En febrero de este año se ha ido a corregir galeradas al cielo de los genios uno de los mejores escritores contemporáneos de ciencia-ficción y terror.
Y no le ha importado a nadie porque la prensa generalista se ha asegurado de que muriese prácticamente en la oscuridad, en buena medida olvidado y vilipendiado. Recordado sólo por sus lectores más fieles y llorado por sus mejores amigos.
Y nosotros tomamos prestado el título de la autobiografía de David Mamet (curiosamente descatalogada en el mercado nacional) para vilipendiar a casi todo el género periodístico en su totalidad y, de paso, quejarnos de su fanatismo, intolerancia y estupidez congénita. Que, dado que no nos ofrecen justicia, por lo menos nos respeten la pataleta.
No nos vamos a remontar muy atrás en la biografía de Dan Simmons porque, honestamente, a ti te importa una mierda de perro muerto, querido lector, y a nosotros también. Es mejor poner el «año cero» del autor de Los fuegos del Edén y El terror en el genuino inicio de su carrera como escritor. Y, para pasmo y estupefacción tuya y de muchos (ciertamente no para los informados paracaidistas de esta bitácora), esa carrera empezó con el indomable, inimitable e insobornable Harlan Ellison (a quien, pronto hará ocho añacos le dedicamos un sentido panegírico en la bitácora, aunque difícilmente podríamos haberlo hecho mejor que José R. Montejano en este artículo para Zenda).
Cuando su camino se cruzó con el autor de No tengo boca y debo gritar, Dan Simmons llevaba ya diez años de embrutecedora carrera profesional en la enseñanza, después de graduarse en Literatura e Inglesa por Wabash, escribiendo en sus horas libres historias cortas de terror que enviaba, con dispar éxito, a toda clase de revistas del género.
Desesperado, a principios de los ochenta Simmons le dijo a su mujer, Karen, que si no obtenía pronto algún tipo de incentivo para seguir intentando abrirse camino en la industria editorial, iba a mandar a la puta lo de escribir pantufladas que nadie quería publicar y dedicarse full-time a su trabajo de profesor.
Y entonces llegó esa conferencia para escritores celebrada en Denver, donde Harlan Ellison, que no le comía la polla a nadie ni era amigo de soplapolleces, se fijó en el de entre toda la gente que participaba en un taller de escritura creativa para decirle a Simmons que tenía verdadero talento. Que no dejase de escribir. Que para un escritor de ciencia-ficción, fantasía o terror de la época es, para que me entiendas, como si Jesucristo te dijese «ven conmigo y yo te haré pescador de hombres».
Espoleado por Ellison, convenció a Simmons acabó ganando el premio Locus, en la categoría de Historia Corta, en 1983, con su cuento The River Styx Runs Upstream. La historia fue publicada, y por primera vez Dan Simmons llamó la atención de los editores.
(En 1984, Simmons volvió a ser premiado con el Locust, esta vez en la categoría de Novela Corta, por Remembering Siri).
Y en 1986 llegó su primera novela publicada, Canción de Kali.
Uno de los libros más perturbadores, agobiantes, aterradores, oscuros y fascinantes que hemos leído jamás los ternascos de la bitácora. Leerla es como adentrarte en una pesadilla de la que te despiertas para descubrir que estás en otra pesadilla.
Su naturaleza de colisión entre el personaje de Robert Luczak, que representa al ilustrado y materialista Occidente, y los intelectuales indios, a los que se representa como primitivos y, hasta cierto punto, supersticiosos ignorantes «lastrados» por la inercia de su milenaria religión del millón de dioses; y la descripción de Calcuta como una especie de infecto vertedero contaminado de maldad en estado puro han despertado las iras de algunos intelectuales sojas con demasiado tiempo libre y excesivas ganas de escenificar su «virtue signaling». Como James Nicoll, sin ir más lejos:
«Post‑9/11, Simmons outed himself as a virulent Islamophobe. Was this a reaction to second-hand trauma or did it bring out something that had been lurking there all along, unnoticed? Or did it cast light on something that had been obvious from the beginning?»
»Simmon’s Calcutta is overpopulated, filthy, violent, diseased, crime-ridden, cult-ridden, and eeeeeeeeevil. Simmons hammers on that theme over and over. From time-to-time Simmons seems to remember that perhaps an unending stream of spittle-flinging invective about all the ways in which a densely populated Asian city fails to please a white American might come across as a little bit racist and inserts mention of a positive aspect of the local culture.»
