«Sommer, haz la crítica de Thunderbolts».
No.
«Joder, venga, Sommer, enróllate».
Que no.
«Venga, Sommer, ¿qué te cuesta, copón? Es sólo otra película».
Que no me da la gana, coño.
«Sommer, haz la crítica de Thunderbolts de una puta vez o le paso a los abogados de Sara Sampaio las coordenadas del búnker mohoso con olor a esmegma desde el que subes las entradas de la bitácora».
Thunderbolts es, en una frase, la película que nadie pidió sobre el grupo de antihéroes que pocos conocen.
Afrontémoslo: La única razón por la que tenemos Thunderbolts es porque Marvel/Disney ha dado carpetazo a la formación original de Los Vengadores. Robert Downey Jr., Chris Evans, Chris Hemsworth, Eric Ba... digo Edward Nort... digo Mark Ruffalo, Scarlet Johansson, Jeremy Renner, no sólo estaban ya un poco mayorcetes para seguir triscando como las cabras de Heidi, vestidos como payasos de rodeo; además imaginamos que empezaban, lógicamente, a estar un poco cansados de hacer siempre más de lo mismo y, para acabar de cagarla, a algunos de sus personajes los han ACOGOTADO de la presente línea temporal del MCU, matando a Tony Stark y a la Viuda Negra, gerontificando al Capitán América, humillando y amariconando al pobre Thor hasta conseguir que NADIE quisiera ver otra película suya...
(Encima, Chadwick Boseman murió de cáncer, dejándonos con el corazón roto a todos, y Jeremy Renner estuvo a punto de esmochar Big Time actuando como el héroe que ha representado en las pantallas. Y las secuelas físicas que le han quedado tal vez le hayan expulsado para siempre del cine de acción).
Lo que pides a Aliexpress y lo que te llega. |
Por si esos no fuesen bastantes motivos, también los principales actores de esta generación de Los Vengadores, bien como señal de agotamiento laboral, bien como intento de equilibrar la balanza con los beneficios que sus películas habían acuñado, bien porque se veían en una posición negociadora fuerte y quisieron, quién puede reprochárselo, aprovechar la coyuntura para forrarse bien forrados los riñones, habían logrado unas mejoras contractuales y unos incrementos en sus respectivos cachés que dan vértigo y que incrementaban abruptamente los ya pornográficos costos de producción.
Hablando de pornografía: Deutschland! |
El caso paradigmático que ilustra este rappel en los salarios de los actores del MCU es el de Robert Downey Jr. De los dos millones de dólares que cobró por su participación en Iron Man (película que recaudó casi seiscientos millones de dólares sólo en taquillas y puso en marcha la reacción en cadena de la que se originó todo el universo cinematográfico Marvel), dio el salto a los diez millones de dólares por Iron Man 2, y de ahí a los cincuenta millones de dólares, DECLARADOS, por Los Vengadores e Iron Man 3. A partir de aquí, las cifras ya es que marean y, encima, nadie parece estar muy seguro de las cuantías exactas. Entre cincuenta y ochenta millones por Vengadores: La era de Ultrón, 65 millones por Capitán América: Guerra Civil y entre diez y quince millones por un puto cameo en Spider-Man: Homecoming.
Lo que conocemos otorga autoridad a los rumores de que, para conseguir que Robert Downey Jr. regresase a la franquicia para cerrar la como Tony Stark/Iron Man en Vengadores: La guerra del infinito y Vengadores: Endgame, Marvel/Disney tuvo que apoquinarle, sólo a él, más que al resto de Vengadores juntos (las cifras declaradas son de 75 millones por las dos películas, aunque hay quien sostiene que fueron 75 por película a pesar de haber sido rodadas conjuntamente, y otros 55 millones de propina en un 8% de participación en beneficios sólo por la venta de entradas de Endgame).
