hayan alcanzado esos beneficios sólo hay 53  en toda la historia del cine, y, entre las diez primeras de esa lista, sólo cuatro títulos pertenecen estrictamente hablando al género de superhéroes (Vengadores: Endgame, Vengadores: Infinity War, Spiderman: No Way Home y Los vengadores).

Y no me salgas, oh impulsivo lector, con la especie de que hacer películas de superhéroes es puñeteramente caro. Si los japoneses de Toho Studios pudieron hacer Godzilla Minus One por menos de quince millones de dólares (y parte de ese presupuesto se gastó en MODERNIZAR las instalaciones de la compañía. Entre otras cosas se construyó una cocina para los empleados y contrataron a un chef a jornada completa), quizá ha llegado definitivamente el momento de analizar las estructuras de gasto de las productoras estadounidenses y acometer una optimización de procesos SALVAJE.

No es sostenible, de NINGUNA DE LAS PUTAS MANERAS, seguir quemando volquetes de pasta en tremendas ultraturbomegapelículas que sólo accidentalmente arrojan beneficios a la altura de la inversión. Alguien con UN BUEN PAR DE PELOTAS debería empezar a cortar cabezas, coloquialmente hablando, en los estudios de cine estadounidense, putos YONQUIS DE DINERO enviciados en un modelo de negocio DERROCHADOR E INEFICIENTE. La inflación por sí misma no explica esta escalada (algunos temas para la reflexión los hemos apuntado aquí, en nuestro análisis de Thunderbolos, sí, hemos escrito «Thunderbolos»).


Las razones de que los costos de producción se hayan disparado y de que el retorno de la producción cinematográfica se haya transformado son de naturaleza multifactorial y, si te apetece, querido lector, puedes pinchar en este enlace que enumera algunas de ellas o seguir leyendo, bragazas, flojo, y te explicamos el bisnes a nuestra manera:

1. ¿Dónde se han ido los buenos chicos?


En los años 80, el típico presupuesto para un drama oscilaba entre los 15 y los 20 millones de dólares. La fuerza del cariño costó 8 millones y se embolsó más de 100 en entradas. Paseando a Miss Daisy se rodó con siete millones y medio y acaparó casi 146 millones de los espectadores del mundo entero. Los gritos del silencio, aunque rindió regulín en taquilla, costó unos catorce millones y recaudó casi 35. El club de los poetas muertos costó algo más de 16 millones y amasó un pastizal de 235 860 116. Oficial y caballero costó siete millones y se acercó a los 130 de recaudación. Grita libertad se estrelló en taquilla con menos de seis millones de recaudación y casi treinta de presupuesto. Rocky III costó 17 millones y recaudó 125. La desgarradora Platoon costó 6 millones y se puso en 138 de recaudación. Rain Man se hizo con 25 millones y sobrepasó ampliamente los 350 de recaudación. Nacido el cuatro de julio: 14 millones de presupuesto, 161 en entradas vendidas, papelón de Tom Cruise y Óscar a la mejor dirección y montaje.

En esta misma década dorada del cine, una película de acción podía hacerse por unos 20-30 millones, (La jungla de cristal, de 1988, costó unos 28 millones; Límite: 48 horas se hizo por 12 millones y recaudó casi ochenta), con excepciones como Superdetective en Hollywood y sus 13 millones de presupuesto (y más de 300 de recaudación) o Top Gun y sus 15 millones de costes para más de 357 de recaudación y un récord de solicitudes de ingreso en la escuela de pilotos de la Marina de los Estados Unidos. 

La comedia, el género rey del decenio, era entonces una de las inversiones más rentables. Los gemelos golpean dos veces, de 1988, costó quince millones y recaudó casi 217. Aterriza como puedas costó tres millones y medio y recaudó más de 83. Granujas a todo ritmo costó 27 millones y medio (contabilizando en esa cifra las carretas de cocaína que se metían John Belushi y Dan Aykroyd) y recaudó 115. Entre pillos anda el juego costó 15 millones y recaudó 90. Loca academia de policía ni siquiera alcanzó los cinco millones de producción y sobrepasó los 81 de recaudación global. Y suma y sigue: Cocodrilo Dundee; menos de 9 millones de presupuesto, más de 320 en entradas vendidas. La guerra de los Rose; 26 millones de presupuesto, 160 de recaudación.