»I should also note that science fiction, fantasy, and horror aren’t too keen on cities, especially large cities, or persons of colour. Indian megalopolises therefore are likely to be regarded with disdain by your average spec fic author. Also, India in particular has been singled out by various Western pundits and writers as the Asian nation most likely to collapse into famine and civil war. Still… Song of Kali stands out for sheer unmotivated hatred and xenophobia.»
(No acabamos de entender muy bien cómo coño puedes empezar la crítica de un libro poniendo a caldo las opiniones políticas y actitudes racistas que le atribuyes al autor. Ni cómo una persona con el bagaje de Nicoll es aparentemente incapaz de distinguir entre el narrador de Canción de Kali, que es un personaje más, con razones más que sobradas para detestar Calcuta y a todos los que viven allí, y el escritor de la novela. Ni por qué necesita que le expliquen que Simmons se limitó a retratar una Calcuta imaginaria, quimérica, donde su oscura historia de terror y culto a la muerte pudiese tener lugar).Canción de Kali ganó el Locus de 1986 a la Mejor novela de un autor primerizo (porque los lectores de Locus, que la premiaron en 1986, al parecer tenían más discernimiento y capacidad de abstracción que James Nicoll en 2024). Fue el pistoletazo de salida para una carrera literaria (tras el éxito de esta novela, Simmons mandó a mamar su trabajo como profesor de inglés) que se ha movido con soltura entre la fantasía y la ciencia-ficción con elementos de terror (aunque menudo Simmons renuncia a las encorsetadoras etiquetas y mezcla géneros en magistral promiscuidad) y que atraviesa varias décadas con obras que ya han conquistado, por derecho propio, un puesto de honor en los anales de la ficción especulativa.
Y probablemente debido a su formación en literatura inglesa, Simmons no se ha resistido a meter «morcillas» de cultureta gafapasta en todas sus obras, o hacer personajes secundarios, e incluso protagonistas de sus novelas, a algunas de las bichas más grandes de las letras anglosajonas y latinas.
Los vampiros de la mente, de 1989, personalmente a los paracaidistas que escribimos en la bitácora nos aburrió soberanamente y es, con carácter oficial, la única novela de Dan Simmons que hemos sido incapaces de acabarnos. ¡Cansina, copóns! El título original de la novela, Carrion Comfort, está tomado de un poema de Gerard Manley Hopkins.
Not, I'll not, carrion comfort, Despair, not feast on thee;
Not untwist — slack they may be — these last strands of man
In me ór, most weary, cry I can no more. I can;
Can something, hope, wish day come, not choose not to be.
But ah, but O thou terrible, why wouldst thou rude on me
Thy wring-world right foot rock? lay a lionlimb against me? scan
With darksome devouring eyes my bruisèd bones? and fan,
O in turns of tempest, me heaped there; me frantic to avoid thee and flee?
Los cantos de Hiperión, dividida en cuatro volúmenes (Hiperión, La caída de Hiperión, Endimión y El ascenso de Endymion) es una de sus series más conocidas. Una space-opera siniestra e hipnótica inspirada por Los cuentos de Canterbury (al menos, ése es el caso con Hiperión) y con títulos directamente secuestrados de poemas de John Keats.
Deep in the shady sadness of a vale
Far sunken from the healthy breath of morn,
Far from the fiery noon, and eve's one star,
Sat gray-hair'd Saturn, quiet as a stone,
Still as the silence round about his lair;
Forest on forest hung about his head
Like cloud on cloud. No stir of air was there,
Not so much life as on a summer's day
Robs not one light seed from the feather'd grass,
But where the dead leaf fell, there did it rest.
En los fuegos del Edén, Mark Twain es protagonista de una de las tramas principales de esta novela fascinante con millonarios pastosos, inversores japoneses, esposas trofeo y dioses hawaianos de los de la cáscara amarga.
The Hollow Man alude, obviamente, a ése poema de T.S. Eliot y se inspira, casi rozando el plagio, en El infierno de Dante.
We are the hollow men
We are the stuffed men
Leaning together
Headpiece filled with straw. Alas!