A fin de proporcionar contexto, ahí van unas cifras del resto de actores de la formación original de Los Vengadores: Chris Evans, Mark Ruffalo, Chris Hemsworth, Jeremy Renner y Scarlett Morromórbidonsson se habrían embolsado veinte millones de dólares cada uno por Endgame (y la Johansson otros veinte por la tardía y decepcionante Viuda Negra, a la que dimos de hostias hasta en lo blanco de los ojos aquí). Así que la leyenda que compartimos contigo, oh incrédulo lector ávido de sabiduría, en el párrafo superior podría NO IR demasiado desencaminada, dado que Robert Downey Jr. se habría sacado entre 386 y 421 millones de dólares durante su paso por el MCU. A un cinco por ciento de interés, Robert Downey Jr. no tendría que volver a trabajar en su puta vida.
(Pero esto de actuar como que le gusta al bueno de Bobby, así que no sólo aceptó un papel en el Oppenheimer de Christopher Nolan, por el que ganó un Óscar y a través del cual se reconcilió con el cine de autor, sino que, a cambio de una cantidad inconfesable de pasta, ha aceptado regresar al MCU para un último alarido que, se supone, será un reboot general del mismo, esta vez como el villano Dr. Doom para Vengadores: Doomsday y Vengadores: Secret Wars).
"When I was 42, I did two films for Guy Ritchie and learned how to make big Hollywood movies with a civil British flare. I then played a guy named Tony in the MCU for about 12 years. And then recently, that dude Chris Nolan suggested I attempt an understated approach as a last-ditch effort to perhaps resurrect my dwindling credibility. So I share this with my fellow nominees, this has been an exceptional year."Thunderbolts llega en un momento particularmente delicado. Todo el crédito acuñado durante las fases 1, 2 y 3, once años de «Saga del infinito», se fue directamente A LA VERGA durante la multiversal Fase Cuatro, donde por cada WandaVision nos metieron por el culo cuatro Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos, cinco Eternals, seis Doctor Strange en el multiútero de la chochocharla y catorce Thor: Love and Thunder (en la que jodieron una de las sagas que en la bitácora galardonamos como una de las más conmovedoras del cómic, aunque admitimos que no gozó del favor del público). El favor del público y de la crítica ha declinado espectacularmente desde Endgame. La calidad de las historias, el desempeño de los actores y el interés de los fans se ha despeñado e implosionado como el submarino ése del Titanic (que también una cosa te digo, amado lector, hay que tenerlos DE HORMIGÓN ARMADO para descender a cuatro kilómetros de profundidad en el mar, dentro de una nevera de plástico pilotada desde un mando de videojuegos).
Y esta decadencia de lo que antaño era una franquicia rentable y amada por las audiencias, lleva cinco años sucediendo porque la estrategia de Marvel/Disney (o sea la estrategia de Kevin Feige, ese señor que intentó boicotear Deadpool y Lobezno, la película de los mil trescientos millones de dólares de recaudación) de los últimos diez años la ha diseñado un grupo de piezas con menos luces que una narcolancha y que siguen cometiendo una y otra vez los mismos errores esperando obtener diferentes resultados. Hemos repetido hasta el agotamiento que no tiene absolutamente ningún sentido hacer películas que nadie quiere ver, y que cuestan de 200 a 300 millones, con la pueril esperanza de que suene la flauta del burro de Esopo y el estudio se meta en la buchaca mil o mil doscientos en recaudación. Y es un plan de negocio particularmente inepto cuando intentas hacer esas taquillas de récord a partir de guiones de mierda escritos por completos papanatas, guiones dirigidos por realizadores mancos o maniatados por los treinta mil folios de notas de producción redactadas por un comité, e interpretados por actores poco conocidos o dramáticamente lisiados, en papeles que nunca gozaron de un favor especial del público potencial de esas series y películas, que es básicamente el mismo público que hundieron, o directamente dejaron de comprar cómics, cuando esos mismos personajes aún no habían dado el salto a la pantalla.
Hay bitácoras, canales de Youtube, revistas, no descartaríamos que libros y probablemente también cátedras universitarias, que intentan explicar o aportan materiales de reflexión sobre este fenómeno de la «fatiga superheroica», expresión de deseo de una parte de la crítica cinematográfica que se pajea con películas iraníes en blanco y negro rodadas en lengua de signos al mismo tiempo que consideran deficientes mentales a todos los fans del cine palomitero. No vamos a hacer el mismo esfuerzo aquí. En parte porque nos da astenia y en parte porque no nos da la gana.