Si tenemos que buscar títulos de los 80 con una inversión en costos de producción comparable a los de las modernas películas de superhéroes, o sea un DERROCHE en efectos especiales, tenemos ejemplos como el de Los cazafantasmas, que costó en torno a 30 millones de 1984 (y sus trucos de cámara siguen manteniendo el tipo hoy en día). Poltergeist costó casi 11 millones y recaudó 77 millones. The Abyss y su ostentosa dotación en efectos especiales creados por ordenador, costó unos 45 millones de 1989. El chico de oro (que se acercó a los 25 millones de presupuesto). Regreso al futuro (unos 19 millones en costes, una recaudación de más de 380 millones). Howard... un nuevo héroe (unos 37 millones gastados y un hostión monumental en taquilla). Cortocircuito (15 millones y más de 40 de recaudación). Aliens: El regreso  (18 millones quinientos mil dólares, 131 millones en entradas). Blade Runner, con 28 millones de presupuesto.

Pero sí, también hubo películas de superhéroes, o algo parecido, en esta década, aunque no muchas: el Batman de Tim Burton costó unos 35 millones de 1989 (equivalentes, ajustando la inflación, a unos 91 millones de hoy en día) y acumuló más de 400 millones de recaudación global antes de YouTube, antes de Twitter, antes del puto Internet como medios de promoción al servicio de los estudios de cine (Indiana Jones y la última cruzada, del mismo año, recaudó un poco más de 474 millones desde su presupuesto de 48 millones). O Supermán II: La aventura continúa, con sus 54 millones estimados de presupuesto y más de 216 de recaudación (el declive de la franquicia comenzó con Supermán III, que, técnicamente, perdió dinero). Supergirl fue un desastre de 35 millones extraordinariamente mal escrito, peor dirigido y pésimamente rodado a pesar de lo guapa que es Helen Slater y la cara que ponía de creérselo. La cosa del pantano de 1982, una triste miseria de 3 millones de presupuesto. The Punisher: Vengador que, honestamente, en la bitácora opinamos no recibió todo el reconocimiento que merecía (9 millones de presupuesto, datos homeopáticos de taquilla, directa a vídeo en muchos mercados y estreno en Estados Unidos pospuesto indefinidamente debido a las penurias financieras de New World Pictures). La sangrienta RoboCop (13 millones de presupuesto, 53 de recaudación). Los inmortales (16 millones de producción, HOSTIA ÉPICA en taquilla y justa reivindicación en los videoclubes). Y, por meter en la misma entrada dos películas con banda sonora de Queen, Flash Gordon (20 millones de presupuesto, ♪ Flash! O-ooooooh! Savior of the Universe! ♫).

Las películas de aquella década reposaban en las historias y en el carisma de los actores y los personajes.

Y en presupuestos asumibles.

Ese modelo de negocio se ha acabado. Las productoras de cine han abandonado a las plataformas de streaming (grandes disruptoras del mercado audiovisual) las películas de presupuesto medio y medio-bajo. Lo que en el Paratroopers llamamos «el fondo de armario», o sea esos títulos que no cuestan ni el presupuesto mensual en farlopa de uno de los JRANDES estudios y que, en buena medida a causa de sus modestos medios, tienen el potencial de producir retornos lucrativos. Porque a sus directores no les queda otra que minimizar los costes de producción, planificar correctamente el rodaje y reposar en la calidad de la historia y el carisma de los personajes.