Our dried voices, when
We whisper together
Are quiet and meaningless
As wind in dry grass
Or rats’ feet over broken glass
In our dry cellar
Un verano tenebroso es un It de Stephen King escrito después del It de Stephen King. Aunque Dan Simmons juró más tarde que, en el momento de escribir este libro, no conocía It y el propio King escribió un entusiasta blurb que se reproduce en muchas ediciones de Un verano tenebroso:
«If Summer of Night isn't the best horror novel of the last five years, it is surely one of the best three…»Aunque no he podido confirmarlo, parece ser que, después de publicado Un verano tenebroso, King y Simmons se reunieron, compararon notas y descubrieron, para su mutuo pasmo, que habían basado sus respectivos libros en experiencias e influencias comunes. Por lo tanto, Un verano tenebroso sería más un «hermano espiritual» de It que el descarado plagio que muchos denunciaron en su día (grupo de niños en un pequeño pueblo, verano iniciático en los años 50/60, mal antiguo y casi cósmico, nostalgia de la infancia, mezcla de aventura juvenil y horror... llega a tus propias conclusiones, amado lector).
El terror es una ficción fantástico-acojonástica sobre la expedición Franklin, cuyos barcos quedaron atrapados en el Ártico en 1847 en una aventurada, y desorientada, misión de búsqueda del huidizo Paso del Noroeste. Por si la historia real no era ya lo bastante perturbadora (entre los náufragos de la expedición se han documentado incluso casos de canibalismo), Simmons le mete una amenaza invisible, terror psicológico, miserias humanas y antiguos espíritus malvados inuit en una obra fascinante que en 2018 fue adaptada en forma de serie de televisión.
Ilión y Olimpo son dos PEDAZO LADRILLOS inspirados directamente en La ilíada de Homero y La tempestad de Shakespeare. Y decimos ladrillos por extensión (unas 400 000 palabras entre las dos), no porque sean aburridas. Que no lo son (aunque sí es ciencia-ficción para los fans «pata negra» de Simmons, absolutamente desaconsejables para neófitos).
La soledad de Charles Dickens es una extraordinariamente desvergonzada novela biográfica, llena de falsedades y exageraciones, sobre los últimos años de vida del colosal escritor de Oliver Twist y de su opiómano amigo Wilkie Collins, que tuvo la mala suerte de nacer en la misma época que Dickens.
Simmons también hizo sus pinitos en el hard-boiled con su trilogía de Joe Kurtz (Hardcase, Hard Freeze y Hard as Nails, que, por lo que yo sé no tienen edición en español, al menos en papel, aunque juraría que he leído Hardcase traducida al idioma de Espronceda).
Paradójicamente, a pesar de su obra extensa (aquí sólo te hemos ofrecido un esbozo, querido lector), historias poderosas, personajes icónicos y atmósferas evocadoras, la obra de Simmons ha conocido poca o ninguna adaptación a la pantalla, más allá de la serie de El terror emitida por AMC. La saga de Hiperión lleva DÉCADAS en el temido «development hell» sin encontrar ni financiación ni formato (que si película dirigida por Scott Derrickson. Que si serie de televisión de Syfy. Que si Bradley Cooper implicado en el desarrollo. que si Warner Bros al timón y Graham King al guion. Que si la concha bendita...).
Un verano tenebroso, al tirón de It y Stranger Things, parecería, a priori, la más «adaptable», al menos en el momento actual. Pues tampoco.
¿La soledad de Charles Dickens? Que no hay manera. Que ni con el nombre de Guillermo del Toro asociado al proyecto se consigue poner esto en movimiento.
Los vampiros de la mente. Se intentó. Se desistió. Cuentan las malas lenguas que alguien, en alguna parte, lo sigue intentando.
The Crook Factory. Un gran «nope!»
Canción de Kali. No se hizo la película en los ochenta. No se hizo en los noventa. En el clima pichafrígido actual, nadie tendría huevos de hacerla ahora.