¿Hay una fatiga de películas de superhéroes? Opinión personal: todavía no. La habrá, antes o después. A lo largo de la historia del cine, las audiencias han vuelto la espalda a unos géneros para favorecer otros, sin menoscabo de que esas tipologías de películas olvidadas puedan hacer un retorno sorpresivo y encaramarse a las carteleras una vez más, durante un breve lapso de tiempo. El western estaba más que muerto en los años 90 como género mayoritario, hasta que Kevin Costner con Bailando con lobos y Clint Eastwood con Sin perdón le devolvieron una dignidad que no había conocido desde los tiempos de John Ford (y gozaron de una rentabilidad más que jugosa. Sin perdón costó unos quince millones, que recuperó íntegros en su fin de semana de estreno, y cerró su gira por los teatros con casi 160 millones en entradas vendidas. Bailando con lobos, desde sus veinte millones de presupuesto, se CORONÓ con más de 420 millones de recaudación global).
Luego, por supuesto, se subieron al carro un montón de vivillos que intentaban hacer pastuki con la segunda primavera del cine de vaqueros. Y como resultado tuvimos un montón de mierda cinematográfica infumable ambientada en el oeste y unos cuantos títulos respetables y dignos: El tren de las 3:10 (remake de un pequeño clásico del género), Valor de ley (curiosamente otro remake de otro clásico, éste gigantesco), Noticias del gran mundo, Hostiles, Appaloosa y Open Range, por poner sólo algunos ejemplos.
La gente que ha acuñado ese concepto bastardo de «fatiga superheroica» culpa de este teórico otoño del género dominante de las últimas dos décadas (otoño probablemente más imaginario que real) a un desplazamiento del interés de las audiencias... aunque no deja de ser curioso que esos mismos analistas no parezcan ponerse de acuerdo acerca de HACIA QUÉ OTROS PRODUCTOS o géneros cinematográficos se estaría desplazando esa atención. ¿YouTube? ¿Netflix? ¿El cine de Paul Thomas Anderson? ¿Los videojuegos? ¿TikTok? Como si el tipo que lloró y aplaudió cuando Thor reclamó el Stormbreaker obtuviese esa misma satisfacción durante una proyección de Licorice Pizza o subiendo al Interné vídeos suyos bailando a lo subnormal con fondo de reguetón. En fin, uno de los inconvenientes de las Redes es que le han dado voz a gente que estaría mucho más guapa callada.
La primera vez que me corrí en un cine. |
En el Paratroopers opinamos que la pretendida fatiga superheroica es una quimera sin vida propia fuera de los mefíticos cerebros de los culturetas gafapastas que la idearon como expresión a sus más clasistas sueños húmedos acerca del cine. No tenemos pruebas, pero tampoco dudas. No se ha producido una brecha cultural que haya hecho pivotar el favor de las audiencias hacia otros temas y géneros (como sucedió con la contracultura de los sesenta y ochenta, alimentada por la ideología hippie y el rechazo a la guerra de Vietnam). No ha pasado tanto tiempo desde el inicio del MCU como para que una nueva generación dé la espalda a los personajes y las películas que conmovieron a sus padres. Lo que sí ha sucedido es que el cine y las series de superhéroes han saturado el panorama del entretenimiento. Que la cantidad ha reemplazado a la calidad. Que los guiones son cada vez peores, los directores se esfuerzan menos, el mensaje ha destronado al argumento, las decisiones creativas han caído en manos de psicópatas narcisistas que no entienden el producto, desprecian a sus clientes, no admiten que estén haciendo algo mal y siguen esperando, gastando cientos de millones de dólares como si saliesen de una fotocopiadora, a que la realidad les dé la razón de una puñetera vez.
La segunda. |
No hay una fatiga de películas de superhéroes. Hay una fatiga de malas películas. Haz buen cine, y la gente volverá a sentarse en las butacas. Sigue haciendo truños y luego pregúntate por qué nadie quiere ver tu mierda de películas.
Sea como fuere, sea por los motivos que fuesen, Thunderbolts está aquí y recaudó poco más de 382 millones en taquilla. Que no se los gasta Ábalos en putas, presuntamente, en un día tonto, pero está muy lejos de la rentabilidad que una película de este coste de producción debería alcanzar para que el estudio la cuente como un éxito.