En los años 90 el género de terror se convirtió, a grandes rasgos, en el proveedor de este «fondo de armario» al que aludimos (y además cantera para nuevos autores, a ver si nos entiendes: «demuéstranos lo que puedes hacer con esta limosna y hablaremos de ascenderte a las grandes ligas»), tendencia inaugurada por títulos ochenteros como Muñeco diabólico (9 millones de presupuesto, 44 de recaudación), Pesadilla en Elm Street y sus misérrimo millón ochocientos mil dólares (que en taquilla se convirtieron en casi 26 millones) o Viernes 13, que obró el milagro de los penes y las paces y convirtió sus poco más de 500 000 dólares de producción en casi 40 millones en entradas. Los 14 millones de Scream ordeñaron 173 millones a las taquillas de 1996. Candyman, el dominio de la mente, sin acercarse siquiera a esas cifras, escribió su nombre tres veces con tinta negra en el libro mayor de Polygram Filmed Entertainment (6 millones gastados, casi 26 recaudados). Abierto hasta el amanecer no llegó a ser rentable en taquilla con sus algo menos de 26 millones de recaudación sobre un presupuesto de unos 19 millones, pero es buen ejemplo de lo que se podía considerar una Serie B de la época (al año siguiente, Horizonte final costó 60 millones y se partió los dientes en las taquillas internacionales. Ni siquiera cubrió costes con sus 26 millones 677 289 dólares en recaudación). El silencio de los corderos, que mezcla terror con thriller policial, se puso en casi 273 millones desde sus 19 millones de producción. Misery, basada en una novela de nuestro feo favorito de Maine, triplicó en recaudación su presupuesto de 20 millones. El Drácula de Bram Stoker pulverizó las taquillas de la década con casi 216 millones sobre 40 de presupuesto. Y, a punto de finalizar el siglo, El proyecto de la bruja de Blair se convirtió en la película más rentable de la historia, que sepamos, con su presupuesto de 60 000 dólares y sus taquillas de 248 639 099 dólares,

En los años 90, ajustando la inflación, el presupuesto promedio de las veinte películas más taquilleras fue de 63 millones de dólares. Y es una lista DOPADA con megaproducciones como Titanic (200 millones), Parque jurásico (63 millones), Star Wars: Episodio I (115 millones), Armageddon (140 millones), Independence Day (75 millones), Hombres de negro (90 millones), Matrix (65 millones) y Terminator 2: El juicio final (más de 100 millones).

Hoy en día, películas como No es país para viejos (25 millones), Expiación. Más allá de la pasión (30 millones), Pozos de ambición (25 millones) o Michael Clayton (21,5 millones), todas ellas de 2007, ya no llegan a la gran pantalla o lo hacen anecdóticamente. Se van directamente al servicio de Video on Demand correspondiente, que es el equivalente moderno a los desaparecidos videoclubs. Entre 2004 y 2019, la inversión en el «fondo de armario» de las productoras decreció un 40% y los presupuestos por película ascendieron a un vertiginoso promedio de 65 millones de producción a los que hay que sumar de 30 a 35 millones más en distribución y promoción. Con el coste de una película «barata» de 2025 (tomando con pinzas el adjetivo) se habrían rodado cuatro de presupuesto moderado en 2005.

¿Cómo coño hemos llegado a ese escenario en el que la categoría presupuestaria que ocupaban las películas de 20 a 70 millones de dólares ha desaparecido y dejado su puesto a leviatanes de doscientos millones de mortadelos?, se preguntan, entre otros, estrellas con una perspectiva lúcida e informada del negocio, como Matt Damon.
"You need those roles to develop as an actor and build your career, and those are gone".

Bueno, ahí está la cuestión. Todo es más caro ahora. Por muchos motivos.

2. El puto bicho

Hacer una película es caro y siempre ha sido caro. Hay que construir escenarios (aunque cada vez más a menudo se filme frente a un croma y se añadan en post-producción los fondos, sacrificando autenticidad en el altar del ahorro). Hay que seleccionar o confeccionar el vestuario. Alquilar cámaras, equipo de sonido e iluminación, pagar a los técnicos, a los actores, a los extras.