Diremos, en descargo de los productores, que Dan Simmons es, probablemente, el rey de los «libros inadaptables». Sus novelas suelen ser larguísimas. Sus estructuras narrativas complejas desaniman al más pintado de los guionistas (y de esos, aparentemente, ya no quedan). La mezcla de géneros hace muy difícil encontrar el tono apropiado de una posible adaptación a la pantalla. La intertextualidad literaria es IMPOSIBLE de trasladar a una película o serie. Y la ambientación de obras como Los cantos de Hiperión o Ilión/Olimpo (sobre las que en 2004 se compró una opción para la pantalla) requeriría no ya presupuestos nivel Vengadores: Endgame, sino nivel NASA en sus mejores años.
En su dilatada y carrera, Simmons no solo ha tocado todos los palos que se pueden tocar del noir a la ciencia-ficción, sino que ha coleccionado los más prestigiosos premios del mundillo y también algunos de los menos conocidos. El Bram Stoker. El British Fantasy Award. El Hugo. El Nébula. El Ignotus. El Grand Prix de l'Imaginaire. El BSFA. El Premio Theodore Sturgeon. El International Horror Guild Award, ahora extinto. Y el título de Gran Maestro de la World Horror Convention, que lleva sin convocarse, conviene decirlo desde tiempos pre-pandémicos.
Y, a pesar de este bagaje, la muerte de Dan Simmons ha sido deliberadamente ignorada por la mayoría de la prensa generalista.
¿Qué ha pasado?
Pues ha pasado que, en el mefítico monocultivo woke actual, Dan Simmons fue etiquetado como un escritor extremista, ultraconservador y racista. Y funado miserablemente. La condena dictada para las voces independientes que no se amoldan a los pútridos valores tardomarxistas promovidos desde los grandes grupos de comunicación es el escarnio reputacional y la muerte pública. Por ese motivo ni siquiera el fallecimiento del autor protagonista de esta entrada ha merecido más que un titular desganado en algunos medios.
Flashback, una novela de Simmons publicada en 2011, desencadenó el odio de los dueños de los medios y portavoces SJW sobre el autor de Canción de Kali. Esta novela es una distopía ambientada en una futura Norteamérica devastada por las políticas de redistribución forzada de la riqueza y programas sociales desmesurados puestos en marcha por la administración Obama.
La civilización estadounidense, arruinada por las paguitas, los chiringuitos, los subsidios, la ideología fanática y ciega a las más elementales leyes de la economía, ha visto la desaparición de la libertad de expresión (las voces conservadores han sido prohibidas), la imposición de la represión de disidentes (los estadios deportivos se han convertido en improvisados campos de concentración), la crisis energética desencadenada por la «estafa del cambio climático», el reemplazo étnico y cultural motivado por la inmigración masiva y descontrolada, la multiplicación de mezquitas por el país, desplazando a las iglesias cristianas (hay un nuevo califato cobrando forma en Oriente Medio), la desintegración de las infraestructuras críticas, la desaparición del ejército nacional y su sustitución por ejércitos privados de mercenarios, la erradicación del Estado de Israel con armas nucleares (y un «segundo holocausto» que ha matado a millones de judíos) y la popularización de una droga de consumo masivo, llamada Flashback, que da unos «viajes» permiten al consumidor revivir los «buenos viejos tiempos» antes de que la economía se fuese a la verga.
Flashback de Dan Simmons es (los lectores argentinos entenderán esto) una distopía de un cuarto de vuelta de peronismo con doble de fentanilo y cuarto y mitad de islamismo.
En el Paratroopers no nos hemos leído Flashback y nos resulta muy incómodo hacer la crítica de una obra que desconocemos. Las reseñas que hemos encontrado por ahí van del odio rabioso y políticamente motivado al desengaño («How could the witty and potent imagination that produced “The Terror” and “Drood” wither to such smug and censorious dullness?», extractado de aquí).
Las críticas más suaves a Flashback ponen el énfasis en los diálogos desganados y extraños («mind-numbingly expository... jarring... bizarre... sometimes overtly offensive...», extractado de aquí). En su cargante naturaleza de propaganda anti-izquierdista («as a political novel [...] it's a disaster. Simmons seems unable to keep himself from stopping his book dead with frequent ideological rants»), pro-sionista («In one strikingly tone-deaf moment, the lapsed-liberal professor Fox condemns politicians of the past [...] who weren't sufficiently pro-Israel: "I wish those presidents and senators and representatives had been hanged from lampposts all over Washington."») y tremendamente despectiva hacia las minorías (hay un personaje negro que se llama, literalemente, «Delroy Nigger Brown»).