(Marvel/Disney guarda en secreto el presupuesto de esta producción para seguir ghosteando a sus accionistas acerca de cuánto se han devaluado sus carteras, pero nadie que sepa cuatro mierdas del tema será capaz de echar las cuentas de cómo coño podría Hollywood haber hecho un largometraje de este tamaño por menos de 150 millones de dólares. Y añádele otros cincuenta o cien en gastos promocionales. O sea, que para no ser inscrito en los libros de Marvel/Disney con tinta roja, Thunderbolts debería haber superado los cuatrocientos millones de recaudación. Para que te hagas una idea, Capitán América Brave New World, a la que Gary Buechler, la eminencia gris detrás de Nerdrotic, llama, con mucha mala baba, Capitán A(froa)mérica: Brave New World, ha ganado 415 millones en taquilla. Y Marvel/Disney y lo ha proclamado un éxito. Pero lo ha proclamado con la boca pequeña. Quizá porque mienten como perras cuando dicen que sólo ha costado 180 millones, cifra que CASI NADIE CON EL NÚMERO CORRECTO DE CROMOSOMAS SE CREE, ya sea porque todos los reshoots se han comido el beneficio, ya porque no nos hemos olvidado que Marvel/Disney nos la intentó meter de canto con el presupuesto de Doctor Strujo en el chuminoverso de la sororidad sáfico-racializada neurodivergente ).
"Robinson and Gonzalez have been told that overruns and reshoots drove the ‘Brave New World’ budget to $380M. With marketing costs added in, it’ll basically be impossible for the film to turn in a profit."O sea, que Thunderbolts ha sido otro fracaso del MCU.
Después de ver la película, no hace falta preguntarse el motivo.
Te sientas a ver Thunderbolts y desde el minuto uno tienes la sensación de haber entrado en el cine (o en el salón de tu propia casa, si eres un puto hikikomori como el autor de estas líneas) diez o veinte minutos tarde. «¿Quién es toda esta gente y cómo coño ha llegado aquí?», te preguntas. Y es que no sólo te enteras muy pronto que, antes de verte Thunderbolts se suponía que deberías haberte visto primero Capitán A(froa)mérica: Brave New World, sino que, para entender quién carajo son los personajes y cuál es el trasfondo de cada uno, aparentemente también deberías haberte visto primero Falcon y el Soldado de Invierno, Ant-Man y la Avispa, probablemente también Ant-Man y la Avispa: Quantumanía, Black Panther: Wakanda Forever, Viuda Negra, Ojo de Halcón (a la que casi todo el mundo odia, pero que en la bitácora nos gustó, y esa apreciación no tiene nada que ver lo muy burros que nos pone Hailee Steinfeld) y a saber cuántas otras series y películas más del MCU.
Y, ¿qué quieres que te digamos, amado lector?, si los putos crossovers, que te obligan a seguir una misma historia entre varios títulos, ya nos encabronan cuando nos los encontramos en los cómics, que fue donde probablemente se inventaron, imagínate la gracia que nos hace la perspectiva de tener que vernos cuatro películas que no nos interesan, y tres temporadas completas de otras tantas series de televisión que nos comen los cojones por detrás, para que este desganado conato de blokbuster tenga algo remotamente parecido a un sentido.
Si una película no es coherente por sí misma, si no funciona como unidad narrativa autónoma, esa película está mal escrita, peor dirigida y pésimamente planeada.
Encima, el argumento de Thunderbolts tampoco es demasiado interesante o, nos tememos, más bien, está pésimamente desarrollado. Valentina Allegra de Fontaine (Julia Louis-Dreyfus) quiere montarse su propio grupo de superhéroes, directamente bajo sus órdenes, e intenta primero eliminar todos los cabos sueltos que la vinculan a las operaciones encubiertas, rabiosamente anticonstitucionales, que ordenó en el pasado más inmediato. Pena que esos cabos sueltos sean Yelena Belova (Florence Pugh), o sea la Viuda Negra de Aliexpress, Taskmaster (la pobre Olga Kurylenko), Ghost (Hannah John-Kamen), el U.S.Agente (Wyatt Russell), o sea el Capitán América de Hacendado, y Sentry (Lewis Pullman) y, digamos, se tomen a mal lo de que La Contessa intente churruscarlos como pollos a l'ast. Y el hecho de que entre ellos esté Sentry, tan hiperpoderoso como mentalmente inestable, sólo complica las cosas.