Pero el Conavirus ha disparado los costes. Las primas de las compañías de seguros. La inversión en protocolos de seguridad y personal sanitario asignado a la producción. Avatar: El sentido del agua, The Batman, Elvis, Furiosa: A Mad Max Saga, Mission: Impossible - Dead Reckoning Part One, Prey y Jurassic World: Dominion son sólo algunos ejemplos de películas estrenadas cuyos rodajes fueron suspendidos o pospuestos debido a la pandemia. Un solo contagio puede llevar a interrumpir un rodaje que cuesta millones de dólares diarios. Y luego vienen los tests individuales. El rastreo y cuarentena de las personas que hayan dado positivo o estado cerca de un portador del virus. La desinfección del material de rodaje, de los vehículos y de los espacios comunes. Los gritos del productor, que acaba de tener una desagradable conferencia telefónica con la aseguradora del estudio. Las amenazas del sindicato con declarar una huelga por obligar a sus afiliados a trabajar en un ambiente insalubre y las de los infectados con interponer un pleito civil por lo mismo.

Parece peccata minuta, pero el puto bicho lo ha vuelto todo mucho más complicado. Y más caro.

3. Las divas

Brad Pitt se embolsó 32 millones por Wolfs y 30 por F1: La película. Margot Robbie 12,5 millones por Barbie. Ryan Reynolds 30 por Deadpool y Lobezno. Will Smith 26 por Bad Boys: Ride or Die. Jason Statham 24 por Beekeeper: El protector. Y de la morterada de panoja que se embolsó Robert Downey jr. por las últimas películas de Los Vengadores ya hablamos en la anterior entrada, enlazada más arriba.

Aunque el sistema de estrellas está técnicamente roto (ya hemos hablado de esto en anteriores entradas), su cadáver todavía patalea y algunos de los primeros espadas de Hollywood exigen salarios millonarios y participación en beneficios a cambio de sus firmas en un contrato. Y no hablamos solo de actores. Los directores mejor pagados de la industria estadounidense se embolsan un promedio de siete millones por película (la DGA exige por convenio un salario semanal mínimo de 20 616 dólares para sus afiliados); y luego están los monstruos como Christopher Nolan, al que se le atribuye una fortuna personal de 250 millones, J.J. Abrams (300 millones), Ridley Scott (400 millones ganados en su doble faceta de director y productor), Michael Bay (450 millones), James Cameron (800 millones) o Peter Jackson (1 500 millones).

No se acumulan esas cifras cobrando en besos y Lacasitos. Los directores-estrella, con sus salarios de escándalo y porcentajes de taquilla, contribuyen también al incremento de los costos de producción. Más dinero para ellos es menos dinero para hacer la próxima película.

Y, puesto que buena parte las retribuciones de los productores dependen de la participación en beneficios, también ellos mojan su pan en la salsa de los presupuestos del estudio. Cada vez que un ejecutivo de cine oye hablar de que su estudio va a producir una nueva peli de gran presupuesto, empieza a preparase para una follada bien dura.

4. La espada de doble filo

La tecnología ha avanzado tanto desde que Georges Méliès rodó su Viaje a la luna que la recreación de mundos imaginarios o escenas espectaculares en el cine se ha convertido, literalmente, en una mera cuestión de tiempo y dinero.

Pero el CGI también ha incrementado exponencialmente los costos de producción al poner en manos de ejecutivos imbéciles y con afán de protagonismo las herramientas que les permiten reescribir sobre la marcha películas enteras a satisfacción de sus egos hipertrofiados o de las recomendaciones de un estudio de mercado filtrado por el tamiz de la ideología sojas de un comité de papanatas licenciados en una facultad de la Ivy League.