El escarnio que, a los votantes demócratas y meapilas, les parecía que se le hacía en Flashback a SU presidente, ese «blanco honorario» que ganó el Nóbel de la paz por ser negro y por no ser George W. Bush (y luego autorizó la mayor cantidad de asesinatos selectivos con drones de la historia de EE UU desde que esa tecnología estaba disponible) les cabreó muchísimo.
«I’ve been called a Nazi. I’ve been called a racist. People who have no idea of my life, what I’ve done, how I’ve worked for civil rights throughout my life, or what my politics have been, and what Democratic candidates I’ve written speeches for. [Instead,] I’m [labeled] a racist and a Libertarian, which amuses me. (I had a Libertarian professor once—he was pretty smart, he made some sense, but I’m no Libertarian.)»
No sirvió de nada que Dan Simmons, desde su página web, hoy inaccesible, gritase bien fuerte y bien alto que la novela no representaba sus ideales políticos. Que el presidente de la historia corta original de 1991, en la que había inspirado Flashback, era Reagan, no Obama. Era tarde para librarse de la condena de los apóstoles de la corrección política, los groupies del «desde el río hasta el mar», los pijocomunistas de iPhone y cuenta en Twitter desde la que aúllan y cuenta en Bluesky en la que no les lee ni Dios. La gente ansiosa por pegarse la etiqueta de víctima y creer lo peor de los demás desempolvó sus copias de Canción de Kali y dijo, «¿Veis, veis? ¡Ya en este libro racista, aporofóbico, colonialista y supremacista blanco, Simmons nos estaba mostrando sus verdaderos colores!»
«[These critics] read the wrong version of Flashback. I should just let them all read the 1991 story that was published. Because it was 1991, America went broke because of Ronald Reagan, and the same young character that’s in the 2010 novel, says, “He acted like our grandfather, but the mofo made us broke. He ruined our country.” So I’d be a hero to all the progressives who say I’m not worth reading, and I’m a bastard, and so forth if they read that version.»
Cuando los justicieros de la tecla te declaran culpable, no queda nada que decir en tu defensa. Cualquier invocación del sentido común es considerada obstinación, cualquier exposición de hechos, miedo, cualquier declaración de inocencia, debilidad. Dan Simmons aprendió, quizá demasiado tarde, que no hay posibilidad de diálogo con la morralla aborregada e intolerante de la secta de lo políticamente correcto. Ya sabes, los de «con el fascista no se debate, al fascista se le combate».
«I didn’t care how America went broke, I just needed it broke so I could write this book. I need a completely economically-devastated United States so I could get my people on flashback and look at the effects of this idea of a nation turning its back on the future. They think I was just going after Obama in the book; well, it used to be Reagan, and if I had waited a few years it would be whoever else would be president.»
(Los tres entrecomillados superiores han sido extractados de esta entrevista a Simmons).La importancia histórica de Dan Simmons en la literatura de terror y ciencia-fición no merece el relativo silencio con el cual fue acogida su muerte. Newsweek, Ars Technica y The Guardian publicaron su obituario. El inframundo de las revistas y bitácoras de ciencia-ficción de Internet encendió velitas por él y clavó a unas cuantas víctimas en el Árbol del Dolor del Alcaudón. Pero el autor de algunas de las novelas de ficción especulativa más interesantes de los últimos treinta años no gozó del homenaje multitudinario, del reconocimiento unánime de una prensa generalista demasiado cobarde para darle el reconocimiento que merecía, ni siquiera en la muerte, o demasiado rencorosa y mezquina para siquiera respetar a un enemigo caído.
De ahí que, desde hace muchos años, cuando nos piden nuestra opinión sobre el oficio de periodista, lo primero que nos sale es decir de ellos lo que David Mamet decía de los guionistas de cine.
Y volvemos a afirmarlo en la presente entrada de la bitácora, último homenaje a un hombre que, por falible que fuese en su carne mortal, era un gigante intelectual y un escritor superdotado, cuyo fallecimiento deja al mundo un poco más oscuro y mucho más pobre y monótono.
«I don’t argue with people now, but if I were to talk to somebody I’d say, “If you’re going to vet every author you read, you’re going to be very busy, and you’re not going to be reading many.”»
Dan Simmons. 1948-2026
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