¿Que qué coño es Thunderbolts, me preguntas, clavando en mi pupila tu pupila azul? Pues es una especie de carísima Road-Movie sin pretensiones de permanecer en tu memoria, poblada de personajes de la lista B de Marvel con los que no tienes absolutamente ninguna conexión emocional, y por lo tanto sus dramas personales como que te la bufan, personajes que atraviesan unos arcos de transformación precipitados a la vez que predecibles e immotivados. El drama sucede de repente sin que entiendas muy bien cómo. Los personajes sufren y luchan y nadie te ha explicado aún por qué debería importarte lo que les pase. La película termina y tienes la sensación de haber desperdiciado malamente dos valiosísimas horas de tu vida. Un tiempo que ya no recuperarás, y que podrías haber dedicado a otra actividad más gratificante. Como descargarte vídeos del OnlyFans de Riley Reid.
Mein Herz in Flammen! |
No, Thunderbolts no es horrible. Tampoco es fantástica. ¿Es aburrida? No especialmente. ¿Es entretenida? Sí. Pero en el mismo sentido en que nos entretiene cualquier programa de televisión al azar que alcanzamos zapeando un sábado de galbana, tirados en el sofá, programa que nunca veríamos a iniciativa propia, pero al que estamos dispuesto a darle la oportunidad de distraerte (no nos atrevemos a usar el verbo «entretener») porque te da pereza buscar otra cosa.
Para el espectador casual, que se mete en el cine huyendo de la caló, Thunderbolts es irrelevante. Irrelevante por su argumento. Irrelevante por sus personajes. Irrelevante por su desarrollo. Hay un par de buenas ideas en Thunderbolts (todo el tono de peli de espías y conspiraciones, o la subtrama sobre la enfermedad mental), pero lamentablemente no cayeron en manos de un guionista con un buen par de pelotas o un director mínimamente a la altura del reto. Florence Pugh no funciona como sustituta de Scarlet Pechonsson (que tampoco funcionó en su película en solitario como Viuda Negra) y cabecilla de este grupo de aturdidos antihéroes. Bucky Barnes está como desorientado (no somos los únicos que opinan que Steve Rogers debería haberle dado a él el escudo del Capitán América, en vez de a Anthony Mackie, pero ya sabemos, Black Lives Matter, negritud, afrocentrismo, otredad, reparaciones históricas, REPPPPPPPRSENTEISSSSHON) durante todo el metraje. Los demás personajes están, pero poco, y las interacciones entre ellos apenas generan interés. Y encima pillan a David Harbour para ser de nuevo el alivio cómico de la película en su papel de Guardián Rojo.
(Y, bueno, como muestra de lo devaluada que ha quedado la marca Marvel, señalar que la segunda de las inevitables escenas post-créditos, que debería habernos hypeado hasta el culo, en realidad nos dejó más fríos que un bacalao seco).
«¡AAAAAAH SOMMER, QUÉ HAS HECHO, QUE NO HAS PUESTO LA ALERTA DE ESPÓILERS!»
Te jodes.
Por chantajista.
Pero es que, para el espectador friki, el nerd gordo, miope y alopécico que se desposó con los cómics porque las chicas de clase no le hacían puto caso, Thunderbolts es, además, una lavativa de salfumán. Y hablo de ese tipo de espectador picajoso a quien el rótulo de «The New AvengerZ and Bob will return» de los créditos finales suena a amenaza (aunque a estas alturas estamos tan encallecidos que ya casi nada nos vulnera).
Entre otros motivos PORQUE ESTOS NO SON LOS THUNDERBOLTS.