En Avengers: Endgame se renderizó en 3D incluso el vestuario de los actores en algunos de los casi 2 500 planos retocados por ordenador. Un calendario de rodaje demencial, los constantes cambios de diseño, el solapamiento de rodajes (el uniforme de Brie Larson para Capitana Marvel aún no existía como tal mientras se estaban filmando Infinity War/Endgame) y la indecisión de los directores está detrás de este gasto absolutamente evitable con una mejor gestión del plan de trabajo. Dos semanas y media antes del estreno, el equipo de CGI seguía trabajando en la película, a golpe de café y Red Bull y con los nervios hechos mistos.

¿Y, sabes cuánto cuesta UN MINUTO de CGI medianamente fotorrealista en una película? Una media de 5 000 dólares. Las escenas más complejas, con escenario, cámaras, colorimetría y actores generados por ordenador, pueden ponerse tranquilamente en varias decenas de miles de dólares. Hasta James Cameron, «padre», es un decir, de la incorporación MASIVA del CGI en la industria del cine a través de películas como Abyss, Terminator 2 y Avatar, ha declarado ya que el negocio de las películas va a dejar muy pronto de ser rentable como los estudios no encuentren la forma de reducir a la mitad los costos de los efectos especiales digitales.
Esto lo arreglaron antes del estreno. Gracias a Sara Sampaio.

«Ya lo arreglaremos en post-producción» es una frase que debería estar prohibida en un set cinematográfico. Delata al director perezoso y manirroto. Entregar tomas negligentemente rodadas que los técnicos de efectos especiales deben reconstruir DESDE CERO mientras el productor le grita por teléfono a su jefe de equipo se ha convertido en una práctica tan abominable como cara. Cuanto menos ponen de sí mismos los realizadores a la hora de planear y rodar una escena, más trabajo recae del lado de los responsables del CGI. Y si encima el estudio está encima de ellos a diario, exprimiéndolos con los plazos de entrega e introduciendo cambios de último minuto («¿recuerdas esa batalla multitudinaria que el guion dice que se libra en Marte?, pues la hemos trasladado debajo del agua. ¡Ah, y recuerda que estrenamos en cinco días!»), no sólo los resultados finales oscilarán entre la mediocridad y la vergüenza ajena, sino que todas esas correcciones supondrán un costo añadido a toda la producción.

No podemos hablar del encarecimiento de los medios técnicos sin mencionar también el coste del medio empleado en el rodaje. Christopher Nolan es un talifán del IMAX, ese monstruoso y maravilloso leviatán de 70 milímetros y ultra alta definición que se proyecta en una pantalla envolvente (aunque ese amor no impide al rubio realizador británico DESTRUIR una cámara IMAX tras otra). En IMAX rodó Nolan algunas escenas de El caballero oscuro y El caballero oscuro: La leyenda renace, dos terceras partes de Dunkerque, Interstellar y buena parte de Tenet y Oppenheimer... Y prepara el reestreno en este formato de algunas de sus películas más conocidas.

Las cámaras IMAX son CARAS DE COJONES.  Entre 300 000 dólares y un millón las digitales. De medio millón a dos millones las analógicas. Y estamos hablando sólo de las cámaras, unos armatostes tan PUTAMENTE ENORMES Y PESADOS que necesitan trípodes, estabilizadores y monturas especiales que añaden miles de dólares al coste del equipo (aunque ya se han desarrollado modelos más pequeños y ligeros). Este formato también necesita objetivos especiales. Procesos específicos de edición, sonorización (las cámaras IMAX son ruidosas DE LA HOSTIA) y colorimetría. Y las bobinas de las versiones analógicas no dan más que para tres minutos de metraje a 24 fotogramas por segundo. Imagina, amado lector, rodar en celuloide usando bobinas de 1 000 pies de largo (algo más de 300 metros) que cuestan un dólar por pie. 1 000 MACHACANTES POR CADA TRES MINUTOS DE ACCIÓN.

Y si estás pensando que, ya puestos, mejor alquilar el equipo que comprarlo, déjanos decirte que el alquiler de cámaras IMAX, dependiendo del proveedor al que recurras, puede costar de 2 000 a 10 000 dólares diarios o, si te decides por un contrato semanal, de 12 000 a 60 000 George Washingtons. Emplear este formato en tu producción puede comerse de 300 000 dólares a más de dos millones de tu presupuesto. Eso suponiendo que no decidas rizar el rizo con alguna tecnología accesoria más, como el 3D, que, citando a Facu Peralta, llega y pasa de moda más o menos cada treinta años.

5. El peligro amarillo

La internacionalización de las audiencias ha llevado a la estandarización de la producción cinematográfica, a la renuncia de películas con una identidad muy marcada, al sacrificio de la firma de autor y de la originalidad a fin de obtener un producto fácilmente exportable a otras culturas y otros lenguajes.

Una imagen vale más que mil palabras, dice el refrán, y por eso se invierten esas cantidades obscenas de dinero en películas extraordinariamente sencillas a escala argumental donde la imagen reemplaza a la narración. En 2009 había 5 000 salas de cine en China. En 2021, más de 82 000. Ningún estudio de cine está dispuesto a renunciar a ese mercado. Por eso transigen, sin ninguna vacilación, a las exigencias de los distribuidores chinos, cubriendo el rostro de Chadwick Boseman en el cartel de Pantera Negra y haciendo casi desaparecer a Finn del de Star Wars: El despertar de la fuerza. Y por eso también los estudios accidentales favorecen las películas de superhéroes, grandes espectáculos visuales donde las historias simplistas y la pirotecnia de los efectos especiales por ordenador saltan las barreras culturales como no podrían hacerlo títulos de identidad más acusada y narrativa más profunda y enraizada en el ethos occidental.

El mínimo común denominador perseguido por los árbitros de la estrategia comercial de los grandes estudios de cine ha encontrado en las películas de mamarrachos en mallas de colorines el producto perfecto para apelar a las audiencias internacionales. Que en muchas películas del género se ruedan las escenas de acción antes de tener un guion que las una ya ha sido discutido numerosas veces. Y es normal que así sea, cuando primas la naturaleza del cine como espectáculo de feria por encima de su carácter de lenguaje artístico y herramienta para transmitir historias.

Y desde el Paratroopers le vemos mala y escasa solución a este problema.

6. El mardito parné


Artificios contables aparte para evitar pagarle a la gente lo que se le debe por su trabajo, financiar una película es un carajal que no te puedes ni imaginar, querido lector. Para filmar un largometraje como no basta con escribir un cheque de doscientos millones de dólares (aunque Disney suele preferir financiar sus producciones con su propio dinero). A menudo, las productoras pactan con los distribuidores, contrato mediante, la compra de los derechos de exhibición, a un precio tasado, de una película que aún no existe. Así el estudio puede usar ese futurible como aval para conseguir un préstamo con el que financiar la producción. Digamos, si nos lo permites, que el estudio «hipoteca» su película para obtener financiación para la misma, poniendo como garantía de esa «hipoteca» los derechos de distribución de la película.

El «product placement» («posicionamiento de producto») es otra fuente de ingresos a la que las productoras recurren para pagar sus facturas. En la próxima película de presupuesto medio/alto que veas, fíjate en cuantas marcas distintas aparecen en pantalla. Publicidad encubierta, a menudo descarada (pregúntate por qué Roger Moore conduce un Lotus Sprit Turbo en Sólo para sus ojos y Pierce Brosnan conduce un BMW Z3 en Goldeneye, en vez del consabido Aston Martin que, desde James Bond contra Goldfinger, asociamos con 007). Pero el posicionamiento de producto conlleva obligaciones hacia la marca con la que contratas. En Apple son particularmente picajosos al respecto. Si se lo pides, te proveerá de todos los teléfonos, portátiles, tablets y ordenadores que le pidas... siempre y cuando la usen los héroes de la película, no los canallas. Se conoce que los cabrones del mundo no usan iPhones y nosotros sin enterarnos.