Aunque la formación creada por Kurt Busiek y Mark Bagley ha atravesado diversas mutaciones desde su primera aparición, en The Incredible Hulk Nº 449, en enero de 1997, los miembros fundadores originales de los Thunderbolts no eran secundarios del universo comiquero Marvel, sino SUPERVILLANOS haciéndose pasar por héroes que venían a llenar el hueco dejado por los Vengadores, y otros paladines de la Casa de las Ideas, inmolados durante el evento Ongslauth. Como parte de una estrategia a largo plazo para convertirse en los Putos Amos, el Barón Zemo reclutó a Goliath, El Escarabajo, Piedra Lunar, Mimí Aulladora y El Arreglador, les dio nuevas identidades (Atlas, MACH-I, Meteorito, Pájaro Cantor y Tecno) y los hizo presentarse en público como los salvadores por los que clamaba una humanidad devastada por la desaparición de sus más poderosos héroes.
Como en los capítulos de Alfed Hitchcock Presenta o Colombo, en los que ves cometer el crimen durante el primer acto y sabes en todo momento quién es el culpable, la tensión dramática en los cómics de los Thunderbolts originales viene de su necesidad de mantener la farsa sobre sus verdaderas identidades y sus planes secretos... y de la tentación creciente de la virtud, la seducción de los vítores, los aplausos, la gratitud de un público que antes odiaba y vituperaba a estos inadaptados delincuentes, cada vez más distantes de su pasado criminal, más conflictuados por los planes de Zemo y más reacios a abandonar el equipo de los buenos, en los que, por primera vez, se sienten aceptados, celebrados, amados.
No hay prácticamente nada de eso en la película de Jake Schreier. No aparece Piedra Lunar usando su experiencia como psicóloga para mantener cohesionado y bajo control ese grupo de parias. No oímos romperse el corazón de Jolt, la única miembro original del grupo sin un pasado delictivo y a la que el Barón Zemo incorpora como maquiavélica estrategia para blanquear todavía más a su bizantino Caballo de Troya.
Y no aparece nada de eso porque Schreier ha dirigido, lo sepa o no, una versión bastarda, adulterada y travestida de Vengadores Oscuros.
Y no puede hacerlo mejor, el animalico, claro, porque los Vengadores Oscuros son fundados por Norman Osborn tras los acontecimientos de Invasión Secreta, a partir de una selección de antihéroes y criminales disfrazados de héroes (Sentry, Ares, Noh-Varr/Capitán Marvel, de nuevo Piedra lunar haciéndose pasar por Ms. Marvel, Venom usurpando el buen nombre de Spider-Man, Bullseye con el uniforme de Ojo de Halcón, Daken, el hijo de Lobezno, haciéndose pasar por Lobezno, y el propio Osborn con una armadura de Iron Man robada). Y Osborn es un personaje del lore de Spiderman, y Spiderman pertenece a Sony. Y a Sony hay que sacarle con tenazas y dinamita los derechos de autor cada vez que Marvel/Disney quiere incluir a su personaje en los eventos del MCU.
Y, como al frente de Marvel/Disney hay una caterva de simplones sin puñetera idea de qué hacer con la gallina de los huevos de oro que heredaron tras el megaéxito de Endgame, Thunderbolts fracasa en hacerle justicia tanto al grupo homónimo cuya historia de orígenes presuntamente nos cuenta, como a los Vengadores a los que viene a sustituir (hasta el ansiado y sospechado reboot de la franquicia que sucedería tras Secret Wars) como a los Vengadores Oscuros a los que realmente se parece.
¿Te vas a morir por ver Thunderbolts?
No.
¿Te van a quedar ganas de ver más aventuras de estos Vengadores de marca blanca?
Probablemente tampoco.
¿Tiene algún tipo de rumbo la estrategia empresarial de Marvel/Disney?
No lo parece.
¿Está justificada la HOSTIA en taquilla que se ha pegado el largometraje?
Huelga decirlo.
¿Nos queda algo que decir al respecto?
No realmente.
«¿Lo ves, Sommer? Si en el fondo tampoco ha sido para tant...»
«Espera, que me ha sonado el timbre».
«¡HOSTIA! ¡SOMMER! ¡TÚ NO ME HABRÁS ENVIADO A ESTE CALV…!»
[FX: Disparo silenciado]
[FX: Golpe sordo de un cuerpo sin vida cayendo al suelo]
Buen trabajo, Agente 47.