También hay películas, y franquicias, que ingresan más por venta de merchandising que en concepto de entradas vendidas. Star Wars y sus, calculados a ojo de buen culero, 42 200 MILLONES de dólares en productos derivados, y la saga Harry Potter y sus 26 000 millones extra en muñequitos, camisetas y agendas escolares, son dos casos paradigmáticos de esta fuente de financiación accesoria de los estudios cinematográficos.

PERO el auge de las plataformas de streaming y de Video on Demand ha privado a las productoras de una de las más poderosas fuentes de amortización de la que gozaban en el pasado: la venta y alquiler de DVDs. Ya en su día, el mercado de alquiler de vídeo había explotado en el trienio 1983-1986, año este último en el que la suma de las ventas y las cuotas de los alquileres domésticos de «cine en casa» superó los 4 000 millones de dólares, eclipsando los ingresos por venta de entradas, que en 1986 alcanzaron los 3 780 millones de dólares. La llegada del DVD a partir de 1997, y su superior calidad de imagen y sonido, supuso tal revulsivo en el mercado doméstico del cine que los alquileres y ventas de DVDs por sí solos llegaron a aportar, en los buenos años, LA MITAD de los ingresos totales de las grandes producciones cinematográficas. Estamos hablando de los años en los que los estudios de cine podían permitirse hacer menos dinero en venta de entradas sabiendo que iban a redondear la recaudación a través del alquiler y las ventas de DVDs (el Blu-Ray no ha llegado nunca a reemplazarlo porque la mayoría de los consumidores no creen que la ligeramente superior calidad de imagen y los contenidos extra justifiquen la sensible diferencia en el precio).

Los problemas de vestuario de las actrices pechugueras también incrementan los costos.

Pero eso se ha acabado. Como el VHS en su día. Ya no quedan videoclubes y el concepto mismo del cine en formato físico está cuestionado. Y, en la búsqueda de nuevas fuentes de financiación, los estudios han abandonado las producciones de mediano presupuesto y entronizado el blockbuster palomitero de superhéroes, estandarizado y supersimplificado, encarecido además por un obsceno despliegue de efectos especiales que parecen haber dejado de pertenecer al lenguaje cinematográfico para convertirse en el medio mismo.

Esta fórmula eso no está funcionando para Los 4 Fantásticos: Primeros pasos. Y cabe preguntarse por qué. Pues también Avatar: El sentido del agua es un Chupa-chups sin pretensiones de trascendencia dramática ni valor narrativo reseñable y, sin embargo, se metió en la saca más de tres mil doscientos millones de dólares. Y eso que está escrita con el culo y dirigida por el James Cameron más desganado de toda su carrera.

¡Quién te ha visto y quién te ve, Jimmy!

Cabe preguntarse hasta qué punto es sostenible el modelo actual de producción cinematográfica. Y cuán beneficiosa habría sido, cuando termine su exhibición en pantalla grande, Los 4 Fantásticos: Primeros pasos, que, insistimos, ES MUY ENTRETENIDA Y NOS GUSTÓ MUCHO, si hubiese gozado de un presupuesto más comedido y una lógica de gasto más optimizada.

Y los paracaidistas de esta bitácora, que queremos que se sigan haciendo películas de superhéroes (y la supervivencia del género pasa por hacer MEJORES películas y, también, películas MÁS BARATAS), no podemos evitar preocuparnos.


Actualización: justo antes de publicar la presente entrada se han hecho públicos los datos actualizados a 8 de agosto y la película que, por primera vez, lleva con dignidad a los 4F a la gran pantalla, ha experimentado un ligero repunte, del cual nos alegramos, que eleva provisionalmente el total de la recaudación global a un poco menos de 390 millones de dólares.


Sigue siendo poco, pero algo ayuda.

Cruzamos los dedos.

Y le ponemos un par de cirios bien gordos a Sara Sampaio Dominátrix.